Con los corteros

Con los corteros de caña de azucar.

15/01/10

Aquel 14 de junio, un día memorable, los ingenios amenazaron con echar a la calle a quien se aventurara a concurrir a la audiencia promovida en Pradera, centro del Valle, por Robledo y por Alexánder López, senadores del Polo Democrático. Pradera es uno de los nueve municipios del valle geográfico del río Cauca donde está concentrada la industria del azúcar y de los agrocombustibles. Son trece ingenios en los que laboran más de doce mil corteros de la caña, sometidos en su gran mayoría al sistema de contratistas en más de cien Cooperativas de Trabajo Asociado.

No valieron de nada los vetos y bravatas, como tampoco las fáciles promesas de bonos salariales hechas sobre el terreno por afanados capataces, pues la plaza se vio colmada al mediodía por no menos de cinco mil trabajadores, resueltos todos ellos a lanzarse a un paro indefinido si los patronos agrupados en Asocaña se negaban a negociar el pliego único, cuyo punto central era el de la contratación intermediaria. Ya el problema había dado pie a múltiples protestas y a un cese de actividades en mayo del año 2005. Robledo lo abordó en varios debates, en los que hizo directa referencia a las Cooperativas de Trabajo Asociado y denunció: “El gobierno usurpa el nombre del cooperativismo para montar un régimen de negreros”.

A la audiencia de Pradera se habían comprometido a asistir algunos senadores uribistas, que a la hora de nona no solo declinaron la invitación, sino que decidieron sabotear el acto. Secundados por las autoridades, esgrimieron contra la gente toda clase de estratagemas. Según lo declaró uno de ellos, el paro resultaba improcedente, pues los salarios percibidos en la región eran “muy altos”. No es cierto, le replicó Robledo aquella tarde al presentar su apoyo al pliego único de peticiones. “Aquí lo que se expresa no es otra cosa que pobreza y miseria, por los bajos salarios, el encarecimiento de los precios de la comida, el boleteo mensual de las tarifas de los servicios públicos que suben y suben quitándoles a los colombianos el pan de la boca. Es de hambre, doctor Álvaro Uribe Vélez, es de hambre, doctor Andrés Felipe Arias, es de hambre de lo que están hablando hoy aquí en Pradera los corteros de caña y los indígenas colombianos”.

Robledo hablaba con conocimiento de causa. Para un obrero que en promedio cortara al mes un poco más de cien toneladas, el salario no superaba los $600.000, de los cuales tenía que pagar $60.000 por seguridad social y cuota de afiliación a la cooperativa, $25.000 por el transporte al sitio de trabajo, $35.000 por herramientas y dotación, que también siempre corrían por su cuenta, $100.000 por el arriendo de la casa y $50.000 por los servicios. ¿Qué le quedaba a él para atender a la alimentación, el transporte, la salud y la educación de su familia?

El del cortero es un trabajo duro, mal pago y de alto riesgo, pues se labora siempre a la intemperie, bajo un calor de 40 grados o bajo el aguacero. El manejo del machete produce una enfermedad profesional en la muñeca llamada manguito rotador. Son muy frecuentes los hongos en las manos causadas por los guantes, como también la bagazosis, causada por la pelusa y el bagazo. Tan resbalosos se ponen en invierno los guantes, que la gente suele cortarse con el mismo machete. La mala posición, porque se trabaja agachado las diez horas, suele causar calambres y severos problemas de columna, como también dolores en el codo, pero las ARP se niegan a reconocer las enfermedades profesionales.

Fue para mejorar las condiciones de trabajo y salario por lo que nueve mil obreros se lanzaron al paro en ocho de los trece ingenios el lunes 15 de septiembre, justo a las tres de la mañana, hora precisa en que se dio por celular la escueta orden a los caudillos de los frentes: “Compañero, empezó”. Poco después, centenares de pequeñas carpas y cambuches rodearon las porterías.

La zona azucarera fue militarizada y el ministro Diego Palacio se empeñó desde aquel instante en ilegalizar el movimiento, alegando que “bajo este modelo de contratación”, los corteros, como asociados de una cooperativa, son empresarios y trabajadores al mismo tiempo y por lo tanto “no pueden ejercer el derecho de negociación colectiva, ni votar la huelga”.

La segunda visita de Robledo, que viajó al Valle en una delegación de congresistas enviada por el Polo, se llevó a cabo en medio de la huelga y fue acogida con entusiasmo. En otro viaje a Cali, e intentando mediar en el conflicto, Robledo hizo un esfuerzo por traer a la mesa a los negociadores de Asocaña, pero se tropezó con la más cruda intransigencia. El acuerdo que puso término a la huelga y que trajo consigo significativos avances logró firmarse al fin a mediados de noviembre. Es la más larga hecha en toda su historia por los corteros de la caña.