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	<title>Robledo Soy Yo &#187; Agro</title>
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		<title>Agro (Por la autosuficiencia alimentaria).</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 21:35:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Colombia es uno de los países mejor dotados por la naturaleza para la producción agropecuaria, porque tiene tierra, aguas y personas en abundancia para desarrollar esa actividad. No obstante, la pobreza rural y la indigencia llegan al 67&#8230;</p


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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Colombia es uno de los países mejor dotados por la naturaleza para la producción agropecuaria, porque tiene tierra, aguas y personas en abundancia para desarrollar esa actividad. No obstante, la pobreza rural y la indigencia llegan al 67 y al 30 por ciento, respectivamente, la concentración de la tierra es de las peores del mundo, en el gobierno de Álvaro Uribe los desplazados suman dos millones de compatriotas y las importaciones de productos agrícolas pasaron de seis a diez millones de toneladas. Y eso que no han entrado a operar los TLC, los cuales le darían el puntillazo al sector. El agro colombiano no podrá transformarse positivamente si no se empieza por echar atrás la política de importar lo que podemos producir y por proteger de todas las maneras la producción campesina, indígena y empresarial, a partir de definir como un objetivo central del país la autosuficiencia en la producción de alimentos.</p>


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		<title>El modelo Carimagua</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 22:09:52 +0000</pubDate>
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<p>En el caso Carimagua, tan enfáticamente repudiado por tantos colombianos, hay que distinguir la legalidad de la conveniencia. Por considerarla ilegal e inconstitucional, la Procuraduría General de la Nación exigió la revocatoria&#8230;</p


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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jorge Enrique Robledo, Bogotá, febrero 22 de 2008</strong></p>
<p>En el caso Carimagua, tan enfáticamente repudiado por tantos colombianos, hay que distinguir la legalidad de la conveniencia. Por considerarla ilegal e inconstitucional, la Procuraduría General de la Nación exigió la revocatoria de la decisión de transferirles a grandes empresarios las 17 mil hectáreas que estaban legalmente destinadas a mil familias de desplazados. El ministro Arias y los directivos del Incoder pueden terminar condenados por los delitos de prevaricato y peculado. Y como es obvio, ninguna comisión, por “notables” que sean sus integrantes, puede convertir en legal lo ilegal.</p>
<p>La inconveniencia del cambio de destinatarios es evidente, pues el gobierno actúa como Robin Hood pero al revés, es decir, les quita a los campesinos desplazados, los más pobres entre los pobres, para favorecer a unos escogidos por magnates. Sin contar con los otros bienes que puedan detentar sus propietarios, tres de las firmas tienen activos por 3.808, 10.050 y 21.022 millones de pesos. Una de ellas le aportó a la campaña electoral de Álvaro Uribe, y un tío del ministro de Hacienda y miembro de la junta directiva de Acción Social –la entidad que debe servirles a los desplazados– es socio de la cuarta empresa mencionada, que posee en la región 6.300 hectáreas.</p>
<p>El grupito de poderosos agraciados, además, no tendrá que comprar la finca, pues la recibirá en arriendo por cincuenta años y pagará, en los diez primeros, insignificantes 14.705 pesos por hectárea al año. Podrá también recibir todos los subsidios que concede el Estado –que para palma son bastantes– y modificar “el monto o la forma de pago” del arriendo.</p>
<p>Andrés Felipe Arias, ex funcionario del FMI, ha intentado justificar lo injustificable con dos falacias principales: que las tierras de Carimagua no sirven y que quedan demasiado lejos; para los pobres, se sobreentiende. Pero “un grupo de expertos que estudiaron los suelos de Carimagua por una década aseguraron que no se trata de tierras malas y que no hay que invertir millones para que sean productivas” y lo mismo dicen el decano de ciencias agropecuarias de la Universidad del Llano (El Tiempo, Feb.14.08) y miles de páginas de estudios del ICA, el CIAT y Corpoica. A su vez, el director del Incoder, ante la pregunta de una de las empresas interesadas en quedarse con el predio de si “existe un estudio (…) que acredite” si las tierras “son efectivamente cultivables”, respondió: “Corpoica ha adelantado estudios técnicos en donde se determina que el área en mención es apta para el desarrollo de cultivos”. De otro lado, hay buseta diaria de Carimagua a Puerto Gaitán y Villavicencio, y Orocué, que queda a 22 kilómetros en línea recta, cuenta con aeropuerto para aviones jet y se comunica con Yopal, capital de Casanare, por una carretera pavimentada en casi toda su extensión.</p>
<p>El análisis de la política económica del gobierno de Álvaro Uribe, quien respaldó el desafuero de Arias, más las explicaciones de los dos sobre el Modelo Carimagua, permiten concluir que su alegato sobre la eficiencia oculta una concepción brutalmente plutocrática, y a favor de empresas de corte monopolístico y ojalá trasnacionales. Es escandalosa la lógica anticampesina y antiindígena de la Ley de Desarrollo Rural y 76.779 usuarios de créditos de Finagro, con un promedio de apenas 2.8 millones de pesos cada uno, reciben el 7% del total, mientras que 34 magnates, con un promedio de 3.144 millones de pesos cada uno, se apoderan del 28%.</p>
<p>Además, y esta vez con el pretexto de la defensa de la higiene, el gobierno nacional echó a andar tres procesos que concentrarán en grande la riqueza. La Resolución 2546/04 les pone tales exigencias a los trapiches paneleros, que serán reemplazados por grandes ingenios. Los mataderos municipales, con el Decreto 1500/07, se verán sustituidos por enormes plantas de sacrificio. Y con el Decreto 2838/06, millares de vendedores de leche cruda perderán sus empleos en beneficio de los monopolios de la pasteurización, proceso que puede incluir facilitar la importación de leche en polvo y lactosueros y dejar sin quien les compre la leche a numerosos pequeños ganaderos.</p>
<p>Y el Modelo Carimagua, que también puede denominarse Modelo Transmilenio, se aplica en medio del favoritismo oficial. Según Rudolf Hommes, el ministro de Agricultura “quiere repartir 17.000 hectáreas a dedo” (Feb.17.08) y “el poder de las ‘roscas’” en el gobierno de Uribe se debe “a las decisiones que favorecen particulares intereses” (El Espectador, Feb.17.08).</p>


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		<title>Las cifras del debate que perdió el gobierno</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 22:06:22 +0000</pubDate>
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<p>En el debate sobre “Agro, Ingreso Seguro” (AIS) se demostró que lo que impera en el sector es lo escaso e inseguro del ingreso, salvo para un grupito y, en especial,&#8230;</p


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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 30 de octubre de 2009.</strong></p>
<p>En el debate sobre “Agro, Ingreso Seguro” (AIS) se demostró que lo que impera en el sector es lo escaso e inseguro del ingreso, salvo para un grupito y, en especial, para los 45 que financiaron con $549 millones la campaña de Álvaro Uribe y que recibieron recursos de AIS por $33.497 millones de pesos. ¡La mejor de las pirámides!</p>
<p>Las cifras y los análisis demostraron el desastre de casi todos en el agro y que AIS se diseñó para que los escasos recursos oficiales se distribuyeran dentro de una concepción plutocrática y de amigotes.</p>
<p>El 65% de los habitantes del campo vive en la pobreza y el 33% en la indigencia. Hubo 2.14 millones desplazados entre 2002 y 2008, período en el que el agro creció menos que el conjunto de la economía (3.29 vs 4.91% promedio anual). El Índice de Gini, que mide la concentración de la propiedad rural, ha empeorado en este gobierno y llegó a 0.875, probablemente el peor del mundo. Están subutilizadas nueve millones de hectáreas con vocación agrícola. El área cultivada cayó de 3.74 a 3.5 millones de hectáreas. El 66% de los que tienen empleo gana menos de un salario mínimo. Las exportaciones agrarias están estancadas, pues pasaron de 4.33 a 4.44 millones de toneladas, mientras que las importaciones, que eran de 6.33 millones de toneladas en 2002, llegaron a 9.8 millones. Y están en pésimas condiciones, entre otros, cafeteros, arroceros, paneleros y lecheros.</p>
<p>Al mismo tiempo, el escaso respaldo oficial al agro se concentra en unos pocos muy poderosos. Según Cega-Uniandes, el 1% se queda con el 71% de los créditos redescontados y con el 64% de la cartera sustituta de Finagro. En 2000, el 1% tomaba el 17.7 de los recursos de ICR y hoy ese mismo porcentaje toma el 45.3%. El 1% se apropia del 45% de los respaldos del Fondo de Garantías y del 58.7% de las garantías pagadas ($630 millones en promedio). De otra parte, el 33% de los ICR (89.900 millones de pesos de 2006) van para palma, el barril de alcohol carburante tiene un costo de 142 dólares y el de gasolina de 58 dólares, alcohol carísimo que, como el diesel de palma, también muy caro, nos obliga el gobierno a consumir.</p>
<p>En cuanto al total de los créditos AIS, 161 usuarios de más de $1.000 millones cada uno absorbieron el 30% de los recursos y 79.474 créditos de menos de $20 millones tomaron el mismo porcentaje. En ICR, 1.108 beneficiarios recibieron la mitad de los recursos, lo mismo que 75.338, y en diez departamentos, 17 beneficiarios concentraron el 45% de los recursos. A Coltabaco-Philips Morris le prestaron $29.587 millones, a cinco ingenios les dieron cinco veces más que al Tolima y dos veces más que a Caldas, y en Cauca un ingenio recibió el 40% de lo correspondiente al departamento. En Bolívar, dos se quedaron con el 73% de los recursos. Y dos empresas de Corficolombiana, que controla el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, recibieron 6.024 millones de pesos, un tercio del total de todo el Meta.</p>
<p>En el debate se recordaron las denuncias de prensa sobre las familias fuertemente favorecidas con regalos para riego y drenaje, así: una con $6.895 millones, otra con $2.973 millones y una más con $2.429 millones. Y otros $8.210 millones se los repartieron entre cinco.</p>
<p>Esta descarada concentración de los recursos coincide con el escaso respaldo del Estado al agro, como también lo demuestran las cifras: a pesar de la alharaca sobre las “muchas” platas de AIS, lo cierto es que, según el gobierno, el programa apenas apoya un poco más de cien mil proyectos productivos al año, cuando en Colombia hay casi 2.7 millones de productores agropecuarios. En el caso del crédito, otorga menos de 30 mil al año, es decir, solo 30 por municipio.</p>
<p>Entonces, la política agraria debe ser profundamente modificada, empezando por el programa “Agro, ingreso seguro”, cuyo nombre, demagógico y politiquero para servirle a Andrés F. Arias, debe eliminarse. El Estado debe proteger y apoyar en serio toda la producción –empresarial, campesina e indígena–, pero haciendo énfasis en el respaldo a los pequeños y medianos, que son quienes más lo necesitan y de cuyo progreso depende el avance de toda Colombia.</p>


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		<title>“Agro ingreso seguro, cínico y descarado”</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 22:05:14 +0000</pubDate>
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<p>Luego de escuchar al ministro Andrés Fernández tergiversando lo ocurrido en el escándalo que los condena a él y a Andrés F. Arias, se entiende por qué Monseñor Jaime Prieto Maya,&#8230;</p


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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 13 de noviembre de 2009.</strong></p>
<p>Luego de escuchar al ministro Andrés Fernández tergiversando lo ocurrido en el escándalo que los condena a él y a Andrés F. Arias, se entiende por qué Monseñor Jaime Prieto Maya, el obispo de Cúcuta, escribió: “Agro ingreso seguro, cínico y descarado (…) Cuando se inició el escándalo uno de los grandes implicados decía ‘pero si todo está a la vista’. Pues claro que todo está a la vista. Su cinismo los exime de justificarse por ignorancia”. La misma reflexión que generó entre tantos la actitud de los hijos de Álvaro Uribe cuando abusaron de los medios de comunicación para “dar la cara” por sus negocios, es decir, la cara dura de la desvergüenza, de la desfachatez.</p>
<p>Aunque Fernández enredó sobre qué es un mediano productor, no pudo negar que hoy lo definen como el que posee activos agrarios entre $50 y $5.000 millones (!), a pesar de que el 18 de septiembre de 2007, en la Comisión Quinta del Senado, le dije a Andrés F. Arias que ese rango estaba calculado para manipular la estadística y meter de contrabando a grandes productores como medianos. Tampoco pudo negar que Coltabaco-Philip Morris recibió casi $30.000 millones en créditos AIS y mal le salió defenderlos diciendo que era para financiar campesinos, porque la plata del Estado no debe servir para que una trasnacional convierta en siervos a los tabacaleros. Le dio vueltas al caso de Luis Carlos Sarmiento Angulo, pero no se atrevió a decir que era falso que dos empresas bajo el control de este se quedaron con la tercera parte de los créditos AIS del departamento del Meta en 2007.</p>
<p>Tampoco pudo refutar que unos cuantos financistas de la campaña de Uribe y del referendo reeleccionista recibieron $56.000 millones de AIS, contando entre ellos al primer banquero del país, cuyas empresas a la postre recibieron $12.000 millones. Se hizo el loco sobre que a 161 personas les prestaron la misma plata que a 79.000 y que por ICR a 1.100 les dieron el mismo monto que a 75.000. Régimen plutocrático. Régimen plutocrático y de amigotes. Y con recursos para el agro escasos, porque no dijo ni mu sobre otro dato: AIS cubre unas cien mil operaciones al año y hay 2.7 millones de predios en el campo.</p>
<p>No contradijo que en la base del otorgamiento de varios subsidios para riego a una sola familia estuvo que así lo permitió la reglamentación definida por Andrés F. Arias, la cual señaló un tope de $600 millones por subsidio, pero no por predio, persona o familia, sino por proyecto, cuando se sabe que en una finca pueden montarse varios proyectos. Tan estaba en las normas la posibilidad legal de recibir varios subsidios por finca, que padre, madre y hermanos obtuvieron 2.200 millones para Campo Grande 1, Campo Grande 2, Campo Grande 3, Campo Grande 4 y Campo Grande 5. Tampoco pudo explicar por qué proyectos calificados como “no viables” se volvieron “viables” para recibir el subsidio, cambio que violó las normas. Y nada dijo sobre por qué se usó como intermediario para seleccionar estos proyectos al IICA-OEA, al que es imposible o muy difícil que lo investiguen Fiscalía y Contraloría, dada su naturaleza de ente internacional.</p>
<p>Escandaloso fue el intento de Fernández de descalificar las críticas por subsidios a burócratas y narcotraficantes, porque, según él, también ocurrieron en otros gobiernos. Y hasta en ridículo cayó cuando puso en duda la grave crisis agraria nacional y que Colombia tiene una de las peores concentraciones de la tierra rural en el mundo.</p>
<p>A Fernández, Arias y Uribe les ha faltado valor civil para defender de frente la política plutocrática que aplican, también demostrada en el caso Carimagua, donde intentaron entregarle a un magnate las 17.000 hectáreas que eran para centenares de campesinos. ¿No dijo Arias que Colombia debía imitar el modelo malayo, y no es Malasia una monarquía corrupta en el que el rey y sus amigotes disfrutan de haciendas promedio de diez mil hectáreas y hay un productor de palma con más de 200 mil hectáreas?</p>
<p>Los colombianos ignoran que Álvaro Uribe se lamenta porque la ley no le permite titular en los Llanos Orientales latifundios de “40, 45 mil hectáreas” y que busca que esas haciendas se conviertan en zonas francas que les permitan traer “toda esa maquinaria sin arancel ni IVA” y con una “tarifa de renta solamente de 15%; no de 33”, para las que “pienso –agregó–, la ley de Agro Ingreso Seguro es muy buen paso” (<a href="http://oacp.presidencia.gov.co/snerss/detalleNota.aspx?id=15903">http://oacp.presidencia.gov.co/sner&#8230;</a>).</p>


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		<title>Mejorar el agro pero en el papel y a la brava.</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 22:04:25 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Agro]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><strong>Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 12 de junio de 2008.</strong></p>
<p>En un acto que no tiene antecedentes en Colombia, el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, amenazó con llevar por siete años a la cárcel a Eduardo Uribe, el director del&#8230;</p


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 12 de junio de 2008.</strong></p>
<p>En un acto que no tiene antecedentes en Colombia, el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, amenazó con llevar por siete años a la cárcel a Eduardo Uribe, el director del Centro de Estudios Agropecuarios (Cega), experimentada institución de investigación adscrita a la Universidad de los Andes. Como si fuera poco, también presionó para que Finagro y otras entidades públicas le cortaran el respaldo económico a sus investigaciones. Y anunció que ya casi las cifras del Dane sobre el sector se elaborarán con metodologías originadas en su Ministerio, acuerdo que los expertos rechazan como una indebida intromisión del gobierno en la estadística nacional (Portafolio, Jun.06.08).</p>
<p>El intento de censurar al Cega tiene origen en que los estudios de este concluyeron que el programa Agro Ingreso Seguro concentra los recursos entre unos pocos y grandes productores y que no ha servido para incentivar el crecimiento del sector y en que en su conocida Encuesta de Opinión los empresarios expresaron un alto nivel de desánimo en relación con nuevos proyectos. La agresión se explica porque las realidades encontradas por los investigadores del Cega resultaron ser contrarias a lo que Arias repite, repite y repite ante la cámaras y los micrófonos de los que tanto disfruta y a lo que afirman las muy costosas propagandas que el Ministerio de Agricultura paga en los medios de comunicación.</p>
<p>¿En qué país, diferente a este, puede un ministro agredir a la academia de esta manera y conservar su puesto? ¿Hasta dónde llegará el despotismo de quien pretende cambiar el fracaso de sus gestiones en el papel y a la brava? ¿Hasta cuándo tolerarán tantos colombianos a un gobierno que pretende someter con amenazas a sus contradictores? Y no es de menor cuantía el daño que significa que se le imponga al Dane –de donde el gobierno ya ha sacado a dos directores porque no le gustaron sus cifras–, producir estadísticas al gusto de los gobernantes. ¿Cómo puede gobernarse bien si se destruyen las series estadísticas? ¿No debiera estar catalogado como un delito presionar para que se amañen las cuentas con las que deben definirse las políticas oficiales?</p>
<p>El inconcebible berrinche de Arias intenta ocultar que es difícil encontrar algo que vaya peor en Colombia que el sector agropecuario. En los últimos años, su crecimiento ha sido la mitad del resto de la economía y las importaciones de alimentos se incrementaron en más de dos millones de toneladas, las mismas que han reemplazado el trabajo nacional por el extranjero y aumentado la ya escandalosa pobreza rural. Pésimo les va también a los cafeteros, y eso que los precios internacionales del grano son los mejores en dos décadas. A los paperos, por otra parte, los arruinaron tanto, que la papa se puso por las nubes porque no hubo quien la sembrara. Y se acerca agosto, cuando quedará prohibido el comercio de leche cruda en Colombia, medida que alegra a la OMC y al oligopolio pasteurizador pero que arruinará a decenas de miles de comerciantes y pequeños ganaderos y que hará que millones dejen de consumir leche, porque la hervida les cuesta a 900 pesos el litro en tanto que la pasteurizada les vale el doble.</p>
<p>Además, el gran aumento de los precios de los alimentos y del hambre que los acompaña dejó en ridículo lo dicho por el gobierno durante el trámite del TLC acerca de que las importaciones de la comida eran buenas así arruinaran a campesinos y empresarios porque era la manera de venderles comida barata a los colombianos.</p>
<p>Las políticas agrarias fallan tanto –así el ministro no cese en su demagogia con los agrocombustibles, mientras el gobierno se apresta a importarlos con fuertes subsidios de los colombianos–, que hasta el presidente de Fedegan salió a reclamarle por el estrangulamiento del crédito para el agro. En efecto, José Félix Lafaurie denunció que el Banco Agrario aumentó los créditos destinados a otros sectores y tiene el 54 por ciento del total de sus recursos congelados en TES y en otros papeles, en el mismo momento en que todo indica que hay que respaldar más al sector y en que los productores, en especial los pequeños y medianos, son víctimas de los agiotistas.</p>
<p>Coletilla: tiene que sentirse muy hasta el cuello Álvaro Uribe en el caso de la yidispolítica para que se hubiera hecho –¡y con esa actitud!– la autoentrevista en televisión al respecto. ¿Y por qué se negó a referirse a Teodolindo, del que hay hasta los cheques que lo acusan de cohecho?</p>


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		<title>El debate sobre seguridad alimentaria es sobre las importaciones alimentarias de cereales y demás alimentos básicos.</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 22:02:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>irene</dc:creator>
				<category><![CDATA[Agro]]></category>
		<category><![CDATA[Robledo dice]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate al ministro de Agricultura sobre seguridad alimentaria, Comisión Quinta del Senado, 26 de noviembre de 2008.</strong></p>
<p>Empiezo por expresar mi solidaridad con la gente del Caquetá frente a los reclamos que&#8230;</p


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate al ministro de Agricultura sobre seguridad alimentaria, Comisión Quinta del Senado, 26 de noviembre de 2008.</strong></p>
<p>Empiezo por expresar mi solidaridad con la gente del Caquetá frente a los reclamos que han venido planteando. Cuanto más conozco todos estos asuntos de los mataderos, de la leche cruda, de los pollos, de las exigencias a los paneleros, más convencido estoy de que las normas sanitarias se están volviendo un martillo contra la gente.</p>
<p>Pueden ustedes echarle la teoría que le echen, pero el efecto práctico de esas normas es que le están amargando la vida a infinidad de colombianos, a quienes el gobierno, en vez de ayudar, los está persiguiendo. Y es que cada vez que uno examina este conflicto, más absurdos descubre. Como ese de obligar al campesino a comprar carne congelada, cuando él en su casa ni siquiera tiene nevera. Obligar a un campesino a transportar la carne congelada varios kilómetros es decirle que no puede comerla y se acabó el asunto, o que solo la coma en los restaurantes cuando baje al pueblo.</p>
<p>Son normas que no están pensadas para Colombia, sino que son impuestas desde el exterior para países desarrollados. Esto lo he denunciado cincuenta veces. He repetido incluso la frase de que aquí no estamos en Dinamarca sino en Cundinamarca. Y cómo es posible que se exija que los pollos solo se puedan sacrificar en determinados mataderos, cuando aquí nos acaban de informar que en el departamento del Caquetá no hay ni uno de esos mataderos. No, viceministro. No pueden ustedes maltratar a los colombianos de esa manera. Ocurre lo del chiste ese de que váyanlos fusilando mientras llega la orden de Bogotá. Primero hacen el daño y después empiezan a ver cómo corrigen. Y también hemos venido denunciando en esta Comisión que si usted no sacrifica su pollo en un matadero aprobado por el Invima, no le devuelven el IVA. ¿Y esto no lo sabía el Ministerio de Hacienda cuando expidió la norma? Lo estamos denunciando hace semanas y nada se corrige. Es el tipo de contradicciones frente a las que uno tiene que expresar su completo desacuerdo.</p>
<p>El gobierno no reconoce las realidades regionales y locales, porque la única manera de preservar carne no es con frío. De dónde sacaron ese cuento. Aquí lo acaba de aclarar el doctor Alonso Orozco, diputado del Caquetá. ¡Cuál es el problema de salar la carne como un método de preservación de miles de años! Qué va a pasar entonces en Santander, donde es común comer carne oreada. ¿Van a tener que congelarla para después orearla? Otro absurdo. Los países desarrollados reconocen sus realidades regionales. Los famosos quesos franceses no se hacen con leches pasteurizadas. Aquí leí el caso del comercio de gallinas vivas en Estados Unidos y mostré cómo las mismas autoridades de ese país insisten en que no se debe prohibir. Solo aquí nos empecinamos en hacerlo. Es demasiada la desconsideración del gobierno cuando aplica este tipo de medidas.</p>
<p>Hay otro punto que quiero denunciar y voy a hacerlo con entera franqueza. Hay que decir las cosas con su nombre, así moleste, porque parte de la lógica que nos ha impuesto el neoliberalismo es la de la hipocresía. Detrás de estas normas absurdas que están arruinando a los colombianos encuentro a tres tipos de personajes: unos, a los que yo llamaría los ayatolas de la sanidad, aquellos que se infartan si llegan a ver un microbio a mil kilómetros. Aceptemos que esos existen. Otros, que ignoran hasta en qué país viven y los terceros, los grandes negociantes. Detrás de todo este cuento de los mataderos y las gallinas y la leche cruda hay una gente que se va a enchapar en oro monopolizando estos negocios. Muy propio de la época. Se toma el pretexto de lo sanitario para perseguir a los competidores. Muy cómodo. Los grandes monopolios no tienen cómo arruinar al campesino que tiene una vaca en un pueblo perdido del Caquetá, no son capaces de derrotarlo en la competencia abierta y tranquila, y entonces le expiden una norma sanitaria que de inmediato lo saca del negocio. O a la señora que engorda una gallinita con lombrices y desechos de su casa le caen con un decreto que la arruina. También se dan casos, y en Colombia no son pocos, en que a la gente la asesinan para quitarles la plata. Como no la pueden arruinar en la competencia económica, la mandan matar.</p>
<p>Les expreso a las gentes del Caquetá toda mi solidaridad. Mientras más estudio este caso, más convencido estoy de que estamos ante un absurdo, y de que el ministro de la Desprotección Social, doctor Diego Palacio, no hace nada por modificarlo y el de Agricultura se queda bien corto.</p>
<p>Expreso también mi profundo desacuerdo con lo que usted acaba de decir, señor viceministro, con respecto al impuesto que intentaron ponerle a la leche. Quisieron ponerle un impuesto a la leche de 30 pesos por litro, un impuesto que pagarían los pobres de Colombia, la gente del común, que es la que toma leche. Y ese despropósito no lo corrigen ustedes aduciendo que con la plata les iban a dar unos vasitos de leche a los pobres, porque aquí lo que se discute no es qué se hace con los impuestos, sino quién los paga. Es supremamente regresivo gravar el consumo. Es del abecé de la cultura económica que el consumo no se debe gravar, sobre todo el de los bienes de primera necesidad, como la leche.</p>
<p>Lamentemos que no esté aquí el doctor Andrés Felipe Arias. Este sería el último debate del que hubiera hecho con el ministro. Entiendo que él tenga razones para no estar en el debate, pero es lamentable que no nos acompañe. Supongo que con todas las cosas que están sucediendo se encuentre en plena campaña electoral y antes de marzo esté renunciando para dedicarse de lleno a agitar su candidatura.</p>
<p>Saludemos al colega, senador Gonzalo Gutiérrez, a quien le falleció anoche su señora madre. Acompañémoslo en su pena.</p>
<p><strong>La crisis ya está presente en el café</strong></p>
<p>El doctor Gabriel Silva, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, ha estado dando unas declaraciones llenas de eufemismos sobre el negocio cafetero, de un grado tal de optimismo que uno se pregunta, ¿será que no vivimos en el mismo país? Hoy el periódico El Tiempo le hace el coro titulando: “Crisis mundial no ha sacudido el café”, “Precios del café están aguantando”. Pues les informo en cuánto han caído los precios internacionales del café entre marzo y noviembre de este año: de 1,72 a 1,30 dólares. ¡43 centavos de dólar ha caído la libra de café en el mercado internacional! Y que dizque la crisis internacional no ha sacudido al café. ¿Qué se necesitará entonces que pase? Silva y El Tiempo nos están pintando pajaritos de oro. Ojalá tuvieran razón, pero creo que hay una crisis muy grave y que esa crisis va a golpear duro a los cafeteros, a quienes hoy les están pagando unos precios muy malos. La crisis ya está presente en el café. 504 mil pesos que pagaron ayer por carga como precio mínimo, según Federación de Cafeteros, ó 507 mil como precio máximo, es un precio malísimo para un cultivador colombiano.</p>
<p>Lo otro que quiero comentar antes de entrar en materia es la situación de los indígenas. Para que nos pongamos de acuerdo de una vez por todas, senadores de la Comisión Quinta del Senado, el doctor Andrés Felipe Arias certifica, en las respuestas que me dio a este cuestionario, que los indígenas colombianos tienen títulos por unos 31 millones de hectáreas, redondeando la cifra, pero aclara que de esas, apenas el 10% es área productiva. Esperemos que nunca nadie más en Colombia, ningún ministro de Agricultura, ningún presidente de la República, como nos ha tocado, se atreva a aseverar que los indígenas colombianos acumulan demasiadas tierras, porque no es cierto, como lo acaba de certificar por escrito el propio Ministerio. Con respecto a si los indígenas son pobres o no, a si abrigan razones y derechos para reclamar, porque hasta eso se nos volvió una discusión, miren ustedes lo que dice el Banco Mundial, no el Polo: “Los pueblos indígenas representan el 10% de la población de la región y es el grupo más desfavorecido de América Latina. A pesar de que la incidencia del la pobreza en América Latina es alta, la misma es particularmente severa y profunda entre la población indígena”. Pongámonos también de acuerdo en esto: la pobreza indígena es dolorosísima. En ese sentido, más que vilipendiar y maltratar a esos compatriotas, se debiera asumir la actitud de escucharlos y de ver cómo se les encuentran soluciones a sus problemas.</p>
<p><strong>Los alimentos, un bien que no se parece a ningún otro</strong></p>
<p>Este es un debate sobre seguridad o soberanía alimentaria, y más adelante explicaré los matices entre este par de palabras. Es en últimas un debate, senador Vélez, sobre la importancia de los alimentos. Dejémoslo en claro, porque a veces se nos olvida: los alimentos son un bien que no se parece a ningún otro. Si el mundo se quedara mañana sin electricidad, habría un desastre y probablemente miles de millones morirían, pero seguramente la especie sobreviviría. Si el día de mañana se desaparecieran los medicamentos, habría un horror, pero también es probable que la especie sobreviva. Pero si mañana nos quedáramos sin comida, y no se necesita que sea un mes o dos, porque basta con unos cuantos días, la especie desaparecería. Y si en Colombia nos quedáramos sin alimentos, los colombianos desapareceríamos.</p>
<p>La primera idea que quiero trasmitir es que cuando hablamos de comida estamos hablando entonces de un bien que no se parece a ningún otro. Usted puede andar con la camisa rota, descalzo, sin medicamentos, algo muy grave y que probablemente hará que muera joven, pero si se queda sin comida, lo que sucede es que fallece en cosa de días. Esto lleva a que los estadistas serios distingan la comida de los demás bienes. Y en comida también incluyo agua, porque sin agua tampoco se puede vivir.</p>
<p>¿Cuáles son los problemas con los alimentos? Principalmente dos: hay comida pero no plata. Ahí están los alimentos pero yo no tengo recursos para adquirirlos, un problema gravísimo, porque si no hay recursos económicos, tampoco se tiene acceso a la comida. Y el otro, que es al que me quiero referir aquí, hay dinero pero no comida. Por muchas razones, porque yo tengo el dinero aquí, pero la comida está en Ibagué o porque el camión que debía traerla no llegó. El punto que quiero enfatizar en este momento del análisis teórico es que, habiendo plata para comprar, puede no haber la comida. Son dos problemas, pero me voy a referir principalmente al segundo y voy a explicar cómo la idea de seguridad y de soberanía alimentarias se refiere es principalmente al hecho de que puede no haber comida. Mencionémoslo desde ya: este año, por ejemplo, 20 países exportadores de alimentos pararon sus exportaciones de comida y hubo revueltas por hambre en más de 30 países donde físicamente no había comida. Además de que se había puesto muy costosa, no había la comida suficiente con la que espera contar la población.</p>
<p>Este hecho de que la comida es un bien distinto y que podría faltar aun cuando se disponga del dinero para comprarla, hace que en 1974 la FAO, la organización de la ONU sobre alimentos, haga una cumbre sobre la alimentación. Según la FAO, fue un año de escasez de alimentos no solo por los costos, sino también por condiciones meteorológicas y porque aumentó la demanda y porque además hubo especulación cuando subieron los precios del petróleo. En resumen, el año 1974 es muy parecido al 2008. Entonces a partir de ese año, la FAO se pone a trabajar para ver qué hacer y empieza a desarrollar el concepto de seguridad alimentaria. Dice Luis Jorge Garay que “el concepto de seguridad alimentaria se circunscribió a la disponibilidad de alimentos”, al problema de si había o no alimentos. En 1983, la FAO crea el Comité de Seguridad Alimentaria y miren el propósito: “Asegurar en todo momento la disponibilidad de suficientes suministros mundiales de alimentos básicos, en primer lugar de cereales, a fin de evitar escaseces agudas de alimentos en casos de malas cosechas generales o catástrofes naturales, sosteniendo una expansión constante de la producción y el consumo y reduciendo las fluctuaciones en la producción y en los precios”. No dice de cualquier comida, sino de alimentos básicos. Esto es importante y más adelante voy a explicar por qué. El texto hace referencia al problema de la disponibilidad, un problema de producción, porque puede haber escasez.</p>
<p><strong>El neoliberalismo cambia el concepto de seguridad alimentaria</strong></p>
<p>Con el aparecimiento del neoliberalismo cada vez con más fuerza, el concepto de la seguridad alimentaria, que era muy claro como un problema de disponibilidad, se empieza a convertir también en un problema del acceso referido a los precios, un problema que también existe como ya mencioné, es decir, a que puede haber comida pero ser muy costosa y no poderla comprar la población. El punto sobre el que quiero llamar la atención es que se empiezan a revolver los dos conceptos y, claro, muy astutos, los neoliberales empiezan a enterrar la idea de la disponibilidad y a levantar la teoría de que no importa dónde esté la comida mientras sea barata y se tenga con que comprarla. Ese es el proceso que sufre la definición. Aun cuando lo han venido trabajando ideológicamente y aquí el gobierno seguramente nos va a decir, no, senador, usted se está refiriendo es a la soberanía alimentaria, mientras que nosotros estamos hablando de seguridad, y la seguridad es que la comida sea barata. Sin embargo, la FAO, donde hicieron todos los esfuerzos por quitarle importancia al problema de la producción y dónde se producía y dónde estaba la comida, logra mantener en su definición la importancia del acceso, aun cuando queda algo imprecisa. Y miren cómo todavía hoy define la FAO la seguridad alimentaria, a pesar de la influencia neoliberal: “Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana.” (<a href="http://www.fao.org/docrep/003/w3613s/w3613s00.htm">http://www.fao.org/docrep/003/w3613&#8230;</a>). Esto de en todo momento es clave, porque nada saco con disponer de comida el mes entrante si este mes no tengo. Puedo durar un mes sin zapatos, pero no un mes sin comida. Incluyen la variante costo, pero mantienen la advertencia de lo físico, que el acceso esté allí, que en el supermercado estén los alimentos, porque podrían no estar.</p>
<p>Este es el gran debate. Y como la manipulación que ha venido haciendo el neoliberalismo es muy grande para eliminar la idea del problema del acceso, entonces qué sucedió. Que en el mundo, encabezados principalmente por una organización que se llama Vía Campesina, les toca crear un nuevo concepto, para defenderse de la manipulación, que es el de soberanía alimentaria. Ha venido sucediendo que los neoliberales, en la práctica, quieren referir la seguridad alimentaria solo al problema de los costos. No importa dónde esté la comida mientras se tenga con que comprarla. Y la soberanía alimentaria se ha venido centrando en el tema de si está disponible esa comida para adquirirla o para beneficiarse de ella. Sigo insistiendo en que en el concepto de seguridad alimentaria sigue estando incluido que son dos asuntos, el problema de tener con qué comprarla y el problema de si hay dónde comprarla, que es el aspecto en el que estoy haciendo hincapié.</p>
<p>Al final de cuentas, termina habiendo tres posiciones sobre este problema de la seguridad o de la soberanía alimentaria. Una primera, la de la globalización y el neoliberalismo, que no han podido imponer en la FAO, pero que en los hechos es la posición del gobierno de Colombia, y ahora voy a explicar por qué. ¿Qué es lo que dice la concepción neoliberal? Que lo que importa es que en el mundo haya comida, no importa en qué sitio, y que yo tenga dinero con que comprarla. Aquí nos decía el ministro Botero cuando discutíamos el TLC, que si tenemos petróleo y carbón compramos el trigo y compramos el maíz. Otros decimos: no, porque puede suceder que el trigo y el maíz no estén disponibles aun cuando tengamos con que comprarlos. Es las tesis neoliberal de concentrar la producción en ciertos sitios de la Tierra supuestamente muy eficientes y transportar la comida a lo largo del mundo en rutas descomunalmente largas, traer el arroz de Tailandia, por ejemplo, o llevar trigo de Argentina a Rusia.</p>
<p>La otra concepción, confusa a mi juicio, sostiene que la seguridad alimentaria se refiere solo a que el campesino en su finca produzca su comida. No me opongo a que el campesino mejore la cantidad de comida que produce en su parcela, pero es obvio que en el mundo de hoy ya nadie puede ser autosuficiente. La tesis le niega además al campesino la posibilidad de vender una parte de su producción en las zonas urbanas. Esto de pensar solo en el campesino evade una pregunta de fondo: ¿y dónde se produce la comida que se van a comer los bogotanos o los jornaleros? Esa teoría de la autarquía campesina no nos resuelve el problema, porque de lo que estamos hablando no es de alimentar a los campesinos, sino de alimentar a los 42 millones de colombianos. Ahora, repito, no me opongo a que el campesino mejore su producción en su parcela.</p>
<p><strong>Producir la comida allí donde esté la gente</strong></p>
<p>Y hay una tercera posición, a mi juicio la correcta, que es la inicial de la FAO y que es la que Colombia debiera tener como política de Estado, y que señala que este no solo es un asunto local y global sino también fundamentalmente nacional. El esfuerzo debe estar centrado en producir la comida lo más cerca posible de donde esté la gente para disminuir los riesgos de una hambruna. Alguien me dirá, bueno, pero es que en Arabia Saudita no se puede producir la comida (por ser un desierto). Sí, ese es un problema que tienen los de Arabia Saudita. Pero en el caso de Colombia nosotros debiéramos hacer esfuerzos por producir en el territorio nacional nuestra comida. Esto no quiere decir que no podamos importar ni un centímetro de comida. Nadie está proponiendo eso. No se trata de la autarquía. Eso es lo que me endilgan en el Ministerio, pero nunca lo he planteado así. Ni se trata tampoco de que Colombia no pueda exportar alimentos, porque se presentan situaciones deficitarias en uno u otro momento. De lo que se trata es de definir una política de autosuficiencia alimentaria, de seguridad alimentaria, de soberanía alimentaria, en la que lo que se importe sean déficit temporales y no lo fundamental de la dieta básica, porque vamos a mirar ahora que el trigo es más importante que las uchuvas, aun cuando el doctor Andrés Felipe Arias haya dicho que son mejores las uchuvas.</p>
<p>Enfatizo la idea. La propuesta que estamos haciendo no evade las relaciones internacionales, ni hacer en un momento dado importaciones, pero sí señala que cada país debe producir el máximo de sus alimentos y que la política agraria debe conducir a ello. Esa autosuficiencia alimentaria, esa seguridad alimentaria, esa soberanía alimentaría se debe sostener de manera dual: una parte la deben aportar los campesinos, y ahí incluyo a los indígenas, y otra parte la deben producir los empresarios y los obreros agrícolas. No hay para qué poner en contradicción absoluta la producción campesina con la producción empresarial. Se trata de una idea en que hemos venido insistiendo aquí todo el tiempo, la necesidad de un modelo dual que ponga el énfasis en la producción de los alimentos.</p>
<p>Lo discutíamos con el ministro que negoció el TLC con Estados Unidos, el doctor Jorge Humberto Botero, quien ha sido más franco en esto, pues aun cuando el doctor Andrés Felipe Arias ha defendido la posición de Botero, ha sido más cauto y ha dejado más confuso el asunto. El doctor Botero sí fue muy enfático en señalar que lo que importaba era tener con qué comprar la comida. Y han puesto en duda la idea, y este es el punto clave de este debate, de que pueda no haber alimentos. La teoría neoliberal presupone que nunca se interrumpirán los flujos de alimentos, que siempre los habrá y en todos los casos mientras Colombia tenga dólares con qué comprar su comida. Los que estamos en la posición que yo defiendo sostenemos que eso podría no suceder. La historia de la humanidad demuestra que los flujos de los alimentos pueden interrumpirse y cualquier análisis sensato permite pensar que aquí pueden ocurrir hechos muy graves. Voy a hacer referencia a unos cuantos, que no son de mi cosecha, para que ustedes vean que el problema es más complicado de lo que parece. Primer hecho, el sitio de Cartagena en 1811: las tropas de Pablo Murillo no permitieron que entraran alimentos a la ciudad y la gente primero tuvo que comerse los zapatos, los ratones y los gatos y después tuvo que rendirse. O sea, los alimentos utilizados como una estrategia militar. Alguien dirá eso fue hace mucho tiempo. Miremos entonces más acá. “Entre 1769 y 1770, los ingleses provocaron un hambre artificial (en la India) al comprar todo el arroz y venderlo a precios fabulosos”. Unos especuladores en la India tenían libras esterlinas y compraron todo el arroz, lo almacenaron y dijeron: ahora nos pagan como nosotros queramos.</p>
<p>La FAO, en la Declaración de Roma sobre Seguridad Alimentaria Mundial, Nov.13.96, remarca que “los alimentos no deberían utilizarse como instrumento de presión política y económica” (<a href="http://www.fao.org/docrep/003/w3613s/w3613s00.htm">http://www.fao.org/docrep/003/w3613&#8230;</a>). Si no “deberían” es porque se usa convertirlos en arma de presión o, si no, de dónde sale la frase, por qué la preocupación. Los de la FAO no es que vivan en la luna. Ellos saben en que mundo estamos y cómo funcionan las cosas. Jackeline Roodick, autora inglesa, en su libro El negocio de la deuda, cita a un Secretario adjunto Tesoro de Estados Unidos, quien explica qué le podría pasar a un país que entrara en contradicción dura con Estados Unidos en términos de los negocios, y después de describir una serie de sanciones que le podrían imponer a ese país, miren lo que dice ese secretario adjunto: “En muchos países, incluso la importación de alimentos sería restringida.” (Roddick, Jacqueline, El negocio de la deuda externa, El Áncora Editores, p. 80, 1990). Por ejemplo, que un país decidiera no pagar su deuda externa pudiera costarle severas represalias. Les cuento que el gobierno de Inglaterra acaba de aplicarle la ley antiterrorista a Islandia porque este país decidió que los bancos islandeses no paguen unas deudas con los ingleses.</p>
<p>El presidente George W. Bush afirma: “Es importante para nuestra nación cultivar alimentos, alimentar a nuestra población. ¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Por eso, cuando hablamos de la agricultura (norte) americana, en realidad hablamos de una cuestión de seguridad nacional” (The Future Farmers of America, Jul.27.01, Washington). Y es el presidente de Estados Unidos, el dueño de la máquina de fabricar los dólares, al que nunca se le acaba la plata, el que tiene además el más poderoso ejército del Planeta y que tendría con que mover su ejército hasta cualquier despensa alimenticia del mundo para quedarse con la comida, como se está quedando hoy con el petróleo iraquí. Y sin embargo, miren lo que afirma el presidente de Estados Unidos: aquí vamos a producir nuestra comida, pase lo que pase, porque no nos vamos a arriesgar a que mañana algún país al que le compremos la comida diga que no nos la manda.</p>
<p>La ONU, la FAO, el Fondo Mundial Diversidad Cultivos, 11 instituciones agrícolas y 60 países están fabricando en Noruega unos silos subterráneos y blindados para guardar allí tres millones de semillas buscando que nunca falten en la humanidad. ¿Con qué propósito? La FAO dice que para precaverse de una guerra nuclear, de un impacto de asteroides, de un atentado terrorista masivo, de una pandemia, de catástrofes naturales o de un cambio climático acelerado. ¿Qué es lo que están diciendo estos personajes? No están locos, tienen toda la razón. Si uno piensa en el largo plazo, las posibilidades de una guerra, una pandemia, una catástrofe natural de proporciones descomunales no solo son un riesgo, sino una certeza en la historia de la humanidad. En 500, 1.000, 5.000 años cualquier cosa puede pasar y estos personajes están diciendo que van a almacenar semillas para tomar precauciones.</p>
<p>Vean lo que dice el señor Jacques Chirac, cuando ya no era presidente de Francia, y me van a permitir que lea un poco largo, pero cualquier persona seria que se preocupe por estos asuntos tiene que llegar a las mismas conclusiones. Esto no es un problema ideológico como nos lo han querido montar, sino un problema concreto. Dice el señor Chirac: “Ningún país ha salido del subdesarrollo sin primero haber ayudado a sus agricultores. A nivel mundial los debates sobre la agricultura, antes de ser en relación con el comercio internacional, son fundamentalmente debates sobre la soberanía alimentaria –una soberanía que se basa en el desarrollo agrícola.” Y agrega: “Quisiera añadir que un producto alimenticio no es y nunca puede ser sólo un producto ordinario.” “Nuestro objetivo en la agricultura debe ser garantizar la seguridad alimentaria para todos. Las conversaciones de comercio internacional no debe perder de vista esto.” Más: “Hay dos maneras de responder al imperativo de la seguridad alimentaria en los países en desarrollo. La primera –que es la del doctor Botero y la del TLC– es considerar que todo lo que necesitamos debe ser suministrado por productos alimenticios de bajo costo en el mercado mundial con el fin de hacerlos accesibles al mayor número de personas.” La primera idea, dice Chirac, es comprar la comida barata en el mercado mundial, y más adelante vamos a ver qué tan barata es. “El segundo se basa en el desarrollo de la agricultura local para permitir que un número máximo de países logren la soberanía alimentaria.” Es la idea que yo defiendo. Chirac coge el concepto de soberanía y lo revuelve con el de seguridad, pero machaca de qué es de lo que estamos hablando. Agrega Chirac: “Este segundo curso de acción es mucho más exigente. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que es el más responsable y sostenible. No sólo consiste en dar a los países pobres los medios para sobrevivir. Se les da el control sobre su desarrollo. Lo que compensa las deficiencias de una liberalización del comercio agrícola que no beneficia a los países menos privilegiados.” (Congreso Mundial Jóvenes Agricultores, Jun.13.06, <a href="http://www.ambafrance-uk.org/World-Congress-of-Young-Farmers.html">http://www.ambafrance-uk.org/World-&#8230;</a>)</p>
<p>El señor Bill Clinton, en una conferencia ante la ONU, el 24 de octubre de 2008, hace un mes, asevera: “Los alimentos no son un producto básico cualquiera”. “Tenemos que regresar a una política de máxima autosuficiencia agrícola”. ¿Por qué dice que regresar? Por lo que yo expliqué inicialmente. Porque el neoliberalismo ha eliminado o ha intentado eliminar el concepto primigenio de la seguridad alimentaria. Entonces qué esta diciendo el propio Clinton, seguramente uno de los que ayudó a desmontar el concepto: hay que “regresar a una política de máxima autosuficiencia agrícola”. Y agrega esto: “Es una locura pensar que podemos desarrollar muchos de los países en los que trabajo sin incrementar su capacidad de autoalimentarse y tratando a los alimentos como si fuera un aparato de TV en color”.(<a href="http://www.fao.org/newsroom/en/news/2008/1000945/index.html">http://www.fao.org/newsroom/en/news&#8230;</a> <a href="http://www.fao.org/news/story/es/item/8140/icode/">http://www.fao.org/news/story/es/it&#8230;</a>)</p>
<p>Lástima que no esté el ministro Arias, porque yo quiero enfatizar que este año los precios internacionales se fueron a la luna. El cuento de que la comida era barata en el mundo resultó ser paja, y además no la producíamos, y además varios de los principales países exportadores de alimentos cerraron sus exportaciones aun cuando estén violando las normas de la OMC. Ningún país va a exportar la comida de su pueblo. Les doy nombres: China, Argentina, Ucrania, Rusia, Malasia, Kazajstán, India, Vietnam, Serbia, Egipto, Indonesia y Camboya cerraron sus exportaciones de cereales, granos y oleaginosas o las limitaron. Apenas obvio. O es que ustedes creen que alguien va a permitir en un país coger la comida de su pueblo y exportarla que porque está muy cara. Ese cuento de que importamos la comida de donde esté resulta ser paja.</p>
<p>El Ministro de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón, Takao Fujimoto, señala cómo es un absurdo depender excesivamente de las importaciones de alimentos. Dice que en el Japón hay gran preocupación, porque Japón es una isla y tropieza con grandes dificultades para sostener una política de seguridad o de soberanía alimentaria. (Se transcribe la cita, aun cuando el senador no la leyó en su intervención: “No es conveniente para los países importadores de alimentos, independientemente de si son países desarrollados o países en desarrollo, depender excesivamente de las importaciones de alimentos, teniendo en cuenta los posibles efectos negativos en los mercados internacionales causados por la gran cantidad de compras de un país importador, la posible incertidumbre de las importaciones de alimentos en tiempos de escasez de alimentos, y el futuro aumento de la población. Sería particularmente importante, por lo tanto, que los países importadores de alimentos, incluido mi país, promuevan la producción nacional de manera efectiva utilizando sus recursos productivos (…) Quiero subrayar que la promoción de la producción nacional facilitara el pleno despliegue de las múltiples funciones de la agricultura, distintas de la producción de alimentos (…) La autosuficiencia de Japón en cereales es bajo, de un 30 por ciento, un nivel excepcionalmente bajo en comparación con otros países desarrollados. Debido a estos antecedentes, la mayoría de nuestros ciudadanos están preocupados por el futuro de la situación alimentaria en nuestro país. Teniendo esto en cuenta, nuestra política agrícola hace hincapié en el mantenimiento y la ampliación, según proceda, de la producción nacional, haciendo un uso efectivo de nuestros recursos de producción existentes (…) Sin embargo, dado que es difícil suplir toda la comida necesaria de la producción nacional, debido a lo limitado de los recursos productivos como la tierra, nos esforzamos por responder mejor a las necesidades de nuestros ciudadanos con la adecuada combinación de las importaciones de alimentos y el almacenamiento, además de la producción nacional de alimentos. (<a href="http://www.fao.org/docrep/003/x0736m/rep2/japan.htm">http://www.fao.org/docrep/003/x0736&#8230;</a>)</p>
<p>El ministro de Agricultura y Agroalimentación del Canadá, Ralph E. Goodale (<a href="http://www.fao.org/docrep/003/x0736m/rep2/canada.htm">http://www.fao.org/docrep/003/x0736&#8230;</a>) dice: “No es razonable pedir a países importadores netos de alimentos liberalizar aún más el comercio y depender aun más del mercado internacional, si los exportadores siguen siendo libres de imponer impuestos y restricciones a la exportación de alimentos prácticamente a voluntad (…) Nosotros reconocemos que el comercio más liberalizado no es, en y por sí mismo, una solución global a la inseguridad alimentaria”, que es lo que aquí nos han dicho, que no protejamos nuestro agro, que aceptemos aranceles de cero por ciento que aquí nos llegará la comida de cualquier parte y que si los ineficientes de Colombia no la producen, se la compremos barata a los gringos. Esa es la posición del gobierno nacional y del TLC.</p>
<p>El señor Sung-Soo Lee, primer ministro de la República de Corea, señala cómo uno de los grandes éxitos de su país fue alcanzar la autosuficiencia alimentaria en los principios de los setenta. Y como están teniendo problemas en este momento, Corea está alquilando más de un millón de hectáreas de tierra en Madagascar para asegurarse el abastecimiento de maíz, preocupados después de las alzas récord en los precios internacionales de alimentos.</p>
<p>Quiero insistirles a los colombianos en que aquí hay un hecho nuevo y es que nadie puede decir hoy con seriedad que la comida está disponible en el mundo para el pueblo colombiano, y que sea más barata. Nadie puede defender la teoría de que la seguridad o la soberanía alimentaria es un problema global. No lo puede hacer nadie. Porque los hechos de este año sepultaron esta teoría como la habían sepultado en el año 1974, cuando el concepto empezó a plantearse. Se transcribe la cita del primer ministro coreano para ilustración de los lectores (<a href="http://www.fao.org/docrep/003/x0736m/rep2/repkorea.htm">http://www.fao.org/docrep/003/x0736&#8230;</a>): “El componente básico más esencial de la seguridad alimentaria para cualquier estado es el activo compromiso político y los esfuerzos vigorosos de su propio gobierno para resolver el problema (…) Hace cincuenta años, la República de Corea era un país de bajos ingresos con una grave escasez de alimentos. A través de la reforma estructural y la innovación técnica, fuimos capaces de alcanzar la autosuficiencia en los principales cultivos alimentarios básicos a finales de la década del 70 (…) Este progreso fue posible gracias a los esfuerzos concertados del pueblo coreano y por el activo desarrollo de políticas adaptadas a las circunstancias particulares de Corea”. Daewoo invertirá US$6.000 millones Madagascar alquilar tierras (1.3 millones ha) por 99 años para “garantizar la seguridad alimentaria de Corea del Sur (…) Después de las alzas récord de los precios internacionales de los alimentos, Corea del Sur ha emprendido una operación a escala mundial para asegurarse suministros de alimentos”. Daewoo Logistics controla 50.000 ha de maíz en Indonesia (Portafolio, Corea siembra su comida en el exterior, Nov.21.08)</p>
<p><strong>La teoría del libre comercio</strong></p>
<p>¿Cuál es la teoría del “libre comercio”? Desarrollémosla un poco más en esto de los alimentos. Primero, ya lo mencioné, concentrar producción y comercio, porque es el mundo de los monopolios y de las trasnacionales, es el modelo Carimagua, el modelo de la gran plantación, “el modelo malayo”, dijo el doctor Andrés Felipe Arias en una entrevista en Semana, que era lo que había que defender. Y el “modelo malayo” es el modelo de la ultraespecialización en bienes de exportación. Malasia produce cantidades inmensas de aceite de palma, en plantaciones de cien mil hectáreas en promedio, pero importa toda su comida. Y eso les parece una genialidad. Porque mientras haya los dólares del aceite de palma dizque se puede importar la comida, ese es el modelo malayo. Lo que quiero enfatizar es que se trata de mover los alimentos por todo el mundo. Este modelo neoliberal no excluye de manera absoluta la producción campesina, pero sí la golpea, le parece despreciable, de menor cuantía. En esa misma entrevista dijo Andrés Felipe Arias que a los campesinos no se les debía dar tierra porque se volvían guerrilleros y paramilitares, no la quiero leer completa, pero por la cara del viceministro, voy a traer la cita exacta para la segunda intervención y la leemos, bueno, además la leí en la Plenaria, doctor, usted ha debido verla, no me haga esas caras.</p>
<p>Pero además y este es un punto crucial, cuando hablamos de seguridad alimentaria, y ojo con esto, colombianos, no estamos hablando de cualquier bien alimentario, sino de la dieta básica. Esto es muy importante en el debate. El café, sí, chévere tomarse un café, pero el café no es dieta básica. Perfectamente puedo pasarme la vida sin tomarme un café. Una uchuva, chévere que a uno en el plato le pongan una uchuvita, se ve muy bonito, pero no me quiero ni imaginar uno día y noche coma que coma uchuvas. Cuando hablamos de seguridad alimentaria y de soberanía alimentaria estamos hablando solo de ciertos productos. Cereales, primero que todo, lo leí en la cita de la FAO, porque además permiten almacenarse en condiciones relativamente fáciles. Y hablamos también de cárnicos, oleaginosas, verduras y frutas, pero fundamentalmente de cereales, cárnicos y lácteos, el tipo de alimento que es capaz de sostener viva a una persona. Una persona que coma solo verduras o frutas no puede mantenerse con vida. Pero miren a esos pueblos africanos que solo tienen subproductos de la ganadería y de eso viven. Los pueblos indoamericanos vivieron prácticamente de maíz y otros suplementos alimentarios menores.</p>
<p>¿Cuál es la política en Colombia? En estos debates siempre leo lo que dice el Plan Colombia. El Plan Colombia no son solo los helicópteros y el narcotráfico y las bombas y las fumigaciones. El Plan contiene 20 páginas sobre economía y modela toda la economía nacional. Dice cómo debe ser. Y sobre el agro hay un párrafo excepcionalmente franco. Encontrar en documentos internacionales tanta franqueza es un milagro. Miren lo que dice el Plan Colombia, porque además el Plan Colombia fue subsumido por un documento del FMI en diciembre 20 de 2001, siendo ministro de Hacienda el doctor Juan Manuel Santos. En otro país el doctor Santos no podría ser presidente ni de la ciudad de hierro, pero en Colombia no me sorprendería que le pongan la Cruz de Boyacá. Veamos entonces qué dice el Plan Colombia sobre lo que debe producir Colombia y eso es lo mismo que dice el TLC con otro lenguaje. Miren que el análisis es bonito, diputado Orozco. “En los últimos diez años –ya ha empezado la apertura del doctor Cesar Gaviria, el otro prócer de esta historia– Colombia ha abierto su economía, tradicionalmente cerrada (&#8230;) el sector agropecuario ha sufrido graves impactos ya que la producción de algunos cereales tales como el trigo, el maíz, la cebada, y otros productos básicos como soya, algodón y sorgo han resultado poco competitivos en los mercados internacionales –o sea Colombia no pudo competir en eso, no porque no podamos, sino porque frente a los subsidios gringos y europeos no se puede competir–. Como resultado de ello –agrega el Plan Colombia– se han perdido 700 mil hectáreas de producción agrícola frente al aumento de importaciones durante los años 90, y esto a su vez ha sido un golpe dramático al empleo en las áreas rurales.” O sea, lo primero que dice el Plan Colombia qué es: Colombia no pudo competir en cereales y en productos básicos frente a las importaciones, bueno, hay están las cifras, ellos mismos dicen que se perdieron 700 mil hectáreas, etc. Pero miren ustedes como es este mundo de arrevesado, la conclusión no es acabar con la apertura, sino seguir con la apertura, y miren lo que dicen que debe hacer Colombia, senadores, “La modernización esperada de la agricultura en Colombia ha progresado en forma muy lenta, ya que los cultivos permanentes en los cuales Colombia es competitiva como país tropical, requieren de inversiones y créditos sustanciales puesto que son de rendimiento tardío”.</p>
<p>¿Qué es lo que dice el Plan Colombia, en resumen, y el FMI, y el TLC? Que Colombia debe especializarse en productos tropicales. ¿Qué es un producto tropical? Es aquel que por razones del clima solo se puede producir en el trópico. Uno no puede sembrar banano ni café en Estados Unidos en Estados Unidos ni en Noruega. En el trópico tenemos un privilegio de la naturaleza: nosotros aquí podemos sembrar de todo, de lo nuestro, lo tropical, y lo de zonas templadas. Podemos sembrar maíz, trigo, lo que se nos antoje. Entonces qué es lo que hace Estados Unidos. La Casa Blanca, en esta imposición del Plan Colombia, nos dice, ustedes deben especializarse en cultivos tropicales y nosotros les venderemos, es así en la práctica, el trigo, la cebada, el maíz, las oleaginosas, incluso. Esta es la propuesta, este es el debate, y cuando hablamos de seguridad alimentaria hablamos es de esta discusión. ¿Es razonable, me pregunto, que Colombia venda café para importar trigo o venda uchuvas para importar trigo, como dice el doctor Arias, o vendamos petróleo o vendamos carbón? Este es el debate. Pienso que no es razonable, entre otras cosas por una razón también de fondo. Cuando los gringos nos compran café o bananos, nosotros no le hacemos ningún daño a la economía norteamericana, y no estoy porque le hagamos daño a nadie. No es ningún mal para Estados Unidos comprarnos café, baratísimo, además. Ganan más ellos que nosotros por el café. Entonces por qué se nos va a condicionar que para comprar nuestro café tengamos que comprarles a ellos el maíz que en las tierras de Córdoba se puede producir en excelentes condiciones. O por qué hay que importar el arroz que se produce tan bien en el Tolima.</p>
<p><strong>Colombia cada vez importa más comida</strong></p>
<p>¿Cómo estamos de seguridad alimentaria, o sea, cómo estamos de importaciones? Porque al final esta es una discusión que se concreta en seguridad alimentaria, soberanía alimentaria, autosuficiencia, y es un pleito con las importaciones. Les diría que estamos supremamente mal, muy mal. Miren ustedes. En el cuatrienio del doctor Cesar Gaviria se importaron casi ocho millones de toneladas de alimentos, en el del doctor Samper se importaron casi veinte millones, en el del doctor Pastrana casi 23 millones y en el del doctor Uribe hasta el año pasado ya vamos en casi 35 millones de toneladas de productos agropecuarios importados. De esos los alimentos y los básicos son un poco menos, porque el algodón es un caso diferente. Pero lo que estoy señalando es que la política ha sido ir aumentando las importaciones de productos básicos, de comida. Por ejemplo, en el primer gobierno del doctor Uribe se importaron casi 20 millones de toneladas de comida, de alimentos básicos. En solo 2007 se importaron 6 millones de toneladas de comida, también en el gobierno del doctor Uribe. Miren este dato, no menos grave, sobre cómo van creciendo las importaciones per cápita de alimentos. En el gobierno de César Gaviria se importaban 41 kilos por habitante; en el de Samper; 95 kilos por habitante; en el de Pastrana 102; en el de Uribe I, 114; y en el 2007, 133 kilos por habitante. La tendencia en Colombia es que cada vez importamos más comida. Es lo que quiero dejar en quienes nos están escuchando, cada vez la importación de comida es mayor.</p>
<p>Voy a presentar de otra manera la cifra, que es interesante. En 1990, la participación de las importaciones de alimentos en el consumo nacional representaba el 5,4%, o sea, éramos un país básicamente autosuficiente. Es lo que yo creo que es sensato. El hecho demuestra además que podemos ser autosuficientes. Bueno, ¿saben a cuánto llegamos en el 2007? Las importaciones representan ya el 24,34% de los alimentos. Estamos importando casi una cuarta parte de los alimentos. Me imagino que el doctor Salazar tendrá ahí listos los datos para resaltarme los otros, el 75%. Y alguien que no entienda de estas cosas podrá pensar que 25% es poco. No, 25 es un montón. Para intentar ilustrar el punto, imagínense que no hubiera alimentos para diez millones de habitantes, de los 40 que somos. Pero además veámoslo de otra manera: esa importación está concentrada en ciertos alimentos, que son los básicos. El país está importado el 98% del trigo, casi toda la cebada, una proporción inmensa del maíz, 90 por ciento y más de arveja seca, lenteja y garbanzos, claves en la dieta básica de un país, y más del 30% del fríjol.</p>
<p>Vamos a suponer que hay una catástrofe de estas de las que habla la FAO y no llega comida a Colombia, por ejemplo, una guerra mundial, que puede presentarse. En la Segunda Guerra Mundial las comunicaciones de Colombia con Europa desaparecieron. El país se quedó sin llantas. No las había porque se necesitaban para la guerra y aquí, en buena medida, había que andar a pie. Esas cosas pasan y pueden volver a pasar. Entonces si nosotros nos quedáramos hoy sin las importaciones, nos quedaríamos sin pan, sin pastas, sin casi todo el maíz, o sea, sin carne de pollo, sin huevos, sin carne de cerdo, sin lentejas, etc. El hueco que ya tenemos es bien grande. Lo de cereales es especialmente grave. Estamos importando el 54% de los cereales que se consumen en Colombia y quiero señalar que la FAO subraya que este es un problema especialmente de cereales, no solo porque tienen un poder nutritivo muy alto, sino porque pueden almacenarse con facilidad. Uno no puede montar seguridad alimentaria sobre leche ni sobre frutas, porque tropieza con muchas dificultades y además por los valores proteínicos. En 1990 importábamos el 15% de los cereales que se consumían y hoy estamos en el 56%.</p>
<p>Colombia tiende a perder su soberanía y su seguridad alimentaria, y no ha empezado el TLC. Demostré aquí en no sé cuántos debates que el TLC nos deja sin arroz, que hoy tiene un arancel de 80% y que el TLC los pone en cero. Lo puede eliminar por completo. Lo propio ocurre con el maíz. Porque no producimos el maíz tenemos una debilidad estratégica, el día que quieran nos ponen el maíz al precio que se les dé la gana y nos quedamos sin pollo, sobre todo si además nos están vendiendo el pollo ya congelado. Vamos a tener pérdidas grandes en carne de res. Creo que vamos a perder todo el cerdo o una porción muy grande y vamos a sufrir pérdidas grandes en lácteos. Eso depende de muchas cosas, pero es lo que está amenazado porque nos van a poner en aranceles de cero por ciento y hoy todos esos productos tienen aranceles bien altos.</p>
<p><strong>La comida importada, cada vez más cara</strong></p>
<p>La razón de estas pérdidas es bien sencilla. Todos los que aquí han dicho que Colombia puede competir frente a los subsidios extranjeros se han equivocado. Llevo desde 1990 diciendo que si Colombia se abre en “libre comercio”, perdemos el agro. Y desde ese año empezó el doctor César Gaviria, después el doctor Samper, luego el doctor Pastrana y ahora Álvaro Uribe Vélez, todos diciendo, tranquilos, que aquí vamos a competir. Pues bueno, ahí están las cifras. No somos competitivos, no porque seamos brutos ni vagos ni perezosos, sino porque no podemos contra los subsidios de ellos, porque nuestros respaldos a nuestros agricultores son infinitamente pequeños al lado de los de ellos y porque no hay una política de seguridad y de soberanía alimentaria. Quienes gobiernan a Colombia no creen en lo que yo estoy diciendo. La posición oficial del gobierno la expresó Jorge Humberto Botero: Colombia debe importar su comida. Jorge Humberto Botero, ministro de Comercio, jefe de la negociación del TLC, para rebatir nuestros argumentos sobre la seguridad alimentaria, le dijo al periódico La Patria, el 16 de mayo de 2004, “Mil y mil gracias por los subsidios (agrícolas extranjeros), porque nos permiten, por ejemplo, comprar trigo barato”. Nunca he visto una defensa más descarada de una política contraria a la de la soberanía y la seguridad alimentaria. Y escribió un artículo en el periódico La República donde dice que estas tesis de la soberanía y la seguridad alimentaria son caducas. El doctor Andrés Felipe Arias aquí mismo, en el debate del TLC, con figuritas y todo, nos mostró que era mejor producir uchuvas que trigo. ¡El ministro de Agricultura! ¡Nada menos! Porque las uchuvas eran un poco más caras en el mercado mundial. Que vendiéramos entonces unas uchuvas para comprar trigo. ¡Háganme el favor! Pero además tampoco las venden. Y aun si las vendieran, Colombia no resolvería el problema de la soberanía y la seguridad alimentaria, porque, repito, usted puede tener los dólares y no tener la comida, porque no se la venden.</p>
<p>Recuerdo al doctor Hommes y a no sé cuántos más diciendo: lo que pasa es el que senador Robledo es amigo de los latifundistas y de la ineficiencia y de la pereza de la gente del agro. Hay que traer la comida y que haya comida barata para los pobres de Colombia. Lo que pasa es que está defendiendo que los pobres no puedan comer. Y nos atosigaron con el cuento de la comida barata, cuántas veces, senadores, les tocó a ustedes ver este debate. Hoy pregunto: doctor Salazar, ¿está barata la comida extranjera? ¿Son baratas las importaciones de alimentos? ¿Pueden seguir sosteniendo esa tesis? Les doy este dato: entre agosto de 2002 y marzo de 2008 el maíz amarillo pasó de 96 a 249 dólares la tonelada, el trigo de 172 a 485 dólares, el arroz de 242 a 524, la cebada de 133 a 485, el maíz blanco de 148 a 259. El desastre de la inflación en buena medida es producido por los alimentos, por las importaciones de comida cara. Los colombianos hoy no están pudiendo comer pan ni arepa, porque no tienen con qué comprar. Para el mes de marzo y de abril en Colombia la inflación ya se había comido el alza del salario mínimo en un país lleno de pobres, de paupérrimos, de indigentes, de desnutridos por las políticas del gobierno nacional. Y claro, en las últimas semanas, con la debacle del neoliberalismo mundial, porque además se les hundió el neoliberalismo, doctor Salazar, se quedaron sin profetas, sin teorías. Se hundió este circo del “libre comercio” y la gente en todas partes se está muriendo de hambre por el “libre comercio”. Lo de las ‘pirámides’ es en buena medida “libre comercio” también por la vía de la desregularización. Es que el dogmatismo se los come. Claro, que dejen libres a los banqueros y los banqueros hacen fiesta y si aquí dejan libres a los otros, pues ni se diga. Banqueros son cada uno a su manera, unos con más pedigrí y más doctorados en las universidades extranjeras y otros más simplones, pero al final son básicamente las mismas ‘pirámides’. A unos los meten a la cárcel y a otros los nombran ministros y próceres y hasta presidentes de la República. Pero el punto es que no es barata la comida.</p>
<p>En estas últimas semanas ha bajado un poco el precio de los alimentos. No sé si el doctor Salazar me lo vaya a decir, pero sigue siendo altísimo, de junio para acá ha bajado 14%, pero a septiembre todavía era 51% más cara, digo el promedio mundial de los precios de los alimentos con respecto a hace dos años. Y dice el director de la FAO que los precios altos se van a mantener. Porque renglones como el de los agrocombustibles los encarecen. Al poner a competir el maíz de la arepa de un pobre contra una 4X4 por supuesto que el pobre se queda sin maíz. Esto no es lo único que sube los precios de los alimentos, pero cuenta, le pone su granito de arena.</p>
<p>Tengo que volver a lamentar que el doctor Andrés Felipe Arias no esté aquí. Ustedes saben que soy franco y que me gusta decir las cosas cuando la gente está presente. Cuando subieron los precios de los alimentos, trigo, maíz, el doctor Andrés Felipe Arias aconsejó: sustitúyanlos por productos más baratos y mencionó los tubérculos, me imagino que también la ahuyama. Y este es otro debate interesante. ¿La solución al alza de los precios de los alimentos es tener una política de autosuficiencia alimentaria que nos permita producirlos baratos o decirle al pobre que no tiene con que comprar maíz: cómase una ahuyama. O decirle al pobre que no tiene para comprar un pan: clávese un ñame. Estos son los más baratos. Cuando dijo esto el doctor Arias en una de sus desafortunadas intervenciones, escribí un artículo y recordé de una historia que es en cierto sentido aplicable, una historia famosa en la historia universal sobre María Antonieta, la reina de Francia que terminó en la guillotina. Estaba ella en un castillo jugando con sus cortesanos y cortesanas y se armó una pelotera en la calle. María Antonieta preguntó: y ese ruido que hay ahí afuera ¿qué es? ¿Por qué gritan y se quejan? Entonces el cortesano le dice: emperatriz es que no hay pan. Entonces María Antonieta dijo: pues que coman tortas. Así estamos con estas propuestas.</p>
<p>Y esto no es solo porque alguien dirá que es más sabroso un pan que un ñame y que ese es al final un problema de los gustos. No, es que los alimentos tienen valores proteínicos. La humanidad no inventa cosas por inventárselas. Uno no puede vivir de café o de banano y no es lo mismo comerse un tubérculo que alimentarse con maíz o con carne. Esto del valor de los alimentos está en un trabajo que con datos de la FAO desarrollaron Luis Jorge Garay y otros. La capacidad alimenticia de los granos frente a la de los tubérculos, y cuando hablo de granos estoy hablando de garbanzos, arvejas secas, fríjol, lentejas, y no olviden que importamos el 90% de los garbanzos, las arvejas secas y las lentejas y el 30% del fríjol, y el fríjol con el TLC se acaba y más con ese TLC que firmaron con Canadá que es igual de malo que el firmaron con Estados Unidos y el que nos van a imponer los europeos, terribles todos. Los granos tienen tres veces más calorías, tres veces más carbohidratos y diecisiete veces más proteínas que los tubérculos. Es un dato clave para la discusión, cójase como se coja, en este caso por la vía de lo nutritivo. Los cereales frente a los tubérculos: tres veces más calorías, cuatro veces más carbohidratos y seis y media veces más proteínas. Los granos frente a las frutas, casi seis veces más de calorías, más de cuatro veces en carbohidratos y treinta y dos veces más en proteínas. No me opongo a que se coman frutas y hortalizas, pero se trata de definir cuáles son los alimentos pilares. Por supuesto que una buena alimentación debe ser variada y debe incluir los distintos tipos de alimentación, pero uno sí tiene que saber cuál es el fundamental. Cereales frente a frutas: seis veces más calorías y carbohidratos y doce y medio veces más proteínas. Entonces cuando al doctor Andrés Felipe Arias les dice a los pobres que no tienen con que comprar trigo o maíz que compren otra cosa, se le olvida de esta historia. Y si llegáramos a sopesar los cárnicos en el debate, ni se diga. Y no olvidemos que los cárnicos cada vez son más un maíz con alas o las orejas de un marrano y lo estamos importando casi todo.</p>
<p>Concluyamos entonces anotando que esta política, que atenta contra la autosuficiencia alimentaria y la soberanía alimentaria, explica en buena medida la pobreza nacional de dos maneras. Primera, porque como no producimos la comida que podríamos producir, nuestros campesinos y nuestros jornaleros se quedan sin empleo. Si Colombia produjera el trigo, el maíz, la cebada, estén seguros de que las condiciones de vida de nuestros campesinos boyacenses o cordobeses mejorarían. Y la industria metalmecánica y el comercio tendrían a quien venderles más artilugios metalmecánicos y más camisas. Es que el agro no es solo seguridad alimentaria. Si la comida es cara, todos los problemas de desnutrición se agravan. Y aquí estamos hablando de que en la Colombia rural el 27% de sus habitantes están en la indigencia, senador Estacio, estoy seguro de que entre los indígenas el fenómeno es peor. O sea que por donde uno coja la política neoliberal, la del FMI, la del “libre comercio”, se encuentra con que es una política contraria al progreso del país.</p>
<p><strong>Un campanazo de alerta</strong></p>
<p>Qué hacer. Yo les hago un llamado cordial incluso a los sectores neoliberales o uribistas que pueden escucharnos a que entiendan que este debate no es un prurito para molestarle la vida al gobierno. No, este es un debate de fondo. Lo dicen el señor Chirac y el señor Clinton, este es el debate hoy del mundo serio. Tenemos un campanazo de alerta que dice que nos podemos quedar sin comida o volverse los precios astronómicos. Es lo otro que puede suceder, porque si a usted no le entra el 20 ó 30 por ciento de los alimentos, los precios se le pueden hacer inalcanzables. La Segunda Guerra Mundial fue eso. Se me olvidaba mencionarlo, pero esa es otra prueba de qué pasa cuando se pierde la seguridad o la soberanía alimentaria. Se acuerdan de la canción esa de Serrat de la señora que solo comía cebollas, sobre un poema de Miguel Hernández. Se quedaron sin comida.</p>
<p>Lo primero es un llamado a mirar el tema con dedicación, con seriedad, a que en las universidades se discuta de fondo. Repito, no estoy por la autarquía, por el aislamiento del país, porque no se pueda ni importar ni un grano, no se trata de eso. Pero sí de definir una política de autosuficiencia, de soberanía alimentaria. En Ecuador acaban de poner en la Constitución la soberanía alimentaria como un principio del funcionamiento de la economía nacional. Eso es sensato.</p>
<p>Toca decirle no al “libre comercio”. Es que no se puede decir que a un país como Colombia que tiene tierras de sobra, agua de sobra, gente de sobra, le está sobrando algo así como el 40% de las tierras agrícolas del país, senadores, que no se usan en agricultura siendo aptas, y no se usan porque las importaciones de alimentos las aplastan. Vuelvo con lo que dije inicialmente: si mi país es un desierto, pues probablemente me toque importar toda la comida. Pero Colombia no es un desierto, sino uno de los países privilegiados por la naturaleza. Podríamos estar produciendo toda nuestra alimentación y además exportando a países que puedan ser permanente o temporalmente deficitarios. Empecemos entonces diciendo no al “libre comercio” porque es un despropósito. El TLC que se firmó con Estados Unidos dice que Colombia tiene que eliminar en un plazo determinado toda la protección a su agro y nunca podrá subirla bajo ninguna consideración sin pedirle permiso a Estados Unidos. Este es el colmo de la desproporción. Si algún día se acaba la comida en la Tierra, Colombia no podría establecer un sistema de aranceles para proteger a su agro sin pedirles permiso a los gringos.</p>
<p>Les anuncio la idea de producir una ley de seguridad o de soberanía alimentaria, una ley que le hace falta a Colombia. Habría que ver qué nombre se utiliza, por las confusiones que ya expliqué. La ley tiene que decir qué es lo que queremos, qué se produzca allá o qué se produzca acá. Aquí hablar solo de nutrición, solo de que haya comida en abundancia evade la controversia. Repito: voy a presentar el semestre entrante una ley de seguridad o de soberanía alimentaria referida a estos temas, y si es el caso agregarla con otra que ha sido presentada, pero en donde estos asuntos no se evadan. Estamos importando una cuarta parte de los cereales que produce el país y con el TLC nadie sabe a dónde vamos a llegar. Ese tiene que ser tema de la discusión.</p>
<p>Termino por donde empecé. Y es repudiar que se utilicen los instrumentos sanitarios como arma de persecución contra la producción agropecuaria, porque eso es conspirar contra la seguridad alimentaria. En Colombia los campesinos producen en sus fincas cuarenta millones de pollos llamados “ineficientes”, son cuarenta millones, ¿vamos a acabar con eso? Hay millones de colombianos que compran leche cruda porque no pueden comprarla pasteurizada, y entonces ¿vamos a prohibirles que tomen leche? Aun cuando aquí se evada el tema, esas redes de frío que les están imponiendo a los mataderos encarecen el precio de la carne y aquí la gente se muere de hambre. ¿Y eso tampoco importa? Pero voy más allá. Miren ustedes, senadores, no sé si ustedes han tomado nota, están imponiendo a la brava montar una superred de frío en Colombia y pregunto: ¿esa red de frío no tiene nada que ver con las importaciones de carne de res de Estados Unidos? ¿No tiene nada que ver con las importaciones de carne de cerdo de Estados Unidos? ¿No tiene que ver nada con las importaciones de carne de pollo de Estados Unidos que vienen con el TLC? Sin esas redes de frío no pueden importar y aquí nos dicen que no, que son las redes de frío de las exportaciones. ¡Cuentos! No me van a decir que van a exportar una vaca desde lo más profundo de las zonas rurales de Colombia a Nueva York. No. Va es a entrar un pedazo de vaca desde Nueva York hasta ese rincón donde vive el campesino. Y esto se debiera discutir con franqueza, viceministro. Díganos con franqueza y en detalle por qué para exportar un chimbo de carne de Córdoba, que es de donde se podrá exportar un pedacito de carne a Nueva York y eso si a los gringos se les da la gana, hay que golpear la producción de carne de Caquetá o de Vichada o del Tolima o de cualquier parte. De dónde acá ese cuento de que en Colombia todo es igualito. Si quieren exportar una leche, expórtenla, pero por qué hay que perseguir al que se toma un vaso de leche hervida que la compró cruda en un pueblo de Colombia. Pongamos sobre la mesa todas las cartas en el debate.</p>
<p>Concluyo haciéndole un llamado a la gente de la universidad, de la academia, del agro, de la ganadería, a que entendamos que este es un debate serio y hay que darlo con seriedad. Yo estoy haciendo un esfuerzo por estudiar esto minuciosamente, por no ser dogmático, por bregar a entender lo más que se pueda el fenómeno, pero se necesita que mucha gente se meta en el debate. Dónde está la razón, qué es lo que vamos a hacer. Esa es la discusión en Japón y en Corea y en Estados Unidos y en Francia y en todas partes y eso aquí no importa, les parece una genialidad que porque es que el mundo es así. Cuál mundo es así, paja, es el mundo que se están inventando.</p>
<p><strong>Réplica a la intervención del viceministro de Agricultura</strong></p>
<p>Con franqueza tengo que decirle, viceministro, que me pareció floja toda su explicación. Y pienso que cuando el doctor Arias encontró alguna razón para no venir a este debate se debió de haber alegrado muchísimo, porque para él no hubiera sino nada conveniente culminar su gestión con este debate. Porque en cierto sentido así va a ser. Seguramente el semestre entrante ya no va a estar y por supuesto este era un debate de gestión y la de ustedes es bastante mala. Y a usted no le va mejor, porque clona la actitud y la posición del ministro. Por supuesto que no le puede ir bien en el debate, para la gente que entienda en qué consiste la discusión. Porque cuando al auditorio se lo emborracha con cifras y cifras y cifras, da la impresión de que supieran mucho, cuando lo que hicieron fue evadir los cuestionamientos. Si usted se hubiera limitado solo al tema de la seguridad alimentaria, que era el tema del debate, ese tiempo largo que se gastó haciendo la explicación se habría podido recortar por lo menos en media hora, ahorrándose un montón de cosas que no tenían nada que ver con el debate.</p>
<p>Comentemos algunas de las afirmaciones que usted hizo. Lo primero, el Ministerio de Agricultura reconoció por fin que las tierras de los indígenas, las tierras agropecuarias, no son 31 millones. Espero que el doctor Uribe y el doctor Arias nunca vuelvan a dar esa cifra. Pero si van a corregir, corrijan de verdad, porque usted no puede hacer lo que hizo: como son cuatro millones de hectáreas el total de las tierras agrícolas, miren cómo los indígenas tienen de hartas. No se puede saltar de una manipulación de las cifras a otra. Si usted hace la comparación como debe ser, y usted me entiende bien de qué estoy hablando, debe cotejar los 3.1 millones de hectáreas de usos agropecuario de los indígenas contra los 45 millones de hectáreas de uso agropecuario que hay en Colombia. Les voy a pedir que seamos serios en esto. Si ustedes no les quieren dar nada a los indígenas, no les den nada, pero no les maltraten las cifras, porque en estos debates lo menos es que las cifras se pongan con claridad sobre la mesa. Y le voy a dar otra más que le puede ayudar a aclarar este asunto para demostrar que no es cierto que los indígenas sean latifundistas, como ustedes han intentado demostrar todo el tiempo. Los indígenas representan el 14% de la población que vive en el campo en Colombia y tienen solo el 6.8% de las tierras de uso de uso agropecuario. Esta es la cifra verdadera. Lo demás son cuentos. Lamento que usted, viceministro, que todavía se ve joven, esté haciendo curso en ese tipo de astucias matemáticas para tergiversar los hechos, y pienso que los indígenas colombianos lo menos que se merecen es que no les falsifiquen las cifras. No les den nada, repito, si no quieren, pueden tener razones para no darles nada, pero no les falsifiquen las cifras, porque no me parece sensato.</p>
<p>Lo segundo es que usted, en algún momento de su intervención, insinuó cómo que coincidíamos en este tema de la seguridad o de la soberanía alimentaria. Quiero decirle que no coincidimos en nada. Usted ni siquiera tuvo el gesto de aceptarme que la comida es un bien distinto a los demás bienes. Ni siquiera puso en duda o aceptó o refutó un argumento fundamental: ¿sí se pueden o no interrumpir los flujos alimentarios en el mundo? ¿Estoy loco yo cuando digo que de pronto puede no llegar comida a Colombia? Usted ha debido darme o negarme la razón. Me referí a que el fundamento de la alimentación son los cereales. Eso puede estar mal planteado, pero discútame el punto, vámonos al debate de la soberanía y de la seguridad alimentaria, que fue para lo que convocamos el debate. Usted en algún momento dice que echarle cal a las tierras de la altillanura es costoso, pero esto no tiene nada que ver con la discusión. Este es un debate fundamentalmente para establecer si se produce en el territorio nacional o se importa la comida y cuánto se importa. Ese es el debate. No me opongo absolutamente a las importaciones, pero lo fundamental es producir internamente la dieta básica en Colombia. Es un punto que usted evade por completo en la discusión.</p>
<p>Y las cifras los matan. Es que en el gobierno del doctor Álvaro Uribe Vélez las importaciones totales han pasado de 6 millones 93 mil toneladas a 8 millones 53 mil. Y le concedo esto, viceministro. Estoy usando las cifras del gobierno, porque si uso las de la SAC, el saltó es de 4 y medio millones de toneladas a ocho, porque parte del problema que tenemos es que no hay estadísticas. Es parte del problema. El sector agropecuario ha sido tan mal manejado por los distintos gobiernos, que desde 1970 no hay en Colombia un censo agropecuario. Aquí es inventando cifras, a ojo, en buena medida, pero lo cierto es que las cifras sí evidencian que estamos importando el 24% del total de los alimentos que consumimos. Y que cuando se trata de cereales, estamos importando el 54% de los que consumimos. Esa es la cifra que tengo sobre alimentos básicos e importaciones: 5.874.000 toneladas de alimentos básicos.</p>
<p>Usted sale con un sofisma con el que también sale el doctor Arias. Sí, pero en dólares es un poquito mejor o un poquito peor. No, para efectos de estos debates de la seguridad alimentaria ese no es el punto, no tiene nada que ver. Es que estamos en el debate de la seguridad o de la soberanía alimentaria, no en otro. O díganme que es que ustedes no comparten el concepto y que lo que les importa es que haya plata para importar los alimentos. Si tenemos café, podemos importar el trigo, es un poco lo que ustedes han dicho, pero entonces reconózcanlo en la discusión. Es lo que ha dicho el doctor Arias. Que si tenemos uchuvas, no importa que carezcamos de trigo o de maíz, o por lo menos, es un problema secundario. Pero además demos este dato: las importaciones han crecido 4.3 veces más que las exportaciones en el gobierno de ustedes, un desastre. Ahora que los precios de las exportaciones han subido un poco, sí, pero algunos, algunos, porque no son todos y en el caso del alza de los precios de café lo fundamental no es que haya exportaciones de café de mejor calidad o este tipo de cosas, viceministro, sino que tiene que ver con que subieron los precios de todo.</p>
<p>Usted hace una disquisición muy larga sobre por qué subieron los precios internacionales de los alimentos. Creo que eso no venía mucho al caso, no había necesidad de detallar tanto, pero ya que usted se mete un poco en el detalle, le hago tres anotaciones. La primera es que el hecho de que los precios internacionales sean los responsables del alza de los precios de los alimentos en Colombia me da a mí la razón cuando le digo que no es bueno depender de los precios internacionales y de los productos extranjeros. Porque si no fuéramos tan dependientes, no habría ese impacto en la inflación nacional. Lo segundo es que usted curiosamente da muchas razones para explicar esos incrementos, pero silencia una que es muy importante, que es la especulación, haber convertido los alimentos en comoddities. Si han bajado un poco ahora, es precisamente porque cayeron los precios de la especulación de los comoddities. Esto ya se lo había corregido yo al ministro Arias a raíz de un artículo que él escribió en El Tiempo, y El Tiempo me publicó la corrección. Le preguntaba que por qué mencionan todo, como diez razones y evaden la de la especulación. Este punto es clave, porque en el debate global de cómo se maneja la economía del mundo surge otro pleito entre quienes pensamos que la riqueza debe ir a la producción y entre quienes piensan que la riqueza se debe quedar en la especulación.</p>
<p>Usted soslaya además el peso de los agrocombustibles en la inflación. No puede hacerlo. Eso de los fletes, el precio del petróleo, es verdad, pero no evada todas las razones. Y un elemento importante en el incremento del precio de la comida son los agrocombustibles. Lo han dicho la FAO y el Banco Mundial y a diario salen estudios que lo ratifican. Y usted hace una astucia que es decir, no, como en Colombia tenemos tierras, entonces los agrocombustibles aquí no impactan el precio de la comida. Eso tampoco es cierto, porque compiten con los demás recursos, pero además usted oculta otra cosa, viceministro. Resulta que en Colombia estamos importando el maíz y el trigo y ese maíz y ese trigo llegan impactado por la producción de agrocombustibles en Estados Unidos y en el resto del mundo. Reconozca entonces los agrocombustibles como un factor de gravedad en la discusión, factor que además cada vez hay que mirar con más cuidado y de manera más crítica, porque es que ya no tienen ustedes petróleo a 140 dólares justificándoles el proyecto, sino a menos de cincuenta dólares el barril. ¿Entonces qué empieza a suceder? Que cambian los hechos y es como si no pasara nada. Aquí a ustedes se les cae el mundo encima y ni se despeinan, como si no sucediera nada.</p>
<p>Ustedes se ufanan de las cifras de la producción nacional y nos muestran pollo, carne de res, carne de cerdo, huevos, arroz, pero ocultan dos hechos cruciales, uno, ya mencionado por el senador Jaramillo y que quiero enfatizar, es que buena parte del pollo y del huevo y del cerdo se sostiene con maíz importado, y ahí está perdida la soberanía y la seguridad alimentaria. Un pollo es en buena medida un grano de maíz con alas y el marrano se está volviendo un grano de maíz con orejas. Pero ahí la seguridad y la soberanía alimentaria están perdidas. Si a Colombia no entraran importaciones de maíz, no habría esa producción de pollo ni de cerdos, es así de simple. Y con la soya pasa algo parecido, porque está entrando soya en grande, algo así como 300 mil toneladas. O sea que no se ufanen, porque repito, en el debate de la seguridad alimentaria, ustedes pierden la posición.</p>
<p>Sacan pecho con el arroz. Pero ocultan otro asunto clave. El arroz existe porque tiene arancel del 80%. Y la política de ustedes es ponerlo en cero por ciento. Y existe en Colombia arroz, ojo, porque los arroceros han luchado. Sin gente como Ángel María Caballero no habría arroz en Colombia, porque la política de ustedes es la del neoliberalismo, la del Fondo Monetario Internacional, de aranceles de cero por ciento. Y en general aquí la leche y la carne de res y el pollo están protegidos. Con los aranceles que ustedes quieren no podrían mostrar ese penúltimo cuadro que mostraron de la comida que se produce en Colombia. Y lo que es más grave, vamos para el TLC con Estados Unidos, y como al que no quiere caldo le dan dos tasas, también con Canadá y con Europa. Y resulta que esos son feroces competidores contra los productores nacionales.</p>
<p>¿Que está sucediendo aquí? La seguridad alimentaria está perdida en proporciones muy graves, no digo que absolutamente. Pero hay una pérdida, diría, que de tipo estratégico, y la resumo con esta idea: si no hubiera mañana importaciones de comida, nos quedaríamos sin pan, sin pastas, sin cerveza, sin carne de pollo, sin huevos, sin buena parte de la carne de cerdo, sin una porción muy grande de los granos, o sea, habría un problema de hambre sin importaciones de alimentos. Pero qué es lo más grave. Que si estuvieran corrigiendo, yo les diría bueno, lo han hecho mal y por fortuna van a corregir. Pero es que lo han hecho mal y se empeñan en empeorar, porque con el TLC vamos a perder el arroz. Los gringos vienen por el arroz, lo han dicho en todos los tonos. Seguramente vamos a perder el pollo y vamos a ser golpeados durísimo en carne de cerdo y de res. Entonces en qué estamos y adónde vamos. Este es el debate que ustedes no pueden evadir.</p>
<p>Este es un debate en el que llevamos seis años. Ustedes aduciendo que el senador Robledo no abriga la razón y que la razón la tiene el gobierno. Y sobreviene un hecho que nos da la razón a nosotros: la economía del mundo se hunde, los precios de los alimentos se disparan, los países exportadores cierran sus exportaciones, diciéndoles a ustedes que no les venden la comida ni porque la paguen a precio de oro. Esa es la realidad que está sucediendo, pero ustedes no modifican ni un milímetro la política, directo al precipicio, como caballos cocheros. No la mueven un centímetro y cambió el mundo, viceministro, doctor Arias, si alguien me oye allá en Palacio: cambió el mundo. Los hechos demuestran que la razón está de nuestra parte. El hambre se cierne sobre el mundo y sobre Colombia y ustedes no se inmutan y siguen felices que porque tienen carbón, soñando que con el carbón se van a conseguir los dólares para comprar el maíz, lo que es un despropósito.</p>
<p>Si cambió el mundo, cambien ustedes la política. Tomen la verdad de los hechos. Ahora, ¿por qué no la cambian? Porque siguen sumisos ante las órdenes de Washington, del Fondo Monetario Internacional, de la Casa Blanca. Ese es el problema de fondo. Tenemos perdida la soberanía nacional. En Colombia no mandan los que producen, sino los intermediarios, los especuladores financieros, las trasnacionales. Este es el problema de fondo. Y por eso es que esto tan simple no se puede entender, porque hay intereses más poderosos de por medio. Frente al interés de los arroceros, el interés de los que quieren importar el arroz. Frente al interés de los maiceros de Córdoba, el interés de quien importa el maíz. Con actitudes, además, absolutamente miopes. Los de los pollos no se han dado cuenta de que después ya no se va a importar el maíz, sino el pollo. Los de las trilladoras de arroz, que están haciendo fuerza para que se importe el arroz, no se dan cuenta de que después se los van a importar ya blanco, trillado e incluso empaquetado. Cada uno como caballo cochero detrás de sus cuatro pesos, mientras el interés nacional se ve socavado, y su propio interés termina siendo amenazado. Porque esto es una bola de nieve que se va quedando con todo. Lamento entonces que, a pesar de los hechos, el gobierno insista en mantener una estrategia económica agropecuaria absolutamente fracasada.</p>


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		<title>El gobierno actúa como Robin Hood, pero al revés.</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 22:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>irene</dc:creator>
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<p>La lesiva política oficial afecta a todo el agro. No es un debate del Polo contra el empresariado rural.&#8230;</p


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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre el caso Carimagua, plenaria del Senado, 11 de marzo de 2008.</strong></p>
<p>La lesiva política oficial afecta a todo el agro. No es un debate del Polo contra el empresariado rural. Por un desarrollo agropecuario de tipo dual. El sesgo antiagrario de las políticas uribistas. Aumenta la concentración de la tierra. Los desplazados, los más pobres entre los pobres. Carimagua y la investigación científica. Un negocio para uno solo. Contrato a cien años y lleno de gabelas. Se cambió ilegalmente la destinación. Podrían configurarse tres delitos: prevaricato, fraude a resolución judicial y peculado por destinación. Siete mentiras. El poder de las roscas: repudiables favoritismos. El modelo malayo. Lo que el ciudadano Arias piense no lo puede hacer el ministro Arias. Carimagua no es una excepción sino un modelo. El ministro Arias debe renunciar.</p>
<p>Antes de entrar en materia, un par de cuñas, ministro Arias. El próximo 31 de marzo va a haber una toma pacífica de Montería, organizada por varios miles de campesinos cordobeses a quienes se les inundaron las tierras en el último invierno y esta es la hora en que no han recibido la debida atención. Hay una situación de calamidad pública que debiera ser atendida con seriedad por el gobierno nacional. Esperemos que la movilización no sea necesaria, por si las cosas se arreglan antes, pero si se da, pido que se le otorguen todas las garantías a esa justísima protesta.</p>
<p><strong>La lesiva política oficial afecta a todo el agro</strong></p>
<p>Lo segundo es contarle, señor ministro, que se están reventando los cafeteros colombianos. Están viviendo una situación calamitosa, y esto, además, en momentos en que tenemos café a 1,70 dólares la libra o más, un precio, no digamos que de maravilla, pero sí mejor que el de muchos años. Están ustedes logrando la hazaña de que los cafeteros colombianos se revienten con café en el mercado internacional a 1,70 dólares, un fenómeno resultante de dos problemas que el gobierno nacional no resuelve y que debiera resolver. Uno, el de la reevaluación de la moneda, que afecta durísimo a los exportadores. Y dos, el del escandaloso aumento en los precios de los fertilizantes, que está arruinando no solo a los cafeteros, sino a todo el sector agropecuario. Urge brindar salidas, porque la situación es supremamente mala.</p>
<p>La crítica situación del agro se refleja en unos cuantos hechos muy fáciles de observar. El primero, el aumento de las importaciones agropecuarias. En el año 2003, empezando el gobierno del doctor Álvaro Uribe Vélez, se importaron casi seis millones de toneladas de alimentos. En 2006 se importaron 7,7 millones y el año pasado se importaron más de ocho millones. Estamos ante un proceso sistemático de sustitución de trabajo nacional por trabajo extranjero, que se paga con pobreza y con hambre en las zonas rurales de Colombia. Esta es a mi juicio la prueba reina del desastre de la política agropecuaria. Porque si en el mundo de la globalización, el que ustedes han impuesto, no resulta competitivo el agro colombiano, estamos en el peor de los mundos. Y no es competitivo no porque no haya tierras, que las hay en abundancia, ni porque no haya trabajadores o productores inteligentes, sino por las pésimas políticas que se vienen adelantando. Es tal el desastre agrario, que hay más de 14 millones de hectáreas de tierras con vocación agrícola de buena calidad y apenas se están usando un poco más de 5, lo que quiere decir que hay 9 millones de hectáreas de tierra de calidad agrícola adecuada destinadas a otras cosas con menores niveles de productividad. Vivimos en un país donde, por culpa de la política oficial, se está remplazando el trabajo nacional por el trabajo extranjero, a pesar de que existen los productores –empresarios, campesinos y jornaleros– y las tierras suficientes para tener una política de autosuficiencia alimentaria.</p>
<p>En el proceso de deterioro de las condiciones de vida de los colombianos, supremamente grave y que está en el fondo del debate, quiero hacer especial mención a la pobreza del agro nacional. Aquí no analizamos solamente el caso de Carimagua, sino también qué tipo de sociedad es el que se está constituyendo. ¿De qué sector rural estamos hablando? El Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Universidad Nacional señala que para el año 2004 se encuentra en la pobreza el 90% de los habitantes de las zonas rurales. La Cepal dice que en el sector rural la indigencia supera el 30% de los habitantes, la desnutrición crónica supera en todos los niveles el 15% y la desnutrición crónica de los ciudadanos entre los 10 y los 17 años supera el 24%. Estamos hablando entonces de un sector agropecuario que padece lo indecible por la violencia, por la pobreza, por la miseria y por todo tipo de tragedias, que no son de ahora, por supuesto, pero que sin duda se mantienen con la política del actual gobierno.</p>
<p><strong>No es un debate del Polo contra el empresariado rural</strong></p>
<p>El debate que está hoy impulsando el Polo no es contra el empresariado rural. El Polo Democrático Alternativo cree que el empresariado rural debe jugar un papel positivo en el desarrollo del país. Creemos en la existencia de ese empresariado. Buena parte del debate del Polo en contra del TLC con Estados Unidos apunta a que no solo va a sufrir la producción campesina e indígena, sino también la empresarial, algunas veces probablemente más que la de otros sectores. La defensa de los productores nacionales no solo expresa una concepción teórica. Tiene que ver, en mi caso, con toda una vida de lucha en el sector agropecuario. Por ejemplo, en la Unidad Cafetera, donde estuvimos con algunos de ustedes y que presidió el inolvidable Fabio Trujillo Agudelo, uno de los más importantes empresarios cafeteros de este país, con quien adelantamos esa lucha. O en la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, agremiación que preside el doctor Ángel María Caballero, importante arrocero del Tolima. Luego aquí no estamos casando un pleito ni planteando que haya economía campesina para que desaparezca la economía empresarial. No es esta la discusión que estamos haciendo. Vamos a adelantar un debate particular sobre el caso Carimagua, con las implicaciones que tiene. Un debate, por supuesto, a favor de la economía campesina y a favor de la pequeña y mediana producción empresarial, porque aquí existe, además de una política sesgada a favor de un determinado sector, una política de índole plutocrática y de concentración de la riqueza absolutamente escandalosa. Tanto como sufren los campesinos, en muy buena medida sufren los pequeños y los medianos empresarios, que aun cuando funcionan con mano de obra asalariada no disfrutan de las gabelas que recibe el sector plutocrático de la economía nacional. Y cuando hablo de plutocrático, me estoy refiriendo al sentido etimológico de la palabra, al gobierno de los ricos, pero de los monopolios y las trasnacionales, a la gran concentración de la riqueza en detrimento de la economía nacional, sea campesina, sea indígena, sea de pequeños y de medianos empresarios.</p>
<p><strong>El Polo Democrático, por un desarrollo agropecuario de tipo dual</strong></p>
<p>Me propongo centrar mucho el debate en una idea tremendamente plutocrática y retardataria que el ministro de Agricultura ha defendido muchas veces. Sostiene él en los hechos o de manera taimada que solo se les ayuda a los débiles y a los pobres si se respalda a esa plutocracia de monopolistas, de forma tal que del banquete de la mesa henchida de esa plutocracia alguna cosa caiga en la escudilla de los pobres. En buena medida ese es el centro del debate. Mientras nosotros estamos planteando un modelo de desarrollo agropecuario de tipo dual, donde hay empresarios medianos y pequeños pero también producción campesina, el que encarna este gobierno descansa en la lógica plutocrática de enchapar literalmente en oro a sectores sumamente reducidos pero supremamente ricos de la economía, con la tesis que si ellos son felices, la felicidad se extenderá a los más pobres, no haciéndolos propietarios, sino por la vía, como muy bien lo dijo la senadora Cecilia López en su excelente exposición, de convertirlos en peones de los plutócratas.</p>
<p>De aquí se desprende un debate de fondo sobre el modelo económico nacional. Y hago desde ya la advertencia. Lo que plantea la Constitución de la República de Colombia es un modelo de desarrollo agrario dual, en el que el Estado colombiano tiene la obligación de respaldar la producción empresarial, como también la producción campesina e indígena, así sea de los pequeños y así funcione con una racionalidad distinta a la de los monopolios y las trasnacionales.</p>
<p><strong>El sesgo antiagrario de las políticas uribistas</strong></p>
<p>Le pregunté al ministro de Agricultura: ministro, demuéstreme si hay o no concentración del respaldo del Estado colombiano a cierto tipo de productores agropecuarios. Como me suele suceder con el doctor Arias, me evadió la respuesta. No me dio ninguna cifra. Dije un día en un debate en la Comisión Quinta que al doctor Arias había que sacarle las cifras bajo tortura. Pues bien, doctor Arias, usted no me dio las cifras, pero yo me las conseguí por otro lado. Y le puedo señalar unas cuantas que evidencian el sesgo antiagrario de la propia política agropecuaria. Y en esto les hago un llamado a los dirigentes gremiales, tan afectos al gobierno, para que miren cómo en sus narices hay un sesgo antiagrario en la política económica. La manera de demostrarlo es muy simple: el Producto Bruto Interno Rural contribuye con el 11% del total del producto del país. Sin embargo, del total de los créditos, el que va al agro no es el 11%, como le correspondería, y ni siquiera la mitad. Es apenas menos del 3%. Esa sería una lucha interesante de dar para que desde ahí se empezaran a corregir los sesgos antiagrarios.</p>
<p>En el caso del crédito Finagro, datos que tampoco nos dio el ministro, encontramos cien mil créditos con un promedio de dos millones cada uno, un promedio bajísimo, y en contraste, 70 créditos, cada uno por encima de los tres mil millones de pesos y con un promedio de 5.924 millones de pesos. Un caso clásico de concentración del crédito entre un número ínfimo de productores. Repito, 70 productores agropecuarios gozan de créditos de 6 mil millones de pesos en promedio, mientras que cien mil productores agropecuarios apenas reciben créditos de dos millones de pesos en promedio. ¿Y el crédito Agro Ingreso Seguro? El doctor Arias se ha recorrido el país haciendo todo tipo de ostentaciones con los créditos y con todo lo que tiene que ver con la política mal llamada de Agro Ingreso Seguro. Pues bien, allí la concentración es la misma. En 11.500 créditos menores de cinco millones, el promedio es de 2,25 millones de pesos, suma absolutamente insignificante para cualquier desarrollo productivo que valga la pena. Pero hay 17 créditos por encima de tres mil millones de pesos, con un promedio de 4,3 mil millones de pesos. Estas son las cifras de la concentración del crédito. No pude conseguir, porque cómo será el escándalo, señor ministro, las de la capitalización rural. ¡Cómo serán las cifras que tendremos que encontrar algún día!</p>
<p><strong>Concentración de la tierra llega a extremos aberrantes</strong></p>
<p>La proverbial, la vieja concentración de la tierra, que explica muchas de las tragedias nacionales, lejos de corregirse se ha venido agravando en la etapa del modelo neoliberal. En 1996 había dos millones de predios entre cero y 20 hectáreas y participaban con el 13% del total del área agropecuaria. Siete años después, en 2003, esos predios aumentaron en trescientos mil, pero disminuyeron al 9% su participación en el total del área. Lo que hay entonces es un proceso de deterioro del área de las propiedades pequeñas y medianas, que precipita en la pobreza a la población. Y en contraste, ¿qué tenemos en el otro extremo de la propiedad rural? Que las propiedades mayores de quinientas hectáreas, 7.500 en el año 1996 y que participaban con el 44% de la propiedad rural, se convirtieron en 10.140 y ahora participan con el 63%. En un extremo dos millones y medio de pequeños propietarios con menos del 9% del área rural y en el otro diez mil propietarios con el 63%.</p>
<p>¡Este también es, ministro, el debate sobre Carimagua! Usted dirá que esto no importa, porque esos pobres estarán bien para que terminen de peones de los grandes propietarios. Pero hay otros que tenemos una idea diferente. (Alguien interpela: “¿De quién son las estadísticas?”) De Luis Jorge Garay. No sorprende que las estadísticas sean bastante malas, y ese es parte del problema, en un país en donde han echado literalmente de su cargo a dos jefes del DANE porque las cifras no complacieron al gobierno. Pero sí hay un hecho en el que es fácil coincidir: el agravamiento de la contradicción latifundio-minifundio es por completo evidente.</p>
<p><strong>Los desplazados, los más pobres entre los pobres</strong></p>
<p>¿Quiénes son los desplazados? Las cifras cambian. El gobierno habla de medio millón de colombianos, mientras que Codhes, una de las instituciones que más ha trabajado con ellos, habla de 4,2 millones, de ellos 1.700.000 en el gobierno del doctor Álvaro Uribe Vélez. Estamos hablando de un problema de una gravedad y un dramatismo impresionantes. Esos desplazados son los más pobres entre los pobres de la ruralidad colombiana y el país. Y ojo con esto, senadores: la Corte Constitucional ha establecido que es tal el maltrato a estos compatriotas que existe un “estado de cosas inconstitucional”. En otras palabras, todo lo que rodea a los desplazados está por fuera de la Constitución. Y ha señalado también que de acuerdo con la Constitución y con las leyes, los desplazados deben tener un trato preferente, que ha de incluir la restitución de las viviendas y del patrimonio, como también la restitución de las tierras que les hayan sido arrebatadas ilegal y violentamente. La Constitución y la ley señalan, entre otras cosas, que a esos compatriotas hay que restituirles las tierras que perdieron en el proceso del desplazamiento. Vamos a ver cómo el ministro Arias evade el mandato constitucional de manera sistemática.</p>
<p>La política del gobierno nacional con respecto a los desplazados y al caso de las tierras avergüenza sin duda. Si es verdad, como lo aduce el gobierno, y no lo es, que los desplazados son quinientos mil, apenas les han dado tierra a unos 4.500, menos del uno por ciento. Si hiciéramos el ejercicio de compararlos con el 1.700.000 desplazados de que habla el Codhes en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, resultaría que les han dado tierras a menos del 0,3%. Y si abarcáramos a los más de cuatro millones de desplazados, el porcentaje sería algo así como el nada por ciento. La cifra sería tan ridícula que no valdría la pena mencionarla.</p>
<p><strong>Carimagua y la investigación científica</strong></p>
<p>Entremos en materia. Lo primero, no comparto que se haya tomado la decisión, a mi juicio el primer disparate de este gobierno, de despresar a Carimagua, en su momento el más grande centro de investigación de América Latina. Carimagua ha debido mantener esa función. Es importante que los países tengan centros de investigación y no menos importante que se investigue en serio sobre la Orinoquia colombiana, una zona en la que probablemente algún día Colombia va a tener un desarrollo agropecuario inmenso, por supuesto con mucha más investigación. Luego es una especie de mezquindad coger un centro de investigación de ese calibre para hacer cualquier cosa diferente con él. Peor aún si lo que se decide hacer es el proyecto de tipo plutocrático que estamos denunciando. Más que de un error, estaríamos ya hablando casi de un crimen.</p>
<p><strong>Un negocio para uno solo</strong></p>
<p>El doctor Álvaro Uribe Vélez se hizo elegir con el cuento de que iba a hacer de Colombia un país de propietarios –recordemos cuántos votos se consiguió con ese cuento–, y lo que tenemos aquí es el caso clásico de un proceso en el cual el Estado colombiano actúa como Robin Hood pero al revés. Recordemos que Robin Hood les quitaba a los poderosos para entregarles a los débiles y aquí lo que vemos es un gobierno que les quita a los débiles para entregarles a los poderosos. Cuando empezamos estas discusiones, yo decía que les iban a escamotear la tierra a ochocientas o mil familias para dársela a cuatro o cinco. No. Estaba equivocado, no es para dársela a cuatro o cinco familias, es para adjudicársela a una sola persona. El proyecto era entregarle las 17 mil hectáreas a un solo gran empresario. No eran las 17 mil hectáreas para 17 empresarios de a mil hectáreas, o a 34 de a quinientas, o de a cien un número mayor. No, era todo para uno solo. Uno solo que tenía que cumplir con dos requisitos para empezar: mínimo, detentar un patrimonio neto de quince mil millones de pesos, que muy pocos lo tienen, y demostrar además ingresos por negocios agropecuarios en los últimos siete años iguales o superiores a cincuenta mil millones de pesos. Para darles una idea a los colombianos de cuántos son cincuenta mil millones de pesos, les cuento que si cogemos a los senadores de Colombia, que no ganamos poquito, y sumamos todos nuestros sueldos, para llegar a cincuenta mil millones de pesos necesitamos más de doscientos años de trabajo en el Senado de la República. Estamos hablando entonces de unos plutócratas de los de verdad, no de esos ricos medianos que hay también en Colombia y que a veces se esponjan como pavos reales. Son muy pocos los colombianos que podrían participar en este negocio. Se trata de una tierra que ni siquiera tendrían que comprar, pues es el caso clásico del negocio que se monta con la cédula. Sacan ellos su declaración de renta y si demuestran esos ingresos, les entregan las tierras.</p>
<p>No se llama alquiler, pero digamos para no enredar las cosas que es algo parecido a un alquiler. 17 mil hectáreas por 250 millones de pesos durante los primeros diez años, que da algo así como catorce mil pesos por hectárea al año y equivale aproximadamente a mil pesos por hectárea al mes. Yo pregunto: en Colombia cuántos desplazados consiguen que alguien les arriende tierras, así sean las peores, señor ministro, a mil pesitos la hectárea al mes. Otro gallo cantaría en este país si otro fuera el tipo de realidad. Pero además, a ese inversionista no solo le dan esa gabela de arrendarle a menos precio la propiedad del Estado, sino que lo cubren con muchas otras.</p>
<p><strong>Contrato a 50 años y lleno de gabelas</strong></p>
<p>Veamos algunas: el contrato es a cincuenta años, pero puede prorrogarse indefinidamente. Algún senador de los que conocen me dijo, senador Robledo, un contrato a cincuenta años prorrogable a otros cincuenta y más quiere decir que el Estado perdió en últimas la propiedad sobre ese bien. Puede haber además un contrato de estabilidad jurídica que proteja al inversionista de cualquier modificación de las leyes. Puede montarse una zona franca especial, que no paga renta de 33%, sino de 15, y si el beneficiado logra convertir en exenciones algunas de sus inversiones paga impuesto de renta solo de 9%, mientras que cualquier asalariado paga impuestos de IVA bastante más altos. Tiene derecho a todas las gabelas existentes para el sector agropecuario y en particular para el sector palmero, de Agro Ingreso Seguro, del incentivo a la capitalización rural y de créditos más baratos. Y ojo con esto: puede cruzar las deudas contraídas por el arrendamiento –es el nombre que le he dado– con los subsidios que le otorga el Estado y descontar. Podría terminar sucediendo que no pagara arriendo alguno por las tierras porque lo terminara cancelando con la plata de los subsidios. Aún más. Si hay imprevistos, puede cambiar el monto del compromiso y también la destinación del predio, por lo menos parcialmente, y dedicarlo a otras actividades. Y recibe las gabelas de que disfrutan los palmeros, entre ellas, rentas exentas por diez años. Dejo sentada entonces cuál es la tesis. Se trata de un supernegocio montado para un superplutócrata con todo tipo de gabelas, sobre una propiedad pública entregada a menos precio, unas tierras que les quitaron a 700 ú 800 ó mil desplazados para favorecer a estos Robin Hood que actúan al revés.</p>
<p><strong>Se cambió ilegalmente la destinación</strong></p>
<p>¿Cuál es la legalidad de este proceso? Aquí enfrentamos dos discusiones, una sobre la conveniencia y otra sobre la legalidad. En la parte de la legalidad voy a citar en extenso al Procurador General de la Nación en el documento que le envió a este Congreso. No voy a exponer lo que opina el senador Robledo, sino lo que conceptúa el Ministerio Público. Dice el Ministerio Público que el ICA, dueño de Carimagua, le cedió al Incoder la propiedad “con destinación específica” para un proyecto de desplazados. Destinación específica: grábense bien la frase. El cambio de destinación, dice el Procurador, “se opone manifiestamente a la Constitución y a la ley”. La decisión del ministro Arias, estoy leyendo entre comillas. “desconoce los artículos 1, 2, 4, 6, 13, 93, 209 y 366” de la CPC, porque viola los “derechos fundamentales de la población desplazada y las obligaciones del Estado”. Dice también que “desconoce la prevalencia de la normatividad internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario”, o sea que usted viola el bloque de constitucionalidad y los compromisos internacionales de Colombia, señor ministro. Dice también el señor Procurador General de la Nación que la Corte Constitucional “ha impuesto deberes positivos” en beneficio de los desplazados y que con su decisión (del ministro Arias) el Procurador los “estima incumplidos” por el cambio de destinación. Y además que usted, ministro Arias, “desconoce la decisión tomada por la Corte Constitucional”. Añade que se “desconoce la noción de interés público o social”. Que “el interés público se viola en tanto el cambio de destinación se opone al imperativo de asegurar el acceso a las tierras” de los desplazados. Que “el cambio de destinación para la explotación económica por parte de empresarios privados es lesivo para la noción de interés público y social”. Que “el cambio de destinación se constituye en un agravio injustificado para la población desplazada del Departamento del Meta”. Que se “vulnera el principio de legalidad”. Que ni siquiera se le informó a la Procuraduría; es más, que intentaron esconderle la información a la Procuraduría General de la Nación. Que el ICA no podía cambiar la destinación del predio.</p>
<p>Y la Procuraduría Delegada que se encargó de estos asuntos explica que hubo dolo en las decisiones adoptadas. Afirma esta procuradora que el “Consejo Directivo del Incoder y su gerente general no dieron muestra alguna de querer cumplir con los deberes establecidos en la Constitución y en el bloque de constitucionalidad”. Que “el Incoder no justifica de manera alguna, la solicitud de cambio de destinación”. Y advierte que cuando la norma exige motivar la decisión, la motivación “debe ser cierta y de buena fe” (Consejo de Estado, Sentencia de ago.30.77)”. Que planteado al revés, el concepto de Procuraduría quiere decir que le cambiaron la destinación al predio en procedimiento de mala fe, señor ministro, porque no dieron los argumentos suficientes. Estamos hablando de un hecho gravísimo. Los abogados que saben de estas cosas comentan que aquí se pueden configurar primero, el delito de prevaricato, por hacer cosas prohibidas por la ley. Segundo, el de fraude a resolución judicial. Y si usted termina concretando este asunto, puede incurrir en peculado por destinación. Si sumamos los años de cárcel que dan los tres delitos, estamos hablando de entre cinco y catorce años de cárcel.</p>
<p><strong>Siete mentiras</strong></p>
<p>Cuando el periódico El Tiempo y el Procurador General de la Nación caen sobre esto de Carimagua el 10 de febrero, empieza la comedia de las mentiras para intentar justificar lo injustificable, ministro, y este ha sido uno de los pasajes más vergonzosos. En vez de afrontar con seriedad y reconocer el gravísimo disparate cometido, la violación de la ley o como quieran llamarla, se dedican ustedes a ver cómo engañan a la opinión pública para volver justificable lo que no admite justificación ninguna.</p>
<p>Entre las mentiras más protuberantes le conté por lo menos siete al gobierno nacional. La primera, del presidente Uribe, “No hay desplazados cerca” (ET, feb.12.08). Pues bien, la Gobernación del Meta dice que hay 18 mil, la Red de Solidaridad que hay 31 mil, el director de Corpoica dice que en el Meta hay siete mil, etc. Si hay desplazados en toda Colombia, los hay por supuesto en el Meta. O es que alguien olvidó los horrores de violencia que se han vivido en ese departamento.</p>
<p>Segunda gran falsedad. Que el predio queda muy lejos. Sí, ministro, queda muy lejos de Bogotá, pero no por ello el predio se hace inútil, porque allí donde está, cuenta con posibilidades muy importantes. El ministro habló siempre de relacionar el predio con Villavicencio. Pues sí, pero también habría podido relacionarlo con Riohacha y ahí sí que habría quedado más lejos. Pero resulta que el predio está a 22 kilómetros en línea recta del municipio de Orocué, comunicado con Yopal, la capital del Casanare, por una carretera pavimentada. Es un predio por el que pasa una buseta diaria que lo enlaza con Puerto Gaitán, Puerto López y Villavicencio. Hace ocho días hubo allí una diligencia judicial por un puente que tumbaron con motosierra, y los funcionarios fueron en un campero desde Puerto Gaitán, en solo hora y media. Esto en verano, y se plantea que en invierno se puede ir en cuatro horas. La carretera que va hacia Carimagua ya está terraplenada en casi toda su extensión, y la gente de los Llanos sabe que eso es muy importante. Le pregunto además, ministro, qué va a pasar en esos predios en los próximos cincuenta años. Consulté documentos de Planeación Nacional según los cuales allí se va a montar un polo de desarrollo alrededor de una troncal que va a comunicar el Pacífico con el río Meta y va a haber un desarrollo importantísimo por la vía del río Meta y el Orinoco para salir al Océano Atlántico.</p>
<p>Dice también el ministro que no hay servicios públicos, que Carimagua carece de agua y luz. Si fuera en Suiza, en España o en Italia, yo hasta se lo entendería. Pero es que este país está lleno de propiedades rurales, pequeñas, medianas y grandes, donde no hay acueducto de agua potable ni energía eléctrica ni alcantarillado, y sin embargo, allí se desarrollan producciones y viven campesinos y viven indígenas y hay empresarios que hacen negocios. De cuándo acá, en el caso Carimagua, se está pidiendo que el predio tenga servicios públicos como una urbanización en Chía. Curiosa exigencia. Pero digamos que por dentro de Carimagua corre una vía de 34 kilómetros, que hay 7 pozos profundos y que está cerca de Orocué, población que cuenta con un hospital importante. Se trata de un predio en una zona rural apartada con respecto a la capital, pero no se puede decir que sea en el fin del mundo y que carezca de cualquier posibilidad.</p>
<p>Otra mentira, que fue parte de la genialidad del ministro: que no es que se saque a los desplazados, porque el arrendamiento que se cobre por Carimagua se va a gastar en ellos. Le pregunto al ministro cuál documento legal le ordena al gobierno dar a los desplazados el arrendamiento ridículo que pagaría este plutócrata que se va a quedar con el negocio. Dónde está dicho eso, cuándo se dijo antes, cuántas tierras se compran en Colombia con un arrendamiento de doscientos cincuenta millones, sumas, por supuesto, absolutamente insignificantes.</p>
<p>Que el empleo también va a ser para los desplazados. Señor ministro, usted tiene que respetar a la opinión pública. Le pregunto cuál norma de la licitación establece que quien se gane la licitación tiene que dar empleo a desplazados. Ninguna, porque sería una norma estúpida condicionar que un proyecto empresarial se montara sobre la base de que los peones deben demostrar con un carné que son desplazados. Entonces todos estos son cuentos para engatusar a la opinión pública y para ocultar el hecho de fondo: unas tierras que estaban destinadas para que unos desplazados las disfrutaran como señores y dueños se van a entregar a un poderosísimo empresario y los campesinos se van a quedar viendo un chispero.</p>
<p>Que la tierra es de mala calidad. Y con esto sí que han dado lora. Usted no sabe, ministro, el ridículo que ha hecho con el cuento de que la tierra es de mala de calidad. Se cubre también de ridículo el señor presidente de la República, porque él también dijo que son “tierras ácidas” y que se pueden volver un “rastrojo de pobreza e improductivo”. Pues bien, les digo con franqueza: o no se puede ignorar tanto o no se puede faltar a la verdad tanto. Usted es nuevo en estos asuntos agrarios, ministro, lleva apenas tres o cuatro años y aquí hay unos que somos más viejos. El 86% de las tierras agrícolas de Colombia son ácidas y hasta un niño de escuela sabe que la acidez de la tierra se trata de muchas maneras. Pero bueno, voy a leerle lo que ustedes mismos han dicho sobre esas tierras de pésima calidad a ver si se sostiene ahora en la tesis. El gerente del ICA, el 12 de abril de 2005, afirma que “Corpoica y la Gobernación del Meta han propuesto un proyecto de asentamiento –subrayo asentamiento, no para peones– en el marco del desarrollo de la altillanura, en aplicación de los avances tecnológicos logrados en los procesos de investigación, especialmente en lo que hace referencia a mejoramiento de suelos con alta acidez y presencia de niveles tóxicos de aluminio, para dar paso a sistemas de producción forestal, agroforestal y de praderas mejoradas con alta capacidad de carga, en beneficio de cerca de mil familias, principalmente de desplazados”. La página web de la Presidencia (sept.10.04) asegura que se trata de un “asentamiento humano de al menos 500 familias campesinas (…) se les asignará la propiedad de la tierra”, apta para explotación agrícola y ganadera. Jaime Triana, director de Corpoica, hace afirmaciones parecidas. Al director del Incoder le preguntan en uno de los cuestionarios de los interesados en comprar: señor director, ¿existe un estudio que acredite si las tierras son efectivamente cultivables? El director del Incoder responde: “Corpoica ha adelantado estudios técnicos en donde se determina que el área en mención es apta para el desarrollo de cultivos”. Les cuento además, senadores y colombianos, que hace rato llegó a mi poder la copia de una carta que la Universidad del Llano le envió a la señora presidenta del Senado, firmada por veintidós de los principales científicos de la Universidad, especialistas en temas de Orinoquia y Altillanura. No voy a leer los nombres porque estoy muy escaso de tiempo, sino solo a decir los títulos de quienes la firman. Primera firma, el rector de la Universidad, segunda firma, el vicerrector académico, tercera, el decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, cuarta, el decano de la Facultad de Ciencias Económicas. Firman también el coordinador del Grupo de Investigación para la Simbiosis Hombre-Naturaleza, el coordinador del Grupo Sistemas Sostenibles en Producción, el director del programa de postgrado en Gestión Ambienta, el coordinador de posgrados de Cultivos Perennes, la directora de posgrados de Agricultura Tropical, el decano de la Facultad de Ciencias Básicas, el director de la Escuela de Ingeniería de Ciencias Agronómicas, el director de la Escuela de Ciencias Animales y otro grupo de profesores, selectos todos ellos, con maestrías o con doctorados, en suma, la gente que más sabe en Colombia de altillanura firma. La voy a leer, aun cuando me alargue un poco. Es evidente la molestia con la que estos científicos se refieren a la actitud con la que usted ha enfrentado el debate menospreciando la calidad de unas tierras que le sirven a la producción agropecuaria de Colombia. Dice así la carta de los científicos de la Universidad del Llano:</p>
<p>“En nuestra condición de académicos y en virtud del trajinar por diez años en la región de la Orinoquia colombiana no podemos menos que manifestar nuestro estupor ante las públicas afirmaciones de personas con las más altas responsabilidades en el Estado, sobre la presunta imposibilidad de utilización de las tierras llaneras en sistemas de producción agropecuaria por parte de pequeños productores rurales.</p>
<p>“Luego de los trabajos de investigación realizados en el Centro de Investigaciones de Carimagua, desde su establecimiento a finales de los años sesenta del siglo pasado, es de conocimiento público que los latifundios dejaron de ser la única opción de ocupación de estas tierras. Con la adaptación de pastos y leguminosas a las realidades químicas y físicas de estos suelos la resultante es la posibilidad de que se den explotaciones de menor tamaño sin inversiones cuantiosas, como se viene pregonando, y por ende, dándole cabida a pequeños y medianos productores en ganadería y agricultura, donde otrora solo cabían los grandes.</p>
<p>“Lo anterior sin contar con los nuevos desarrollos tecnológicos de los años recientes, cuando en la altillanura, complementando las condiciones químicas de sus suelos, se están dando resultados agrícolas y pecuarios similares a los de las productividades más altas de Colombia.</p>
<p>“Sorprende que algo tan sabido por estos lares se desconozca por quienes no tienen disculpa para su desinformación, en virtud de las dignidades detentadas en el Estado”.</p>
<p>Villavicencio, 10 de mazo de 2008</p>
<p>Espero, señor ministro, que usted no insista hoy aquí en que las tierras no son adecuadas para muchas formas de explotación, incluida la de los pequeños y medianos productores.</p>
<p>Ante la recriminación y las acusaciones del Procurador General de la Nación, el ministro Arias se inventó una última teoría para intentar zafarse. Que no hubo cambio de destinación. El ministro nos quiere decir que cuando Carimagua pasó de ser un proyecto para ochocientas o mil familias de desplazados y se convirtió en un proyecto para un gran empresario no hubo cambio de destinación. La astucia falla por los dos lados. Por uno, cuando aduce que la destinación no se modifica porque cuando se dice que se trata de hacer allí cultivos de tardío rendimiento, esa producción también la pueden hacer pequeños productores desplazados. Cosa que es cierta. Buena parte de la producción de tardío rendimiento en Colombia, la de los cafeteros, para poner un solo ejemplo, descansa en los pequeños productores. Una de las falacias que se ha intentado hacer pasar aquí es que solo los grandes, los magnates, pueden hacer producción de tardío rendimiento. Eso es paja. ¿Cuál es entonces el problema? ¿Por qué no pueden entrar los desplazados en el proyecto? Por la exigencia que ya mencioné de los quince mil millones de patrimonio neto y cincuenta mil millones de ingresos agropecuarios en los últimos siete años. Le pregunto, ministro, ¿cuál pequeño propietario colombiano recibe ingresos por esa suma?</p>
<p>Y por el otro, porque aun cuando usted intente negarlo, ministro, son varios los documentos públicos del ICA y Corpoica que señalan que sí hubo cambio de dedicación del proyecto. Dice el Consejo Directivo del ICA, del 6 de junio de 2007: “Los miembros del Consejo Directivo del ICA aprueban el cambio de destinación del uso del inmueble solicitado por el Representante Legal del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural ‘Incoder’.” Dice el Acta No. 491 del Consejo Directivo del ICA, del 6 de julio de 2007: “Modificar la destinación del inmueble”. Dice el ministro Arias en el año 2004, cuando era miembro de la junta directiva del ICA como viceministro de Agricultura: “El doctor Arias (viceministro de Agricultura), interviene explicando en qué consiste (el programa de Tierra para la Paz) y dice que es un proceso de reincorporación de unos actores (afectados) por la guerra, (y que) hay una política activa para entregarle tierra a estas personas. Este predio, Carimagua, el doctor Álvaro Uribe Vélez, presidente de la República, en su programa de Tierras por la Paz lo requiera para así materializar el proyecto”. Luego no insista, ministro Arias, porque queda supremamente mal. Agrava sus falsedades si hoy aquí nos repite que no hubo cambio de dedicación porque nunca se dijo que era para entregarles la tierra a los desplazados de una u otra manera y que tampoco hubo cambio de destinación cuando ustedes los excluyeron de la licitación.</p>
<p><strong>El poder de las roscas: repudiables favoritismos</strong></p>
<p>Aquí no solo se trata de una concepción retardataria, sino de un proyecto plagado de favoritismos. Es evidente el favoritismo cuando yo pongo unas condiciones tan altas. Le pregunto a la gente del agro colombiano: ¿cuántos agricultores o ganaderos son capaces de cumplir con esas exigencias? Lo señala el señor Rudolf Hommes, que no milita en el Polo Democrático Alternativo, cuando denuncia que el ministro de Agricultura “quiere repartir 17.000 hectáreas a dedo”. Y explica: “El poder de las roscas en el gobierno de Uribe se debe a las decisiones que favorecen particulares intereses”. Repito: una decisión que favorece particulares intereses. El Tiempo (Editorial, feb.17.08) se impresiona al descubrir que los pobres del Meta “en tres años no la recibieron, mientras empresarios privados casi la consiguen en seis meses”. Pasaron tres años sin que el Ministerio de Agricultura hiciera nada para entregar Carimagua a los desplazados. Y en ciento ochenta días, el gobierno tenía todo listo para feriarle la hacienda a un plutócrata. Maria Elvira Samper (Cambio, 13.02.08) dice que la función del ministro no debe ser la de “ararles el camino a grandes empresarios e inversionistas en particular”. Criterios en los cuales todos estamos de acuerdo.</p>
<p>Ya se ha dicho aquí, pero debo reiterarlo, que una de las firmas interesadas es cotizante a la campaña del Presidente de la República. Y ya se ha dicho que el tío del señor ministro de Hacienda, el señor Mario Escobar Aristizábal, accionista de Sapuga, estaba interesado en el negocio. Este doctor Escobar es nada menos que de la junta directiva de Acción Social, la institución que el Estado tiene destinada para ayudar a los damnificados por la violencia y a los desplazados. ¿Hasta dónde va a llegar la descomposición? Y cuando le preguntan sobre el asunto al tío del ministro de Hacienda, después de que se desató el escándalo, miren lo que dice: “Que quede claro que el tema dejó de interesarnos y que para mí la prioridad son los desplazados” (ET, feb.14.08). Ojalá para el doctor Escobar la prioridad hubieran sido los desplazados antes del escándalo y no después, cuando dejó de interesarle la tierra. Me parece también extremadamente grave la actitud del director de Acción Social, el doctor Luis Alfonso Hoyos Aristizábal. Cómo así que él sabe que hay un predio de 17 mil hectáreas cedido de manera gratuita a los desplazados, siendo Acción Social la que según las normas tiene la responsabilidad de atenderlos, y en vez de ponerse las pilas para evitar que el predio terminara convertido en el gran negocio de un plutócrata, se hace el loco y no se da cuenta de lo que está pasando con un predio sobre el cual llevaba hablando todo el mundo en Colombia más de cinco años. El único que no sabía que este negociado se estaba haciendo es el director de Acción Social, doctor Luis Alfonso Hoyos Aristizábal, de quien hay que decir, porque las cosas hay que decirlas, así molesten, que tiene pérdida de investidura por parte del Consejo de Estado por malos manejos cuando fue senador de la República de Colombia, hecho que nada importa por supuesto en la administración del doctor Uribe, en la que tantas cosas pueden hacerse.</p>
<p>Cuando usted intenta justificar estos exabruptos, es peor todavía lo que dice, ministro. Es que cuando a usted lo empiezan a acosar de todas partes sobre qué es lo que pasa, usted asume una actitud que yo llamaría de desfachatez o, con más suavidad, de suprema convicción sobre lo bueno que es un régimen plutocrático. Le pregunta María Isabel Rueda en la revista Semana (mar.02.07). ¿Por qué la tierra para los ricos y el empleo para los pobres? Que es la propuesta del ministro. Y responde: “No hable de ricos, porque empieza a meterle al tema el odio de clases”. Ojalá quisiera más a los pobres de Colombia, señor ministro, para que no se dieran este tipo de dudas. Y entonces agrega: “Y me da mucha pena controvertir el romanticismo socialista de quitar tierras y repartirlas. ¡Eso no funcionó!”. Y añade que lo que hay que darles es empleo. Entonces le dice María Isabel Rueda: “Ministro, ¿me está hablando de la reforma agraria?” Y escuchen la respuesta, se la voy a leer porque tal vez sea lo más reaccionario que se ha dicho en la historia de Colombia. Dice el ministro Arias: “Exacto. Váyase para Sucre y Córdoba, donde hubo varios núcleos de reforma agraria. ¿Qué hay hoy allá? Una parcelas cada vez más pequeñas (…) con ranchitos muy precarios (…) Y han sido los núcleos de guerrilla y paramilitares más grandes de este país”. Ojo con esta última frase. Se necesita cara dura para hacer una afirmación de este calibre. Los predios donde se les han entregado tierras a los pobres de Colombia son “los núcleos de guerrilla y paramilitares más grandes de este país”. Me imagino al doctor Arias en una fría noche bogotana viendo una familia de desharrapados en medio de la llovizna pidiendo limosna en un semáforo, porque son desplazados de la violencia. Y alguien que va al lado de él le dice: ministro, lamentable la condición de estos compatriotas. Y me parece ver al doctor Arias diciendo: no, alegrémonos. A esa familia se la arrebatamos a la guerrilla y al paramilitarismo.</p>
<p><strong>El modelo malayo</strong></p>
<p>El ministro hace el viaje completo y argumenta que aquí lo que hay que “aplicar es el modelo malayo”, en el que la tierra no se entrega a los campesinos, sino que se hacen grandes producciones y a los pobres se los emplea como peones. Me tomé el trabajo, señor ministro, de averiguar qué diablos es el “modelo malayo”. Y les cuento a los colombianos que Malasia es una monarquía constitucional. Con todos los gajes de la reelección, no abrigo la menor duda de que el doctor Arias quisiera que Colombia fuera también una monarquía constitucional. En Malasia hay un Senado de 70 miembros, 40 de ellos elegidos a dedo por el monarca. En dos palabras, el mar de la corrupción. Cómo será allá la corrupción, si en Colombia, donde medio se debaten todavía las cosas pasa lo que pasa, imagínense en Malasia. Hay cuatro millones de hectáreas de palma africana en 404 cultivos, con un promedio de 10.600 hectáreas por cultivo. ¿Eso es lo que quieren aquí, cierto? Lo de Carimagua se le parece, 17 mil hectáreas. Hay 40 extractoras de aceite palma, cien mil hectáreas por extractora, la plutocracia de la que estamos hablando. Pero hay un ingrediente que le debe gustar más al ministro Arias y a la plutocracia nacional. Precisa el Asia Times: trabajo barato. No hay salario mínimo y hoy los jornaleros de la palma ganan 92 dólares. Les subieron el año pasado un dólar, por primera vez en 43 años. El salario no llega ni al 80% de la línea de pobreza. Y ojo con esto, porque espero que no sea lo que tengan en mente los gobernantes de Colombia, sobre todo ahora que hay malas relaciones con los vecinos: la mayoría de esos peones son migrantes de India y de Bangladesh. Ustedes se imaginarán las condiciones laborales de Malasia.</p>
<p>Como lo mencionó aquí la senadora Cecilia López, tenemos un Ministerio de Agricultura dedicado a inventarse maniobras legales para no darles tierra a los pobres. Lo afirma también el doctor Mauricio Cabrera. Es más fácil para los campesinos tramitar un crédito en el Banco Mundial que conseguirse un subsidio de los del doctor Arias dizque para reforma agraria. Tienen que calcular hasta la Tasa Interna de Retorno. Y pregunta el doctor Mauricio Cabrera con fina puntería: cómo será el debate entre el campesino pobre que se muere de hambre y el funcionario del Ministerio de Agricultura discutiendo con qué tasa de descuento calcula la Tasa Interna de Retorno. ¡No se burlen así de los campesinos colombianos, ministro! Si no quiere darles tierras, no se las dé, pero no haga estas pantomimas. Y no arguya que el modelo campesino es un modelo que no le sirve al desarrollo nacional. No es cierto. El 68% del área cultivada en Colombia es área campesina; el 69% de la producción agrícola de Colombia es producción campesina, y si sumáramos a los pequeños y medianos empresarios, creo que nos acercaríamos al 95%. Luego no nos vengan ustedes, con esa ausencia absoluta de cifras, a hacer la afirmación de que lo que hay montar es un sistema de producción agrícola de tipo monopolístico. Y están los campesinos en el tardío rendimiento. Tardío rendimiento son el café, la caña panelera, el cacao, la palma, donde hay cinco mil pequeños productores. Luego no vengan con el engatuse de que no puede haber pequeños productores en la palma africana.</p>
<p><strong>Lo que el ciudadano Arias piense no lo puede hacer el ministro Arias</strong></p>
<p>Insisto en la discusión sobre la legalidad de este asunto. El ciudadano Andrés Felipe Arias puede pensar lo que se le dé la gana sobre los campesinos colombianos y parecerle que son lo más ineficientes y juzgar de maravillas el “modelo malayo” y considerar que no hay nada mejor para un pobre que lo contraten de peón en una hacienda. Es su derecho, el derecho del ciudadano Arias. Pero el derecho del ministro Arias no es ese. Porque resulta, senadores y colombianos, que aquí hay una Constitución y una ley que lo obligan a darles tierra a los campesinos. En Malasia el ministro Arias no tendría contradicción con la Constitución de ese país, pero sí está en una gravísima contradicción con la Constitución Política de Colombia. Dice el Artículo 64 de la Constitución: “Es deber del Estado promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra de los trabajadores”. No es a que les den un puesto, no es a que los contraten de jornaleros, sino, repito, a que les den “el acceso progresivo a la propiedad de la tierra”. Lo estipula la Constitución de la República de Colombia. Me imagino que la de Malasia no establece lo mismo. Dice la Ley 1152, que usted mismo tramitó, señor ministro, y por la boca muere el pez, porque con sentido demagógico usted puso ahí el Artículo 4, sobre el Acceso a la Propiedad de la Tierra: “Para el cumplimiento del precepto constitucional según el cual es deber del Estado promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra de los trabajadores agrarios: 1. La reforma estructural social agraria, por medio de dotación de tierras encaminadas a eliminar, corregir y prevenir la inequitativa concentración de la propiedad rural”. Eso lo escribió usted, doctor Arias, pero en los hechos usted se burla de la norma cuando procede como está procediendo en el caso de Carimagua y, añadiría, en el conjunto de su política. No leí, por no hacerme muy largo, las otras muchas afirmaciones que usted hace de que darles tierra a los campesino es un desastre, pero leí la peor: se vuelven guerrilleros y paramilitares. Lo único que nos va a faltar en Colombia es que si algún campesino o algún indígena o algún pobre de Colombia o algún dirigente político de cualquier sector pide mañana tierra para los pobres de Colombia le monten una investigación del DAS o del B2 a ver qué es lo que está tramando.</p>
<p><strong>Tumban puente con motosierra</strong></p>
<p>Terminemos con dos anotaciones. Una de menor cuantía, en cierto sentido, pero que debo señalar. El 24 de diciembre pasado, en un acto sin ningún respaldo de funcionario legal, ni de juez, ni de instructor, ni de nadie, el director de Corpoica de los Llanos Orientales, doctor Jaime Triana, teniendo bajo sus órdenes soldados de la República, que no sé por qué se los adjudicaron, tumbó con una motosierra un puente que comunicaba a la hacienda Carimagua con unas propiedades de otros muchos propietarios que hay en los alrededores, entre ellos, comunidades indígenas. ¿Esto qué tiene que ver con lo que estamos debatiendo? Por orden de un jefe importante del Ministerio de Agricultura, está documentado, soldados tumban con una motosierra un puente que comunica a centenares de familias de indígenas y de empresarios y de campesinos con la hacienda Carimagua. ¿Adónde se va a llegar con esta idea de que cada uno hace lo que se le da la gana en la República de Colombia?</p>
<p><strong>Carimagua no es una excepción sino un modelo</strong></p>
<p>Carimagua no es una excepción. Carimagua es un modelo de economía y un modelo de país. Y no es solo Carimagua, es todo, es el mismo modelo Transmilenio. El modelo Transmilenio ¿en qué consiste? A miles de pequeños empresarios de busetas y buses los declaran enemigos del progreso, los sacan del negocio, y el Estado coge toda la plata del presupuesto para montar un modelo de concentración de la riqueza.</p>
<p>El modelo de la plutocracia son también las reformas tributarias de este gobierno: bájeles los impuestos a los monopolios y a las trasnacionales y súbales los impuestos a los pobres y a las capas medias.</p>
<p>Es la Ley de Desarrollo Rural: el propio procurador le dijo a usted que esa ley era un arma contra los campesinos y contra los indígenas. Y recordémonos que la norma abría la posibilidad de legalizar con procedimientos expeditos tierras conseguidas mediante la brutalidad y la violencia.</p>
<p>Es la Ley Forestal que se cayó, una ley, lo dijo el ex ministro Manuel Rodríguez, calculada para beneficiar a las mismas trasnacionales que depredaron los bosques del Sudeste Asiático.</p>
<p>Es la Ley de las Zonas Francas Especiales, y recordemos que ustedes aquí, las mayorías del Congreso, le dieron al presidente de la República la potestad de ir definiendo zonas francas a dedo. Pedro Pérez, Zona Franca. Juan Rodríguez, Zona Franca. Y su impuesto de renta ya no es del 33%, sino del 15, y, mientras tanto, súbales los impuestos a los pobres de Colombia.</p>
<p>Es el intento de la Ley de la Segunda Vivienda, que oculta todo tipo de horrores y favoritismos de gente muy cercana al círculo del Palacio presidencial.</p>
<p>Y son tres decretos que están caminando, mencionados por mí hace un tiempo, el primero, un decreto mediante el cual el Ministerio de la Protección Social y el de Agricultura, con el pretexto de la sanidad pública, van a sacar de la producción de panela a los pequeños paneleros, porque les ponen tantas condiciones para producir que ni en Suiza. Si se cumple la norma, inicialmente el Decreto 2546, la producción de panela se concentraría en los ingenios azucareros del Valle del Cauca. El segundo, el Decreto 1500, que les impone tantas condiciones a los mataderos municipales que aquí se van a terminar quedando con el negocio de la matanza de cerdos y de reses dos o tres descomunales mataderos, como en Estados Unidos. Y el tercero, el decreto de la leche cruda. Después de mil años de estar tomando leche cruda los colombianos, ahora se les ocurrió a los ministros que dizque la leche cruda nos mata a todos. Descubrimiento que por supuesto alegra mucho a los monopolios de la pasteurización, que se van a quedar con un negocio que en buena medida atienden los llamados “cruderos”. Este es el modelo Carimagua, es el modelo malayo. No les falta a ustedes sino el príncipe para que quede igualito. Pero veo que están dando pasos en esa dirección.</p>
<p><strong>El ministro Arias debe renunciar</strong></p>
<p>Por último, ministro, usted debería renunciar a su cargo, porque en el caso de la hacienda Carimagua usted violó la Constitución y la ley, como lo dice el Procurador General de la Nación. Viola la Constitución y la Ley en el tema de la lógica de la tierra, porque como lo demostré aquí, usted es partidario del modelo malayo y la Constitución establece otra cosa. Y debe renunciar porque faltó a la verdad en materia gravísima de demasiadas maneras. Con franqueza le digo que tiende a crecerle la parte más protuberante de su cabeza.</p>
<p>Pero digamos, ministro, para su tranquilidad, que estoy seguro de que no le va a pasar nada. Primero, porque en este Congreso nadie va a votar contra usted una moción de censura mientras usted maneje todo el poder del apalancamiento de un presupuesto que aun cuando es muy pequeño para resolver los problemas, es grande y muy bueno para cuadrar clientelas gremiales y políticas. Y sobre todo, no hay preocupación por algo que es más grave y que ustedes están aprovechando a cabalidad: la gente buena de este país, que es casi toda, ha permitido que se bajen sus defensas contra este tipo de horrores. Hoy lo que impera es la alcahuetería. Todo se tolera, todo está bien.</p>
<p>Le insisto en que usted debe renunciar, señor ministro, pero también le doy un parte de tranquilidad, porque estoy seguro de que las mayorías de este Congreso no solo no lo van a censurar ni lo van a criticar, sino que no me extrañaría que lo terminaran ungiendo como candidato presidencial.</p>


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		<title>Las importaciones agropecuarias son la prueba reina del &#8220;Libre Comercio&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 21:55:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>irene</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate al ministro de Agricultura sobre la situación del agro colombiano, Comisión Quinta, 5 de agosto de 2009.</strong></p>
<p>La idea es hacer un balance y mostrar cómo está la situación del agro colombiano. Voy a dividir la intervención en dos partes. Una, sobre asuntos que llamaría estructurales y otra, una serie de comentarios sobre algunos productos que puntualmente están pasando por una situación más adversa y por graves problemas, sin que a mi juicio el gobierno los esté atendiendo satisfactoriamente. Voy a poner el énfasis en demostrar lo que en mi opinión es el aspecto principal de la política agrícola, aspecto que empezó en 1990 con el inicio de la implantación del libre comercio en Colombia y que en este gobierno ha sido especialmente desastroso. Nada de las debilidades estructurales del agro colombiano se ha resuelto y, por el contrario, sí se empeora la situación. Lo peor que le puede suceder a un país es el sistemático incremento de la sustitución del trabajo nacional por trabajo extranjero, es decir, que lo inunden de productos importados, importación que al final arruina y empobrece a nuestros productores.</p>
<p><strong>De 700 mil a 9.800.000</strong></p>
<p>Empecemos entonces por ahí. De acuerdo con las cifras del gobierno nacional que acaba de entregar el Ministerio de Agricultura –aquí hay un problema, porque hay cifras y cifras, la SAC tiene otras, pero voy a tomar las del gobierno nacional para que no tengamos que ponerlas en discusión–, Colombia importó el año pasado 9 millones 800 mil toneladas de alimentos y productos del agro, incluido el algodón. ¡9.800.000 toneladas!, una cifra descomunalmente grande. En 1990, cuando empezaron el neoliberalismo y el libre comercio, Colombia importaba apenas 700 mil toneladas y vamos en nueve millones ochocientas mil. En el año 2002, cuando el doctor Uribe llegó a la Presidencia de la República, se importaron 6 millones 700 mil (según cifras del ministerio de Agricultura), que ya era muchísimo. Y el doctor Uribe ha logrado la hazaña de aumentar en tres millones de toneladas las importaciones de productos del agro. Esto, a mi juicio, es un desastre. Se traduce en pobreza, hambre, desempleo.</p>
<p>¿Qué ha pasado con las exportaciones?, para contrastar una cosa con la otra. Las exportaciones en el año 2005, el mejor momento en esta administración, llegaron a 5 millones de toneladas y el año pasado fueron de 4 millones 400 mil. No solo no crecen, sino que decrecen. Ni siquiera tenemos el contentillo de decir sí, nos venden mucho pero también nosotros les vendemos un montón. No, las exportaciones están absolutamente estancadas, son prácticamente las mismas de siempre: café, banano, flores y se acabó el cuento. Ahí estamos como la rueda del molino. O sea que el balance, a mi juicio crucial, es éste. ¿Por qué? Porque aquí se refleja el problema del crédito, el de la asistencia técnica, etcétera, todos los factores confluyen al final en estas cifras, en términos de toneladas, que es como hay que medirlos. Con respecto a los precios, los del café suben, pero no por obra del ministro de Agricultura ni del doctor Uribe, sino por causas que no controlamos y cuando bajan, pasa lo mismo. Esta vez los precios del café han subido por culpa de la política oficial, incluida la del doctor Gabriel Silva, porque como no hay café colombiano, los precios suben, de manera que ni siquiera eso lo pueden reclamar como éxito.</p>
<p><strong>El “libre comercio” destruye el agro</strong></p>
<p>¿Y por qué digo que este es el punto crucial? Porque desde 1990, cuando empezó toda esta discusión, y en 2002, cuando yo llegué al Senado de la República, les dijimos: esa política de apertura y neoliberalismo (de libre comercio) es absurda, y con esa política ustedes van a destruir el agro nacional. Colombia no puede competir con los extranjeros, no porque los colombianos seamos bobos o vagos, sino porque los extranjeros producen con inmensos subsidios y garantías estatales que aquí no tenemos. Y los ministros nos dijeron, particularmente el doctor Andrés Felipe Arias, el de Agricultura, no, senador Robledo, aquí vamos a competir. Bueno, ahí están las cifras, ahí están los datos. No hemos sido competitivos en el mercado mundial. Estamos siendo derrotados en el mercado mundial. El de Uribe es el peor equipo: no solo no hace goles, sino que se los deja meter todos.</p>
<p>Les voy a dar otra cifra que ilustra hasta donde ha llegado este desastre. En 1990, cuando empezó todo este absurdo del libre comercio, Colombia importaba 55 kilos de comida por habitante. El doctor Uribe ya nos lleva en 221 kilos por habitante. Si en Colombia desaparecieran las importaciones por una guerra o un problema de cualquier tipo, en Colombia habría una hambruna. Nos quedaríamos sin trigo, sin maíz y sin cebada, como también sin pollo y sin cerdo, porque éstos se alimentan con maíz extranjero. Un pollo colombiano, suelo decir, es un grano de maíz gringo con alas. Este es el primer balance de los que quiero señalar.</p>
<p>Ahora, si Colombia fuera un país desértico, sin condiciones para producir, pues uno diría, bueno, qué se va a hacer. Pero este es un país en el que hay 9 millones de hectáreas de tierras con vocación agrícola subutilizadas. ¡Aquí sobra la tierra! Aterra lo que estamos mirando. Hay tierra de sobra y hay agua de sobra. Colombia es uno de los países que tiene el privilegio de ser riquísimo en agua. Y también hay gente de sobra. Tenemos los mejores campesinos y empresarios e indígenas y afrodescendientes del mundo para la producción agrícola y, sin embargo, miren ustedes el desastre en el que estamos.</p>
<p>La superficie bajo cultivo está estancada o ha disminuido, fenómeno también de una gravedad inaudita. Peores resultados de una política agropecuaria no se pueden encontrar. En el 2002, cuando llegó el doctor Uribe, había 3.74 millones de hectáreas bajo cultivo. En el 2008 había 3.5. Estos son datos del Dane y la Encuesta Nacional Agropecuaria y parte del problema que tenemos, señor ministro, es que tampoco hay una estadística seria y confiable. Cambian la manera de calcularla, salen cifras diferentes de uno u otro lado. Estos son datos, repito, del Dane y de la Encuesta Nacional Agropecuaria.</p>
<p><strong>Los TLC, el puntillazo</strong></p>
<p>Y ojo, para que el terror sea completo, todavía nos faltan los TLC con Europa y con Estados Unidos. El TLC con Estados Unidos va a acabar con el arroz colombiano y va a golpear en materia gravísima todos los cárnicos, particularmente pollos y cerdo, y también va a golpear la ganadería. Va a golpear durísimo en lácteos, quesos y leches. Ya los gringos nos están golpeando en lácteos. Y en oleaginosas nos van a golpear todavía más. Eso está claro. Lo hemos demostrado aquí con cifras contundentes en varias ocasiones.</p>
<p>En el caso del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea que se está tramitando, ya está claro que pasará lo mismo que con el de Estados Unidos: que los europeos se abren en lo que se les da la gana y se cierran también en lo que se les da la gana. Ya nos dijeron: en banano y en tropicales, olvídense, porque nosotros tenemos negocios con nuestras antiguas colonias africanas. Luego ahí no se hagan ilusiones, porque vamos a mantener las normas de la OMC. En subsidios y ayudas internas también ya nos dijeron los europeos, como lo dijo en su momento Estados Unidos, que van a mantener sus subsidios y sus ayudas internas con sumas astronómicas que nos hacen muy difícil competir con ellos. En sanitarios –hasta donde se entiende, porque las negociaciones son secretas–, estamos aspirando a conseguir lo que se consiguió con Estados Unidos, que es malísimo, porque se aplicarán las mismas normas de la OMC que nos crean mil dificultades para entrar a ese mercado. Y por supuesto, los europeos tienen los ojos puestos en los lácteos, y llamo la atención sobre los lácteos. Este es un mercado muy frágil a cualquier excedente de producción, tal como se está viendo en estos días, sea excedente por la vía de la producción interna o por la vía de las importaciones, un problema no menos grave.</p>
<p>Nos dijeron la otra vez, y recuerdo al doctor Jorge Humberto Botero, ministro de Desarrollo, sí, senador, las importaciones sí hacen daño, pero son baratas. No, doctor Botero, tampoco resultaron baratas. Estamos importando comida carísima.</p>
<p><strong>La concentración de la tierra, una de las peores del planeta</strong></p>
<p>El otro aspecto crucial es el de la concentración de la tierra. Colombia tiene uno de los peores índices de concentración de la tierra en el mundo, 0.85, una locura. Uno (1,00) es el índice que marca la concentración absoluta, que no puede existir, de manera que 0,85 se acerca a lo peor que uno pueda concebir. Todos esos desplazados, que tanto nos impresionan, en buena medida son campesinos que perdieron la tierra, y que perdieron la tierra en parte por la violencia, pero también por la pobreza resultante de la política agraria.</p>
<p>Las cifras de pobreza en el campo demuestran el fracaso de la política oficial. En el 2005 –y estoy seguro de que hoy estamos peor y las cosas se van a empeorar porque el país está entrando en una crisis gravísima–, el 73% de los habitantes del campo estaban en la pobreza; en la indigencia, el 27% ¡En la indigencia treinta de cada cien personas! El 75% de los trabajadores rurales no ganan ni siquiera el salario mínimo. ¡75%! ¡Otro desastre! Los que salimos al campo vemos en las caras de la gente, en los rostros ajados y sin dentadura completa la miseria que yo estoy mencionando en las estadísticas. Y esto no se ha intentado resolver en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Son todos problemas estructurales, y usted ahora, señor ministro, a la fija me va a decir que el gobierno sí da unos pesos más, unos pesos menos, y hará un listado de un peso por aquí y otro peso por allá, pero esas migajas no modifican el orden de las cosas. Mientras usted permita que le inunden el país de comida importada, usted seguirá arruinando a nuestros agricultores y a nuestros ganaderos. Ahí no hay nada que hacer. Mientras tengamos estos Índices de Gini, usted nada podrá resolver con esos dos o tres pesos que otorga. El 60 por ciento de los cafeteros tienen parcelas de menos de una hectárea, en medio de la mayor pobreza, inherente a esa condición, y el gobierno no intenta ni siquiera resolverlo. El ingreso per cápita agrario es la mitad del ingreso per cápita de todo el país. Es otro desastre que el gobierno ni intenta modificar de manera sensible ni de ninguna manera.</p>
<p>Con un agravante, ministro. Si el gobierno atendiera con seriedad estos problemas y no asumiera la actitud de quitárselos de encima como quitándose una molestia, todo lo que he venido denunciando debería ser objeto de un debate nacional.</p>
<p>La tierra en Colombia no es un factor de producción, sino cada vez más un factor de especulación inmobiliaria. Una parte inmensa de las tierras rurales no se compra para producir sino para tenerla ahí como una especie de alcancía de especulación inmobiliaria. La tierra se detenta un año, cinco años, diez años, y después se vende con unas ganancias inmensas, no producto de la producción agraria, sino producto de la especulación, que en últimas se explica porque como cada vez hay más gente pero la tierra sigue siendo la misma, pues por supuesto que la tierra se valoriza. Es otro problema estructural gravísimo. Aquí las tierras son más caras que las de muchos países, lo que dificulta la producción agraria. Por supuesto que también cuenta el narcotráfico, otro problema que tampoco se ha podido resolver, el de los narcotraficantes que aparecen pagando por la tierra precios exorbitantes. Entonces no hay ganadería ni producción de algodón ni de nada capaz de compensar esos precios tan altos de la tierra.</p>
<p>Este solo punto debería ser objeto de un debate nacional. La tierra, uno de los principales factores de producción, y aún más en un país como Colombia, resulta por completo subutilizada. Este gran incremento de los precios, que para algunos es muy beneficioso y no dudo que se ganan sumas inmensas, resulta atentatorio contra la producción y contra la tenencia de la tierra de los campesinos. Porque la presión de esa especulación inmobiliaria contra la pequeña propiedad rural es inmensa. Para no mencionar el hecho tan frecuente de que al cheque que le pagan al campesino, los compradores le agregan una pistola encima de la mesa. La verdad sea dicha, ministro.</p>
<p>Vengo de Córdoba y de Sucre, y los problemas de violencia, por lo menos en estos dos departamentos, siguen siendo inmensos. En mucha gente hay un estado de zozobra, de miedo, porque los muertos aparecen y aparecen sin que el problema se resuelva. Allí hay un problema, también delicado, de inseguridad rural. Puede haber sitios de Colombia donde no, pero hay otros muchos sitios de Colombia donde sí sigue habiendo un problema de violencia supremamente grande, sin importar cuál sea el nombre del problema o de la organización, o de la banda, o como se quiera llamar, porque al final, si a alguien lo van a extorsionar o lo van a matar casi que le da lo mismo que el tiro se lo metan de un lado o se lo metan de otro.</p>
<p><strong>Altos costos de los insumos</strong></p>
<p>El problema de insumos, crédito, vías, asistencia técnica, semillas, es terrible. Miren ustedes, el Triple 15, un abono bien utilizado en el sector agrario colombiano, aumentó su precio en 55 por ciento entre enero de 2008 y mayo de 2009. ¡55 por ciento! Son cifras de hoy. Así hacer agricultura es sumamente difícil y esto no se resuelve como se debiera. Los costos en los países vecinos los dio el domingo pasado Héctor Abad en el periódico El Espectador. Son casi la mitad de los de Colombia. Y es un factor que nos dificulta también las cosas. La úrea, en el mismo lapso mencionado, aumentó su precio en 57 por ciento. ¿Cómo pueden los agricultores colombianos trabajar en esas circunstancias?</p>
<p>El crédito. Usted ahorita me va a dar las listas de los créditos, y no voy a repetir ese debate completo, lo he hecho no sé cuantas veces, pero el crédito está concentrado en manos de unos pocos y es insuficiente para todos. Y doy una sola cifra que lo demuestra. Mientras el agro participa con el 13 por ciento del PIB colombiano, los créditos agrarios apenas participan con el 3 por ciento del total. Ahí se da un sesgo contra la producción agraria. Y esta administración no lo ha corregido. La modificación es por ahí de un cero punto algo, lo que indica que no hay una modificación estructural y que la gente del agro sigue padeciendo por condiciones muy complicadas.</p>
<p>El tema de las vías. Uno sale a las zonas rurales, dirigentes y senadores que estamos en esta brega, porque la política tiene en parte que ver con conocer a Colombia. En el campo colombiano cae una llovizna y todo el mundo se pega de todos los santos, porque se sabe que volver a salir o entrar de la finca es una hazaña y que los costos del transporte se disparan. Están malas las carreteras troncales. Me decía alguien en estos días que estuvo en la Costa, que la carretera Bogotá-Cartagena es un desastre. ¿Cómo será la situación de las vías rurales? La gente lo dice: no pueden sacar las cosechas o las tienen que sacar a precios astronómicos por el deterioro de la red terciaria.</p>
<p>La asistencia técnica, otro asunto crucial, sobre todo en la agricultura de los pobres. Explicarle al campesino, ayudarle a vencer la nueva plaga, eso prácticamente desapareció. Se lo trasladaron a unos municipios absolutamente arruinados. El caso de la asistencia técnica del ICA, por ejemplo, da grima. Un veterinario por un departamento entero. Es como una especie de chiste.</p>
<p>El problema de las semillas es gravísimo. Yo ahora lo voy a mencionar en el caso del algodón y el caso del maíz, en Córdoba. Llamo la atención del Senado sobre la presencia de esas semillas híbridas, las que tienen transformaciones genéticas, las famosas transgénicas. Hay todo un debate mundial sobre si los transgénicos se deben consumir o no, porque surge un riesgo grande de que puedan afectar a la población y conviene aplicar el principio de precaución. Pero digamos que en gracia de discusión para lo que me estoy refiriendo, se podría decir: es una discusión si los transgénicos hacen daño o no hacen daño, pero hay una cosa que sí es segura y usted la mencionó aquí, ministro, la vez pasada que estuvo refiriéndose al caso de los problemas con estas semillas de las trasnacionales. Y es que en la medida en que la semilla de la trasnacional se entroniza, las semillas nativas empiezan a desaparecer del mercado, por razones obvias. Y lo que acaba sucediendo es que la trasnacional se queda con el monopolio de la semilla. O usted le compra la semilla a la trasnacional o no tiene semilla, y eso es de una gravedad inaudita, porque es apenas natural que la trasnacional, Monsanto o la que sea, se va a aprovechar del monopolio para poner la semilla a precio de oro en entre los agricultores colombianos.</p>
<p>Es el súmmum de la irresponsabilidad, señor ministro que el gobierno nacional no atienda con seriedad la producción de semillas, de las mejores del mundo, en las cantidades absolutamente suficientes para garantizar que ningún monopolio privado pueda controlarlas y fijar el precio a su arbitrio. Porque no olvidemos otra cosa. Si un país se queda sin semillas, se puede terminar quedando sin toda la agricultura, porque es obvio que si no hay semillas, no hay agricultura. Y si eso se somete a los intereses extranjeros es un riesgo estratégico de proporciones supremamente grandes. Es el mismo lío que con las importaciones. Aquí nos dicen: se trae comida importada y no pasa nada. No, sí pasa. El año pasado le quedó claro al mundo que los principales países productores no están dispuestos a vender la comida de sus habitantes.</p>
<p><strong>Se le van a vender tierras al capital extranjero</strong></p>
<p>Quiero llamar la atención sobre un asunto que se me estaba pasando. Andan con el cuento, señor ministro, y ha salido en la prensa, de ver cómo le venden una porción grande, o todas las tierras de Colombia, al capital extranjero. ¡Eso son palabras mayores! Andan viendo cómo modifican la definición de la Unidad Agrícola Familiar, UAF, para poder venderle porciones inmensas de la Orinoquia al capital extranjero. La propia Sociedad de Agricultores de Colombia, que ha sido bien oficialista, está preocupada y nerviosa con el asunto. Todos sabemos que las trasnacionales están bregando a comprar un millón de hectáreas de tierra en Madagascar. Y que andan en eso por el Asia. Les vamos a vender las tierras agrícolas de Colombia a los extranjeros para que los extranjeros produzcan comida ahí y la puedan exportar, no importa que en Colombia haga falta. Esta fue una de las denuncias más graves que hizo la Procuraduría General de la Nación en el caso del TLC con EU. En el TLC quedó establecido, lo explica el Procurador, que Colombia tendrá que exportar comida que le pueda hacer falta, por ejemplo, si se determina que se va usar esa comida para pagar en especie deudas contraídas. Es un debate que se debiera hacer, senador Jaramillo. Qué va a pasar con los precios de la tierra en Colombia si llega el capital extranjero a comprarla. ¿Adónde se van a ir? ¿Y qué le va a pasar a la estructura agraria de este país, que es, como ya lo he explicado, una estructura agraria absurda y contraria al progreso de la nación? Que las trasnacionales puedan venir a sembrar comida en Colombia y el día de mañana exportar esa comida, aun cuando en Colombia haga falta, y que no haya normas en el Tratado de Libre Comercio con EU que prohíban ese tipo de operación comercial lo denuncia, repito, la Procuraduría General de la Nación. Estamos hablando de hechos extremadamente graves.</p>
<p><strong>El café, el algodón, la panela, el maíz y el arroz</strong></p>
<p>Veamos los casos de algunos productos. Empiezo analizando lo del café. Allá hay una crisis grave. Afortunadamente, los precios internacionales no han estado tan malos. Pero digamos que en parte no han estado tan malos porque como en Colombia la cosecha es malísima y no hay café, pues esa escasez del grano colombiano presiona al alza los precios internacionales. El caficultor raso dice, bueno, pero qué saco con que el precio esté más o menos alto en el mercado mundial si eso es un espejismo, porque no tengo café para vender. Y está además la revaluación de la moneda, fenómeno que no controla el gobierno nacional, y que a la hora de la verdad parece que no le importara, porque ni siquiera intenta controlarlo. Colombia terminó sujeta a un precio del dólar que es manejado desde afuera y en Colombia no se hace nada por controlar el problema. Digo yo, nada eficaz, de verdad. Y hace que los precios del café no sean buenos precios, en el ingreso que le entra al productor, que es lo que nos interesa. Los precios de los insumos también son muy costosos, las vías pésimas, etc., y a lo anterior se suma el envejecimiento de los plantíos, que es lo que explica la caída de la cosecha. Andan diciendo que en el 2017, o no sé cuándo, que dizque va a haber mucho café. Ya veremos, ese debate lo hacemos en esos días. Yo me he vuelto incrédulo con estos pajaritos de oro que nos pintan aquí, todos sobre el futuro. Porque la vedad es que cada vez que el futuro se vuelve presente, seguimos igual de mal a como estamos hoy.</p>
<p>Hay un asunto grave en esto de los tratados de libre comercio, y es que un café africano, al que en Estados Unidos o en Europa le hagan cualquier grado de procesamiento, se vuelve café gringo o café europeo y va a quedar con libre ingreso al mercado nacional. Este es un problema complicadísimo. Alemania es el tercer exportador de café del mundo y no produce un solo grano. Su negocio es revender, reexportar. Seguramente va a resultar que por la vía de los tratados de libre comercio, Colombia se va a llenar de cafés africanos, como ya está lleno de cafés suramericanos. Colombia está importando un número inmenso de sacos de café que nos hacen un daño bien grave.</p>
<p>El caso del algodón. En el algodón tenemos básicamente perdido el mercado interno. Las importaciones de algodón son grandísimas. Y quiero mencionar un caso que tiene que ver con esto de estas semillas. Lo explicó muy bien Conalgodon en la Costa Atlántica, aquí tengo los papeles. Los algodoneros de la Costa Atlántica le compraron a Monsanto una semilla tres veces más cara que la del algodón nativo. Y resultó que la semilla no era tan buena como dijeron. Y la trasnacional no explicó bien cómo había que manejarla. El punto es que al final hubo pérdidas por 15 mil millones de pesos en la cosecha de este par de departamentos. Conalgodon se apersona del caso, tiene poder, logra llegar a un acuerdo con esta trasnacional para que hubiera una indemnización por 640 mil dólares, mucho menos que las pérdidas. Y lo que terminó sucediendo fue que la trasnacional se mamó, como se dice coloquialmente. Se mamó. Y ahí quedaron los agricultores empobrecidos y repito, con riesgos graves de que el día de mañana no haya cosecha.</p>
<p>El caso de la panela, que aquí seguramente se va a mencionar en extenso, porque sé que aquí hay varios senadores que siguen el asunto de cerca. El problema es bien simple. Los precios han caído a menos de la mitad en los últimos meses. A menos de la mitad. Estamos teniendo precios de la panela que recuerdan los de hace varios años. Hay una crisis gravísima entre los paneleros colombianos, un sector tradicionalmente pobre y con productores débiles y debilísimos. Y hay algo que ofende más. El gobierno nunca ha intervenido en serio el mercado de la panela para proteger a los paneleros colombianos. Nunca lo ha hecho. Los ingenios azucareros siguen derritiendo para producir panela de manera fraudulenta sin que las autoridades hagan lo que están obligados a hacer.</p>
<p>Pero hay un asunto que ofende todavía más, y ustedes recordarán, los senadores más viejos, que lo vengo advirtiendo desde hace varios años. Con el cuento de que la salvación de la caña era el alcohol carburante se dispararon las siembras, inducidas de manera irresponsable por el gobierno nacional. Así sucedió en el caso particular de la hoya del río Suárez. Y a la hora de la verdad, esos cañeros se quedaron viendo un chispero. No aparecieron las plantas de alcohol carburante. Y no podían aparecer. Aquí lo advertí y lo expliqué una vez en Moniquirá ante los cañeros. Y no aparecieron porque resulta que competir con el alcohol de los ingenios azucareros del valle geográfico del río Cauca, en la economía panelera del campesino, es prácticamente imposible, senadores. Eso hay que mirarlo con seriedad y con rigor. A la gente no se le pueden ir vendiendo ilusiones. Este asunto de integrar producción, de mover caña, es costosísimo en tierras de montaña, algo tremendamente delicado. Cuando yo expliqué esto en la zona del Suárez, hubo gente que dijo: el senador Robledo no nos quiere, porque mire cómo es de pesimista. ¡No! Es que en casos como este es más decente y más honrado con la gente ser pesimista y explicar las cosas como son, que permitir que se meta sin advertencia en proyectos en los que el gobierno no actúa con responsabilidad. De la producción de alcohol carburante en la hoya del Suárez estamos hablando yo no sé hace cuantos años. E incluso alcancé a decir que lo que iban a terminar montando allá era una cantera, dadas las tantas primeras piedras que ha inaugurado el presidente la República de plantas supuestamente destinadas a producir alcohol carburante. Quiero llamarle la atención, señor ministro. El abandono de la economía panelera es una de las vergüenzas de la historia de Colombia. Es un horror lo que se ha hecho con esos compatriotas. Porque claro un poco de pobres ahí amontonados y nadie responde por ellos, en lo que tiene que ver con la jefatura del gobierno nacional.</p>
<p>El caso de la leche es otro lío dramático. Digamos primero que la mitad de los lecheros colombianos, o los ganaderos, tiene menos de diez vacas. Es un negocio lleno de pobres. Aquí a veces se piensa, sobre todo en Bogotá, que porque hay unas cuantas personas poderosas o inclusive poderosísimas en los negocios de leche y de ganadería, entonces toda la gente es rica. No. Este es un negocio lleno de campesinos, pequeños, débiles, de pequeños empresarios, sometidos a precios malísimos, de ruina. No pasan por todos los lugares de Colombia los camiones de las pasteurizadoras. No pasan, señor ministro, qué hacemos. Con cierta lógica. Un camión inmenso, refrigerado, no sé de cuantas toneladas, cómo se mete por un camino veredal bien horrible. Se desbarata.</p>
<p>Dice Héctor Abad Facciolince, en El Espectador del domingo pasado, que se están sacrificando vacas lecheras y que están sacrificando también las hembras recién nacidas, no solo los machos, como ha ocurrido con cierta frecuencia en el negocio ganadero. Que es que ha llovido, dicen. Sí, pero aquí hay otros factores. Primero el hambre de este país, el desastre de que haya quien vote la leche en el mismo momento en que los niños de Colombia no toman leche. Entonces que dizque busquemos mercados en el mundo cuando el mercado está aquí. Mejorémosles las condiciones de existencia a los niños de Colombia. Eso es lo que hay que hacer, ahí está el mercado. Mejórenles su consumo de leche. Y están las importaciones de leche en polvo y de lactosuero. Lo ha denunciado Colanta, que es bien afecta al gobierno, paisanos suyos, ministro. Y ha señalado que esas importaciones de lactosuero le hacen daño inmenso a los precios internos de la leche. ¿Qué es un lactosuero? Es bueno que esta palabra nos la vayamos aprendiendo de memoria. Es un subproducto que queda de la fabricación de quesos, una especie de agualeche, una especie de basura láctea, que es un poco lo que nos va a llegar con esto del TLC. Nos van a llenar aquí de hígados, y de riñones y de tripas, y de todo, y de rabadillas de pollos. No nos faltan sino los carros viejos, senadores. Y de lactosueros. Con eso se hacen fraudes y se hace de todo, y se sustituyen leche de una u otro manera y en un mercado saturado, pues por supuesto eso presiona los precios a la baja.</p>
<p>Como si fuera poco, y esto quiero volver a dejarlo como constancia, intentaron ustedes, ministro, ponerles otro impuesto a los ganaderos. Intentaron ponérselo, gravar cada litro de leche. Un impuesto contra los ganaderos. Afortunadamente, parece que la idea no prosperó, porque entre otras cosas, digamos, que era ilegal. Solo el Senado de la República y la Cámara de Representantes pueden establecer gravámenes de tipo parafiscal. No se puede mediante un decreto o una resolución. Y eso no se lo puede pasar por la faja el gobierno nacional.</p>
<p>El caso del maíz. Inundados de importaciones. De solo Estados Unidos están entrando tres millones de toneladas de maíz. Ahora que se está discutiendo tanto lo de las bases, que dicen que las bases no importan. Bueno, el Plan Colombia incluía el desprecio por lo no que no fueran cultivos de productos tropicales y en últimas la indicación de que debíamos abandonar todo lo que no fuera café y banano y flores y esas cosas, en beneficio de los productores norteamericanos. Y el “libre comercio” está condicionado en el Plan Colombia. Lo contó el doctor Andrés Pastrana. Ahí están todos los documentos. Basta visitar la página web del Banco de la República. Me llamaron ayer dirigentes maiceros de la zona de los Llanos Orientales, y me dicen, primero, que el precio llamémoslo amablemente de sustentación es extremadamente bajo, y además no lo están cumpliendo los compradores y la gente está teniendo que vender el maíz a pérdida, con diferencias de 200 y 300 mil pesos. Este es un hecho supremamente grave y que desestimula a los productores. Los intermediarios hacen en el caso del poco maíz que queda lo que se les da la gana, como lo hacen en el algodón y como lo hacen en todos los sectores.</p>
<p>El arroz es el otro viacrucis. Primero el contrabando. Si el contrabando es de centenares de miles de toneladas, yo he llegado a la conclusión de que la palabra contrabando no cabe, porque se supone que el contrabando es un delito y es un crimen que persiguen las autoridades. Pero si entran y entran tractomulas cargadas de arroz por las barbas de la policía y de todo el mundo, pues llamar a eso contrabando no es muy sensato. La responsabilidad que aquí le cabe al gobierno en el ingreso de ese contrabando es toda. Y los precios para abajo. El gobierno acaba de acordar 103 mil pesos por carga, que dicen los agricultores del Tolima y del Huila y de los Llanos Orientales que es un precio de quiebra, un precio de ruina, no un buen precio, señor ministro. Probablemente por eso a esa reunión en Ibagué no dejaron ni entrar ni a Agameta ni a Salvación Agropecuaria, porque no les iban a avalar ese precio. No se los iban a avalar, o por lo menos no Salvación Agropecuaria. Agameta dejó constancia de que no estaba de acuerdo. Es un precio malísimo. En eso se equivoca en materia grave Fedearroz. Pero me llaman también los productores y me dicen que no lo están pagando. Ayer o antier estaban pagando el arroz en la zona del Ariari a 93 mil pesos la carga. Y Arroz Roa solo les estaba comprando a quienes le tenían deudas por cartera, por esos negocios en especie que se hacen, en abonos y cosas de este corte. Es un drama lo que hay allí. Voy a hacer incluso una pregunta que debiera hacer un dirigente arrocero, señor ministro. ¿El propósito del gobierno nacional, el propósito de los molineros, es acabar con la producción nacional para importar el arroz de Estados Unidos y de otras partes? Tengo documento donde el Ministerio de Agricultura de Estados Unidos, la Secretaria, dice que viene por el arroz colombiano. Y aquí hay unos movimientos que son muy extraños. ¿Eso es lo que quieren hacer los molineros? Sería bueno que esto se planteara con toda franqueza.</p>
<p><strong>Siguen las medidas sanitarias contra los pobres del campo</strong></p>
<p>Y concluyamos diciendo lo que ya es como una especie de cantaleta en esta Comisión, pero que nos toca. Yo por lo menos no voy a fatigarme de hacerlo. Siguen las medidas sanitarias calculadas para perseguir a los pobres del campo. Siguen allí. El ministro de Salud nunca ha querido darnos la cara, siempre nos manda al viceministro. El ministro de Agricultura viene y nos da la cara, pero no responde tampoco con nada, porque más o menos sugiere que el problema es de salud. Pero no, yo creo que el gobierno es uno solo. Aquí nos tienen que responder todos por todo.</p>
<p>Ahí siguen los decretos contra la leche, la panela, los pollos, las gallinas campesinas, los mataderos. Ahí siguen como una espada de Damocles mientras van cumpliéndose los tiempos para golpear ese sector. Hace unos días pasó la policía por la carretera que va a Tunja decomisando quesos de campesinos pobres, o de campesinas, ministro, porque la mayoría son mujeres. Manejan una vaca, dos vacas, y para no morirse de hambre cogen la leche y la vuelven queso. ¡Y pasó la policía quitando todos los quesos! ¡Es inaudito! Que porque les falta un papel, que porque les falta un sello, que por que les falta no sé qué. Gente muriéndose de hambre, ministro. ¡Mujeres cabeza de familia! Eso es lo único que tienen. Abandonadas por completo por el gobierno. Para ellas el único Estado es ese policía que llega y les quita el pedazo de queso. Ese es el Estado para los pobres de Colombia en muchos casos. Como el que siembra coca porque ningún otro cultivo le funciona, y entonces el Estado aparece en una avioneta y lo fumiga como una cucaracha.</p>
<p>¿No es mucha desconsideración?, ministro, y encima con el cuento de la salud. ¡Paja! Lo que están es concentrando la producción, como le hemos explicado aquí no sé cuantas veces. Muéstreme una norma de la Organización Mundial de la Salud que diga que esas medidas sanitarias se deben imponer. Una de la Organización Mundial de la Salud. Hay otras maneras de atender esa clase de problemas que no sea echándole la policía encima a una campesina boyacense de 60 años, propietaria de una vaca y que comete el delito de producir un queso y empacarlo en una bolsa plástica, que es lo único que puede hacer.</p>
<p>Sigue la amenaza contra la panela. Les están exigiendo a los paneleros que tecnifiquen los trapiches. Que los trapiches paneleros de Colombia se parezcan a las chocolaterías suizas. Eso es lo que les están pidiendo. Y el precio de la panela se cayó a más de la mitad y el gobierno no movió un dedo.</p>
<p>Lo de las gallinas campesinas sigue ahí, ministro. Usted sabe que sigue ahí. Exigirle a un campesino colombiano que para matar una gallina tenga que tener una planta de sacrificio que parece la sala de cirugía de un hospital de tercer grado es un absurdo. Y la norma sigue ahí. La norma sigue ahí y se presta para corrupción y para tantas cosas. Y siguen cerrando mataderos locales, senadores, todos ustedes lo saben. ¡Siguen cerrando mataderos locales para concentrar el sacrificio de ganado y montar monopolios! Persiguiendo pobres, gentes del común. Acabando carniceros por todas partes.</p>
<p>A mí a ratos me llama la atención que las gentes de las zonas urbanas de Colombia no entiendan que esto también es con ellos. No por solidaridad. No porque pobrecito el campesino, o el empresario agrícola o el indígena. No. Es que si un país no desarrolla su agro, tampoco puede desarrollar su industria. Aprendamos de Estados Unidos y de Europa. ¿Qué es lo que quiere decir un agro fuerte? Una metalmecánica fuerte, una petroquímica fuerte, una industria de medicamentos veterinarios y de agroquímicos fuerte. Es una industria automotriz fuerte. Es más a quien venderle la producción urbana. No es posible que las ciudades funcionen bien si no funciona el campo. Y es lo que por supuesto está sucediendo. Si aquí no se desarrolla el mercado interno no es posible construir un país. No es posible. Eso son debates históricos que tenemos que volver a dar.</p>
<p>A mí me excusarán mi insistencia quienes no compartan estos puntos de vista, pero que más hacemos. Yo llevo aquí ya siete años, y esto es como hablarles a las piedras, les digo francamente. Pero allá los campesinos y las gentes del agro se están arruinando, se están empobreciendo, están sufriendo. Entonces qué: ¿no digo nada, me quedo callado, me hago el loco? Para mí esto incluso es más aburrido que para los que me oyen. Pero es la realidad, qué hacemos. Y me llaman de todas partes: senador Robledo, senador Robledo, senador Robledo, y estoy seguro de que a ustedes, senadores, también los llaman. Porque todo el mundo en política tiene amigos en el campo. Nada se resuelve. Ahora seguro que el señor ministro va a hacer una lista exhaustiva de cada bombillo, de cada galón de gasolina, de cada diez pesos que ha dado, y seguro que la lista es larga. Pero eso no resuelve los problemas nacionales, que son estructurales. ¡No se resuelven así! La pobreza de Córdoba, esa región tan cercana al presidente Uribe, donde tiene El Ubérrimo, da ganas de llorar, los indicadores se parecen a los de África. Lo mismo ocurre en toda la Costa Atlántica. Hay que ver esas bellas tierras, esas capas vegetales, que a ratos dan ganas como de sacar un cuchara y pegarles el mordisco. ¡Nada! En la especulación inmobiliaria. De vez en cuando un vaca ahí, flaca, para pagar un mayordomo, y los dueños esperando a que esa tierra valga algún día más plata, porque ese es el negocio. Aguas de sobra. Gentes de sobra. Es que aquí lo único que tenemos es gente que sabe trabajar la tierra. Y no la dejan las políticas del gobierno. Las políticas gobierno no se lo permiten. Es la triste realidad.</p>
<p>Concluyo recordando la figura que usé al principio: tenemos el peor equipo del mundo. Me refiero no a los agricultores sino a la gente del gobierno. Un equipo que en la competencia global, que es en lo que estamos, no mete ni un gol y se los deja meter todos. Nosotros se lo advertimos, no se metan en eso, pero bueno, se metieron. Ahora con los gringos y las trasnacionales aplaudiendo. ¡Felices! Con razón el presidente Bush dijo un día que el doctor Uribe le daba más que lo que ellos pedían. Yo sí creo que les dan más que lo que piden. No solo por las bases militares estas de ahora sino por toda esta política agropecuaria, absolutamente desastrosa.</p>
<p>Quiero por último informarles que hay mucha molestia social entre los campesinos colombianos. Están ofendidos. Los han maltratado durante demasiado tiempo. Y en este gobierno especialmente. Ya se hizo una reunión muy grande en Riosucio, Caldas, como con mil y pico de delegados de todo el país, campesinos, gente pobre, esos que nunca salen en la prensa, ni en la televisión, ni en ninguna parte, además de indígenas de toda Colombia. Y han decidido empezar una lucha para llamar la atención y para decir “qué van a hacer con nosotros”. Vienen además haciendo reuniones regionales, parecidas a las que hicieron cuando la prohibición del comercio de leche cruda. Prohibición que sigue ahí, porque siguen teniendo en la mira a los de la leche cruda. Y el 19 de agosto va a haber jornadas en toda Colombia. Ojalá los colombianos sean sensibles ante eso y pongan los ojos sobre esta dolorosísima realidad. Y el Congreso, senadores, ojalá hoy nuevamente se aprobara en esta Comisión una proposición que le dijera al gobierno nacional que esa política de medidas sanitarias es una política absurda, inaplicable, contraria a la realidad nacional, que golpea a los pequeños y medianos y enchapa en oro a los monopolios y a las trasnacionales. El deber del Estado no estar del lado de los poderosos que todo lo tienen y todo lo pueden, sino es deber, piensa uno, estar del lado de los débiles, que en Colombia padecen tantos sufrimientos.</p>


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</ol></p>]]></content:encoded>
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		<title>El debate de los agrocombustibles debe hacerse con toda seriedad.</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 21:52:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>irene</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate con el ministro Andrés Felipe Arias Leyva sobre agrocombustibles, Comisión Sexta del Senado, diciembre 5 de 2007</strong></p>
<p>Empiezo llamando la atención, senadores y colombianos, en que este es una debate más importante y serio de lo que insinúa el Ministerio de Agricultura. Es un tema de debate mundial.</p>
<p>Pero antes de entrar en materia, debo comentar esto del tiempo de las intervenciones de los ministros y los congresistas en los debates de las comisiones. No es por molestar que reclame el derecho mío y el de los senadores a hablar. Es porque es un derecho. Y me parecen intolerables las astucias de los ministros, que llegan aquí a manejar los debates como se les antoja y a tomarse el tiempo que se les da la gana y a no respetar a los presidentes de las comisiones. El tiempo mío no es una limosna que me regala un ministro. Estoy aquí en representación de decenas de miles de electores, y lo mismo les sucede a los demás congresistas. Entonces no es que el tiempo que le sobra al ministro se lo regalan a los congresistas. Y obvio que esto tiene que ver con la democracia, porque tiene más facilidades para demostrar sus aseveraciones, así sean falsas, quién dispone de más tiempo que quien apenas cuenta con unos pocos minutos. Y siempre la misma astucia del ministro de Agricultura, siempre a abusar del tiempo, a aprovecharse, la avivatada de coger más tiempo. Y cuando yo le reclamo que respete el tiempo de la Comisión y de los demás, me monta un pleito y dice que es que yo soy intolerante. Muy vivo, me recuerda a esos que se cuelan en las fiestas y cuando el dueño de la casa los va a sacar, le montan un alegato de que por qué es tan grosero.</p>
<p>Segundo, ministro, siempre en todos los debates con usted en temas del agro, siempre, termina metiendo una infamia, una bellaquería contra el Polo Democrático Alternativo, así del tema de la violencia no se esté hablando. Podemos estar hablando del tema agrario mostrando los desastres agrarios de la política oficial, que es la peor de todas las políticas de Álvaro Uribe Vélez, y él siempre sale con una infamia, una bellaquería contra el Polo. Pero le repito lo que le he dicho varias veces, ministro, no es inteligente escupir hacia arriba, porque sabemos lo que pasa. No es inteligente que saque ese cuento quien hace parte de un gobierno absolutamente cuestionado a escala mundial, un gobierno a cuyo jefe, al que usted quiere tanto, desairó el ex vicepresidente Gore, de Estados Unidos, porque le dio vergüenza dejarse tomar una foto con él. No se sabe cuánta de la gente que usted ayudara a elegir está en la cárcel y otros están haciendo fila, para venir usted a sacar pecho contra el Polo Democrático Alternativo, contra el que no hay nada distinto a sus infamias.</p>
<p>Lo tercero es que Agro, Ingreso Seguro no era tema de este debate, porque uno no puede levantar la tesis insostenible, ministro, de que como todo tiene que ver con todo, entonces usted trae y mete aquí en los debates lo que se le ocurra para impresionar a la galería. Ahora solo falta que nos diga: como esto de los biocombustibles tiene que ver con la gasolina y los aviones vuelan con gasolina, entonces déjenme echarles media hora de discurso sobre la política oficial en la aeronáutica. En un nivel de estos no caben esas astucias. Pero sobre AIS usted ahí sí silenció, y por eso hice una cara que le molestó, la cantidad de crédito a los pobres. Les voy a dar las cifras que me envió esta semana Finagro, según el cual, el 46% de los créditos de AIS está concentrado en créditos de más de 500 millones de pesos. Dice también Finagro que en créditos de menos de un millón de pesos está apenas el 0,07%. Que el 33% de los créditos está en créditos de más de 1.500 millones de pesos. Y el ministro aquí, con la astucia que lo caracteriza, viene a manipular las cifras para ocultar la concentración del crédito, propia de un régimen plutocrático.</p>
<p>Colombia, metida en agrocombustibles porque la negociación del TLC fue un fracaso</p>
<p>Ahora sí a lo que vinimos. Este es un tema complejo. En principio a uno le dicen producir y a quién no le suena, y más en el caso mío, que me la he pasado toda la vida defendiendo la producción agraria de un país cuyos gobiernos, sin excepción, empezando por este, la han perseguido a muerte. Sobre este tema he hecho dos o tres debates que aparecen publicados en mi penúltimo libro. Producir suena muy bien y uno entonces se pregunta: ¿Por qué hay un debate mundial sobre esto de los agrocombustibles? Porque la cosa es más compleja de lo que parece. ¿Por qué el señor Rudolf Hommes, que no es del Polo, escribió en estos días un artículo en El Tiempo diciendo, y esto cómo es, por qué no lo miramos más despacio? ¿Por qué el señor José Leibovich, de la junta directiva del Banco de la República, jefes suyos, ministro, están planteando que este es un tema que se debe mirar con detenimiento y no con discursitos baratos para la galería?</p>
<p>Miren ustedes el documento sobre agrocombustibles publicado el 3 de diciembre, ayer o anteayer, nada menos que por el Fondo Monetario Internacional, allá donde usted trabajó, ministro, y este probablemente fuera su jefe, el señor Simon Johnson, consejero económico y director del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional El precio (de los alimentos) del éxito. Y miren lo que dice Johnson, que les prometo que no es del Polo y menos tiene cosas indebidas que ocultar para confundir el asunto. Dice que los agrocombustibles a escala mundial –no exceptúa a Colombia, ministro, no diga esas parroquialidades de que Colombia está exceptuada de las tendencias mundiales, porque queda mal entre su propia gente– pueden disparar los precios de los alimentos, porque además los precios de los alimentos en plena globalización y “libre comercio” están determinados por los precios mundiales y más con las medidas que están tomando. Yo he bregado a que no sea así, pero usted, ministro, está bregando a que sí sea así. Y por eso ha subido el precio del trigo lo que ha subido en los últimos años. Destruyen el agro con el cuento de que vamos a importar comida barata y cuando la comida no es barata, entonces siguen teniendo la razón.</p>
<p>Segundo punto del Fondo Monetario Internacional. Dice: comida cara, aumento de los costos de producción, es decir, inflación. Esto usted lo sabe bien, ministro. Y además dice el FMI que el mayor impacto del alza de los precios y en las tasas de interés va a ser en los países pobres de la Tierra. Los precios altos y todo este lío de subir tasas de interés, de hacer menos competitiva a Colombia, va a golpear principalmente a los países pobres de la Tierra, donde está Colombia, aumentando también el hambre en las zonas urbanas del mundo. Sobre las zonas rurales, dependiendo de la situación en la que usted esté, o le aumenta el hambre, o de pronto vende un poco más caro. Y aquí es donde empieza la discusión clave: cuál es la composición del agro nacional, cuántos de los colombianos que viven en el agro van a ganar con un incremento de los precios de los alimentos y cuántos van a perder. Y cuánto vamos a perder en competitividad. Resulta que uno va y mira el agro colombiano y un porcentaje inmenso de las gentes que viven en el campo no son autosuficientes ni están metidos en productos de mercadeo internacional, sino en cultivos de pancoger. Y es a ellos a quienes va a golpear el precio de los alimentos. Esto se podrá discutir, pero es el primer problema que tenemos. En resumen, esta es una política bien discutible a escala mundial, ministro. Y no puede sacar a Colombia de las tendencias mundiales. Otro día hacemos un debate más largo. Por hoy me voy a limitar al tiempo que nos dieron.</p>
<p>¿Por qué terminamos metidos en Colombia en los agrocombustibles? Porque la negociación del TLC fue un fracaso. Colombia ha debido aumentar sus exportaciones de azúcar a Estados Unidos, para empezar, en medio millón de toneladas, porque los gringos no son competitivos en azúcar. Y por la mala negociación de este gobierno y del ministro Arias, vemos que el único de los productos rurales que nunca se desgravarán con el TLC, ¿saben cómo se llama? Azúcar. El único producto en el que Colombia podía ganar con certeza en el TLC no se desgrava con el TLC. Pero los gringos sí nos metieron que en el año nueve nos van a entrar importaciones de jarabe de maíz, un tipo de endulzante que golpea la producción colombiana de azúcar. Y lo otro que no dice el ministro es que la negociación del TLC fue también malísima para la palma africana, porque van a entrar importaciones de soya y sus derivados. Como lo han explicado ya los analistas, la palma africana quedó tan mal negociada, que si las cosas se dejan como están, los palmeros van a perder plata.</p>
<p>Los costos de los agrocombustibles</p>
<p>¿Cómo son los costos de los agrocombustibles en Colombia? Esto me lo certificó usted mismo, ministro. ¡Raro, porque aquí acaba de decir otra cosa! Pero esto me lo certificó usted el 17 de septiembre pasado, aquí tengo el documento. ¿Qué me dijo usted el 17 de septiembre con respecto a los precios de los agrocombustibles? Porque aquí lo que vamos a discutir es si son para exportar o son para el mercado interno. El ministro siempre insinúa que son para exportar. Vamos a mirar si es cierto. Me certificó el Ministerio: precios de alcohol carburante Colombia-Brasil, 1,78-2,09 dólares en Colombia y en Brasil 1,26. Y usted también sabe, ministro, que Brasil exporta haciendo una escala en Las Antillas para evadir el arancel que le cobran en Estados Unidos. Pero en todo caso ni con este precio Colombia puede exportar alcohol a Estados Unidos. Y en aceite de palma, lo que usted me certificó, ministro, fue 1,27-2,03 de Colombia contra 1,36 de Brasil, o sea, Colombia tampoco puede exportar aceite.</p>
<p>Pero además aquí hay un hecho grueso: ojalá pueda exportar Colombia, pero hoy Colombia no está exportando un galón de agrocombustibles. Todos los agrocombustibles se están produciendo para el mercado interno y con inmensos subsidios. Los solos subsidios por la vía del precio y de los gravámenes a la gasolina, en el caso del alcohol carburante, valen 153 millones de dólares al año. Para no mencionar los otros que sabemos de rebaja en impuesto de renta y zonas francas especiales, etc., que también son subsidios, ministro, como usted lo sabe. Y la palma africana, el Acpm a partir del aceite de palma probablemente va a tener subsidios superiores. Luego podemos estar hablando de un negocio que va a operar con 300 ó 400 ó 500 millones de dólares al año en subsidios. No tengo una posición de principios contra los subsidios, eso lo saben los agricultores, pero sí hago una pregunta: ¿Por qué estos subsidios sí son buenos, ministro, y por qué subsidiar a los paperos, a los maiceros, a los arroceros, a los propios ganaderos, sí resulta malo? Es probable que haya alguna explicación, ministro, ojalá usted me diera alguna. Pero además, para pagar un combustible más caro que lo que vale en el mercado mundial, porque esta es la otra historia. Yo sostengo, producir es muy bueno, pero cuando alguien me dice: qué opina usted de producir un bien más caro del que se puede conseguir en otra parte o en Colombia y además tenerlo que subsidiar, ya pienso que la discusión se empieza a complicar.</p>
<p>¿Por qué estos subsidios? Lo dejo simplemente planteado y lo discutiremos otro día en mi Comisión. Llamo la atención a los colombianos sobre la importancia de este debate y de cómo es un asunto más complejo de lo que insinúan las frases del ministro aquí, para confundir a unos cuántos campesinos por ahí en algún rincón de Colombia.</p>
<p>¿Y cómo se distribuyen los subsidios, ministro? En el caso único que tenemos, el del alcohol carburante, porque no hay todavía producción de diesel de palma, resulta que los cinco ingenios azucareros se quedaron con todos los subsidios, porque no subieron el precio de compra de caña al cultivador, o si no, pregúntele a la gente de Procaña, que los agremia. Aquí hay dos sectores, Asocaña son los ingenios, el capital monopolista, y Procaña son los cultivadores de caña, empresarios de cien, doscientas o hasta más hectáreas. Bueno, a eso colombianos no les subieron el precio de la caña. En otras palabras, toda la plata de los subsidios del alcohol se fue para los intermediarios, en este caso los ingenios.</p>
<p>También aquí me echaron el cuento de que había que hacer esto de los agrocombustibles por los empleos. Bueno, ¿qué hay en este momento funcionando en el Valle del Cauca? Están sustituyendo el corte manual por corte mecánico con unas máquinas que desplazan a los trabajadores. ¿Cómo se va a distribuir la plata del subsidio? Porque este negocio no es solamente entre privados, aquí está la plata del Estado jugando.</p>
<p>Menciono un último hecho al que tampoco usted hizo ninguna referencia. Hay un una destilería grande en Codazzi produciendo alcohol carburante, ¿saben con qué? ¡Con maíz importado! Repito, ¡con maíz importado! ¿Y entonces en qué queda, ministro, la teoría de que todo esto es para ayudarle al agro? La ley que obliga a sustituir en parte la gasolina y el Acpm con los agrocombustibles puede ser con productos importados. Aquí podríamos terminar en el absurdo de terminar nosotros subsidiando el alcohol brasileño o gringo o de cualquier parte. Y ya hoy, al estarse produciendo alcohol con maíz importado, se está subsidiando a los agricultores gringos.</p>
<p>Dejo simplemente el punto planteado, porque este es un tema que da para muy largo, por lo extremadamente complejo. Y con toda cordialidad, les hago un llamado a los uribistas a que miren con seriedad las cosas. Son temas de Estado, temas graves en la vida del país, decisiones fundamentales que tienen que ser discutidas con toda seriedad y con las cartas encima de la mesa, no con frasecillas huecas, debatidas sin agredir a los contradictores y sin bregar a dejarlos sin tiempo para que expongan sus razones.</p>


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		<title>El del Etanol, un Negocio con Enormes Subsidios e Impuesto a Dedo por el Estado.</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 21:47:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>irene</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><em>Ocho millones de colombianos en la indigencia desnudan el fracaso de la política agropecuaria</em></p>
<p><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate al ministro de Minas y Energía sobre agrocombustibles y política agropecuaria, Comisión Quinta del Senado, 22 de</strong>&#8230;</p


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			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Ocho millones de colombianos en la indigencia desnudan el fracaso de la política agropecuaria</em></p>
<p><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate al ministro de Minas y Energía sobre agrocombustibles y política agropecuaria, Comisión Quinta del Senado, 22 de septiembre de 2009</strong></p>
<p><em>El gobierno impuso un director de bolsillo en la Federación de Cafeteros. Protesta por el maltrato del ministro de Defensa al presidente del gobierno español. Los arroceros se están quebrando. En Colombia hay ciudadanos de primera y de segunda clase. El del etanol, un negocio altamente subsidiado. Se subsidia a unos pocos y al resto se les deja que se arruinen. El subsidio al etanol no les llega ni a los colonos ni a los corteros. Despidos colectivos en los ingenios del Valle del Cauca. El gobierno embarcó a los paneleros en el alcohol carburante de una manera irresponsable. ¿Cabemos o no todos en este país? El gobierno permite importar leche en polvo cuando hay sobreproducción de leche líquida. Pobreza rural, 65 por ciento. Ocho millones de colombianos en la indigencia. Lo del alcohol carburante fue manejado por el gobierno de manera irresponsable. Colombia tiene perdida la seguridad alimentaria. Con agrocombustibles se abre el dique a mayores importaciones de comida.</em></p>
<p>Antes de entrar en materia, una cuña, con su venia, señor presidente. El próximo 27 de septiembre, el Polo Democrático Alternativo va a hacer consulta para escoger nuestro candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de mayo del año entrante. Aprovecho para contar que pueden votar polistas y no polistas. Y entre los candidatos, el mejor a mi juicio es el doctor Carlos Gaviria Díaz, un colombiano de unas calidades excepcionales, por quien invito a mis compatriotas a votar. Carlos Gaviria representa exactamente lo contrario de lo que los colombianos detestan de tanto político. Carlos Gaviria es una persona honrada a toda prueba, un demócrata y un patriota de verdad y, además, un fenómeno político, lo que tiene muy bravos a algunos comentaristas, que mienten y lanzan calumnias contra él. Una persona que sacó 2.600.000 votos en las elecciones de 2006 está capacitada para ser el mejor candidato que pueda aparecer en Colombia en las próximas elecciones para derrotar a Álvaro Uribe o a quien Álvaro Uribe ponga a representarlo.</p>
<p>Lo segundo, repudiar la conducta del señor presidente de la República cuando impuso en la Federación de Cafeteros una terna de uno, lo mismo que está haciendo en la Fiscalía, para hacer nombrar en la Presidencia a Luis Genaro Muñoz. Ese tipo de procedimientos es inaceptable. La Federación es un gremio con cuyos directivos he tenido contradicciones, pero aun así, exijo que se respete el derecho de los miembros a elegir en la dirección a quien quieran y no a quien se le antoje al presidente Uribe. Es el estilo que se emplea con todos los gremios y es lo que explica en buena parte los líos con los recursos parafiscales. Como el gobierno los tiene de la corbata, porque manejan recursos parafiscales, les impone directores de bolsillo, como acaba de ocurrir en la Federación de Cafeteros. Lo repudio enérgicamente, como repudio el chiste flojo hecho hoy por el doctor Gabriel Silva, ministro de Defensa, que maltrata al jefe de gobierno de España. Cómo es posible que el ministro de Defensa de Colombia le grite al presidente del gobierno español, “¡Zapatero, a tus zapatos!” Y todavía peor la disculpa: “Lo que pasa –dice el doctor Silva–, es que yo estoy acostumbrado a hablarles a los campesinos cafeteros”. ¡No, respeten a los cafeteros, que pueden ser pobres, pero son gente muy decente! Además, si se siguen maltratando así las relaciones con los demás países, no sé a donde vayamos a parar. Esta clase de ofensas le hacen daño a Colombia. Necesitamos un gobierno tranquilo en las relaciones internacionales. Hablan todo el día de globalización, pero no son capaces de relacionarse con el mundo. Ahí acaba de hundirse otra vez, cosa que me alegra mucho, el TLC Canadá-Colombia. Lo pusieron en votación en el parlamento de Ottawa y al gobierno le tocó recogerlo porque se le iba a hundir. Crece el repudio en el exterior al gobierno de Álvaro Uribe.</p>
<p><strong>Ciudadanos de primera y de segunda clase</strong></p>
<p>Lo otro es el tema del arroz. No estuve en su despacho, señor ministro, y espero que no se le vaya a ocurrir siquiera plantear que quien no vaya a su despacho es porque no está interesado en los asuntos del agro. Que no se haga creer que aquí los únicos que tienen derecho a opinar son quienes pasen antes por su despacho. Mida lo que afirma, porque el senador Jaramillo está haciendo un reclamo justo. Usted puede echar el cuento que quiera, pero el hecho es que los arroceros se están arruinando y perdiendo los ahorros de toda la vida, una situación que afecta también a los habitantes de las regiones productoras. No puede ser que la agricultura esté tan mal y aquí siga primando la soberbia, eso de que se asusten los senadores, porque aquí está el ministro. Se están quebrando los arroceros colombianos. Ya en el Meta han salido dos veces a bloquear las calles con sus tractores, una prueba de que la gente está desesperada. El ministro aduce que no es culpa de las políticas, sino del ciclo económico. Es otro debate de fondo que tenemos con ustedes los senadores de la oposición sobre cómo manejar el agro, si dejamos que los ciclos arruinen a los productores o si volcamos los recursos del Estado a protegerlos. Vean si en Estados Unidos o el Japón, los gobiernos dejan que los ciclos acaben con el agro. Y vamos a verlo ahora aquí en el caso del alcohol carburante. En Colombia hay unos a quienes el Estado no los deja quebrar y otros a quienes abandona a su suerte, porque aquí aparecieron ciudadanos de primera y de segunda categoría. Si los paneleros y los arroceros se quiebran, el gobierno sale a decir que son unos irresponsables, que no saben de nada, mientras que los dueños de los grandes ingenios productores de alcohol carburante resultan siendo unos ciudadanos de primera clase, a los que el gobierno les arma todo un cuento para que no vayan a perder un centavo.</p>
<p>El contrabando de arroz ¿no es acaso responsabilidad del gobierno nacional? Cómo es eso de que unos delincuentes llenan el país de arroz de contrabando que arruina a los productores colombianos mediante una actividad criminal, y el gobierno nacional se queda con las manos cruzadas. Ahora, nosotros no le estamos hablando solo a usted, ministro. Usted no puede disculparse ante esta Comisión aduciendo que es culpa del general Naranjo o del ministro del Interior. Usted verá a quien le pasa la pelota, pero quien está sentado respondiendo ante esta Comisión en nombre del gobierno es usted, y usted debió haber hecho un escándalo nacional para que ese contrabando no entrara, porque cómo van a competir los productores nacionales con una inundación de arroz incontrolada. Usted sabe muy bien que en los productos agropecuarios, un exceso de oferta, así sea pequeño, hunde los precios. Y más habiendo, como usted sabe que lo hay, un oligopolio de compradores que ha hecho siempre lo que se le da la gana. Son las anomalías que el gobierno nacional no corrige, porque el libre mercado y todo eso, como dicen ustedes. Ese es el debate. Nosotros quisiéramos que no hubiera libre mercado en el arroz, como no lo hay en alcohol carburante. Si hubiera libre mercado, no existiría el negocio del alcohol carburante.</p>
<p>Nosotros le pasamos al ministro de Minas un cuestionario desde el 8 de septiembre, hace más de quince días, sobre asuntos atinentes a este debate, preguntándole en particular cómo fue que subieron y bajaron los precios del alcohol carburante, un fenómeno que aún no se le explica al país. Nunca se supo por qué los precios estaban inflados y cuando les protestó un exdirectivo del Banco de la República, el gobierno corrió a bajarlos, manejando el país en cierto sentido como una tienda. Desde hace dos meses se lo estoy preguntando al ministro Martínez y no he podido que me responda. No entendemos aquí que no vengan los ministros a los debates, que tampoco nos respondan los cuestionarios y que nos manden a un funcionario subalterno a que diga dos o tres cosas.</p>
<p>Y por último, tengo que repudiar también que Xtrata, Glencore y BHP Billinton, unas trasnacionales poderosísimas dueñas de El Cerrejón, estén persiguiendo a los trabajadores del carbón en La Guajira. No se puede aceptar que se lleven el carbón pagándole al país unas regalías insignificantes y gocen de todo tipo de exenciones tributarias, y no les permitan a los trabajadores ni siquiera organizarse en sindicatos. Quisiera haber tratado esta denuncia con el doctor Martínez, que además trabajó con la Exxon quince o veinte años en El Cerrejón.</p>
<p><strong>El del etanol, un negocio altamente subsidiado</strong></p>
<p>Sobre el alcohol carburante, el tema del debate, lo primero que hay que explicarles a los colombianos es que es un negocio de subsidios. Se trata de un hecho que se le oculta cuidadosamente a la opinión pública. Si el alcohol carburante se dejara a lo que el gobierno llama las fuerzas del mercado, a la libre competencia y a la libre empresa, no existiría el negocio. Primero, porque el alcohol carburante colombiano es carísimo, uno de los más caros del mundo. Colombia, 3,38 dólares; Brasil, 2,46, y Estados Unidos, con subsidios, 1,53. No voy a hacer referencia al agrodiesel para no hacerme largo.</p>
<p>Colombia no ha exportado un pocillo de alcohol carburante. ¿Por qué entonces hay negocio de alcohol carburante? Porque un día el gobierno nacional, porque quiso, decidió obligar a los colombianos a echarle alcohol carburante a la gasolina. No es el mercado el que obliga a que eso se haga, porque este alcohol es mucho más caro que la gasolina. Si se le dejara al ciudadano como una opción echarle o no alcohol carburante a los carros, no existiría el negocio, porque sus costos de producción son mayores. Entonces qué es lo que se hace. Que el gobierno nacional dictamina que hay que mezclarlo, con teorías buenas, regulares o malas, esa no es la discusión por ahora. Lo que quiero dejar en claro es que se obligó a los colombianos.</p>
<p>¿Cómo resuelven el problema de la diferencia de los costos entre el alcohol y la gasolina? Lo resuelven quitándole al alcohol los impuestos que sí gravan a la gasolina. Le quitan el IVA, la sobretasa y el global. Ese es el subsidio de que hablo, así el ministro lo niegue ahora. Los huecos que abundan en las calles de la capital tienen que ver con estas medidas, porque una parte grande del subsidio que se les da a los ingenios que producen alcohol carburante es plata que debería ir al Distrito para gastar en pavimentación. El impuesto es la sobretasa. Bueno, y el IVA afecta los recursos públicos de otras maneras. Hay sitios donde no se construye una escuela o no se hace un hospital porque este gravamen no se le está cobrando al alcohol carburante. En resumen, es lo primero que quiero dejar aquí claro, este es un negocio de subsidios. Las cuentas no las dan y son difíciles de hacer, pero calculo que puede estar en 100 ó 120 millones de dólares al año, sin contar los demás subsidios que se les otorgan a los ingenios, por inmensos descuentos tributarios por instalación de las plantas, para importación de equipos, por generación de energía eléctrica, les caben normas de zonas francas, contratos de estabilidad jurídica, ICR, o sea, es un negocio en el que ciertos colombianos son llevados de la mano por el Estado.</p>
<p><strong>Se subsidia a unos pocos y al resto se deja que se arruinen</strong></p>
<p>El ministro dijo que había sobreproducción de azúcar y, en consecuencia, había que inventarse qué hacer con los excedentes. Era entonces mejor consumir el azúcar en Colombia convertida en alcohol carburante y subsidiada por el Estado que seguir vendiendo azúcar a pérdida. Los arroceros, lecheros y paneleros no tuvieron la misma suerte. Ante la sobreoferta, lo que el gobierno les dijo es que no sembraran más arroz y que tumbaran la caña sobrante. A los del azúcar les anuncia en cambio que les van a montar un negocio subsidiado. Argumentan que por el beneficio al medio ambiente. Cuentos. Hay cinco mil estudios que ponen en duda sus beneficios. Nos alegan que el subsidio va a aliviar la suerte de los corteros. Ahora voy a hablar de la situación que viven los corteros.</p>
<p>Quiero dejar una constancia. Yo no me opongo a que el Estado intervenga. Puede incluso que este sea un negocio razonable. Pero yo sí les pido que le expliquen al país el negocio tal cual es, con toda franqueza, y que sobre todo nos expliquen por qué hay gente del agro que recibe un maltrato del Estado y otros un privilegio. El del trigo que se arruine, el del azúcar no. Dejo entonces en claro que la política agraria del gobierno tiene un sesgo que a mí me preocupa. Dependiendo del producto, hay que salvar al productor al costo que sea para el Estado o dejar que se arruinan porque son unos ineficientes, y qué le vamos a hacer.</p>
<p>¿Cómo se están repartiendo la plata del subsidio? Si hay un subsidio tan elevado para cinco grandes ingenios, ¿cómo se distribuye? Es bueno que sepan que una parte muy grande de la caña en el Valle del Cauca no es sembrada por los ingenios, sino unos agricultores dueños o arrendatarios de la tierra y allá denominados colonos, asociados en Procaña. Desde que empezó este negocio, los colonos han estado insistiendo en exigir que les mejoren el precio de la caña. Preguntan por qué en el negocio del alcohol carburante no vamos como debiéramos ir y son los ingenios, los grandes monopolios, los que se quedan con todo el negocio. No se ha podido. Ahí sí no interviene el Estado, que ante ese pleito, hoy en los tribunales, sale a aducir la libre empresa. Ahí yo no me meto –dice– ese es un negocio entre los productores de caña y los ingenios azucareros.</p>
<p>Lo mismo ocurre con los corteros. Supimos el paro grande que hicieron el año pasado. ¿Qué es lo que finalmente piden? Que les suban el sueldo. Y uno se pregunta: con este subsidio tan elevado que están recibiendo los ingenios, ¿por qué no les suben el salario a los trabajadores? Sería sensato. Que si el Estado va a subsidiar, que a todo el mundo le toque algo. No solo a los ingenios, sino también a los corteros. Pues no es así. Aquí se acordarán los más viejos, el senador Jaramillo, que lleva como yo dos períodos, que el ministro nos sacó el argumento de que el subsidio iba a servir para proteger el empleo de las zonas azucareras. Y miren lo que están haciendo hoy los ingenios, mecanizando el corte. Están comprando unas máquinas descomunalmente grandes, me imagino que con el ICR, el descuento tributario, para poder echar a la calle a un número importante de asalariados. De manera que la teoría que aquí nos echaron sobre el estímulo al empleo está seriamente cuestionada, porque lo cierto es que los están despidiendo. Vuelvo y pregunto, ministro. ¿No debiera intervenir el gobierno? Con un desempleo como el que azota al país, con la pobreza en el Valle del Cauca, y van a coger a cientos de corteros y los van a echar a la calle para que los ingenios se ganen unos pesos más. Es la pregunta del millón en todos mis debates: ¿cabemos todos o no en este país? O aquí el punto es ser bien amigo del gobierno y conseguirse un trato de privilegio y los demás que chupen, como se dice coloquialmente.</p>
<p>Es el mismo caso de la leche. Se dice: es que llovió mucho y hay mucha leche. Primero, sobra la leche porque hay mucha miseria, ministro. Si los niños de Colombia tomaran leche, no sobraría un litro. Y segundo, por un factor que ustedes no mencionan y yo sí: estamos importando leche en polvo. ¿Cómo es posible que el gobierno permita importaciones cuando hay excedente? Me va usted a decir que no es mucha, pero usted sabe o debería saber, porque ya lleva un tiempo en el Ministerio, que una importación, así sea relativamente pequeña, tumba los precios. Y peor aún, estamos importando lactosueros, una especie de basura láctea que queda de la producción de quesos y que se importa a muy bajo precio. Aquí se nos replicará que la ley prohíbe mezclar el lactosuero con la leche, pero lo cierto es que hay importaciones. Y agradezcan, lecheros de Colombia, que le tenemos parado al gobierno el TLC, porque o si no, ya estaría arruinada la producción de leche con el régimen de libre importación de lactosueros desde el primer día de vigencia. Fedegan y Analac le advirtieron al gobierno que no se podía firmar. A los lecheros sí se los abandona a su suerte. Que padezcan el ciclo económico, como se dice, unas veces con lluvias y otras sin ellas, unas veces con precios altos y otras con precios bajos. No, ministro, a ustedes los pusieron aquí para que enfrenten los ciclos. Ese es el gran debate.</p>
<p><strong>Pobreza rural, 65 por ciento</strong></p>
<p>El ministro nos presenta un agro perfecto. Pues yo les quiero dar las últimas cifras del gobierno sobre pobreza rural. Ya lleva ocho años el doctor Uribe y quiere otros cuatro. Es lo más curioso del mundo. Como fracasan, hay que reelegirlos. 2008, cifras oficiales, pobreza rural: 65 por ciento. Sesenta y cinco de cada cien habitantes en la zona rural viven en la pobreza. ¿Y saben cuánta es la indigencia? 32 por ciento. Y el ministro nos dice aquí que el agro está muy bien y que él quiere mucho a los campesinos. Yo he llegado a pensar que mucha gente quiere al gobierno, en medio de su confusión, porque han terminado concluyendo que maluco también es bueno. Como no hay plátano, se aprende a comer cáscara de plátano, y se sonríe. Dicen que Colombia es uno de los países más felices del mundo y probablemente sea cierto. Pero están comiendo cáscara de plátano, porque la miseria rural es espantosa.</p>
<p>Toco el tema de la panela. No sé cuantas veces haya hecho yo aquí este debate. Lo repetí en la zona del río Suárez ante una asamblea de más de mil paneleros. Les dije, ojo con lo del alcohol carburante, que el gobierno lo está manejando de manera irresponsable. La primera vez que habla el doctor Uribe de agrocombustibles es un 20 de julio, creo que del segundo año de gobierno. Promete alcohol carburante para los ingenios azucareros del Valle del Cauca. Y después arrancan a hacer demagogia diciendo que se iba a producir alcohol carburante en toda Colombia. En un pueblo a seis horas al sur de Neiva, allá en su tierra, senador Artunduaga, vinieron a contarme unos campesinos, senador, ya hemos sembrado harta caña, ¿pero ahora cómo montamos la planta de alcohol carburante? ¡Cómo así que el doctor Uribe va a todas partes a inaugurar lo que sea y nada importa! Llevo cinco años advirtiendo que el tema de la panela debe manejarse con absoluta responsabilidad para evitar la sobreproducción, porque a raíz de la crisis del café, mucha gente se pasó a la panela. Nadie habla por los paneleros en Colombia y el gobierno permite de una manera irresponsable que se traslade a la panela cuanto arruinado haya. Pues el gobierno se fue a hacer demagogia a la hoya del río Suárez para que se montara la destilería. Yo aquí hice la ironía. Dije que el doctor Uribe ponía tantas primeras piedras de esos ingenios, que lo que iban a terminar poniendo era una cantera. La situación actual es responsabilidad del Estado. ¡Cómo no van a ser responsabilidad del Estado unos campesinos que no tienen acceso a la literatura económica ni a la información, gente sencilla del común! ¿No es responsabilidad de los ministros y viceministros explicarles, educarlos, ayudarles?</p>
<p>Expliqué con cifras en la mano y muchas veces que las destilerías en la hoya del río Suárez no eran competititivas frente a los grandes ingenios del Valle del Cauca. Es la realidad, ministro, a no ser que ustedes subsidien a los del río Suárez, pero es lo que tampoco hacen. Es caña de ladera contra caña de tierra plana, monopolios contra pequeña producción, alta tecnología contra producción casi artesanal, ¿y son competitivos? Son puntos que yo he explicado aquí y el gobierno no puede alegar que no las sabe. Y siguen derritiendo azúcar. No se ha acabado con los derretideros.</p>
<p><strong>Colombia tiene perdida la seguridad alimentaria</strong></p>
<p>Y entre otras cosas, ¿por qué hay tanto cultivo de caña de azúcar en el Valle del Cauca? Porque como dedicaron al país a importar maíz, soya, algodón, sorgo, de todo lo que se producía en el Valle del Cauca, todo el mundo se tuvo que meter a la caña, senador Reyes, no hay otra alternativa distinta. Es el conjunto de la política agropecuaria lo que está fallando. Y vienen importaciones de jarabe de maíz y edulcorantes sintéticos e incluso están llegando importaciones de azúcar. La política agropecuaria debe ser vista en conjunto y yo no le voy a aceptar, ministro, que la coja y la parta en pedacitos. Todo se ve afectado por las medidas. La primera pregunta que le hago es por qué hay tanta caña sembrada en el Valle del Cauca. Por qué no hay maíz en esas tierras de primerísima calidad, mientras que importamos tres millones de toneladas.</p>
<p>Estamos importando diez millones de toneladas de comida y el ministro nos dice que está muy bien el agro. Informa que sobran algo así como cuatro y medio millones de hectáreas. A mi juicio, sobran seis. Pero lo que no explica es por qué con tanta tierra sobrante, estamos importando diez millones de toneladas de alimentos. ¿Por qué no producimos ahí el maíz y el trigo y la cebada que se están importando? Cuando ustedes aquí siguen afirmando que en Colombia no se puede sembrar trigo, en países como Australia vienen investigando cómo sembrar trigo en tierras más bien secas. Desarrollemos la ciencia y la tecnología, eso es lo que hay que hacer.</p>
<p>¿Qué no está perdida la seguridad alimentaria? Sí está perdida. Si en Colombia desaparecieran hoy las importaciones de trigo, no habría pan ni habría pastas. Las de maíz, no habría arepas pero tampoco pollos ni cerdos. Las de cebada, no habría cerveza, que de una u otra manera también es un alimento. Y eso que no ha llegado el TLC. Si algo ha fracasado en este gobierno es la política agraria. Casi se doblaron las importaciones de productos agropecuarios durante el gobierno de Álvaro Uribe, y nos dicen que quieren mucho a los campesinos. Y la indigencia aumentó, lo aclara Planeación Nacional, es decir, ustedes mismos, porque subieron los precios de los alimentos.</p>
<p>En la Comisión Quinta nos echaron ustedes el cuento de que era muy bueno importar la comida porque así se garantizaba que fuera barata. ¡Nada les importaba a ustedes que se arruinaran nuestros campesinos y nuestros empresarios con tal que llegara comida barata! Y resulta que se dispararon los precios internacionales de los alimentos y hay ocho millones de colombianos en la indigencia por culpa de la política oficial. Lo increíble es que fuera un ministro el ejecutor en buena medida de todo este desastre, un ministro que sale dizque de candidato a la Presidencia de la República, con este desastre. Y un viceministro al que ahora se sube a ministro. Qué tal. Qué es lo que les premian. Ahora el ministro me sacará unas cuentas mostrando que le dieron tres pesos al uno, cuatro pesos al otro. Pero aquí hay pruebas reinas. Estamos importando diez millones de toneladas de comida en un país en el que hay tierra de sobra, lo reconoce el mismo ministro, y agua de sobra y agricultores de sobra. Báilenme ese trompo en la uña. Y el gran negocio que nos están vendiendo es el del alcohol carburante, un negocio de subsidios. Que como hay tantas hectáreas de sobra, no importa cómo se utilicen, es en cierto sentido lo que arguye el ministro. Yo le replico: esas tierras que no se están utilizando bien deberían estar produciendo la comida que hoy se está importando, un razonamiento absolutamente elemental. Y el Ministro nos aduce: no, hay que producir alcohol carburante. Y en seguida nos echa el cuento de que producir agrocombustibles en otros países sí es malo, pero en Colombia no. Esa tesis, bastante parroquial, no figura en la literatura económica en ninguna parte. Tampoco la convalidan ni la ONU ni la OEA ni el Fondo Monetario Internacional, ni nadie. Y no lo pueden hacer porque no es cierta. Así haya tierra, la tierra sobra en términos relativos, porque si yo la meto a producir agrocombustibles, empiezo a competir por todos los recursos. Los agrocombustibles también compiten por el recurso crédito, deficitario en Colombia. Una parte grande de la comida no se está produciendo en Colombia porque el crédito se está yendo para los agrocombustibles, que también compiten por mano de obra. Pregúnteles a los cafeteros, ministro, y ellos le dirán que tienen con los palmeros un problema de competencia por los jornales. Usted sabe que es así. Entonces no me diga que no importa producir agrocombustibles, porque sí importa. Y ese es un debate que hay que desarrollar con toda la seriedad.</p>
<p>Antes de que usted fuera ministro, hice yo aquí un debate muy detallado sobre el asunto de los agrocombustibles. Y entre las citas que traje, leí un análisis del consejero económico y director del Departamento de Estudios del FMI, que no es el del Polo, el señor Simon Johnson. El alto funcionario explica con todo detalle por qué los precios de los agrocombustibles encarecen los alimentos, generan inflación y cómo la inflación golpea más a los países pobres, cómo la materia prima pesa mucho más en los precios de los alimentos, cómo la inflación exige políticas restrictivas, es decir, sube la tasa de interés, cómo todo eso termina afectando la tasa de cambio por la venida de dólares desde el exterior, y revalúa la moneda y afecta la competitividad de la producción. Lo expliqué ese día con todo detalle. No voy a repetir el cuento aquí porque me vuelvo muy largo. Pero eso es lo que explica el FMI, y ustedes nos dicen que aquí no pasa nada. No, aquí si pasa. Y con el agrodiesel va a ocurrir lo mismo.</p>
<p><strong>Se abre el dique a mayores importaciones de comida</strong></p>
<p>Quiero mencionar un último hecho, a mi juicio probablemente lo más grave de todo. Esto de los agrocombustibles se volvió la tabla de salvación para no mostrar un desastre agrario mayor. ¿Se imaginan cómo serían las cifras si no estuvieran las hectáreas sembradas de palma para agrocombustibles, ni las de caña de azúcar? Esto de los agrocombustibles es en últimas una política absurda en un país como Colombia, así en otro pueda tener alguna sensatez. Es una estrategia para poder abrirles camino a las importaciones de comida. Es la manera como pueden ocultar que estamos importando diez millones de toneladas de alimentos. Es así como están preparando al país para una mayor avalancha de productos importados. Ojo, arroceros. No solo está el contrabando, nos viene encima el TLC. El gobierno se empeña en imponerlo y van a inundar el país de arroz importando y los van a arruinar a todos ustedes. Eso está sabido desde hace mucho rato. Entonces el gobierno les dice, pásense para el alcohol carburante, que no es alimento, pásense para la palma, un negocio montado sobre subsidios. Es que esto no es asunto de menor cuantía. Lo que está en juego es el alimento, ministro. Si en el mundo estalla hoy una guerra mundial y se rompen las líneas de abastecimiento con Europa y con Estados Unidos, Colombia queda abocada a una hambruna. Los alimentos que queden podrían ser relativamente suficientes, pero habría un disparo de los precios tal que los pobres se morirían de hambre. El ministro, como gran cosa, dice que aquí producimos el ochenta por ciento de los alimentos. Y qué pasa si falta el veinte. ¿Y no son los alimentos fundamentales los que estamos importando? Porque aquí entonces el ministro nos va a meter en el mismo saco arracacha y trigo, ñame y arroz, o ñame y leche, o ñame y carne de cerdo. No, tampoco puede ser así la cosa. Esta política de agrocombustibles, que tiene tanto qué discutirle, tanto que calibrar, tanto que pensar, tiene unos fundamentos absolutamente deteriorados.</p>
<p>Insisto en mi preocupación principal: por qué aquí hay unos que tienen corona. Ahora, si la tuvieran en un producto en el que fuéramos competitivos, todavía, pero en agrocombustibles no somos competitivos. Ustedes todo el día lo atosigan a uno con que hay que ser competitivos y al país lo quieren especializar en productos agrarios en los que no somos competitivos a escala global y hasta con un dejo de irresponsabilidad, que ya denuncié. Quedó siendo obligatorio consumir en Colombia alcohol carburante y agrodiesel, incluso si es importado, senador Reyes. Aquí podríamos terminar en un absurdo todavía peor, y es que esta mezcla de combustible se terminara haciendo con alcohol de origen vegetal e ¡importado! Así es de absurda la política agraria colombiana.</p>
<p>Y un último punto. Otro día haremos el debate, pero quiero expresar desde ya mi más absoluto rechazo a esa idea absurda, ministro, en la que andan ustedes de venderles las tierras de Colombia a los extranjeros, o por lo menos una parte inmensa. Y andan vendiendo este país. El mundo está cerca de una crisis alimentaria, ya hubo un susto el año pasado. Ahí están bregando a comprar un millón de hectáreas unos extranjeros en Madagascar, aprovechándose de la pobreza de los africanos. La están comprando para producir comida en Madagascar y llevársela parar China, para Corea, o para donde sea. Aquí vamos a terminar vendiéndole las tierras del país a los extranjeros para que el día de mañana los extranjeros se lleven la comida que nos hace falta a los colombianos.</p>
<p>Miren ustedes la gravedad del asunto. Supóngase que un extranjero compra todas las tierras agrícolas de Colombia, para exagerar, y todo lo exporta. Con el TLC, Colombia no podría obligarlo a que dejara esa producción en el país, así hubiera un hambruna. Lo máximo que podríamos hacer es comprarle a precios del mercado. Y lo otro, a qué precios se va a ir la tierra si sigue esta especulación inmobiliaria con el suelo. La inflación de los suelos agrarios es uno de los problemas más graves. Ningún negocio agrícola da como debiera porque las tierras terminaron en cierto sentido con precios de mafioso. Y claro, hay tres o cuatro que se alegran muchísimo, senador Jaramillo, porque se están enriqueciendo con sus tierras, pero cómo se puede hacer agricultura con esos precios. A cómo se va a ir el precio del suelo si se lo empiezan a vender a los extranjeros y cuáles son las repercusiones de esa medida. Qué va a pasar con nuestros campesinos, con nuestros empresarios. El país se nos ha ido llenando de tierras que sólo sirven para negocios en buena medida de mafiosos o de especuladores. La persona a la que le sobra una plata decide comprar una tierra, no para producir en ella, sino para poner por ahí tres o cuatro vacas, pagar un mayordomo y esperar la valorización del suelo. Pero con tierra a esos precios no se puede hacer agricultura, porque se quiebra el agricultor.</p>
<p>El problema no es si le dieron diez pesos al uno o al otro. Aquí tenemos un problema estructural de fondo. El Gini de distribución de la tierra es uno de los peores del mundo. ¡Del mundo! No es un asunto de poca monta. Si nuestro campesinos se siguen muriendo de hambre, yo les pregunto a los productores urbanos, a los industriales, a quién le venden sus productos. Si nuestros campesinos se siguen muriendo de hambre, a quién se les venden las telas. Si los campesinos de la leche se siguen muriendo de hambre, a quién le venden los paneleros las panelas. Aquí hay un debate de fondo. Y el negocio de los agrocombustibles es en buena medida la punta del iceberg de lo mal que se maneja esto. Hay unos tres o cuatro que ganan, de eso no me cabe la menor duda. Pero porque un solo renglón crece ¿entonces ya todo está bien? No, ministro, el problema es bastante más complejo de lo que usted está planteando. Hay que interrelacionar un montón de cosas, pero al final el problema de fondo es que llevamos ocho años con el doctor Uribe en la Presidencia de la República y la indigencia rural es del 32 por ciento, y sigue subiendo. En los tres mejores años de la economía nacional en mucho tiempo, no por las hazañas de este gobierno, sino por los influjos de la economía mundial, creció la economía a tasas relativamente importantes. Y en ese mismo tiempo, aumentó la indigencia, junto con la concentración de la riqueza.</p>
<p>A los colombianos que nos oyen estos debates tenemos que decirles que, si se fijan y ponen cuidado, aquí estamos haciendo debates serios, de fondo. Qué hacemos con el agro. No producimos maíz en Colombia porque los gringos lo producen subsidiado más barato y eso al gobierno no le importa. Como no le importa si mañana llega el TLC y se acaba también la producción de leche en Colombia, porque son más baratas la gringa y la europea, y esta sí que es bien barata. Ahí vieron en estos días las fotos en El Tiempo. En Europa hay carrotanques votando leche, y el gobierno está firmando un TLC con Europa que nos va meter aquí esa leche sobrante. Muy mala la política, en resumen. Les hago un llamado cordial a los senadores uribistas. Sé que ustedes aquí no van a decir que están de acuerdo conmigo y menos en público, pero sí que por lo menos en privado pongan este tema. Qué vamos a hacer con este desastre. Ahí están los hechos. Usted sale y reparte unos centavos, ministro, y habrá gente que se ponga contenta. A un campesino bien pobre van y le dan un peso, imagínese la felicidad. Pero esto es mucho más complicado.</p>
<p>Hay que cambiar al país. Y no pueden seguir con el cuento de que cuando el Polo habla de cambios, entonces la solución de ustedes es meterle miedo a la gente. Esos del Polo son de las Farc, y listo. Entonces aquí resulta indiferente si se importa comida o no, si coeficiente Gini es alto o bajo, si la inversión extranjera aporta o no al progreso nacional. Y ahora nos sacaron otro caballito, y dicen, esos del Polo son de Chávez, y despachado el asunto. Ante la idea de cambiar un país que es un desastre, la táctica es meterle miedo a la gente. Ya el doctor Uribe descubrió que hay una conspiración mundial contra él, todo el planeta se unió contra el doctor Uribe, incluido el DAS y la Fiscalía. Todo el mundo. Y cualquiera que diga algo, entonces está en la conspiración o en el complot. La estrategia del miedo, como a niños chiquitos. Se toma la sopa o le traigo el coco. O aplaude este desastre de política agrícola o le traigo el coco. No, el coco es la tragedia que estamos viviendo aquí muchos colombianos.</p>
<p>Réplica a la intervención del ministro de Agricultura</p>
<p>No voy a reiterar el tema arrocero, porque estoy de acuerdo con todo lo dicho por el senador Mauricio Jaramillo. El Estado tiene que intervenir y no es llamando a un molinero a decirle, a ver, hombre, ayúdame. No, es con normas y con decisiones. Lo del contrabando y las importaciones es una vergüenza.</p>
<p>Aquí se suele afirmar que en Colombia no se puede sembrar trigo. No, aquí estamos importando trigo desde hace mucho rato porque a los gringos les sobra. Hay cifras que demuestran cómo en Colombia se produce trigo a menores costos que en Estados Unidos. Si usted les quita a los agricultores gringos los 70 y pico mil millones de dólares en subsidios, verá que es así.</p>
<p>Pero quiero examinar este enfoque más grueso, para no hacerme largo. Es claro que en el caso de los agrocombustibles hay una situación especial y que, en cambio, en los demás productos hay una especie de dejar hacer y dejar pasar. El ministro plantea una duda con respecto a los costos del alcohol y de la gasolina. Es muy fácil para entender lo que yo estoy diciendo. Quítenle 36 por ciento de impuestos a la gasolina y verán que es más caro el alcohol. Pero lo que hay en los agrocombustibles es una política estructural para que se produzcan, que tiene que ver con todo. Con los demás productos no. Usted dice, ministro, es que a los paneleros les dimos una plata y muestra una cifra. Y sin embargo, se están quebrando, o sea, es claro que la política no sirve. No, las medidas tienen que ser de fondo. Que es que a los arroceros les dimos una plata. Y se están quebrando. En cambio los de los agrocombustibles, esos sí no se quiebran, no importa cómo sea el negocio. Son maneras de enfocar las cosas.</p>
<p>Algunos colombianos preguntan cuál es la importancia de este debate. Lo primero, aclarar que empezó en 1990. El presidente César Gaviria Trujillo dijo que había que aplicar el neoliberalismo o la apertura o el libre comercio. Y algunos dijimos, si los aplican, destruyen el agro. Y otros llevan veinte años alegando que no pasa nada. Bueno, este es el mismo debate. El ministro nos dice, se produce mucha leche porque llovió mucho y nosotros tenemos que importarla porque los compromisos internacionales así nos lo imponen. Nosotros quisiéramos que se aplicara una política agropecuaria según la cual, si hay exceso de producción de leche, no se importa un solo litro, y se acabó el cuento. Porque es el colmo del absurdo que uno tenga la mayor sobreproducción de leche en mucho tiempo, no solo por las lluvias sino también por la miseria de la gente, que no toma leche, y el gobierno autorice importarla. Es un despropósito.</p>
<p>Pero aquí va a haber un problema mucho peor. El tema del maíz y los concentrados. El gobierno dice, no importa que haya que importar maíz porque esa es la manera de hacer concentrados. ¿Qué es lo que va a suceder? Que mañana, con el TLC, vienen las importaciones de pollo y de cerdo, y como no tenemos un desarrollo maicero en serio, nos vamos a arruinar en estos productos, porque nos terminan desplazando del mercado. Leí aquí análisis de la FAO que dicen con claridad que es prácticamente imposible sostener una industria cárnica si uno no tiene industria de cereales para abastecerla. Un pollo colombiano es un grano de maíz gringo con alas. Es un absurdo en política económica, y más si viene el TLC que ustedes negociaron. Usted, ministro, conoce bien las diferencias de costos de producción y de subsidios y de precios entre una y otra economía. Hay entonces un problema de enfoque. La política está terriblemente mal planteada. Cuando usted le dice al senador Reyes que lo que hacía el Idema ya no se puede porque la OMC nos cae, ¡esa es la discusión! Alcancé a oírle al ministro que estaban pesando otra vez en silos de almacenamiento, después que se destruyeron los silos del Idema, después de que se vendieron mal vendidos, ¡esta es una discusión que lleva veinte años! Ahora descubren lo que nosotros les dijimos hace veinte años que no podían hacer.</p>
<p>Cualquiera que estudie un poco estos asuntos sabe que ya está inventado cómo se maneja el agro. Basta mirar a Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón. Y aquí se hace exactamente lo contrario. Ese es el problema del neoliberalismo. Ese es el problema del libre comercio, que no se hace lo que hay que hacer, porque los gringos allá en la OMC nos imponen este tipo de prácticas, que ellos no cumplen. Aquí nos montan un alegato contra los subsidios nuestros, y ay de que protejamos siquiera mínimamente. Hay que acabar con el Idema porque es una orden de la OMC. Pero ¿Estados Unidos o Europa también han desmontado toda su infraestructura de protección a los productores agropecuarios? Por supuesto que no. Repito, ¡ese es el debate! La cuestión de fondo es que los hechos nos demuestran el fracaso de esta política, que usted aplica con todo entusiasmo, y las cifras no le dicen nada. Usted nos dice, en el 2005, durante este gobierno, se exportaron cinco millones de toneladas y en el 2008, bajaron a 4,4. No suben las exportaciones por una serie de causas de tipo estructural que ustedes tampoco modifican. Aquí el doctor Arias nos hacía dibujitos para probar que era mejor producir uchuvas que trigo y resulta que no hay quien nos compre las uchuvas. Es lo mismo que pasa con el banano. No hay a quién venderle un banano más en el mundo. En cambio sí tenemos el mercado interno del trigo y el maíz que consumen los colombianos, pero ustedes los importan como si fuera una genialidad.</p>
<p>Es un debate de fondo, porque usted qué saca con darles unos pesos a los paneleros si después los mete en una superproducción como la que están padeciendo. Aquí lo denunció el senador Reyes, que no es de la oposición. ¿Cómo van a aumentar cuatro mil hectáreas de caña en la hoya del río Suárez? Los revientan. Yo no le acepto a usted que el gobierno no pueda recomendar qué caer. No, ministro, esto es poniéndole el pecho a la brisa. Yo me fui a la hoya del río Suárez y les previne a los paneleros, ojo con lo que van a hacer, no siembren más, porque ese ingenio de alcohol carburante no les funciona. Y me costó unos votos, porque hubo gente que se paró a decir, ah, es que el senador Robledo está en contra de nosotros. Y yo les pregunto ahora a los cultivadores del río Suárez: ¿quién les dijo la verdad, el gobierno, que fue allá a inaugurar la primera piedra en medio de la fiesta y metió a los paneleros en esa sinsalida, o los que tuvimos el valor civil de advertirles que no fueran a hacerlo, así no nos lo entendieran en esa momento? Es el debate de fondo, porque lo que están en juego es cómo desarrollar a Colombia.</p>
<p>Hay astucias que yo le sugeriría a usted, ministro, que no hiciera. Como esa de que ahora han bajado un poco los precios de los alimentos, de lo que usted concluye que el alcohol carburante no sube los precios. No. Estamos hablando en términos relativos. Hay estudios de sobra en el mundo para mostrar cómo en Estados Unidos los agrocombustibles han subido los precios del maíz, lo que aquí influye en los precios del maíz, y de los cerdos, y del pollo y de todo, así los precios relativos puedan bajar un poco en algunos momentos, lo que no depende del gobierno ni se va a resolver soltando unas platas. Hay que hacer el esfuerzo de mantener el debate con todo rigor y no con frases efectistas, que logran enredar a unos cuantos que no entienden el problema, pero que no resisten análisis.</p>
<p>No es cierto que la terna presentada para elegir al presidente de la Federación de Cafeteros fuera una terna. No me voy a extender, aun cuando llevo treinta años echándole ojo al tema, pero es difícil encontrar una persona más detestada por los caficultores de Colombia que una de las que figuraba en la terna. Fue el presidente Uribe burlándose de la gente de la Federación de Cafeteros. Todos sabemos de quién estamos hablando. Tenía yo más posibilidades de que me aceptaran en esa terna, porque yo he defendido toda mi vida las instituciones cafeteras. En cambio, este otro personaje hizo hasta lo imposible por destruirlas.</p>


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		<title>La política agraria es plutocrática y de amigotes</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 21:45:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>irene</dc:creator>
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<p>Este es un debate en el que demostraré, con abundancia de cifras y de análisis, que el gobierno&#8230;</p


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre Agro Ingreso Seguro (AIS), plenaria del Senado, 27 de octubre de 2009.</strong></p>
<p>Este es un debate en el que demostraré, con abundancia de cifras y de análisis, que el gobierno nacional tomó los escasos recursos del sector agropecuario, porque son bien escasos, y los distribuyó de una manera concentradísima, en beneficio de unos pocos muy poderosos, a quienes les dio mucho, mientras que a casi todo el resto de los colombianos no les dio nada y a unos cuantos tan solo alguna cosa.</p>
<p>Demostraré también cómo entre los favorecidos por esta lógica plutocrática de distribución de la riqueza nacional aparecen cuarenta y cinco financistas de la campaña electoral del presidente Uribe, que recibieron recursos de Agro Ingreso Seguro por la módica suma de 33 mil millones de pesos, sin contar a los cotizantes del referendo reeleccionista. Demostraré también que los doctores Andrés Felipe Arias y Andrés Fernández son los responsables de este desastre. Y mostraré cómo hubo incluso graves hechos de corrupción: tres proyectos que habían sido declarados como no elegibles por técnicos del IICA-OEA fueron resucitados, de manera a mi juicio ilegal e irreglamentaria, para beneficiar nuevamente a la familia Dávila Jimeno, de Santa Marta, que ya había recibido otros cuatro regalos de Agro Ingreso Seguro. Y demostraré también, y esto probablemente sea lo peor del asunto, que esto sucede en el mismo momento en el que el sector agropecuario se hunde en una de las peores crisis de su historia. La política agropecuaria del gobierno del presidente Uribe, como puede demostrarse hasta la saciedad, es absolutamente desastrosa.</p>
<p>Empecemos citando una frase de Daniel Samper Pizano que, aun cuando pueda sonar extraña, es de mucho fondo. Les pido a ustedes que la mediten de manera tranquila. Dijo Daniel Samper Pizano, refiriéndose a este escándalo de Agro Ingreso Seguro: “Parece que la corrupción encontró formatos reglamentarios”, “parece que la corrupción encontró formatos reglamentarios”.</p>
<p><strong>Por un modelo agrario de tipo dual</strong></p>
<p>Lo segundo que quiero señalar son unas advertencias. Este no es un debate contra la producción empresarial. No es un debate contra el empresariado del sector agropecuario. Es sabido por mis debates en este Congreso y por cerca de 25 años de luchas en el sector y por mis libros y por muchas cosas más que yo nunca me he opuesto a que haya en Colombia producción empresarial. Siempre he defendido lo que he llamado modelo agrario de tipo dual. Necesitamos una economía de empresarios prósperos respaldados por el Estado y, a la vez, una economía de campesinos e indígenas prósperos respaldados por el Estado. Sí creo por lo demás que, en el caso del empresariado, hay que tener un especial cuidado en respaldar la pequeña y mediana producción empresarial.</p>
<p>Este es un debate que en muy buena medida apunta entonces es a hacer una discusión entre plutocracia y democracia. Plutocracia, el gobierno de los magnates y de los poderosos, y la democracia, el gobierno del pueblo. Lo que voy a demostrar hasta la saciedad es que aquí se ha instalado un proyecto de tipo plutocrático, en la lógica de los monopolios, del capitalismo salvaje, un proyecto que además no es capaz de desarrollar a Colombia. Cómo sacar a Colombia del modelo económico inviable al que estamos sometidos, este es el gran debate hoy en el país. ¿Va a salir adelante el país con una economía de tipo plutocrático, con una economía de los monopolios, de las roscas de tres o cuatro personajes que se quedan con todo?</p>
<p>Tampoco me opongo por razones de principios a ningún cultivo. Pienso que en general todos los cultivos son bienvenidos, pero por supuesto, en la medida en que contribuyan positivamente al desarrollo nacional.</p>
<p>Y hago una última advertencia, que es clave. Este no es un debate contra el respaldo del Estado a la producción agropecuaria. Buena parte de mis discusiones en torno al tema del libre comercio tienen que ver con la debilidad del respaldo del Estado colombiano al sector. Pienso que el Estado está en la obligación de respaldar con aranceles, con subsidios, etcétera, la producción agropecuaria de todos los sectores, pero siempre y cuando ese apoyo estatal contribuya a desarrollar la economía nacional y no se convierta en el negocio de unos cuantos amigotes que, mediante el respaldo del Estado, logren salvarse de las desgracias nacionales mientras se hunde el resto de los colombianos.</p>
<p><strong>La pobreza en el campo es abrumadora</strong></p>
<p>Veamos cuál es la situación del agro colombiano. Mientras estamos congregados aquí, 50 mil familias de productores agropecuarios, casi todas ellas pequeñas y medianas, sufren el estrés de ver cómo les avanzan procesos ejecutivos por parte de la banca por deudas que no han podido pagar y que pueden terminar quitándoles la propiedad sobre sus casas y parcelas.</p>
<p>¿Cuál es la situación del agro colombiano? Bochornosa, senadores y colombianos. Pobreza de más del 65 por ciento. Indigencia de más del 30 por ciento. Treinta de cada cien habitantes de las zonas rurales que todas las noches se acuestan a dormir con dolor de estómago, no porque hayan comido mucho sino porque no comieron nada.</p>
<p>El desempleo, sumado al subempleo, llega al 37 por ciento del total. Y el ministro de Agricultura se ufana por esas cifras con el alegato de que podrían peores. Claro, señor ministro, le acepto que podrían peores, pero dejando en claro que no son buenas. Y además, quienes algo entendemos de estos asuntos sabemos que el análisis técnico sobre las cifras del desempleo debe ser visto con cuidado, porque lo que más preocupa en la lógica técnica y económica del agro de cualquier país no es tanto el desempleo como los bajos salarios. Y aquí lo que tenemos es que cerca del 70 por ciento de los trabajadores rurales gana menos de un salario mínimo. Es otra cifra que impresiona.</p>
<p>En el solo gobierno del presidente Uribe, colombianas y colombianos, han sido desplazados de las zonas rurales de Colombia más de dos millones de compatriotas. Y han sido desplazados, son las cifras de Acción Social, en parte por la violencia, pero a mi juicio sobre todo por la pobreza, por la miseria, por la falta de oportunidades.</p>
<p>En consecuencia con lo anterior, hay una feroz concentración de la tierra. El Índice de Gini, un índice de tipo técnico para medir el grado de concentración de la tierra, revela que tenemos una de las peores del mundo, que oscila entre 0,875 y 0,91. Para darles una idea de la gravedad de lo que estoy exponiendo, en Corea el índice de Gini es de 0,35 y en Japón de 0,40. Luego aquí los doblamos en ese indicador, estrechamente relacionado con la democracia económica.</p>
<p>Y la concentración ni siquiera sirve para aplicarla de manera productiva. Colombia tiene hoy nueve millones de hectáreas de tierras de calidad agrícola, con aguas y gente capaz de ponerlas a producir, pero que están en rastrojos o dedicadas a la ganadería extensiva, porque el sistema económico impide que esas tierras entren a la producción.</p>
<p>El área bajo cultivo, es decir, el número de hectáreas agrícolas es hoy inferior al de 2002. Pasamos de 3,74 millones de hectáreas en producción a 3,5 millones en el gobierno del presidente Uribe. En estos casi ocho años el agro colombiano ha crecido todo el tiempo por debajo del promedio nacional y con una diferencia bien notoria. Peor le va al agro que al resto de la economía.</p>
<p>Las exportaciones, y nos han dicho que el colombiano es un modelo exportador, son otro fiasco de la política agropecuaria. En el año 2002, Colombia exportó 4,3 millones de toneladas de productos del agro, y en el 2008, 4,4 millones de toneladas, apenas, cien mil toneladas más después de casi una década, pero con este agravante: entre el 2005 y el 2008, las exportaciones descendieron en diez por ciento.</p>
<p>Si miramos por el lado de las importaciones, la otra cara de la moneda, ¿qué encontramos? El presidente Uribe llegó a la dirigencia del Estado con un país que importaba seis millones de toneladas de productos del agro y hoy estamos importando casi diez millones de toneladas, que reemplazan el trabajo de nuestros productores por el trabajo de los gringos y de los extranjeros, importaciones que les niegan a nuestros compatriotas el derecho que sí les otorgan a quienes no nacieron en estas tierras.</p>
<p>Como si fuera poco, lo que impera es una política agraria sesgada hacia la concentración, como lo voy a demostrar. Y además, de otra manera, porque vienen persiguiendo a los campesinos productores de leche con el embeleco de las normas sanitarias, y a los campesinos productores de panela, con el pretexto de las normas sanitarias, y a las gallinas campesinas, con el pretexto de las normas sanitarias. Y van cerrados 500 mataderos municipales en una operación que apunta a concentrar el sacrificio del ganado en manos de unos cuantos monopolios.</p>
<p>Peor, senadores y colombianos, absolutamente imposible. Luego queda claro que la política de Agro Ingreso Seguro podrá enriquecer a unos cuantos compadres del gobierno, pero no dinamiza la economía agraria colombiana.</p>
<p><strong>Recursos muy escasos para el agro</strong></p>
<p>El otro aspecto que quiero mencionar en los prolegómenos del debate versa sobre otro asunto que es clave. Así se hable de cifras de millones y se las infle y se las manipule para transmitir la idea de que el gobierno le da mucha plata al agro, los recursos del sector son muy escasos. Demos un ejemplo simple del sesgo antiagrario. Mientras el agro colombiano contribuye aproximadamente con el 12 por ciento del PIB nacional, al agro apenas le llega el 3 por ciento del total del crédito de Colombia. Luego está claro que hay un sesgo en cuanto al crédito, y podríamos demostrarlo en otros campos, dirigido contra la yugular del sector agropecuario, que en buena medida funciona con el crédito de los agiotistas, que se aprovechan de que el Estado no respalda a los agricultores como debiera.</p>
<p>Voy a explicar de otra manera la debilidad del respaldo al agro. Ministros y exministros se han llenado la boca diciendo que Agro Ingreso Seguro son 316 mil operaciones. Y repiten y repiten la cifra, y algunos inocentes pensarán que es mucho. Pues bien, primero que todo son 316 mil en tres años, lo que da cien mil operaciones por año. ¿Y cuando los desagregamos, qué encontramos? Que en el caso de los créditos, son solo 80 mil en tres años, menos de 30 mil al año. Lo que quiere decir que en un país de más de mil municipios, son treinta créditos por municipio. Y sobre este monto tan exiguo sacan pecho el ministro Fernández y el exministro Arias, jactándose de lo mucho que quieren a la gente que trabaja en el agro. Y si miramos el caso el Incentivo a la Capitalización Rural, ICR, otro importante mecanismo, tenemos solo 7 mil por año, siete por municipio. Y esto nos lo presentan como una contribución al desarrollo agropecuario. Luego resalto también, y esto es muy importante en el debate, que estamos discutiendo sobre cómo se distribuyen unos recursos del Estado que son tremendamente escasos. Y como son tremendamente escasos, se vuelve fundamental, colombianos, discutir cómo se distribuyen. Porque si aquí hubiera plata para todos, no importaría tanto que se estuviera hablando de que a algunos grandes productores se les está respaldando en cantidades desproporcionadas, porque algo les tocaría a los demás. Pero cuando estamos hablando de cien mil operaciones al año y tenemos en Colombia dos millones setecientos mil predios rurales, ¡dos millones setecientos mil!, y hay solo cien mil operaciones de respaldo de Agro Ingreso Seguro, lo que debemos concluir es que la casi totalidad de productores del agro trabaja con las uñas y que si aún subsiste alguna producción agropecuaria, no se le debe a la política ni al respaldo del gobierno nacional, así en la vicarías de los partidos tradicionales cobren en votos los ministros los cuatro pesos que reparten, previo respaldo político a quien llega a repartir esos supuestos favores.</p>
<p><strong>El modelo Carimagua: el modelo malayo</strong></p>
<p>Entrando ya en materia, ¿de qué se trata este debate? El debate se trata de cómo repartir esa exigua riqueza que el Estado les transfiere a los sectores agrarios. Este es un debate que desarrolla en últimas otro que hicimos hace poco más de un año, el de Carimagua. Lo que se está aplicando en Colombia, colombianos, es lo que hemos llamado el modelo Carimagua, o el modelo económico Transmilenio, o el modelo económico de tres canales de televisión escogidos a dedo, o el modelo de no más tres empresas de telefonía celular, el modelo del monopolio, el modelo económico de la concentración de la riqueza. Y eso es Carimagua. 17 mil hectáreas del Estado, que se les debían entregar a centenares de familias campesinas, y quienes toman las decisiones resolvieron que solo se le entregarían a una persona. No a diecisiete personas de a mil, ni treinta y cuatro personas de a 500 hectáreas. Todas, las 17 mil, a quien primero fuera capaz de demostrar que había tenido ingresos agrarios en los años anteriores por 50 mil millones de pesos. Entre los que intentó quedarse con el negocio estuvo un tío del señor ministro de Hacienda, quien tiene en sociedad en los alrededores de Carimagua una finca de 6.300 hectáreas. Lo que definieron fue la lógica de concentrar la propiedad y la riqueza en manos de unos pocos, mientras se le negaba a un número importante de campesinos.</p>
<p>Robin Hood, pero al revés, dijeron las caricaturas de esos días, en que el doctor Arias aparecía con su flecha quitándoles a los pobres para darles a los ricos. Y estoy hablando de los ricos de verdad, no de los pequeños y medianos empresarios que a duras penas se ganan la vida.</p>
<p>Y en esos días el doctor Arias, en el tono que le es característico, nos gritó en Hora 20: “En el debate vamos a demostrar el camino que debe seguir Colombia en el desarrollo del campo”. En el debate de Carimagua dijo eso: vamos a demostrar el camino que debe seguir el desarrollo del agro. Y lo llamó el modelo de la “empresarización”, y vamos a ver que es mejor llamarlo el modelo plutocrático de la concentración de la riqueza en productores de tipo monopolístico.</p>
<p>En esos días se aprobó aquí la mal llamada Ley de Desarrollo Rural, porque son expertos en llamar las cosas con nombres efectistas. En los debates, el señor Procurador General de la Nación advirtió cómo era una ley que apuntaba a generar un agro de fuerte concentración de la riqueza, incluso abierto para que los empresarios extranjeros y las trasnacionales se quedaran con las tierras de Colombia. Afortunadamente, la ley se hundió. Y por los mismos días, en entrevista con María Isabel Rueda en la revista Semana, el doctor Andrés Felipe Arias dijo probablemente la frase más retardataria que se haya oído en Colombia: que no se les debía dar tierra a los campesinos colombianos, porque según la experiencia –no leo la cita completa pero aquí la tengo y estoy seguro de que no la interpreto mal–, si se les daba, terminaban convertidos en guerrilleros o en paramilitares, pensamiento que a mi juicio entra a la antología de las frases retardatarias de la historia de Colombia.</p>
<p>Y agregó el doctor Arias que aquí lo que había que aplicar era el modelo malayo, un modelo de economía muy exitoso, según él. Y yo me fui y busqué mi libro de geografía y me puse a averiguar qué era el modelo malayo y qué era lo que pasaba en Malasia. Y me encontré con que Malasia es un país del Lejano Oriente gobernado por un rey, que, como suele suceder en las monarquías, es corrupto hasta los tuétanos, y con un Senado de bolsillo, con haciendas de 10 mil hectáreas en promedio, con extractoras de aceite de palma en haciendas de 100 mil hectáreas y con obreros agrícolas tan pobres, que tienen que traerlos de India y Bangladesh, porque en Malasia nadie se presta a trabajar en esas operaciones. Ese es el modelo de desarrollo que le gusta al doctor Arias.</p>
<p>Y no es falso tampoco que llevemos aquí años viendo al presidente Uribe y a los ministros de Agricultura empeñados en entregarle la Orinoquia al capital extranjero y a las trasnacionales. Aquí han traído a los grandes cacaos del mundo a ver cómo les entregan esa porción de Colombia en beneficio, repito, de monopolistas y de trasnacionales. Y recordemos el caso de la confianza inversionista. Lo hemos dicho tantas veces: se privatiza todo en beneficio de los monopolios y las trasnacionales. El Tratado de Libre Comercio se firmó en beneficio de las grandes trasnacionales norteamericanas. Los descuentos tributarios hechos a monopolios y a trasnacionales ya llegan a más de siete billones de pesos al año, suma que al final lleva a que los pobres y las capas medias tengan que pagar más impuestos para respaldar esta operación.</p>
<p><strong>Qué es Agro Ingreso Seguro</strong></p>
<p>¿Cómo es el caso de Agro Ingreso Seguro? Fue un debate que hicimos aquí si no estoy mal en el año 2006 y que tiene mucho que ver con mis debates sobre el TLC. Expliqué por toda Colombia cómo era de absurdo que el gobierno nacional firmara un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, porque los gringos tenían en ese momento 75 mil millones de dólares al año en subsidios agropecuarios y era imposible que nuestros productores pudieran competirles. El TLC con Colombia les garantizaba a los gringos quedarse con 50 mil millones, y montamos toda una cantaleta. Y la respuesta que se le dio al absurdo no fue dejar de suscribir el Tratado de Libre Comercio, sino inventarse Agro Ingreso Seguro. ¿Cuánta es la plata de Agro Ingreso Seguro para enfrentar los 50 mil millones de dólares de subsidios de los gringos? 250 millones de dólares. 50 mil contra 250. Ya nos dijeron que estos mismos 250 servirán para enfrentar a los europeos, que cuentan con subsidios aún mayores, de 70 mil millones de dólares. El Polo entonces votó en contra de esta ley de Agro Ingreso Seguro, porque entendimos que era demagógica, una ley para engatusar a los colombianos, para endulzarles el oído y ponerlos a respaldar el Tratado de Libre Comercio. Y como si fuera poco el desparpajo, y empezando ya su campaña presidencial, el doctor Arias puso el proyecto dizque Agro Ingreso Seguro. Cuando empezaba una etapa de la historia de Colombia que haría más inseguro que nunca el ingreso agrario, el doctor Arias se inventó un proyecto que se llamaría Agro Ingreso Seguro. Y de allá hasta aquí, millones y millones y millones de veces se ha repetido la frase: Agro Ingreso Seguro, Agro Ingreso Seguro, Agro Ingreso Seguro. Y estoy seguro de que en las zonas urbanas hay millones de despistados que dirán, cuánto diera yo por ser campesino, porque allá el ingreso es seguro.</p>
<p>Y advertí también, y ahí está en los anales del Congreso, y es lo que ha terminado sucediendo, que la plata de Agro Ingreso Seguro no evitaría la ruina del agro pero sí serviría para crear clientelas políticas y gremiales que, a cambio de unos centavos, se prestaran a separar su suerte personal de la suerte de la nación. Si a mí me regalan 500 o mil o dos mil millones de pesos, pues me importa un pepino que el prójimo se arruine, tal vez piensen algunos. Lo advertí oportunamente en los debates que hicimos esos días. ¿Y hoy qué vemos? Vemos el clientelismo hirsuto de los partidos uribistas con los pesos de Agro Ingreso Seguro. Vemos el acto lamentable de unos dirigentes gremiales del empresariado colombiano actuando en el sainete que le hizo el doctor Álvaro Uribe a la campaña del doctor Arias Leyva, en el que el presidente actuó de telonero. Vemos a dirigentes gremiales que deberían estar acompañando las posiciones críticas pidiendo aplausos para el doctor Andrés Felipe Arias, dizque como salvador del agro nacional. Politiquería barata a partir del hambre, de la miseria, de la pobreza del sector agropecuario colombiano.</p>
<p>Lo han denunciado los propios uribistas. Tengo aquí, bien documentadas, algunas denuncias de congresistas uribistas que han señalado que el doctor Andrés Fernández, compañero de pupitre del doctor Andrés Felipe Arias, fue puesto allí como su sucesor para adelantar desde la dirección del Ministerio la campaña electoral del doctor Arias a la Presidencia de la República. Luego en resumen, para lo único que sirve Agro Ingreso Seguro es para esto. Y yo, reconozcamos, me equivoqué un poco en la apreciación que hice, porque dije que no iba a haber ingreso seguro, y realmente me equivoqué, porque sí hay ingreso seguro para unos cuantos compadres cercanos al gobierno nacional. Para ellos sí hay ingreso seguro.</p>
<p><strong>Cifras manipuladas</strong></p>
<p>Cómo es el problema de las cifras de este programa. Es parte del lío que uno enfrenta, colombianos, cuando se discute sobre agro. Se lo puse mil veces de presente al doctor Arias en la Comisión Quinta del Senado. El Ministerio de Agricultura no da cifras; las confiesa. Hay que obligarlo a que las cante. Hay que presionarlo para que acabe dándolas. Casi que hay que someterlo a tortura para que le diga a uno la verdad de lo que sucede en el sector agropecuario. La manipulación es absolutamente descarada, una manipulación que tiene que ver con actitudes políticas repudiables y con la negligencia propia de administraciones como la que padecemos.</p>
<p>Les voy a dar algunos ejemplos de manipulación que ustedes pueden confirmar. Si ustedes entran a la página web del Ministerio de Agricultura encontrarán que allí hay una página de subsidios a la vivienda rural. Y si ustedes hacen una cuenta rápida, les dan que son 26.270 subsidios, de esos centavos que les tiran a los pobres de Colombia para alinearlos electoralmente. Pero si miran con detenimiento, encontrarán que hay muchos repetidos. Hay familias que aparecen con cinco subsidios, con seis, con siete. Y la explicación que nos dan es que está mal hecha la tabla, que hay que contar uno por cada familia. Y entonces cuando se cuenta uno por cada familia, se le reducen a la mitad los subsidios que está cacareando el gobierno nacional. Recuerdo también el día que discutíamos con el exministro Juan Lozano sobre los planes de vivienda. Inflan las cifras, le hice ver, presentando como subsidios lo que son unas simples titularizaciones de 80 mil pesos. Los muestran como la gran cosa y además no cumplen con las metas. Le decía al doctor Juan Lozano que sus medidas se parecían a esas gallinas que ofrecen cien huevos, ponen diez y cacarean trescientos. Esa es en este sentido la política que agencia el gobierno nacional.</p>
<p>Afirma el Ministerio en su página web y en un disco que nos mandaron que Coltabaco recibió un crédito de 958 millones de pesos. Pero Coltabaco-Phillip Morris, señor ministro, en carta que me envió a mí y aquí conservo, asegura que por Agro Ingreso Seguro ha percibido la bicoca de 29.587 millones de pesos. ¿Cómo me explican la diferencia de esas cifras si no es por la manipulación? El caso de Pimpollo, otra gran empresa productora de pollos en Colombia, aparece en la página web del Ministerio, en el documento enviado el 8 de octubre por el Ministerio de Agricultura, recibiendo un crédito de 949 millones de pesos. Pero nosotros tenemos grabada en su momento la página web del Ministerio de Agricultura, donde consta que lo que recibió fueron 4.491 millones de pesos. Y algo parecido sucede con McPollo. Una vez nos dicen que recibió créditos de AIS por 917 millones y otra que lo hizo por cinco mil millones.</p>
<p>El caso del ICR. El Ministerio de Agricultura nos certifica, el 7 de octubre, que Mayagüez, un ingenio azucarero del Valle del Cauca, tiene cuatro ICR y que La Cabaña, otro ingenio azucarero del Valle del Cauca, tiene cinco ICR. Y cuando nos ponemos sobre la jugada, porque la ley prohíbe que haya más de un ICR al año por persona, entonces nos mandan otra respuesta y nos dicen que no, que Mayagüez no tiene sino uno y que La Cabaña no tiene ninguno. La manipulación de las cifras.</p>
<p>Han dicho y repetido hasta el cansancio, 316 mil operaciones de Agro Ingreso Seguro. Y en el primer documento que ustedes mismos produjeron y que colgaron en la página web del Ministerio de Agricultura, cuando se suman las cifras desagregadas, 61 mil de una cosa, 22 mil de otra, etcétera, da que no son 316 mil sino 238 mil. Y cuando yo denuncio que no se corresponde la suma con la cifra total, me mandan otra carta con otras cifras que esta vez sí suman los 316 mil. Otro ejemplo: el Incentivo a la Capitalización Rural me lo pasan de 22 mil a 76 mil, el de Riego y Drenaje me lo bajan de 58 a 33 mil, el Incentivo a la Asistencia Técnica me lo suben de 77 a 121 mil. ¡Qué es esta irresponsabilidad con las cifras del gobierno nacional, haciendo dificilísimo debates como estos!</p>
<p>Y hay un hecho que clama al cielo, senadores. No sé cuantas veces habrán oído ustedes al exministro Arias arguyendo que si se suman los aportes a los pequeños y a los medianos, da una cifra maravillosa. Y lo ha repetido y lo ha repetido y lo ha repetido. ¿Y saben qué descubrí desde hace dos años, y se lo dije al ministro Arias en un debate en la Comisión Quinta del Senado el 18 de septiembre de 2007? Le dije, ministro, la cifra de los medianos productores es tramposa, está amañada. ¿Saben ustedes cómo define el Ministerio de Agricultura a un mediano productor? Aquel que tiene activos que van entre 50 millones y 4.900 millones de pesos. Ese es el rango del Ministerio de Agricultura. Cuando ellos hablan de pequeños y medianos productores, están hablando de productores que van desde cero pesos hasta 4.900 millones de pesos, fraude estadístico que abriga un propósito obvio, el de ocultar como medianos a grandes productores. Porque no me dirán que en la Colombia de hoy alguien con activos de 4.900 millones de pesos no forma parte de los grandes productores. Y esto se lo advertí a Arias hace dos años, y todavía hoy el Ministerio de Agricultura sigue utilizando la cifra para engatusar, para engañar a los colombianos.</p>
<p><strong>Este debate versa sobre la democracia económica</strong></p>
<p>¿Cómo es el tema de la concentración de los recursos, punto central de este debate? Lo que estamos discutiendo no es, colombianos, si les tiran unos pesos a unos pobres, ni tampoco si de algunos de los pocos pesos del Ministerio de Agricultura, algo le toca a los de abajo. Pero claro que algo les toca a los de abajo, porque, o si no, cómo los arrean a las urnas. Pero ya he señalado la proporción en que les toca. Cómo se distribuyen los escasos recursos del Estado es lo que estamos hoy debatiendo aquí. ¿Sí se reparten de manera democrática y generosa con los débiles, preocupados por la suerte de quienes menos tienen? O se reparten con la lógica plutocrática del modelo malayo, del modelo Carimagua, buscando a unos cuantos que todo lo tienen y todo lo pueden para aportarles principalmente a ellos los recursos del Estado. Espero, ministro Fernández, que el debate me lo haga respondiendo a este cuestionamiento y no citando que algo les dieron a unos pobres. Empiezo por reconocerle que a cien mil pobres, de dos millones setecientos mil, algo les han dado cada año, pero esa no es la discusión. El aspecto central es cómo se distribuye la plata, cuánto les toca a unos y cuánto les toca a los otros, por deciles. Claro que el exministro Arias quiere ya prohibirnos que hablemos de pequeños, de medianos y de grandes, porque dizque es una especie de crimen político que estimula la guerrilla. Aquí está prohibido hablar de pobreza, porque si se habla de pobreza y de miseria y de indigencia y de concentración de la riqueza, termina uno de secuestrador o de agente de un gobierno extranjero. Pero este es el debate de la democracia económica. Versa sobre qué tipo de capitalismo vamos a construir, o el capitalismo de los monopolios y las trasnacionales, o un capitalismo relativamente democrático, cuya riqueza se distribuya de una manera que genere menos sufrimientos y más desarrollo. Está probado hasta la saciedad que el capitalismo de los monopolios y de las trasnacionales produce el país de las desgracias que tenemos, el país económicamente inviable que estamos padeciendo, porque Colombia, senadores, ustedes bien lo saben, no es viable económicamente. El país va para un colapso de proporciones inmensas y esta política es la responsable de lo que sucede.</p>
<p>¿Cómo es el problema de la concentración de los recursos, que, repito, es el centro del debate? Espero que nadie vaya a salir con la astucia de argüir que a veinte campesinos de Caparrapí les dio el gobierno no sé qué. No, el debate es sobre la concentración de la riqueza. Voy a empezar citándoles un estudio que hicieron para el Departamento Nacional de Planeación el CEGA, un importante centro de investigaciones agrarias, y la Universidad de los Andes, que no está adscrita al Polo Democrático Alternativo. ¿Qué dicen esas dos instituciones sobre los recursos de Finagro, una de las partes medulares de este asunto? Cito textualmente: “Estos apoyos están altamente concentrados por producto y aun por beneficiario y en menor medida por departamento”. O sea, están concentrados de todas las maneras posibles: en ciertos productos, a favor de ciertas personas y para ciertas regiones. Demos algunas cifras del estudio.</p>
<p>Los créditos redescontados –un tecnicismo que utiliza Finagro, no nos enredemos detallándolo–, año 2002-2007: el 5% de los beneficiarios se quedaron con el 71% de los recursos. Eso es concentración. Cartera sustituta agrícola: a este renglón hay que echarle ojo, porque he oído decir que aprovechando este tipo de crédito, las trasnacionales están cogiendo sus créditos comerciales y los están convirtiendo en créditos subsidiados por el gobierno nacional. Recordemos que los créditos que distribuye el gobierno nacional gozan de subsidios de importancia, lo que los hace muy apetecidos. El Incentivo a la Capitalización Rural, ICR: en el 2000, el 1% de los beneficiarios se quedaba con el 17% de los recursos, ¿y saben qué ocurrió en el 2007, después de cinco años del gobierno del presidente Uribe? Que el 1% de los beneficiarios pasó a quedarse, ya no con el 17%, sino con el 45% de los recursos. Eso es plutocracia, eso es concentración de los recursos del agro. Y sobre el Fondo Agropecuario de Garantías, una institución clave del sector, precisamente la que garantiza los créditos supuestamente de los débiles, que no son sujetos de crédito en el sistema financiero comercial, ¿qué nos dice el estudio que estoy mencionando? Que el 1% se queda con el 45% de los recursos. ¿Y saben cómo es el índice de las garantías pagadas, lo que se llama siniestralidad? Al 1% de los beneficiarios le pagó el Estado el 58% de los siniestros, o sea, el Estado asumió de su bolsillo la plata para favorecer a ese 1%. ¿Y saben cuál es el promedio del crédito siniestrado? 600 millones de pesos, mientras que a un campesino pobre de Colombia le piden hasta lo imposible para prestarle cualquier cien mil o quinientos mil pesos, y no alcanza la plata del Fondo de Garantías. En el caso del Índice de la Cobertura Cambiaria, el 10% se queda con el 62%, en el caso del banano y el 10% se queda con el 41% en el caso de las flores. Está así demostrado que en el conjunto de la política agraria, lo que predomina es la concentración de los recursos, como lo dicen el CEGA y la Universidad de los Andes.</p>
<p>Concentración por cultivos. Señalan los analistas de estas dos instituciones que en ICR la palma se queda con el 33% del total de los recursos. Y repito, no tengo una posición de principios contra la palma, pero alguien me tiene que explicar por qué se queda con el 33% de los recursos. Y les voy a hacer unas comparaciones para que ustedes sepan de qué estamos hablando. En Agro Ingreso Seguro, mientras que el crédito promedio para café es de un millón de pesos, el crédito promedio para palma es de 38 millones de pesos. En el ICR, también de Agro Ingreso Seguro, el proyecto promedio en café recibe 12 millones de pesos, mientras que el de palma, 1.234 millones de pesos. Doce millones contra mil doscientos treinta y cuatro. En apoyo por hectárea, el café recibe 117 mil pesos y la palma, 3.5 millones de pesos. Eso es concentración por producto.</p>
<p>Y miremos el caso de los ingenios azucareros y el de la palma, un asunto hasta ahora no discutido con el rigor que se debiera. Aquí un buen día el gobierno decidió obligarnos a echarle a la gasolina alcohol de origen vegetal y también un día y a la brava nos obligaron a echarle al ACPM agrocombustible de palma. Este es un debate que debe hacerse con toda seriedad, porque les voy a dar un par de cifras que de seguro los van a impresionar. El barril de etanol, el alcohol carburante que producen cinco ingenios azucareros del valle geográfico del río Cauca, nos cuesta, en costos, 142 dólares el barril. Ese mismo barril de gasolina, en costos, calculándole el precio de oportunidad y todas las arandelas que le ponen aquí para inflarnos el precio, nos cuesta 56 dólares. 142 dólares contra 56, y esto no se ha discutido con seriedad. No me opongo por principios a que exista este tipo de negocios, pero que nos expliquen cuál es su lógica económica, por qué un país de pobres como Colombia está obligado a consumir unos combustibles que figuran entre los más caros del mundo. Y hay evidentes fenómenos de concentración.</p>
<p>Aprovecho para denunciar otro hecho, un problema extremadamente grave sobre el que no he recibido respuesta satisfactoria de ningún ministro y que espero que la Contraloría General de la República mire con detenimiento. El año pasado, por estas alturas, el doctor Kalmanóvich, excodirector del Banco de la República, explicó que los precios del alcohol estaban inflados, porque la fórmula, según él, montaba sospechosamente esos precios sobre la base del azúcar refinado, cuando lo obvio, porque es lo técnico, era hacerlo sobre los del azúcar crudo. Y el Ministerio de Minas, cogido con las manos en la masa, salió corriendo y cambió la fórmula, aceptando lo planteado por el doctor Kalmanóvich. Pues bueno, partiendo de los datos del Ministerio de Minas, en mi oficina hicimos las cuentas de cuánta plata perdimos los colombianos por el errorcito de la fórmula, que pudo ser por negligencia, pero también por corrupción. ¿Saben cuánto nos costó en ocho meses, entre el año pasado y este? 32 millones de dólares, que el gobierno les dio a cinco grandes empresas del sector agropecuario, un hecho que no ha sido explicado de ninguna manera por el gobierno nacional, como ha debido hacerlo, y que en otro país hubiera costado la caída del ministro, por lo menos por negligente, porque cómo no se da cuenta de un error de este calibre que nos cuesta 32 millones de dólares a los colombianos.</p>
<p><strong>Concentración de los recursos en AIS</strong></p>
<p>Empecemos a examinar cómo es la concentración de los recursos en Agro Ingreso Seguro, una parte de los programas del Ministerio de Agricultura. Las siguientes son cifras entre el 2007 y el 2009. En el caso del crédito, con importantes subsidios que pueden ser del orden del 20%, el 7% de los beneficiados por 85 mil créditos se quedan con el 70% de los recursos; 161 créditos mayores de mil millones de pesos se quedan con 416 mil millones de pesos y 79 mil créditos inferiores a 20 millones se quedan con otra suma parecida. O sea, es la misma la plata para 161 que para 79 mil. 37 mil créditos entre 5 y 10 millones de pesos se quedan con 237 mil millones y 50 créditos mayores a 3 mil millones se quedan con 220 mil millones de pesos, una cifra parecida a la anterior. Eso es concentración de los recursos del sector agropecuario para beneficiar a unos pocos. Estas son las cifras que hemos logrado desentrañar.</p>
<p>En el caso del ICR, con un subsidio del 40% para el afortunado, junto con 76 mil, que logre conseguirse ese incentivo, que es como ganarse el Baloto, las cifras son estas: 1.108 se quedan con el 50 por ciento de los recursos y 75 mil con el otro 50% de los recursos, una lógica plutocrática que no le permite avanzar a Colombia. Nos precisan también el Cega y la Universidad de los Andes que se concentran por departamentos. Y voy a darles algunas cifras de la concentración por departamentos de Agro Ingreso Seguro. En el departamento de Bolívar, un solo beneficiario de AIS se queda con el 83% de la plata; en el departamento de Magdalena, únicamente dos se quedan con el 89% de los recursos, es decir, 2.900 millones de pesos; en el departamento de Sucre, apenas uno acapara el 78%; en el Valle del Cauca, cuatro se quedan con el 65%; en Santander, dos se quedan con el 53%. Son las cifras que les estamos dando a los colombianos. En diez departamentos, solo 17 beneficiarios concentran el 45% de los recursos.</p>
<p>En el caso del Certificado Forestal, del cual resultó beneficiada incluso la familia del viceministro de Agricultura, como se ha denunciado, hay un par de cifras que me impresionan. En el año 2008, Tablemac, una gran empresa industrial, cogió ocho Certificados, muy difíciles de conseguir, porque son muy escasos, y se consiguió 1.679 millones de pesos. Y también el año pasado, a una señora en algún departamento del oriente de Colombia le dieron cinco Certificados por 2.800 millones de pesos, cuando todos sabemos que el promedio es bastante más bajo.</p>
<p>Y la concentración del riego, aun cuando puede ser menor que la de los anteriores en términos porcentuales, se ve agravada por todo el cúmulo de denuncias que se han venido conociendo. También están ahí las cifras. 107 beneficiarios concentran 37.000 millones de pesos, el 17% del total, y 129 beneficiarios del subsidio de riego, que es del ciento por ciento, reciben ellos solos más de lo que recibieron todos juntos los departamentos de Cundinamarca, Nariño, Antioquia, Casanare y Córdoba.</p>
<p>Veamos otras concentraciones en crédito. Hay casos infinitos, no terminaría si les entrara a todos los detalles. Me limitaré a dar ejemplos saltones, ilustrativos de lo que estamos hablando. Ya mencioné que Coltabaco, la Philip Morris, ha recibido en tres años créditos por 29.587 millones de pesos. Fue un escándalo que destapó El Nuevo Herald, periódico de Miami. Comparemos ahora ingenios azucareros versus departamentos. Cinco ingenios azucareros recibieron en 2007 créditos por 5.930 millones de pesos, mientras que todo el departamento del Tolima recibió 1.772 millones, 5.930 contra 1.772, y mientras que todo el departamento de Caldas recibió 2.913, 5.930 contra 2.913. Conclusión: cinco ingenios azucareros recibieron tres veces más crédito de AIS que el departamento del Tolima y dos veces más que el departamento de Caldas. Otro caso. En Bolívar, solo dos empresas recibieron en total 4.560 millones de pesos, de un total de 6.199 millones de pesos otorgado en todo el departamento de Bolívar. Luego solo dos empresas recibieron el 73% del crédito de AIS en el departamento de Bolívar.</p>
<p>En ICR, un solo ingenio azucarero del Cauca recibió 500 millones de pesos, el 40% de todo lo que se le entregó al departamento del Cauca, el territorio donde están asentadas gran parte de las comunidades indígenas de Colombia.</p>
<p>Y paso a comentarles el caso probablemente más escandaloso de todos, el de la Corporación Financiera Colombiana (Corficolombiana), que en el 2007 recibió 6.000 millones de pesos en créditos para dos negocios en el departamento del Meta, cuando todo el Meta recibió 17.500 millones. Luego a esa sola empresa le tocó más de una tercera parte del total. ¿Y saben quién es el dueño de la empresa? El doctor Luis Carlos Sarmiento Ángulo. Se queda con un tercio de los créditos subsidiados de AIS para el departamento del Meta, mientras que los maiceros y arroceros del Meta quedan abandonados a su suerte y no consiguen crédito sino en el mundo de los agiotistas. Esta es la cruda realidad, esta es la plutocracia. Lo anterior probablemente explique por qué el doctor Sarmiento propuso en estos días que se reeligiera nuevamente el presidente Álvaro Uribe. ¡Es esto lo que quieren reelegir, colombianos, es esto lo que quieren perpetuar, este el tipo de abuso que vienen cometiendo y quieren seguir cometiendo con Colombia!</p>
<p><strong>Las verdaderas pirámides</strong></p>
<p>Veamos ahora cómo les fue a algunas gentes del agro que le aportaron en el 2002 a la campaña del presidente Uribe. Ministro Fernández –y por ese solo hecho ha debido renunciar–, aseveró usted que eran mentira las informaciones dadas por el periodista Daniel Coronell y por la revista Cambio y por este senador, que señalaban una concentración pavorosa de los recursos de AIS en poder de los contribuyentes a la campaña de Álvaro Uribe. Pues bien, aquí está la lista, uno por uno. No los voy a leer para no hacerme largo. Dieron 549 millones de pesos para la campaña presidencial, cicateros más bien, ¿y saben cuánto les tocó entre regalos, créditos, ICR, etc.? 33.497 millones de pesos. Estas sí son las pirámides de verdad. Le ponen al doctor Uribe 549 milloncitos de pesos y el gobierno se los rebota con 33.497 millones de pesos. Y por supuesto, algo les tocó también a quienes le aportaron generosamente a la recolección de las firmas del referendo reeleccionista. Este es un gobierno que no abandona a sus amigos y que en algo les contribuye para el éxito de sus negocios. Pues bien, le aportaron 128 millones de pesos para su referendo reeleccionista y recibieron 16.549 millones de pesos de AIS. Estas son las verdaderas pirámides que está padeciendo la sociedad colombiana.</p>
<p>Veamos un poco, aun cuando no vaya a detenerme en todos los detalles, porque la prensa ha abundado en ellos. En aras del orden en el debate, me limitaré a recordar cómo es el asunto de los amigotes del gobierno tan denunciados por las revistas Cambio y Semana, por la prensa y por el valeroso periodista Daniel Coronell, precisando cómo es que unas cuantas familias se embolsillaron unas sumas enormes. Yo, por mi parte, voy a demostrar que se embolsillaron la plata de estas escandalosas denuncias porque el doctor Andrés Felipe Arias diseñó el plan para que así pudieran hacerlo.</p>
<p>A la familia del doctor Luis Eduardo Vives Lacouture, que perdió su investidura por graves hechos de parapolítica, su hermano Roberto, su hermana Silvia Rosa, su hermana María Teresa, su hermana Patricia, su cuñada Silvia, su otro hermano Álvaro Luis, el primo y la prima, etc., le tocó la módica suma de 6.985 millones de pesos por concepto de AIS Riego. Todos ellos, por supuesto, cercanísimos políticamente al presidente de la República. Sabemos que le hicieron la campaña. Otra familia, la Dangond Lacouture, aparece premiada con 2.973 millones de pesos, regalados también, según lo denunciaron las dos revistas mencionadas. La familia Dávila (Jimeno), sobre la cual me detendré, recibió la módica suma de 2.212 millones, el padre, la señora, dos hijos y algo, 306 milloncitos de pesos, hasta alcanzó para la novia de uno de los hijos, la reina de belleza doña Valerie Domínguez, a quien pusieron allí para ocultar el espectáculo bochornoso de tanto Dávila recibiendo plata de AIS.</p>
<p>Añade la revista Cambio, y aquí básicamente me he ceñido a las informaciones de la prensa, la familia Tribín recibió 2.140 millones de pesos; la familia Riveros Páez, dos mil millones; la familia Vives (otra), 1.610; la familia Fernández de Castro, 1.413, y la familia Posada Grillo, 1.037, para un total de 8.210 millones de pesos. Como se ve, en el agro el ingreso sí es seguro para ciertos sectores del sector. Tres mafiosos también recibieron su platica, uno por interpuesta persona y los otros dos de manera directa. Es tal el desgreño del Ministerio, que ni siquiera se dan cuenta de que estos hechos suceden, porque no quisiera ni suponer, ministro Fernández, que ustedes sí se dan cuenta y que permiten que sucedan.</p>
<p>El director de la Dian y el director del Fondo Nacional del Ahorro, y podría dar más datos, pero no quiero hacerlo –aquí hay congresistas que saben que podría mencionar más cosas–, montaron un negocio y se consiguieron un ICR de 1.300 millones de pesos. Tuvieron, eso sí, el cuidado de fraccionarlo para poder aparecer como pequeños productores, cuando no lo son, buscando no superar un tope fijado por la ley.</p>
<p>No quiero dejar de mencionar de paso un hecho, un llamado de atención que les hago al Congreso y a los gremios de la economía. La Constitución Política prohíbe los auxilios (parlamentarios), lo que puede conducir a que el Estado se inhiba de respaldar al sector agropecuario. La Corte Constitucional dictaminó entonces que para que esos respaldos puedan darse, se necesita que el detalle (para otorgarlos) sea tramitado en una ley y que se garantice que la selección de los beneficiarios va a ser en condiciones de igualdad. Y la Corte Constitucional ya le tumbó al gobierno un artículo del pasado Plan de Desarrollo, precisamente porque el Ministerio reglamentó unos determinados aportes y la Corte Constitucional advirtió que no podía hacerlo así, por no ser potestad del gobierno nacional sino del Congreso de la República. E insistió en que en la selección tenía que haber condiciones de igualdad. Aquí en cierto sentido lo que estamos presenciando es una nueva versión de los auxilios parlamentarios. Entonces el doctor Arias, como lo vamos a ver ahora con relación al doctor Fernández, se reúne y cuadra las condiciones para que se las ganen determinados personajes. Y después, en el colmo de los colmos, le echan la culpa a una institución que no es la responsable de lo que ocurre.</p>
<p><strong>Responsable el IICA, dice el gobierno</strong></p>
<p>En la parte final me voy a detener en detalle en las familias de la Costa Atlántica beneficiadas por los recursos de riego y drenaje, porque aquí hay mucha tela que cortar y porque es torno a ellas que se ha armado el escándalo. Vale la pena entonces detallar un par de hechos. Una vez que estalló el escándalo, y lo reventaron Daniel Coronell y la revista Cambio, empezó entonces por parte del gobierno una especie de puja por ver a quién ponía a pagar los platos rotos. Y se encontró muy cómodamente con una institución, un instrumento de la OEA llamado el IICA-OEA, y no sé si la habían puesto para eso, probablemente sí, a la que le descargó la culpa. Miren ustedes lo que alcanzaron a decir estos personajes: el doctor Fernández, ministro de Agricultura: “Gracias al trabajo del IICA, los colombianos pueden tener la tranquilidad de que ningún funcionario del gobierno nacional ha tenido injerencia en la adjudicación de recurso alguno para favorecer intereses particulares” (EE, Oct.06.09). El doctor Juan Camilo Salazar, viceministro de Agricultura: “El ministerio no toca un papel (ahora vamos a ver cuántos tocó el doctor Salazar), no evalúa ni un proyecto. El que se encarga es el IICA (…) Hay que dejar claro que el Ministerio no hace entrega directa del subsidio, no califica ni un solo proyecto ni lo ejecuta” (EE, Sept.29.09). Y el doctor Arias, genio y figura hasta la sepultura, nos dijo que ay de aquel que se atreviera a dudar de la OEA. Textualmente: relacionar el riego con platas para el gobierno de Álvaro Uribe “no solo es dudar de la transparencia del IICA-OEA, sino creer que 34 países del continente están al servicio de la causa del gobierno”. O sea, el debate se nos volvió con todo el Continente. Y agregó: dudar de la selección “es dudar de la transparencia del IICA-OEA” (El Tiempo, Oct.08.09).</p>
<p>Es la vieja astucia, digámoslo primero, de señalar que, porque hay un míster, todo está bien. Esa es la lógica. Como hay un míster, todo está perfecto. Los únicos que somos irresponsables y capaces de cometer delitos somos los colombianos. Pues bien, me tomé el trabajo de mirar con lupa este aspecto que les voy a contar. ¿Qué tan cierto es que el IICA-OEA es el responsable de lo que ha pasado? Y otra pregunta: ¿Esa concentración de los subsidios se hizo violando las normas, o las normas mismas autorizaban la concentración, como lo voy a demostrar? Aclaremos, en aras de la precisión, que el IICA-OEA solo tiene que ver en AIS con los recursos de riego y drenaje, pero no se mete en nada de lo demás. O sea, los créditos para los Luis Carlos Sarmiento no se los pueden achacar al IICA-OEA, sino que son hazañas que les corresponden a los doctores Arias y Fernández. Fueron tantos los acosos de estos dos funcionarios echándole el muerto al IICA, que este instituto tuvo que emitir una declaración rectificando. Ustedes saben que las agencias internacionales se cuidan mucho de pelear con los gobiernos, porque no les gusta morder la mano que les da. Aun así, el IICA produjo un documento que dice textualmente: “La fijación de las reglas (Términos de Referencia) de estas convocatorias es realizada directa y autónomamente por el MADR. Estos términos, que establecen los requisitos, condiciones y criterios de calificación para acceder a los apoyos económicos, son estrictamente respetados por el IICA”. O sea, el Ministerio fija las reglas de juego, la forma como se define el asunto. Lo que está recordando aquí el IICA es: solo hicimos lo que nos dijeron que hiciéramos de acuerdo con las determinaciones del MADR. Dice además: “Con base en los Términos de Referencia, el IICA realiza la divulgación de las convocatorias, evaluación de viabilidad, calificación y elaboración de portafolios sobre proyectos elegibles. Estos portafolios son puestos en conocimiento del MADR, el cual asigna el presupuesto para cubrir la mayor cantidad de proyectos según la disponibilidad de recursos, respetando el orden de elegibilidad”. En dos palabras, el IICA es un organismo técnico que simplemente coge los papeles que entregan los agricultores para aspirar a estas platas de riego, papeles que se llenan de acuerdo con los criterios del MADR, que ahora voy a explicar, y el IICA lo que hace es poner unos puntos y sumar o restar y, según lo que dé, señalar al final: este ganó.</p>
<p>¿Quién es el que determina cuáles son las normas de las convocatorias? Señala el Ministerio de Agricultura en una de las convocatorias, con la firma del doctor Andrés Felipe Arias: “El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, MADR (…) ha diseñado la presente convocatoria (…) En consecuencia, el Ministerio presenta ante la ciudadanía los presentes términos de referencia que establecen los requisitos y condiciones de forzosa aceptación y cumplimiento por parte de los actores intervinientes en la convocatoria pública.” Dicho de manera sencilla, el ministro Arias afirma, aquí mando yo y esto se hace así, y el IICA simplemente ejecuta, como una especie de peón técnico, unas normas que le han sido establecidas.</p>
<p>En los títulos de las resoluciones que aprueban las convocatorias ¿qué dice expresamente? Título de la convocatoria: “Por la cual se establecen los criterios, requisitos, procedimientos de los términos de referencia para adelantar una convocatoria pública de Riego y Drenaje”. En la parte resolutiva de las resoluciones ¿qué dice expresamente? “Apruébense los Términos de Referencia de la Convocatoria Pública de Riego y Drenaje, con sujeción a los cuales el operador (es decir, el IICA) implementará y ejecutará dicho mecanismo, y que forman parte integral de la presente resolución”. Firma el doctor Andrés Felipe Arias.</p>
<p>Pero además, ¿cuál es el modus operandi? Se reúnen unos técnicos del IICA, les aplican una especie de plantilla a los documentos entregados por los interesados y de ahí sacan unos puntajes, pero esos puntajes no determinan automáticamente que la plata se distribuya tal y cual. Esos puntajes van a un organismo llamado Comité Administrativo, compuesto por tres altos funcionarios del Ministerio de Agricultura y uno del IICA. ¿Quiénes son los funcionarios del Ministerio de Agricultura? El viceministro de Agricultura, el gerente general del Incoder y el director de Desarrollo Rural del Ministerio de Agricultura, más el señor Jorge Andrés Caro, representante del IICA en Colombia. Y vamos a ver más adelante cómo el gobierno diseñó las convocatorias para que produjeran los efectos que finalmente produjeron.</p>
<p>Pero como si fuera poco, el poder que estoy describiendo del Ministerio de Agricultura dentro del IICA, ahí aparece como funcionario del Ministerio un personaje llamado Carlos Polo, una especie de cuadro político del doctor Luís Eduardo Vives y que opera en la ciudad de Santa Marta, de quien anota la revista Cambio que hoy está bastante rico, cuando antes era un simple técnico con menguados ingresos. Fue alcalde de Santa Marta, fue subgerente de infraestructura del Incoder siendo ministro Andrés Felipe Arias y hoy es contratista del Ministerio de Agricultura y enlace del Ministerio de Agricultura con el IICA. Conociendo al doctor Caro, director del IICA, podrá uno pensar el grado de independencia que éste tiene frente al enviado del Ministerio de Agricultura.</p>
<p><strong>Cómo se armó la convocatoria</strong></p>
<p>¿Cómo armaron la cosa los altos funcionarios para que produjera esta concentración de grandes subsidios en unas cuantas familias? Estoy haciendo referencia a la convocatoria de 2008, que no distingue entre pequeños, medianos y grandes productores. ¿Les parece a ustedes muy democrático no hacerlo alegando que todos son iguales? Aquí va a resultar que en un partido de tenis es muy igualitario que el uno tenga 25 años y mida 1.90 y el contendor sea un muchacho de apenas doce años con una raquetica, y eso les parece muy igualitario porque son uno contra uno, cada uno con su raqueta. Todo fue calculado por supuesto para que no pudieran ganar los pequeños.</p>
<p>A la contrapartida, es decir, a la plata que ponía el finquero, le dieron 300 puntos sobre 1.000. Cuanta más contrapartida diera, más puntos ganaría. Y los pequeños ¿qué contrapartida podían ofrecer? Tenían que estar pendientes a ver si algún alcalde les prestaba unos centavos para inventarse algún tipo de contrapartida. Este requisito sufrió algunos ajustes en la segunda convocatoria, pero me estoy refiriendo a la primera, que es la de la gracia en este asunto.</p>
<p>Y ojo, la convocatoria no prohíbe el arrendamiento. No dice que a una persona que haya arrendado un pedazo de tierra no le puedan dar el subsidio. La convocatoria precisa, y esto es elemental en el análisis, que los 600 millones de cada subsidio se entregarán según proyecto (subrayado aquí). Tope máximo, 600 millones de pesos por proyecto. Hasta el empresario más menso, y los empresarios no suelen serlo, ve la convocatoria y dice de inmediato, pues en mi finca caben tres proyectos o cinco proyectos o veinte proyectos, como efectivamente hicieron. Y por algo de pudor, para no dejar al mismo empresario tramitándolos todos, pusieron a la señora, al hijo, al hermano, a la novia. Pero la convocatoria por sí misma, y este es el eje del presente debate, estaba calculada para que se produjera este efecto. La Contraloría y la Fiscalía deben investigar si estamos ante un Ministerio de ineptos o ante un ministro o un Ministerio que actúan de manera inescrupulosa, porque a mí no me pueden aducir que no se dieron cuenta, senadoras y senadores. Cuando los funcionarios del Ministerio de Agricultura se reunieron y fijaron el tope máximo en 600 millones, es posible que hayan discutido si era mejor fijarlo en 700 ó en 500. ¿Y a nadie se le ocurrió preguntar por qué 600? ¿Y por qué por proyecto y no por predio o por familia? ¿A nadie se le ocurrió preguntarse eso, doctor Arias? ¿A nadie? No creo que sean unos genios como ellos se ven a sí mismos, pero cretinos no son. Y era obvio que tenía que suceder lo que sucedió. Este es el punto clave del debate.</p>
<p>Mi acusación es que los términos de referencia se diseñaron calculados para producir concentración. ¿Qué hay por debajo de eso? Eso es lo que no sé. Es lo que deberán investigar las autoridades respectivas.</p>
<p><strong>Tres proyectos no viables pero aprobados</strong></p>
<p>Miremos con detenimiento el caso de la familia Dávila (Jimeno), sobre el cual vale la pena detenerse. Ustedes van a ver que al final no es por ganas de molestar, sino que aquí, en el caso de la familia Dávila (Jimeno), aparece un fenómeno peor. Como con las reglas fijadas por el gobierno a su favor esta familia no fue capaz de ganarse los subsidios, le cambiaron las reglas, y violando la ley, viceministro. Veamos los detalles del asunto.</p>
<p>Digamos primero que la familia Dávila Abondano es una familia muy poderosa. A su patriarca, amiguísimo del presidente de la República, hay que ver los homenajes que le han hecho en la Casa de Nariño, ahí están en la televisión. Lo reciben como si fuera embajador de una potencia extranjera. Allá van y desfilan los ministros y el presidente a celebrarle sus inversiones.</p>
<p>Un periodista, de los más reputados de Colombia, conocido por su seriedad, en un artículo de El Nuevo Siglo del 21 de octubre pasado, escribió: “Arias se ha negado a explicar en qué avioneta privada viaja en sus constantes giras por la Costa Atlántica”. Dice este periodista: “Arias se ha negado a explicar en qué avioneta privada viaja en sus constantes giras por la Costa Atlántica. Lo reto a que lo diga y a que explique, cuánto recibió, como donación en efectivo, de sus patrocinadores de la palmicultura de Santa Marta”. Y el doctor Arias, que es tan parlanchín, no ha abierto aún la boca para dar ningún tipo de explicación. Y agrega el periodista: “En ambos casos –estoy leyendo textualmente– la respuesta tiene que ver con la familia Dávila Abondano”.</p>
<p>En ambos casos, repito, la respuesta tiene que ver con la familia Dávila Abondano (se refiere es a los Dávila Jimeno), a quien le tocaron cuatro subsidios de riego y drenaje, en los proyectos Campo Grande 1, 2, 3, 4, 5 y 6, por 2.429 millones de pesos, incluida una plata que le dieron a la novia del hijo. Seguramente avergonzados porque no aparecieran tantos Dávilas, les pareció mejor poner a doña Valerie Domínguez a recogerles el dinero.</p>
<p>Les decía hace un momento que el IICA tiene un comité de expertos, uno de los cuales es el doctor Carlos Polo, como enlace del Ministerio de Agricultura. Hay además un grupo de técnicos, y tengo una actitud respetuosa frente a estos técnicos. A alguno lo oímos ayer en La W hablando aterrado, destapando verdades y confirmando que el viceministro fue allá a amenazarlos. ¿Esto qué es? ¿Qué tipo de país es este? Ya el otro día el doctor Andrés Felipe Arias amenazó con meter a la cárcel al director del CEGA por haber dado unas cifras que a él no le gustaban. Y el Ministerio de Agricultura, cuando Arias era el jefe del despacho, obligó al DANE a cambiar la estadística a ver si mejoraba el desastre, así fuera en el papel.</p>
<p>Tiene el IICA, repito, un comité de expertos que recoge las normas del Ministerio, las compara con los papeles que llenan quienes aspiren a las platas y ordena los puntajes. Ganan el concurso quienes tengan más puntos, pero los requisitos, como lo he señalado, encierran un sesgo a favor de los magnates. Pues bien, por esas cosas que pasan, la finca del doctor Dávila Abondano (es Dávila Jimeno) se parceló en cinco proyectos, llamados, miren ustedes, Campo Grande 1, Campo Grande 2, Campo Grande 3, Campo Grande 4 y Campo Grande 5. Eso lo autorizaban las normas que les dio el doctor Arias. Y uno para la señora y otro para el hijo y en fin, pero por esas cosas que pasan, repito, el comité técnico, un comité evaluador del IICA, les negó la plata a dos de los proyectos de la familia Dávila. Los declararon no elegibles, tal cual se llama en el argot, porque la cosa funciona así: el IICA los proclama elegibles y el Ministerio los elige, o sea, la última palabra la tiene el Ministerio. Y es discrecional no hacerlo. ¿Y va a alegar el Ministerio que no se dio cuenta de los apellidos repetidos y de las propiedades repetidas? El mismo doctor Uribe Vélez se lo insinuaba en el sainete aquel del acto de campaña del exministro Arias: ¿fue que ustedes no se dieron cuenta de los apellidos repetidos? ¿No se dio cuenta el Ministerio, pregunto yo, viceministro, de los apellidos repetidos? La explicación que dio ese día el doctor Caro, director del IICA, fue que sí se dieron cuenta, pero que con la convocatoria nada podía hacerse, porque la cosa era por proyectos.</p>
<p>Bueno, hubo dos, Campo Grande 1 y Campo Grande 3, que no cumplieron con los requisitos y el comité de expertos del IICA los declaró no elegibles. Listo, no entran, perdieron, salen del concurso. Dice la norma: “Si como resultado de este estudio –o sea el de la comisión de expertos- se determina que el proyecto es inviable en uno o más de estos componentes, el mismo será rechazado, y se le comunicará sobre tal hecho al proponente”. O sea, se acabó el cuento. Los rechazaron por siete razones diferentes, todas de peso:</p>
<p>El caudal seleccionado para el módulo de riego es muy alto para la conducción en una tubería de 8 pulgadas.<br />
El motor seleccionado para la bomba –porque son distritos de riego– tampoco es el que corresponde.<br />
No se tiene claridad con respecto al suministro de energía; se presenta en las especificaciones técnicas un tipo de suministro y en el presupuesto se hace referencia a otro distinto.<br />
No hay claridad sobre la concesión de aguas –qué tal, un proyecto de riego que no presenta claridad sobre la concesión de aguas– para el predio beneficiado; la solicitud de renovación de concesión presentada no hace referencia al predio Campo Grande.<br />
No se anexan soportes jurídicos del arrendador del predio beneficiado por el proyecto (Cámara de Comercio).<br />
En el presupuesto presentado se relacionan más aspersores de los que define el diseño.</p>
<p>El comité técnico del IICA, entonces se los termina negando, y ahí debiera terminar el asunto. Y oh, sorpresa, ¡en la lista de elegibles aparecieron después los dos proyectos no elegibles, Campo Grande 1 y Campo Grande 3, y le dieron 435 millones al uno y 445 millones al otro, cerca de mil millones de pesos a los dos! Espero que las autoridades de control estén observando lo que se está diciendo y lo investiguen con todo detenimiento. Reiteradamente le pedimos explicaciones al Ministerio. Desde el jueves de la semana pasada las estamos pidiendo, bueno, digan cualquier cosa. ¿Cómo resucitaron estos dos muertos? Bueno, hay un tercero, otra empresa a la que también resucitaron. Inagro se llama.</p>
<p>¿Cómo los resucitaron? Se reunieron en el Comité Administrativo del Convenio 055 de 2008, donde tiene asiento el señor Juan Camilo Salazar, viceministro de Agricultura, Rodolfo Campo Soto, gerente del Incoder, Javier Romero, director de Desarrollo Rural, y el doctor Jorge Andrés Caro, que es el míster, el jefe del IICA, y simplemente metieron a los dos que no eran en el listado de los que sí eran, lo publicaron en la prensa, les dieron la plata y se acabó el cuento. Y esta es la hora en que no hemos recibido explicación satisfactoria. En algún momento nos dijeron que los expertos del IICA cambiaron las reglas y decidieron de otra manera. Si lo hicieron, violaron la ley, porque la ley no les permite cambiar el concepto. Pero además, llevamos casi una semana pidiéndole al Ministerio que nos mande el acta de la reunión de los expertos, para ver cuáles fueron los que violaron la ley al decidir que se resucitara ese proyecto. Supongo que va a aducirnos ahora el ministro Fernández que lo que hicieron fue algunos cambiecitos al proyecto. Pero miren la prueba reina que tenemos aquí para probar que no le hicieron cambiecitos al proyecto. ¡No le hicieron cambiecitos al proyecto! No se los podían hacer. Y la prueba es muy simple. En la propuesta de ellos –me estoy refiriendo particularmente al caso de Juan Manuel Dávila Fernández de Soto, porque nos faltan papeles para confirmar los otros dos casos– le aprobaron un proyecto por $551.436.281. ¿Y saben cuánto valía el proyecto declarado no viable? Exactamente la misma suma: $551.436.281. La acusación que yo hago aquí es que de una manera dolosa, ilegal, volvieron elegibles tres proyectos que eran inelegibles. Un hecho de extrema gravedad.</p>
<p>No hay mecanismo que permita resucitar proyectos. Hay uno que está en las reglas, para aplicar antes de la declaratoria de no elegibles, y es que los aspirantes pueden adjuntar algún papel que falte, pero antes de la declaratoria de no elegibles, repito. Espero que no vayan a decir que es posible cambiarla, porque se empiezan a meter en honduras legales.</p>
<p>Vamos a suponer, sólo en gracia de discusión, porque la ilegalidad es manifiesta, que no sea ilegal. Ustedes tienen discrecionalidad para decidir. ¿No se dieron cuenta de que eran dos proyectos más de los Dávila? ¿No se dieron cuenta de que se estaba concentrando la plata? Después salió el ministro a argüir que los dos empresarios eran unos hampones que le habían hecho conejo al Ministerio. Y tienen ahora la desfachatez de presentar dizque un proyectico de ley para evitar que esas anomalías vuelvan a ocurrir. No. Es que lo calcularon para que sucediera. No nos confundan más, que sabemos exactamente qué es lo que está pasando aquí. Hay una lógica plutocrática y corrupta, como en el caso que estoy mencionando.</p>
<p>Concluyamos, señor Presidente. Entiendo que ya el doctor Uribe sacó el látigo burocrático y dio orden de respaldar al doctor Fernández, pase lo que pase. ¡Y hay de aquel que se atreva a discutirle al Mesías! Pagará en contratos y en burocracia su osadía. Pero yo sí les pido con todo cariño y cordialidad, senadoras y senadores, que reflexionen, porque aquí estamos hablando de hechos muy graves y no es sensato asumir una actitud de alcahuetería, de combo, de banda, de compadrazgo, de proteger al amigo o al amigote. Y particularmente se lo digo a los dirigentes del Partido Conservador. Demasiados escándalos de este tipo por cuenta del Partido Conservador, el partido que se proclama dizque el amigo de los campesinos de Colombia y a quienes sus ministros les están dando este tratamiento.</p>
<p>Pero como probablemente a mí no me crean por ser del Polo, les voy a leer la opinión que dio Monseñor Jaime Prieto, el Obispo de Cúcuta, uno de esos prelados que enaltece su magisterio. Emitió una circular a la opinión pública, muy ofendido. Y cuenta cómo él ha estado haciendo bazares y vendiendo empanadas, él en persona, para conseguirse unos cien milloncitos de pesos para respaldar a los agricultores que se mueren de hambre en el departamento de Norte de Santander. Y es cuando se tropieza con Agro Ingreso Seguro y saca entonces esta circular, cuyo título es “Agro Ingreso Seguro, cínico y descarado”. “Agro Ingreso Seguro, cínico y descarado”, senador Núñez Lapeira, dice Monseñor Prieto.</p>
<p>Afirma Monseñor: “Se destapó esa olla podrida de Agro Ingreso Seguro. Lo más triste de todo es el cinismo con que se trata de justificar el visible atraco a los fondos del Estado y por lo tanto al mismo pueblo colombiano”. Está ofendido, y tiene derecho a estarlo, como tantos colombianos. Y agrega: “Cuando se inició el escándalo uno de los grandes implicados decía ‘pero si todo está a la vista’”. Comenta Monseñor Prieto: “Pues claro que todo está a la vista. Su cinismo los exime de justificarse por ignorancia. Aquí el elefante se les convirtió en animal prehistórico descomunal, un ‘mamut’ de esos que dejan no huellas sino cráteres en la ya desgastada confianza que les puede brindar el pueblo colombiano”.</p>
<p>Cada uno de ustedes, a solas con su conciencia, verá cómo votar. Pero este es el veredicto, estos son los hechos que se han confirmado aquí esta noche. Este es el tipo de gobierno y de ministros que tenemos. Y este es el aspirante con que cuenta el Partido Conservador a la Presidencia de la República. Cuando se lanzó de candidato, yo afirmé que era un perfecto candidato, porque se parece bastante al doctor Uribe. Y en la confusión de la Colombia de hoy, eso solo le da derecho a aspirar a la Presidencia de la República. Es más, es probable que lo que hoy estamos diciendo aquí lo refuerce, lo fortalezca ante algunos. Muy macho el doctor, sin escrúpulos, no le tiembla el pulso para nada, incluso para acusar de corruptos a quienes él decidió beneficiar de manera calculada. Es un acto inaudito de faltonería el que nos brinda todo un candidato a la Presidencia de la República. ¿Qué es faltonería, senador Gerlein? Es ese tipo de conductas en las que yo organizo algo y cuando sale mal, asumo este tipo de comportamientos.</p>
<p>Concluyamos. La responsabilidad de este desastre es de los dos ministros. Del ministro Arias principalmente, por supuesto que sí. Y del doctor Fernández, su compañero de pupitre, que le ha alcahueteado todo, y quien es además el responsable político, qué hacemos, porque el ministro es él. La renuncia se le debería exigir el presidente de la República, porque todo esto es organizado por el jefe del Estado, quien se ha jugado su desprestigio en respaldo a estos hechos inauditos, pero no se puede. Se ha impuesto una política plutocrática, esa es la palabra. Lo plutocrático es lo contrario de lo democrático. Se ha impuesto una política de amigotes para salvar a los compadres, mientras el resto del agro se hunde, una política llena de ilegalidades como las que he mencionado. Y sobre todo, y es lo más grave, senadoras y senadores, y les pido que reflexionemos, una política que no desarrolla al agro. En Colombia tenemos probablemente el peor agro del continente, un agro que se está hundiendo en un país que tiene tierras de sobra, aguas de sobra, productores de sobra, en un país al que le arrebataron su seguridad y soberanía alimentarias, un país que está al borde de una hambruna, producto de las importación de diez millones de toneladas de productos del agro. Y eso que no ha llegado aún el TLC que va a acabar con el arroz, y con la producción de leche y de pollo, y con la producción de cerdos, y que va a arrasar con lo poco que queda de granos en Colombia. Pero como hay oro, y hay carbón, y hay minería, pues entonces qué importa, dirán el doctor Uribe y sus amigos, que con el oro y el carbón conseguimos los dólares para pagar las importaciones que acaban con el agro nacional.</p>
<p>¿Cuál es mi propuesta, colombianos? Hay que mantener e incluso aumentar los recursos del Estado para el sector agropecuario. Que quede claro: este no es un debate en contra de que el Estado proteja a todos los sectores del agro de todas las maneras que sea necesario. Colombia tiene el derecho y la posibilidad real de contar con uno de los mejores agros del mundo. El Estado está en la obligación de respaldarlo, pero no para montar combos de amigotes mientras el agro se hunde. Hay que rediseñar por completo la política agropecuaria y hay que liquidar Agro Ingreso Seguro, inventándose una alternativa que se atenga a la Constitución y la Ley, porque lo que hay no atiende la Constitución y la ley. Este Congreso tiene derecho a reglamentar cómo es que se distribuyen los recursos de manera democrática y con un espíritu de igualdad, que es lo no está sucediendo. Y hay que cambiarle el nombre a esta farsa. No más Agro Ingreso Seguro, eso es una desvergüenza. ¿Agro Ingreso Seguro porque es seguro para don Luis Carlos Sarmiento y para los Dávila y para otros cuatro compadres más? ¿Agro Ingreso Seguro porque da cien mil exiguos respaldos al año en un país donde hay dos y medio millones de productores rurales?</p>
<p>No se burlen más de Colombia de esta manera. Y por supuesto, que renuncie el ministro Fernández, como un mensaje al país de que el presidente de la República les pide perdón a los colombianos por este hecho ignominioso al que estamos asistiendo, una especie de acto de constricción para esta desvergüenza. Y que el Partido Conservador le exija al doctor Arias que no lo desacredite más manteniendo su candidatura a la Presidencia de la República, porque es un hecho inaceptable, primero que nada, pienso yo, para el Partido Conservador.</p>
<p>Muchísimas gracias.</p>


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		<title>Los Agrocombustibles aumentarán el hambre de la Humanidad</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 21:39:17 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate a los ministros de Minas y de Agricultura sobre agrocombustibles, Comisión Quinta del Senado, 1º de abril de 2008.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Empiezo haciendo mención de un par de asuntos&#8230;</p


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate a los ministros de Minas y de Agricultura sobre agrocombustibles, Comisión Quinta del Senado, 1º de abril de 2008.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Empiezo haciendo mención de un par de asuntos que sería imperdonable no mencionar. Malo el balance del agro también el año pasado, señor ministro. Sus proyecciones de que el agro iba a crecer al 5% no le salieron ni de lejos. La economía creció tres veces lo que creció el sector, lo que significa que seguimos con un desastre agropecuario. Esto hay que señalarlo con todos los números, y eso que el café le ha dado la mano al agro, no por la acción del gobierno, sino por los buenos precios internacionales. Mejor: buenos no, menos malos. Realmente es desastrosa la situación del agro nacional y pésimo su crecimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">En las condiciones que padece el sector, se van a necesitar mil años para salir de la miseria y la pobreza. La situación en parte tiene que ver con un hecho muy grave, que al gobierno le parece hasta bueno, que están disparadas las importaciones de productos agropecuarios. Pasaron de cerca de seis millones a más de ocho millones entre 2003 y 2007, es decir, aumentaron en más de dos millones doscientas mil toneladas, una barbaridad. Esa cifra se convierte en desempleo y mayor pobreza. En un país que tiene como política sustituir el trabajo nacional por el trabajo extranjero necesariamente les va muy mal a sus campesinos, a sus empresarios y a sus jornaleros.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Se disparó el precio de los alimentos importados</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando tramitábamos el TLC, el ministro Botero, hoy disfrutando en Washington de las mieles del Banco Mundial, nos decía que era bueno aprobarlo, porque los subsidios agrícolas de Estados Unidos se nos iban a convertir en comida barata. ¿Se acuerda, senador Serrano? La comida importada arruinaba el agro, pero era comida barata. Hoy ya ni siquiera es barata la comida. Entre el año pasado y este, las importaciones crecieron en 5%, pero los precios de las importaciones crecieron en 30%. Está disparado el precio de los alimentos de importación, cosa que se está convirtiendo también en hambre, no solo en las zonas rurales, sino también en las urbanas. Aquí enfrentamos un problema de extrema gravedad, el encarecimiento de los precios de los alimentos en Colombia y el mundo, y buena parte del presente debate va a dedicarse a examinarlo. El caso del trigo es escandaloso. Hace unos años se acabó el pan de $100. Bueno, le tocó el turno al pan de $200 y el pan más barato es el de $300. Están cerrando las panaderías, porque la gente no quiere comprar pan. Les parece, con toda justicia, demasiado caro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por revaluación, cafeteros pierden más de $2 billones</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Mis amigos cafeteros, que tengo muchos, no cesan de llamarme: senador Robledo, diga algo del tema del café. Es un drama espantoso. En los últimos años, afortunadamente, los precios repuntaron, pero la reevaluación de la moneda que este gobierno ha agenciado de una u otra manera les ha sacado del bolsillo a los caficultores más de dos billones de pesos. ¿Cuánta hambre hay detrás de esa reevaluación en un sector compuesto por más de quinientas mil familias y en el que 95% tiene cafetales de menos de cinco hectáreas? Ministro, le voy a dar unas cifras que de pronto usted no tenga y que comparan lo que se podía comprar con el precio de una carga de café en 1989 y lo que se puede comprar ahora. Miren ustedes, colombianos, para que se aterren. En 1989 se podían comprar 1.250 kilogramos de fertilizantes, claves en el cultivo; en el 2000 ya no se podían comprar sino 550 kilogramos de fertilizantes y hoy, en el 2008, apenas se pueden comprar 300 kilogramos. Estamos hablando de una caída bárbara en la capacidad de compra. Con el ACPM pasa algo parecido: en 1989, con el precio de una carga de café se compraban 150 galones de ACPM y hoy apenas 65. En dos palabras, los costos están estrangulando a los cafeteros colombianos. Y el impacto de los fertilizantes y del ACPM no golpea tan solo a los cafeteros, sino a todo el sector agropecuario.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>En defensa de los cruderos de la leche</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ministro, espero que ustedes entren en razón y que antes de agosto deroguen el decreto que prohíbe comercializar leche cruda en Colombia. Es un decreto profundamente retardatario, y si ustedes insisten en imponerlo van a arruinar a miles y miles de pequeños comerciantes de la leche, van a arruinar muchos negocios como el del pandebono y el quesillo y van a arruinar a un montón de pequeños ganaderos, los más pobres de Colombia, quienes se quedarán sin vender la leche cruda si los cruderos no se la compran, porque los monopolios no van a ir a esos rincones del país.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que me parece detestable es que se agencie otra política de concentración de la riqueza con el pretexto de la salud pública. Algo parecido ocurre con los cierres de los mataderos municipales: Ciérrense los mataderos municipales con el pretexto de la sanidad para que se concentre la producción en dos o tres grandes mataderos. Y hay un decreto parecido, afortunadamente suspendido, en el caso de la panela, sector del que quieren sacar a muchos paneleros colombianos también con el pretexto de la sanidad. En conclusión, está realmente bastante mal la política agropecuaria colombiana.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Mejor agrocombustibles que biocombustibles</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Entremos en materia. Los senadores que llevan aquí más de un periodo se acordarán de que este no es mi primer debate sobre el tema de los agrocombustibles. Y aprovecho para aclarar que prefiero llamarlos agrocombustibles que biocombustibles, porque ese “bio” tiene una connotación positiva. Significa vida y, como vamos a verlo, la cosa es bastante más complicada. Es más serio llamarlos agrocombustibles para que no haya sesgos ideológicos metidos de contrabando en el debate.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordarán que mi primer debate lo hice en 2003, quince días después de que el doctor Álvaro Uribe Vélez dijera que les había montado un gran negocio a los ingenios azucareros del Valle geográfico del río Cauca en la producción de etanol. Entonces aquí convocamos a un debate para mirar de qué se trataba el asunto. Dije en esos días que era uno de esos negocios que sonaba bien, porque, claro, cómo no va a sonar bien hacer una transformación productiva de bienes agrarios para convertirlos en combustible. Pero también dije: miremos con más detenimiento. Miremos primero que sin subsidios inmensos del Estado el negocio no opera. Dije también: ojo, porque las leyes que empujan a hacer los agrocombustibles permiten importarlos y sería el colmo que termináramos subsidiando la importación de agrocombustibles. Pregunté, como una preocupación: ¿podrá haber pequeños productores o todo es para los grandes ingenios Pregunté también: ¿les va a quedar parte del subsidio a los agricultores o se van a quedar con todo los industrializadores? Todas eran cuestiones razonables. Y también recuerdo que con el senador Serrano hicimos un debate en la plenaria del Senado en el que dijimos: hombre, nos parece muy feo que sea el ministro Mejía, de Minas, quien agencie toda esta política, pues casualmente él o su familia poseen una finca beneficiada por este negocio en el Valle del Cauca.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Una política del imperio</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En esos días no estaba todo claro, porque, la verdad, teníamos una gran ignorancia del tema. Hoy ya ha sido aclarado algo que es bueno que se sepa: la política de agrocombustibles no es un invento del gobierno nacional, sino el reflejo de una decisión tomada por el gobierno de Estados Unidos. Washington se ha propuesto reemplazar las importaciones de hidrocarburos por producción interna, por un problema de geopolítica de estos asuntos de la guerra. No es reemplazar combustibles de origen fósil por combustibles de origen vegetal, sino reemplazar importaciones, por los enormes líos que enfrenta el Imperio con sus fuentes de abastecimiento. Dentro de la política de sustitución, los agrocombustibles son apenas una parte. Por ejemplo, se está poniendo mayor énfasis en las plantas de energía nuclear y en otras medidas a las que la humanidad y los colombianos debiéramos poner atención, y es que ante la crisis de la energía, hay que ahorrar energía y dejar de despilfarrarla como se viene haciendo. En ese sentido no me choca la idea de reemplazar bombillas de un tipo por otro, si eso genera realmente un ahorro en el consumo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero sobre todo, esto de los agrocombustibles tiene origen en las necesidades de montar un nuevo negocio. Estoy enfatizando en que no es verdad que lo de los agrocombustibles se monte, como se dice, con el argumento de que vamos a salvar el medio ambiente del calentamiento global. Más adelante me voy a detener en el tema, pero por el momento digamos que esos son cuentos. En realidad aquí lo que hay es un propósito geoestratégico de Estados Unidos de producir internamente más combustibles y hay también detrás un negocio trasnacional. Como lo vamos a ver, se trata de negocios de ligas mayores de la economía y no de pequeños negocios.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hay un gran debate a escala mundial</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En esos días no se mencionaba, pero ahora sí. Diría que es la política a escala global que más se debate en el mundo de hoy, no solo entre los sectores de la izquierda, sino también en el Banco Mundial, en la OCDE, en la ONU, en las trasnacionales, en todas partes. Y esta muy en duda su continuidad o por lo menos hay serios reparos. Voy a explicar por qué. Al final vamos a ver que la inestabilidad que acosa a este negocio o que por lo menos podría terminar acosándolo le interesa a Colombia.</p>
<p style="text-align: justify;">El primero de los reparos es el siguiente. Cuando en un mundo con recursos limitados sustraigo de la producción de comida una porción inmensa de territorio y de recursos para producir combustibles, por definición lo que sucede es que se disparan los precios de los alimentos. El señor Simon Jonson, director de Estudios Económicos del FMI, dice que a esto de los agrocombustibles se le puede atribuir un incremento importante en los precios. No es lo único que explica sus incrementos, pero pesa bastante. Dice el señor Jonson: “El impacto de los altos precios de los alimentos es directo y doloroso: (los pobres) tendrán que pagar más por comer”. La OCDE, la organización de los países más ricos de la Tierra, dice que en materia de agrocombustibles es “peor el remedio que la enfermedad”, porque harán subir los precios de los alimentos entre 20 y 50% en los próximos diez años. El señor Jacques Diouf, Director de la FAO, sostiene: “El auge de los biocarburantes supondrá un aumento de 9% del gasto global de importación alimentaria de los países en desarrollo”, y 10% es mucha plata para los pobres de un país. La revista Foreign Affaire afirma que esta política tendrá “consecuencias devastadoras para la pobreza y la seguridad alimentaria del mundo”. Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, dice: “La súbita y mal concebida carrera para convertir comida –como maíz, trigo y aceite de palma– en combustibles, es una carrera para el desastre”. Peter Brabeck, jefe de Nestlé, dice: “Si se quiere cubrir el 20 por ciento de la necesidad creciente de productos petroleros con biocarburantes, como está previsto, no habrá nada que comer”. Y agrega: “Otorgar enormes subvenciones para producirlos es inaceptable moralmente e irresponsable”. Fíjense ustedes que no cité a nadie que no fuera del establecimiento y podría quedarme aquí toda la mañana leyendo citas de todos los que mandan en el mundo. Quiero en ese sentido apelar a los senadores de la Comisión a que entiendan que este es un debate de verdad de extrema gravedad y de extrema profundidad. Estamos hablando de que en un país lleno de pobres, aumentar los precios de los alimentos a esos niveles significa que la gente se queda sin comer, se muere de hambre.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>En entredicho los impactos medioambientales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Y entonces se me replica, bueno, senador, pero en impacto medioambiental vamos a ganar. No es cierto. Al fin no supe en qué terminó el documento Conpes aprobado anoche, pero en el borrador anterior, el propio Conpes decía que aún existen muchas dudas sobre los verdaderos efectos ambientales que pueda tener la producción de biomasa para combustibles. Cuál es el punto. Es cierto que si yo le introduzco alcohol carburante o incluso agrodiesel a las mezclas de gasolina y diesel, puede haber allí una pequeña reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Pero resulta que cuando hago los cálculos y la operación completa, y no miro el asunto solo en el vehículo, sino en su conjunto, lo que significa en costos y en gastos de energía de deforestar las tierras, hacer los agroquímicos, mover los tractores, transportar por el mundo entero los agrocombustibles, etc., entonces empiezan a aparecer unos casos de polución ambiental y de gases de efecto invernadero que empiezan a poner en duda el balance final. No voy a entrar muy en detalle, sino por lo menos a dejar abierta la duda. Lo que dicen cada vez más ambientalistas en el mundo es que el balance final es negativo si se tienen en cuenta todos los factores.</p>
<p style="text-align: justify;">Voy a leer también algunas citas. Empiezo mostrando que apenas el 14% de los gases de efecto invernadero tienen origen en el transporte mundial. Miren ustedes, es increíble. El 41% son emisiones originadas en la agricultura. Un porcentaje inmenso de esta contaminación tiene origen en un fenómeno absurdo, y es que el mundo se la pasa moviendo de un sitio a otro productos iguales. Algún analista señalaba que España le exporta a Europa 3.500 cerdos diarios y los europeos le exportan a España otro tanto. Es una especie de locura gastar tanta energía llevando y trayendo cosas del mismo tipo. Miren ustedes lo de los automóviles: Europa le vende a Estados Unidos millones de automóviles y Estados Unidos le vende a Europa millones de automóviles. Ese hecho podrá tener su lógica para ganarse una plata, pero es muy discutible desde el punto de vista del medio ambiente. La OCDE afirma que en este sentido también es “peor remedio que la enfermedad”. El Informe se titula justamente así: “Peor remedio que la enfermedad” (El Tiempo, Oct.02.07). La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos hace énfasis en las presiones del etanol sobre el consumo del agua y señala como un problema ambiental grave que el etanol produce más ozono que la gasolina (El Tiempo, Nov.28.07). Dos estudios publicados por la revista Science muestran que los biocombustibles “despiden más dióxido de carbono en el aire del que pueden absorber las plantas cultivadas” (The Guardian, Feb.17.08). La Sección de Medio Ambiente del Parlamento inglés acaba de pedirle a la Comunidad Europea que aplace la producción o el consumo de los agrocombustibles porque ambientalmente no es sostenible. El Conpes destaca que los agrocombustibles producen unos óxidos de nitrógeno con un efecto invernadero 24 veces fuerte más que el CO2. Añade que se producen efectos tóxicos, algunos de ellos genotóxicos (que afectan los genes) y cancerígenos. Dice el Instituto Colombiano del Petróleo, que hizo los estudios del gobierno sobre el balance de contaminación, que si bien es cierto se reduce el consumo de CO2, no los óxidos de nitrógeno, que en el caso de Cartagena aumentan hasta el 43% y en el caso de Bogotá los incrementos pueden llegar hasta el 83%.</p>
<p style="text-align: justify;">En resumen, lo que quiero señalar es que por definición no es cierta la teoría según la cual va a haber un gran beneficio ambiental para el mundo. Pero además ¿saben cuánto aporta Colombia a los gases de efecto invernadero? El 0,24 por ciento del total mundial. El fenómeno es un problema para Estados Unidos, que aporta el 21 por ciento, o para la OCDE, cuyos países miembros aportan el 50 por ciento. Pero en el caso de Colombia, el porcentaje es supremamente pequeño. Entonces argumentar que Colombia se debe meter en la producción de agrocombustibles por la ganancia medioambiental es bastante debatible y antes habría que analizar los costos y los beneficios.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Encarecimiento de los alimentos le resta competitividad global a Colombia</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En el estudio ya citado, el FMI señala un asunto que guarda relación con el impacto del encarecimiento de la comida en la competitividad global de los países. ¿Qué dice el señor Jonson? Que cuando el precio de los alimentos sube se genera inflación, mayor en los países pobres que en los ricos, porque en los países pobres el gasto, proporcionalmente hablando, se dirige más a comida que en los países ricos. Y porque la comida propiamente dicha, sin contar los empaques y la publicidad y todas la demás cosas que la acompañan, participa más en los países pobres que en los ricos. Entonces ¿qué sucede? Lo que está sucediendo en Colombia: que los gobiernos, en una concepción neoliberal, deben subir la tasa de interés como una manera de intentar enfriar la economía para que la inflación se modere. Pero cuando se sube la tasa de interés, como está sucediendo exactamente en Colombia, aumenta el negocio especulativo de traer dólares conseguidos en el exterior con tasas de interés más bajas, lo que genera revaluación y le quita competitividad al país.</p>
<p style="text-align: justify;">Este es un punto crucial en la discusión. El incremento de los precios de los alimentos les resta competitividad global a los países y particularmente a los países pobres, entre los que se encuentra Colombia. El señor Jonson dice: bueno, podrían salir ganando algunos de los habitantes de esos países, los que estén involucrados en esos negocios cuyos precios suben, pero añade que todos los urbanos pierden, y que también sufren todos los del sector agropecuario no vinculados al negocio de los agrocombustibles.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Sin estudios se embarcó al país en un negocio gigantesco</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El problema es que en este caso, como en muchos otros, no hay estudios. Al país lo embarcan en estas cosas a sangre fría, como en una especie de tómbola a la loca a ver qué es lo que va a pasar. El país lleva siete años metido en el negocio y apenas ayer se aprobó un documento Conpes que analizó el caso y que dio recomendaciones. Es increíble. Siete años, con subsidios en plata que pasan de 220 millones de dólares al año y en el primer Plan de Desarrollo del gobierno de Álvaro Uribe Vélez ni se menciona el caso y en el segundo se menciona de manera secundaria. Y apenas ayer se aprobó un documento Conpes al respecto. Creo que ni las fincas de los jefes del gobierno se manejan con menos planeación.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay otro hecho importante. Este es un negocio de inmensos capitales, de inmensos monopolios y trasnacionales y de grandes hacendados, no un negocio ni de pequeños ni de medianos, diría incluso que ni de grandes de la talla de Colombia. Es un negocio en el que se integran la agricultura, la industria de la extracción y el comercio. Es un negocio en el que están metidos todos los grandes, Cargill, Archer Daniels Midland (ADM), British Petroleum, Mitsui, Petrobrás, Petro China, George Soros y todos los banqueros. Y es un negocio de especulación que no sabemos en qué va a terminar, porque ya en la década del 80 hubo un boom de la producción de etanol que terminó en catástrofes y en ruinas de sectores importantes de la economía.</p>
<p style="text-align: justify;">Demos algunas cifras que ilustran el punto: Indonesia apunta a pasar sus hectáreas en palma africana de 6,4 millones de hectáreas a 26 millones. Malasia, cuya monarquía es tan de los afectos del ministro Arias, según supimos en estos días, acaba de concentrar tres de las mayores empresas de palma pertenecientes al Estado en una sola, con 526 mil hectáreas. Recordemos que en Colombia hay cerca de 300 mil hectáreas de palma en total. Y allí solo estas tres empresas tienen 526 mil. Empresas chinas acaban de meterse en negocios para plantar dos millones de hectáreas de palma africana en Malasia e Indonesia. El señor Robert Kuok, el más rico del Sudeste Asiático, posee 435 mil hectáreas y 25 refinerías en Indonesia, una refinería de un millón de toneladas de agrodiesel en Rótterdam, Holanda, y es el segundo mayor accionista de la primer empresa de agrocombustibles de Brasil.</p>
<p style="text-align: justify;">El caso de Brasil es impresionante. Cuenta con 3,4 millones de hectáreas de caña solo en el negocio del etanol y están hablando de 22 millones de hectáreas más para introducirlas en el negocio de los agrocombustibles. Las plantaciones de caña abarcan 6,5 millones de hectáreas, cuando aquí estamos como en 250 mil, un área bien pequeña. El señor Soros compró una empresa en Argentina que posee 100 mil hectáreas de tierra. A partir de esa firma adquirió 27 mil hectáreas de tierras en Brasil para negocios de café y algodón y se asoció con la familia Vieira del Brasil para producir un millón de toneladas de caña de azúcar y ambos están construyendo en Estados Unidos una planta para procesar 50 millones de toneladas de maíz para etanol.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Aumenta la concentración de la tierra</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El otro aspecto que vale la pena mencionar es el impacto sobre la tierra. Ya hemos visto lo fenómenos de concentración que no suceden porque sí. En los últimos años, en Brasil, 941 mil fincas de pequeños propietarios han pasado a engrosar fincas mayores. Y miren ustedes para que se sorprendan lo que dice el New York Times: “Ha estallado una guerra sobre los precios de las hectáreas, una guerra que los agricultores saben que perderán ante la especulación de los inversionistas.” (“¿La pesadilla del agricultor?”, en The New York Times, Editorial, Agt.10.07). El diario señala cómo la política de subsidios de Estados Unidos ha concentrado la tierra, pero precisa que el fenómeno va más allá: “Podemos estar presenciando el inicio del dramático momento en que la propiedad de la tierra cultivada pasa del agricultor hacia los gigantes industriales de la producción energética y agrícola”. Esto es grave, porque una de las razones por las que a mí me sonó este asunto inicialmente fue porque me dije: hay un negocio para los agricultores. Siempre he defendido el agro, pero aquí lo que estamos viendo es que el asunto empieza a tomar otros rumbos, con impactos que difícilmente pueden considerarse como deseables.</p>
<p style="text-align: justify;">El otro fenómeno que hay que tener en cuenta es que, por lo menos en el caso de la palma y también en el de la caña, se trata de un negocio absolutamente dependiente del precio de la mano de obra. Se ha desatado entonces una feroz competencia mundial por aprovechar condiciones salariales espantosas. Los trabajadores de la palma en Malasia no tienen salario mínimo. En Colombia está en 238 y allí, donde casi todos los obreros son migrantes indios y de Bangladesh, pagan 92 dólares al mes. Lo de Brasil es escandaloso. Doce horas diarias de labores por 192 dólares y en condiciones de trabajo degradantes. Ha habido denuncias graves en contra de una de las mayores empresas productoras de etanol por trabajo esclavo. Una situación muy compleja, porque cómo estamos hablando de competencia global, el impacto sobre las malas relaciones laborales en el resto del mundo se deja sentir de inmediato. En Colombia, como todos sabemos, los ingenios de la caña están funcionando con cooperativas de trabajo asociado en unas condiciones laborales detestables. Además, aunque aquí se nos dijo cuando empezó esta política que se buscaba mantener los empleos en la zona cañera y ahora los ingenios están mecanizando el corte. Tengo informes de que el propósito es mecanizar hasta el 70% del corte de la caña de azúcar. Luego el empleo asalariado de los trabajadores de la caña, tras de malo, tendería a desaparecer.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Crecientes riesgos</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Miren, senadores, lo que dijo Rudolf Hommes en Portafolio el 12 de noviembre del año pasado: “¿No estaremos embarcando a empresarios y campesinos en una aventura que puede terminar en una hecatombe (como se dice ahora)?”. Por qué se pregunta eso el señor Rudolf Hommes. En la década de los ochenta, cuando se dispararon los precios de los combustibles, hubo un auge del etanol, que desapareció sin pena ni gloria con grandes pérdidas para la sociedad.</p>
<p style="text-align: justify;">El negocio presenta una serie de dificultades. De entrada, hay un riesgo tecnológico muy delicado. Como una especie de consenso, se dice que los actuales agrocombustibles serían como la primera generación tecnológica, porque son tremendamente ineficientes y costosos y las pérdidas de energía resultan inmensas. Hay grandes inversiones investigando para producir agrocombustibles de algas y de celulosa, de forma tal que no se utilice solo una parte sino toda la planta. Uno de los líos para los inversionistas es que si cambia la tecnología, qué pasa. Y la tecnología puede cambiar en cualquier momento. Wall Street Journal Americas (Nov.28.07), hablando de Estados Unidos, precisó: “Se han reducido sus ganancias (las de las destilerías), se han cancelado planes para nuevas plantas y los precios de las compañías ligadas al etanol están en sus puntos más bajos del último año”. Hay una crisis de la industria del etanol en Estados Unidos, así haya al mismo tiempo grandes inversiones. Dicen también que el etanol alcanzó allí un techo a la mitad del año 2006 al llegar el galón a 5 dólares y que a noviembre se estaba vendiendo a 1,50 dólares. En el mismo sentido se expresa Iván Duque, Consejero de Colombia en el BID. En resumen, es un problema que hay mirar con todo detenimiento. Qué va a pasar con este negocio, hasta dónde van a llegar las cosas y cómo se está reflejando en Colombia. Lo que uno puede demostrar es que en Colombia la mayor parte de los inversionistas se están preguntando: y qué vamos a hacer.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Los precios de los alimentos en Colombia</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Qué va a pasar en Colombia con los precios de los alimentos. Lo que dice el FMI va a pasar en todas partes y es que están disparados. También en Colombia. Por ejemplo, los precios de las importaciones de leche y productos lácteos crecieron 55%, los cereales 37%, el trigo 36%, la cebada 48% y el maíz 46% (SAC, Portafolio, feb.27.08). Está llegando comida más cara que ya no se produce en Colombia. El nuestro es un agro tan postrado, tan arrinconado, que ya los agricultores ni siquiera son capaces de responder a los mejores precios. Y si aparecen, con ellos se quedan las trasnacionales del negocio y no se los trasladan a los productores. Ese es el fenómeno que termina sucediendo. ¿Qué va a pasar en Colombia con el encarecimiento de los precios de la comida? Que sufren todos los habitantes urbanos, porque no son productores de alimentos, y podemos estar hablando de cerca del 85% de la población. Sufren también todos los obreros agrícolas, que viven de un jornal, y todos los campesinos pobres, que finalmente son semiproletarios. ¿Cuáles son los productores que pueden beneficiarse si los cereales se están importando porque en Colombia no se producen, pues prácticamente los liquidaron y no veo cómo van a volver a levantarlos? Pueden beneficiarse los trabajadores del negocio de los agrocombustibles, de la caña y la palma, unos 90 mil, suponiendo que les lleguen los aumentos de los salarios, aunque la cosa está siendo organizada para que lo anterior no suceda.</p>
<p style="text-align: justify;">Se da un caso escandaloso, el de Procaña. Procaña asocia en el Valle del Cauca a los empresarios agrícolas que producen caña para venderle a los ingenios, pero que no son dueños de ingenio alguno. Y no han podido que los ingenios azucareros, que están haciendo inmensas ganancias con los subsidios del Estado, les trasladen una parte adecuada, senador Serrano, sino que los siguen tratando en las condiciones anteriores, cuando el etanol no se producía. Formulo una pregunta: ¿no es inaudito que el Estado colombiano subsidie la producción de alcohol carburante y que ese enorme subsidio no se refleje ni en los salarios de los trabajadores ni en los ingresos de los agricultores que suministran la caña? Y hago otra pregunta que nadie me ha explicado: ¿les están trasladando las extractoras de aceite a los campesinos cultivadores de la palma africana lo que les deberían transferir? Cuando entren en el negocio de los agrocombustibles, que va a ser subsidiado por el Estado probablemente con sumas mayores que las brindadas a los productores de etanol, ¿las extractoras de aceite van a trasladarles a esos campesinos o a esos pequeños empresarios parte del negocio o se van a quedar con todo, como sucede en todo el mundo? ¿Qué es lo que sucede? Que los intermediarios industriales y comerciales se quedan con una parte importante de las utilidades de los agricultores. El derecho del Estado de observar tiene que ver también con que es la plata del Estado la que allí se está poniendo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Un negocio que depende de los subsidios del Estado</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cómo es lo de los subsidios. Ustedes saben que soy amigo del agro y defiendo la producción agropecuaria y no me impresiona que haya subsidios. Es más, sé que si no hay subsidios en el agro, el agro se acaba, aquí y en cafarnaún. Y no solo el agro, sino prácticamente todo. El capitalismo sin subsidios entraría en una crisis pavorosa. O si no, miren lo que está pasando con la crisis en Estados Unidos, si no es el Estado gringo el que está medio haciendo sobreaguar la economía. Lo que se le opone a la intervención del Estado en el capitalismo no es el neoliberalismo, sino el caos, y todavía más en las épocas de crisis. Pero cuando se trata de los recursos públicos, hay derecho a mirar un montón de factores. ¿A quiénes se les entregan los subsidios? ¿En qué monto? ¿Son indefinidos los subsidios? ¿Están bien utilizados los subsidios o estarían mejor utilizados en otro renglón? Aquí hay todo un debate que en Colombia no se ha hecho porque el gobierno se ha negado y no dan los datos. Para conseguir cifras de parte del gobierno, lo dije en el debate en la Plenaria, casi hay que someter a tortura al doctor Arias y al doctor Martínez. Les pregunto: ¿saben ustedes cuántos son los subsidios de este negocio? ¿Tienen las cifras a la mano? No solo los subsidios directos por la exención del IVA, la sobretasa y el global en los precios de los combustibles, sino los subsidios por la disminución en el impuesto de renta, por las zonas francas especiales, por el no pago de aranceles a las importaciones de las maquinarias, en síntesis, ¿cuánto le está costando al Estado colombiano producir los agrocombustibles? Debiera ser una información para tener todos aquí encima de la mesa, pero la actitud del gobierno es que el Senado no tiene derecho a conocer la información sobre lo que pasa en Colombia, mientras ellos se gastan la plata como se les da la gana y asociándose con quien se les da la gana. Y no dan la información que debieran dar, así haya subsidios inmensos, del orden de 220 millones de dólares al año al etanol. Y si amplían el área, porque no está cubierto todo el país, y si entra la palma africana, va a crecer aún más esa cifra. Repito, no tengo una posición de principios contra los subsidios, pero sí tengo el derecho a que me los expliquen. En el Senado de la República no somos unos pintados en la pared ni unos entrometidos, como pareciera pensarlo el gobierno. ¿Dónde están las cifras, ministro, y dónde están las sustentaciones, pero serias. Es decir: cojan ese subsidio y preséntenlo, pero aplicado al maíz o al arroz o a la ganadería, qué pasaría, para no salirnos del sector agropecuario. Explíquenme que ese subsidio sí está bien gastado en el sector, que es donde más rinde, cómo se lo han gastado en las flores o en el café o en lo que sea.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Agrocombustibles y TLC</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esta decisión tomada por el gobierno nacional contiene un elemento que me mortifica mucho y es que se ha utilizado para ocultar el desastre de la negociación del TLC. El único producto en el que Colombia podía barrer a los gringos se llama azúcar. Los podríamos barrer, y Colombia podría venderles más azúcar en medio millón de toneladas o en más. Pues bien, lo he preguntado aquí varias veces: ¿cuál es el único producto de toda la industria y todo el agro nacional que nunca tendrá aranceles de cero por ciento en el Tratado de Libre Comercio? Se llama azúcar. En lo único que podíamos ganarles, los genios del gobierno nacional de Colombia se les sometieron a los gringos y no habrá nunca desgravación arancelaria en azúcar. También la negociación de soya es malísima. Con el TLC va a desaparecer la poca soya que queda en Colombia y va a haber pérdidas graves en aceite y en palma africana. Las pérdidas grandes en aceites están documentadas por estudios cuidadosamente realizados y con cifras precisas. Van a ser sustituidos por importaciones de soya y de canola y de otros productos traídos de Estados Unidos. Y entonces nos dicen que sí, que se van a perder, pero que la solución es el agrodiesel.</p>
<p style="text-align: justify;">Miremos entonces la otra cara de la noticia. ¿Va a haber exportación de agrocombustibles? Porque aquí todo el tiempo esto se ha movido con la insinuación de que va a haber grandes exportaciones de agrocombustibles. Miremos los precios, ministro, porque esto es con precios en la mano, a ver si es verdad que va a haber exportaciones de agrocombustibles. Los únicos agrocombustibles que se pueden producir en Colombia son los que van al mercado interno sobre la base de inmensos subsidios del Estado colombiano. ¿Va a haber exportaciones de agrocombustibles? Ojalá. Quisiera que las hubiera. No tengo nada en contra de que se exporten agrocombustibles, pero lo que pasa es que no puedo creer en esas maravillas porque las cifras no cuadran. Les voy a dar unas cifras: del borrador del documento Conpes, el mismo que les he venido citando, un documento de este gobierno. Miren lo que dice: los costos para Colombia del etanol son 92% superiores a los de Brasil. Son palabras mayores. Lo dice el Conpes, no yo. ¿Cómo se va a superar esa desigualdad? Dice también el Conpes que en costos en aceite de palma, no de agrodiesel, de aceite, los de Colombia son superiores en 37% frente a los de Malasia y en 110% frente a los de Indonesia. El Ministerio de Agricultura me dio unas cifras hace unos días y las voy a citar, aclarando que esto de las cifras tiene una dificultad, porque que son cálculos y análisis de diferentes fuentes, y no es lo mismo. Entonces voy a citarlas: Colombia, etanol, datos del Ministerio, de 1,78 a 2,09 dólares/galón; Brasil 1,26; Estados Unidos 1,77, pero ya hoy, les acabo de decir, están negociando a 1,50 dólares/galón. Agrodiesel: Colombia entre 1,97 y 2,03 dólares/galón; Brasil 1,36 dólares/galón. Pero además hay otros elementos. El presidente Bush vino a América Latina a buscar negocios de alcohol carburante y agrodiesel y no pasó por Colombia. No. Se fue a Brasil. Todo el mundo sabe la potencia agrícola que es Brasil, entre otras cosas porque tiene tierras de sobra, salarios paupérrimos e inmensos subsidios de todos los órdenes del Estado. La competitividad de los indonesios y los malayos en estos negocios de la palma es toda. Están apareciendo competitividades nuevas, por ejemplo, asociaciones de grandes inversionistas del mundo entero y brasileños para sembrar este tipo de bienes en África. Mejor dicho, si la mano de obra no vale nada en Malasia, en África lo que suben o bajan no son los salarios, sino los latigazos que les dan a los trabajadores. Sumado a todo están las tierras absolutamente nuevas.</p>
<p style="text-align: justify;">Que no resulte entonces que terminemos importando a Colombia etanol y agrodiesel, porque las leyes que aprobó la mayoría del Congreso dejaron abiertas las puertas para que se den estos subsidios a combustibles importados. Inaudito. Supe que en Codazzi estuvieron produciendo alcohol con maíz importado, pero ocurrió que con la disparada de los precios del maíz tuvieron que salirse del negocio y están en otra cosa. (Interpela el senador Julio Manssur y afirma: “Con maíz de contrabando”). Con maíz importado o de contrabando, lo que sea, pero maíz extranjero, porque aquí lo que finalmente importa es si es nacional o importado. Aquí parte del discurso del gobierno es que estas cosas las vamos a hacer para reactivar el agro nacional y el maíz importado o contrabandeado no estimula el agro nacional.</p>
<p style="text-align: justify;">El 14 de marzo pasado la Federación Nacional de Biocombustibles le envió una carta a la directora de Planeación Nacional sobre el borrador del documento Conpes del que estamos hablando. Miren lo que dicen los que están en el negocio, no la oposición ni el Polo ni el senador Robledo. Dicen: “El Documento (Conpes) desfasa el pivote de política que actualmente se centra en el consumo interno a otro que pretende orientar el negocio hacia las exportaciones”. Y la carta es de protesta por el documento Conpes. La Federación le pide al gobierno que no vaya a aprobar ese documento porque se tira el negocio. Y se lo tira porque, dice la Federación, quieren pasarlos de producir para el mercado interno a producir para la exportación. Es obvio que si se pasan a producir para la exportación, si las condiciones los empujan en ese sentido, terminan arruinados, porque no pueden competir. Dicen en la misma carta que no les cambien las reglas del juego a los inversionistas que confiaron en que su negocio era el crecimiento del consumo interno de los biocombustibles. Eso están diciendo los que están en el negocio, o sea, están reconociendo que no son competitivos. Dicen que de pronto más adelante sí, pero que por ahora no. Y también abrigo muchas dudas, porque no veo los elementos de cambio.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Las nuevas plantas no aparecen sino en el papel</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Estos negocios están funcionando hace mucho rato y no montan las plantas. El ministro Arias y los medios de comunicación hablan todos los días de las nuevas plantas y no aparecen sino en el papel. Montaron unas hace unos años los cañeros del valle del río Cauca porque ya tenían su negocio montado, para reemplazar exportaciones a bajo precio por etanol a alto precio, y entonces, con unas inversiones relativamente menores, pasaron una parte de su caña a etanol. ¿Pero cuántos son los nuevos negocios que han aparecido desde entonces? En los Llanos Petrotestin anunción que estaba montando una planta y suspendieron el montaje de la planta. Aquí un día hice una ironía. Dije que hay un pueblo de Boyacá adonde ha ido el presidente Uribe a poner tantas primeras piedras para una planta de etanol que allí lo que van a terminar montando es una cantera. Uno oye decir de todo. En estos días leí un informe del Ministerio de agricultura según el cual se va a montar una planta de 300 mil galones con remolacha azucarera en Boyacá. ¡Puras fábulas! ¡Un país que nunca ha producido remolacha azucarera y de repente va a venir un inversionista extranjero a montar una planta para después sembrar una remolacha que no se sabe si puede producir! A uno no lo pueden tratar así. Lo menos es que nos den la información como es, dónde están las plantas, cuántas son, cómo se están montando. Porque lo que me están diciendo los del negocio es que las plantas no aparecen.</p>
<p style="text-align: justify;">Miren una reflexión que hace la directora ejecutiva de Procaña, Marta Lucía Betancourt. Dice que cómo van a aparecer plantas si para el alcohol carburante les están pagando la tonelada de caña a $42.200 y para panela a $60.000. Dice el señor Jorge Bendeck, director ejecutivo de la Asociación de Biocombustibles, que hacen falta estudios para que los inversionistas tengan “criterios para evaluar los proyectos”. Es que el titular de El Tiempo al respecto fue clarísimo: “Atraso en expansión local de etanol”. No supe al fin cómo quedó el documento Conpes, porque lo anunciaron anoche, aunque todavía no aparece publicado. Curioso, ministro, que justo la víspera del debate salga el boletín de prensa sobre el documento Conpes, pero no lo publiquen, por lo que no sabemos qué es lo que dice. Realmente no sé que es lo que dice, pero sí leí lo que dijeron los de los biocombustibles. El negocio tiene un problema grave de estabilidad, y voy a insistir en que cómo es posible, ministros y senadores, que al país lo embarquen en un negocio de este tamaño, con subsidios del orden de 200 ó 400 millones de dólares al año en etanol y agrodiesel, sin un documento Conpes, cómo es posible que el documento Conpes haya aparecido apenas anoche. Cómo es posible que en el primer Plan de Desarrollo del gobierno nacional los agrocombustibles no figuren. Aquí los gobiernos cogen la plata del Estado y se la van gastando a ojo, sin estudios previos, y tienen el país embarcado en un asunto que falta ver cómo va a terminar, porque, por lo que he mencionado, se ciernen sobre él muchas dudas y muchas preocupaciones. Está en discusión hasta la conveniencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ahora resulta que es una genialidad importar soya gringa y aceite de soya gringa para reemplazar la palma africana y coger la palma africana para ponerla a producir ACPM subsidiado. Ese es el negocio que nos están proponiendo. Que el país se llene de soya extranjera que desplaza al aceite de palma y ese aceite lo ponemos a hacer ACPM, pero subsidiado. Y todo esto no les ameritó un documento Conpes ni un análisis ni absolutamente nada.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Conclusiones</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esta es una discusión a escala global en la que Colombia debiera participar. Supongo que ahora me van a salir con que lo de global ni se discute. Lo planteo, porque la lógica de estos gobiernos es que somos parte de la globalización para someternos a lo que sea, no para opinar cómo quisiéramos nosotros que fuera la tierra. ¿Y qué tenemos, en conclusión? Nada en medio ambiente, porque no es cierto que se pueda sostener esta política en medio ambiente. Dos, es un negocio de las grandes trasnacionales y el gran capital financiero del mundo, no de los agricultores. Tres, se encarecen los alimentos, lo que es extremadamente grave, porque significa hambre. Cómo no va a ser grave que quien se gana 400 mil pesos y se gasta más del 40% de sus ingresos en comida y que no haya pan de doscientos sino de trescientos. Y cuatro, enfatizo en los riesgos del negocio si se caen los precios del petróleo, que se pueden caer, nadie sabe, dependiendo de la crisis en Estados Unidos, muy grave si se convierte en una crisis global, o si hay cambios tecnológicos y las empresas quedan convertidas en chatarra.</p>
<p style="text-align: justify;">Es claro que en esa ecuación de siembras para de agrocombustibles con encarecimiento de alimentos Colombia es a mi juicio perdedora, como todo el mundo al final. Y el agro colombiano es perdedor, la gente del agro colombiano es perdedora. Podrán ganar unos cuántos del agro, pero si los meten al negocio, y serán unos pocos y perderá el resto del sector agropecuario que no está en ese negocio.</p>
<p style="text-align: justify;">Se lesiona la competitividad nacional. También grave, porque nos dicen que lo importante es competir ante el mundo, pero si le sube la tasa de interés y si además se le revalúa la moneda, cómo compite. Esos son datos de los amigos del doctor Arias en el Fondo Monetario Internacional, y espero que a ellos sí les crea, ministro.</p>
<p style="text-align: justify;">Es un negocio de procesadores y no de agricultores. Inmensos subsidios que no se explican detalladamente sobre los cuales no nos convencen, ni nos persuaden de que sean positivos. Que los recursos, que son escasos en Colombia, vayan ahí y no a otro renglón por lo menos amerita que se discuta. Como también que empuje a un país a sembrar cuatro millones de palma para agrocombustibles. Lo informa el periódico El Tiempo de ayer, bueno, ministro, tres millones, le regalo el millón: eso descompensaría la economía nacional en unas proporciones que no quiero ni imaginarme. Con la cantidad de recursos que tendría que ir allí, ¿qué le pasaría el resto de la economía nacional?</p>
<p style="text-align: justify;">Las importaciones. ¿Vamos a terminar importando agrocombustibles? Bueno, ya importamos maíz para hacer agrocombustibles. ¿Será que mañana vamos a importar los propios agrocombustibles? Esperemos que no, pero podría suceder. No hay nada para exportar. Mientras no aparezcan nuevas cifras, no creo en eso, no creo que Colombia esté montando un negocio para exportar. No es capaz de hacerlo y hoy no está exportando, ni un galón. Todo apunta a ocultar el fracaso del TLC. Lo ha utilizado el ministro Arias con mucha habilidad en ese sentido, hablar y hablar para endulzarle el oído a la gente con este cuento y generar expectativas, pero nada de eso resiste análisis.</p>
<p style="text-align: justify;">Y por último, no corrige los problemas estructurales del agro colombiano de la sustitución del trabajo nacional por trabajo extranjero, de la pobreza rural, de tantas cargas que pesan sobre el agro nacional. Luego en esas circunstancias, y salvo mejores opiniones que voy a oír con toda atención, no veo por dónde se pueda defender esta política, ni a escala global ni a escala nacional. Por donde la miremos no resiste análisis, no nos pueden convencer de que sea algo realmente positivo. Repito: 220 millones de dólares en subsidios al año para etanol, otra suma parecida o mayor para palma africana, y estamos hablando de 400 millones. El propio documento Conpes, y esa es una de las cosas que no les gusta a los de los biocombustibles, dice con no poca razón: ¿es que estos subsidios son para siempre? ¿Cómo se va a ganar competitividad? Y hago otra pregunta: ¿se puede ganar competitividad con el tipo de estructura que tiene este país? ¿O habrá que traer mano de obra asalariada de alguna parte que trabaje al 60 ó 70 por ciento de lo que están dispuestos a trabajar los jornaleros colombianos? Concluyo diciendo que cada cosa que uno mira de este gobierno con algún detalle, pasando por encima de los titulares de la prensa, la ve funcionando supremamente mal.</p>
<p style="text-align: justify;">RÉPLICA DEL SENADOR CITANTE A LA INTERVENCIÓN DEL MINISTRO DE AGRICULTURA, ANDRÉS FELIPE ARIAS</p>
<p style="text-align: justify;">Mire, ministro, pienso que usted y yo tenemos muchas diferencias, pero le voy a decir que la mayor no es tanto en términos de ideología, ya de por sí muy grande, sino esta otra: usted es capaz de decir cualquier cosa, así usted sepa que no abriga la razón. Usted es una persona capaz de hacer afirmaciones que aun entre sus pares no encuentran recibo y estoy seguro de que ellos le llaman la atención: ministro, no diga esas cosas. En cambio yo, por ganar una discusión, no soy capaz de ser incoherente ni de faltar a mi propia lógica. Esa es la diferencia grande que tenemos no solo con usted, sino también con este gobierno. Por conseguirse unos votos, el doctor Álvaro Uribe Vélez fue capaz de negar que fuera a haber recorte de los recursos de transferencias. Y se la pasan el día soltando cosas que no son ciertas o haciendo ruidos con boberías. Usted, ahora, dijo una cosa satanizante: el senador Robledo habló de Apocalipsis. No, ministro, yo no usé esa palabra, la usó usted. Pero sí expuse algunos hechos que usted no rebatió. Ahora, si lo que yo afirmé no es cierto, usted ha debido probármelo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Realidades irrefutables</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Entre los riesgos de los agrocombustibles, afirmé que, en la década del 90, los negocios en algunos países se arruinaron porque cayeron los precios. ¿Eso es mentira? No. Afirmé también que los costos de Colombia eran demasiado altos en la competencia internacional y aporté cifras, cifras que ustedes mismos me han dado, porque no tengo cifras propias. Cité incluso al Conpes y al Ministerio de Agricultura y demostré que adolecemos de una falta de competencia abismal frente a Brasil o a Malasia. ¿Eso es mentira? No. Pero usted me despacha el argumento prometiendo que vamos a mejorar y que vamos a vencer esas enormes diferencias, aunque no dice cómo. Usted lanza incluso aseveraciones que sabe que no son ciertas. Cómo me va a desconocer que Brasil está entrando con aranceles bajísimos al mercado de agrocombustibles de Estados Unidos, si usted bien sabe que ellos están exportando a Las Antillas y a Centroamérica, para de allí deshidratar el agrocombustible y exportarlo a Estados Unidos, ganándose el arancel de 0% de que disfrutan los países de Las Antillas. Por esta vía, Brasil le está exportando a Estados Unidos una cantidad grande de agrocombustibles. Colombia, en cambio, no les exporta ni este vasito, porque no tiene cómo, no es competitivo. No es culpa mía, son las realidades.</p>
<p style="text-align: justify;">Afirmé que este es un negocio de los pesos pesados de la Tierra. ¿Eso es mentira? No. Y a usted le parece una astucia refutarme diciendo: no, senador Robledo, aquí también hay unos pobres y me habla de Marialabaja. Claro, pero yo no estaba hablando de eso. Sin pobres el mundo no funciona, eso es una obviedad. Cuando le hablo de los peces más grandes de la Tierra, lo que quiero mostrar es que esos son los competidores a los que el país debe vencer con escalas de producción que multipliquen por diez o por veinte la actual escala de producción de Colombia. Nuestros competidores son unas empresas que tienen unas economías de escala absolutamente incomparables, lo que en parte explica un fenómeno que usted silencia. Usted llama todo el día y todos los días a la inversión extranjera. Que venga a salvarnos la inversión extranjera. Bueno, y si el negocio del etanol está tan bien como usted dice, por qué no llega, por qué el negocio sigue absolutamente paralizado, por qué tenemos las mismas cinco plantas desde hace cinco años. Esas son las realidades. ¿Han crecido en una sola planta? ¿Por qué Manuelita se fue a invertir a Brasil? ¿O por qué otros inversionistas colombianos se fueron a invertir a Texas?</p>
<p style="text-align: justify;">Usted hace una afirmación. Increíble que la diga y que después me monte a mí un pleito cuando yo afirmo que la cosa es grave. Usted dice que el futuro de los agrocombustibles es a partir de la celulosa. Eso lo dije yo. Si Estados Unidos y Europa logran desarrollar tecnologías que les permitan sacarlos de la celulosa, el riesgo de una crisis profunda en toda la producción de agrocombustibles del tercer mundo sería descomunal. Y si lo logran producir de las algas, nos pasa lo mismo. Entonces, cuando mencionó el hecho, usted, en vez de refutarme, asegura que esas son cosas que no pueden suceder. Una de los líos que enfrenta esta industria es que es muy joven, no está aún madura tecnológicamente. Aquí pueden entonces saltar liebres de todo tipo. Ese es el hecho al que yo hacía referencia y que usted quiere despachar arguyendo que soy apocalíptico.</p>
<p style="text-align: justify;">Sí estoy afirmando que hay riesgos inmensos, y tan los hay, que los inversionistas no le invierten a la Hoya del Suárez, como usted mismo lo reconoce. Desde hace cinco años he venido advirtiendo que los inversionistas no invierten en la Hoya del Suárez porque allí las condiciones estructurales no lo permiten, así usted vaya cada seis meses a hacer demagogia. Con subsidios, probablemente terminen montando una plantica, y ojalá creciera y se desarrollara, no me opongo. A mí lo que me molesta es que le echen cuentos a la gente y que hayan inaugurado no sé cuántos proyectos que nunca se han realizado. No es serio, ministro, que ustedes salgan hasta con una reina europea a prometer que van a montar una industria descomunal en Boyacá sobre remolacha azucarera, planta que en Colombia no conocemos ni en las fotos. Usted va a Europa y echa ese cuento y los inversionistas salen corriendo, ministro, porque dirán, este señor nos va meter en un timo, una inversión de 30 millones de dólares con remolacha azucarera en Boyacá. ¿Donde hay un boyacense que conozca una mata de remolacha azucarera? ¿Cuánta lora no dieron con el cuento de la yuca? Lo dijimos desde el principio el senador Serrano y yo: no echen paja, que no funciona. Y metieron a una gente allá en Codazzi a montar un entable grande con la tal yuca y se quebraron. Esos fueron los mismos productores que tuvieron después que hacer importaciones de maíz para fabricar alcohol carburante y que ahora se debieron pasar a otro negocio.</p>
<p style="text-align: justify;">No le echen cuentos a la gente. Porque todo lo montan con las cuentas de la lechera, es increíble. Me recuerda la historia de Manolito, que vendió una empanada, y después pensó en diez, en cien, en mil, en diez mil, en cien mil, en un millón, en cien millones, en mil millones y se dijo, me volví rico. Lo mismo es el ministro. Ya va en cuatro millones o en tres millones de más hectáreas de palma. Y cuando uno pregunta, cómo es eso, lo acusan de que uno no es optimista y que no quiere suficientemente a Colombia, a diferencia del ministro, quien todas las mañanas se levanta preocupado por esto. No. Seamos realistas: el alcohol carburante que está produciendo Colombia se produce porque es para el mercado interno con inmensos subsidios, y así cualquiera hace agricultura y monta negocios. Si al peor negociante del mundo yo le regalo un dinero a fondo perdido para que monte un negocio, ¿será que va a negarse? Pero pregunto ¿eso es economía? ¿Vamos a terminar exportando ganado no sobre la base de que seamos eficientes o que aumenten las exportaciones o que entremos en nuevos mercado, sino porque el gobierno nacional les regala todos los años mil millones de dólares a los ganaderos para que puedan exportar? Eso no puede ser así. Es exactamente lo que estamos haciendo con los alcoholes carburantes, un negocio sostenido sobre inmensos subsidios. Cuando usted me dice entonces que vamos a exportar, yo le pregunto: ¿vamos a exportar sin subsidios? No, es con subsidios, o sea, que les vamos a regalar a los gringos la plata que le debiéramos dar al pueblo colombiano para desarrollarse.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Lo que se subsidia en el agro y lo que no se subsidia</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Son estos los asuntos de fondo en el debate, y no me vengan con salidas populistas acusándome de no estar por el progreso del agro colombiano. No, es demostrando que el negocio sí es viable sin subsidios, o demostrando, cómo se lo pedí, que esos subsidios están bien gastados. Porque les hago otra pregunta: por qué no subsidiamos el maíz para no importarlo, donde también hay empleo, y por qué no subsidiamos el trigo para no importarlo, donde también hay empleos, tantos productos que hoy se están importando y que no habría ni siquiera que subsidiar, pues bastaría con subir los aranceles. O es que cuando pierden el empleo los campesinos boyacenses y nariñenses del trigo y la cebada, eso no les importa un pepino. O son ciertos empleos, ciertas actividades, las que solo les interesan. Bueno, puede ser así, pero susténtemelo, ministro, déme una explicación bien fundada. No me dé como explicación que usted escoge al arbitrio un sector al que sí le da la plata, mientras que a los demás, cuando la piden, les mete una vaciada por ineficientes.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí acaban de bajarle nuevamente los aranceles al maíz para ver si entran 600.000 toneladas más a Colombia, y ya vamos a llegar a tres millones, y con eso se mueren de hambre esos campesinos cuya foto mostró usted en el debate de Carimagua.</p>
<p style="text-align: justify;">Interpela el ministro Arias: Senador, lo que no dice usted con esto que acaba de mencionar del maíz, es que esas 600 mil son por subasta, condicionadas a compra de cosecha nacional. Y también le quiero decir otra cosa. Usted solo puede entrar esas 600 mil si compra cosecha nacional y comparte la mitad del arancel con el agricultor, lo cual no sucede cuando no hay aranceles. Y le quiero decir que vamos a impulsar un plan de siembra de maíz en Colombia. Eso lo vamos a anunciar próximamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Usted dijo otra cosa. Dijo que no le demostré la forma de ser competitivos y yo sí se lo demostré. Le comparé la distancia entre Malasia y Estados Unidos, y entre Colombia y Estados Unidos. El arancel.</p>
<p style="text-align: justify;">Senador Robledo: No me diga eso, ministro, porque queda mal</p>
<p style="text-align: justify;">Ministro: No, no quedo mal.</p>
<p style="text-align: justify;">Senador Robledo: Queda mal porque usted sabe cómo operan los fletes del transporte marítimo. Vale menos traer una tonelada de aceite de Malasia, que llevarla de Barrancabermeja hasta Barranquilla. Vuelvo y le digo, no se meta por ahí porque queda supremamente mal, y en un auditorio equivocado. Mejor escoja universidad y hacemos un debate sobre el tema en cualquier facultad de economía. Cómo me va a argüir que va a resolver con fletes marítimos la falta de competitividad en productos en los que Colombia es el doble de costosa. No diga eso, ministro, que usted sabe que no hay nada más barato en el mundo que los fletes marítimos, así hayan subido sus precios. Y hay muchos otros factores: mano de obra, productividad de la tierra, costos del capital. Lo cierto es que no me demostró nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Sobre el maíz, dice que se condiciona la importación a tener que comprar la cosecha nacional. Pero si hay cosecha, porque si siguen importando, ya no va a haber cosecha nacional. Y además, cómo creerles que a ustedes sí les importa la cosecha nacional cuando han aumentado las importaciones en dos millones de toneladas en los dos últimos años. Eso no es coherente ni consecuente. Ustedes no están protegiendo la agricultura colombiana de ninguna manera.</p>
<p style="text-align: justify;">Y evade por completo el tema de los subsidios cuando afirma que benefician al consumidor. Pues sí, si yo de pronto a alguien le regalo una plata, pero ese no es el caso. Aquí lo que está sucediendo es que el país está gastando unos combustibles más caros de lo que valen, como lo admitió el ministro de Minas, a quien le saludo la franqueza. Esta política (dijo el ministro de Minas) no obedece a que haya problemas de energía, porque el argumento no resiste análisis, ni a que se quiera incrementar el empleo.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo de la panela, ministro. Ahora me llamó un panelero y me dijo, dígale al ministro que es verdad que los precios de la panela han subido, pero más los costos, que están altísimos y que por eso estamos reventados. Si hubiera buenos estudios en el Ministerio de Agricultura, seguramente descubrirían que los precios de la panela han subido no tanto por el problema del alcohol, pues ahí siguen derritiendo azúcar –lo acaba de denunciar aquí un senador uribista: los persiguen pero no los cogen, entonces qué sacamos–, sino más bien porque han mejorado un poco los ingresos de las cafeteros, porque nadie consume más panela en Colombia que los cafeteros, proporcionalmente hablando, y allí hay una reactivación. Esto es importante que no se pierda de vista.</p>
<p style="text-align: justify;">Si usted quiere tanto el empleo, dejemos de importar lo que se está importando al sector agropecuario. Y si quiere tanto a los palmeros, por qué les firmó el TLC, que va a llenar el país de aceite de soya y de otros productos y va a bajar los precios del aceite de palma. Aquí hay que ser coherente, porque no pueden ustedes andar diciendo que quieren mucho a los pobres, pero les dan palo todos los días y cuando nosotros nos quejamos, nos acusan de estar estimulando el odio de clase. No. Es que usted los detesta, yo no tengo la culpa, esa es una realidad también demostrable.</p>
<p style="text-align: justify;">La parte más desastrosa de su intervención, porque le afecta su credibilidad como economista, es esa en que usted niega que se vayan a incrementar en Colombia los precios de la comida por los agrocombustibles, aduciendo que aquí tenemos unas hectáreas de tierra que nos sobran. Ministro, esté seguro de que Rudolf Hommes, Caballero Argáez, cualquiera de sus amigos, le va decir, Andrés Felipe, no diga eso, por favor, porque queda mal. Pero si es que son ustedes los que están en el cuento de la globalización y Colombia está importando ocho millones de toneladas de alimentos. ¡Se acabó el pan de 200! Pues sí se van a incrementar y, así le moleste, le voy a citar a dos altos funcionarios del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, que dicen que el alza sí va a suceder. ¿Por qué los cito? Como usted a mí no me cree, a ver si les cree a ellos. Uno de ellos debió de haber sido su patrón en el Fondo Monetario Internacional. (El ministro dice algo). Es que estoy intentando convencerlo, no pierdo la esperanza, ministro, de que lo pueda convencer. El señor Simon Jonson, ya lo cité aquí, es enfático en señalar: “Los agricultores que producen (bienes que se encarecen por los agrocombustibles) suficiente para ellos y el mercado pueden beneficiarse, pero los pobres de las zonas urbanas y algunos —yo diría que casi todos— de las zonas rurales llevarán las de perder” en el mundo. Y miren esto, publicado en Portafolio. La señora Pamela Cooks, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina, dice: “Es un hecho que entre más tierra destinada a comida se use para ese propósito —y la de la ganadería también está destinada a comida, ministro— se van a afectar los precios relativos”. Esto qué es lo que quiere decir. Que no es cierta la afirmación suya cuando aduce que Colombia va a quedar eximida del fenómeno. Ahí están las cifras, ahí está la inflación, vinculada a los precios de los alimentos en una parte fundamental y son ustedes los que la miden.</p>
<p style="text-align: justify;">Usted pone un tonito soberbio cuando me dice: senador, este es un debate que lleva muchos años y usted debiera modernizarse. Sí, le admito que el debate lleva muchos años y gente como usted lleva también muchos años en él y debiera modernizarse, porque no es posible que hagan las cosas tan mal durante tanto tiempo y los hechos no los eduquen. Yo a usted le aceptaría el reclamo si usted fuera un ministro de Suiza, Suecia o Noruega y tuviera un país decente del cual pudiera enorgullecerse por los ingresos, el empleo, la educación, la salud, pero en este país de las desgracias, donde los pobres se mueren de hambre, donde el empleo es un milagro, donde a las mujeres las dejan morir como perros en las puertas de los hospitales porque no tienen con que pagar, es una desproporción, ministro, que usted me reclame a mí porque yo quiero cambiar este país. Lo menos es que sepa en que país vive y si se va a ufanar de las cosas que está haciendo, pues demuéstrelas con los hechos. Ahora, que le bajó la tasa el desempleo, sí, probablemente un campesino le echó unos granos de maíz a una gallina y como en Colombia está empleado el que trabajó dos horas durante la semana anterior, pues ese campesino no le marcará en los índices de desempleo. Pero realmente, la gente del campo se está muriendo de hambre, como lo muestran las estadísticas. Entonces modestia, ministro, que el país anda bastante peor de lo que parece y no desde ahora, no, lo que usted viene haciendo lo hicieron otros antes. Usted hubiera podido ser ministro de Cesar Gaviria de haber estado ahí. No eche entonces quines para ese lado. Porque usted coincide con todo lo que se hizo en ese momento, como coinciden Rudolf Hommes y los demás de la capilla neoliberal. Usted estuvo de buenas porque le tocó un año de auge de la economía mundial, o el país estuvo de buenas, o el presidente Uribe estuvo de buenas. Pero mire, en medio del auge de la economía mundial, su sector fue el de peor crecimiento de toda la economía colombiana. No me venga a decir entonces que esto está bien manejado. Porque ni cuando hay vientos que inflan las velas, su cartera funciona como debiera funcionar.</p>


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