08/03/10
Son las seis de la mañana. Un mar de trabajadores, entre los que se ven unas cuantas mujeres, ingresa a la Refinería de Barrancabermeja para iniciar labores que se extenderán por ocho horas. Una jornada a la que cada vez menos trabajadores en Colombia, por las sucesivas reformas laborales, tienen derecho. En un país donde además setenta de cada cien trabajadores están desempleados o en el rebusque. David Gómez, dirigente de la Unión Sindical Obrera, USO, nos cuenta que de los cerca de 30 mil empleados de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, solo seis mil están contratados directamente por la empresa. Los otros 24 mil son tercerizados. 
En 2007, el gobierno decidió vender a menos precio la empresa más rentable del país. La prueba: sus acciones se “valorizaron” en cien por ciento en menos de un año, a pesar de que la economía interna de Ecopetrol en tal tiempo no tuvo modificación sustancial. David comenta que una parte de las utilidades ya no financia los gastos del gobierno sino que engrosa los bolsillos de los nuevos accionistas, en su mayoría fondos privados de pensiones que se lucran de la especulación con las acciones. Las palabras de David retratan la dura realidad de millones de trabajadores. Los invita a vincularse a la lucha por los derechos laborales. Sí, por los derechos laborales, enfatiza. “No puede haber progreso para un país que birla el derecho a sindicalizarse”, explica.
A dos kilómetros de la entrada principal de la Refinería, en el puente que cruza el río Magdalena en la vía que de Barrancabermeja conduce a Yondó, Antioquia, se observan los fierros del complejo, fundado en 1922. Desde allí se ven los machines de los tiempos de la leonina Concesión de Mares, con la que la Tropical Oil Company aprovechó en su favor el petróleo que hoy legalmente pertenece a los colombianos. Rememoramos los años de la década del cuarenta del siglo XX, cuando los trabajadores de la USO junto a miles de colombianos, entre ellos Jorge Eliécer Gaitán, batallaron porque esta concesión no se extendiera y así ver nacer a Ecopetrol. De los aciagos años de las concesiones petroleras, nos quedan dos cosas: el ejemplo de esos valientes compatriotas y la necesidad de emularlos pues el gobierno de Álvaro Uribe revivió al colonial contrato de concesión.
El clima de Barrancabermeja empieza a coger su forma. La temperatura sube en una ciudad donde el sol calienta hasta 40 grados. Y eso que está fresco, ayer llovió, explica David. Abandonamos la rivera del río, a donde regresaremos unas horas después para desayunar un suculento bocachico. Antonino Galán, jubilado de Ecopetrol y quien nos sirve de guía, nos cuenta que nos dirigimos al barrio Eduardo Rolón, popularmente conocido como Coviba. Una historia que además de estar llena de enseñanzas, resulta esperanzadora en un país donde sus habitantes parecen condenados al infierno del atraso y la pobreza.
Iniciando 1986, militantes de la organización política donde el senador Jorge Enrique Robledo inició sus luchas, el MOIR, apoyados por distintos sectores sociales emprendieron la tarea de dar solución definitiva al drama de la falta de vivienda de cientos de barramejos. En un cenagoso lote emergió lo que hoy es un terruño habitado por personas que se decidieron a tener una casa digna y barata. En esos tiempos construir una casa valía 3,5 millones de pesos. A los vecinos del Eduardo Rolón les costó 250 mil pesos. Los apoyos económicos de Ecopetrol, de algunos sectores del gobierno local y de la USO, junto con el empuje de la comunidad edificaron sin intermediarios viviendas que no se parecen a las de un barrio de los estratos populares. Raúl Tarazona, líder barril, explica los cuatro principios que los motivaron: autoconstrucción, autosostenimiento, autogestión y ayuda mutua, son los pilares que les permitieron hacerse al sueño de millones de colombianos: un techo propio.
Antes de partir rumbo a Valledupar y Cartagena, ingresamos a Fertilizantes de Colombia, Ferticol. Una empresa que se niega a sucumbir ante las antinacionales políticas del “libre comercio” y única productora de abonos nitrogenados en Colombia. Las dificultades financieras son múltiples, pero los trabajadores de la empresa “lo que hemos hecho son sacrificios para que sobreviva”, comenta Flavio Mayorca, dirigente sindical de la compañía. Estamos impelidos a evitar que esta compañía estatal se nos marchite, agrega. Ferticol ha enfrentado variadas dificultades económicas, agravadas por la restricción al acceso a su materia prima, el gas, y por las dificultades a la hora de acceder a la energía eléctrica. “El gobierno, que actúa a favor de los importadores de fertilizantes, quiere quebrar a Ferticol”, concluye Flavio. Con denuedo, trabajadores y directivas luchan por no ver marchitado este rescoldo de la industria nacional. A la que le quieren dar el puntillazo final con los tratados de “libre comercio” con Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. 
Sentados a la vera del río Magdalena y mientras degustamos un pescado de sus aguas, la bastedad de la arteria fluvial más importante del país nos inspira a hablar de la valentía y entusiasmo de esta población que ha sido azotada por todo tipo de violencias. Quienes mal gobiernan a Colombia podrán insistir en sumirla en un mar de atraso y pobreza, pero muy seguramente sus gentes se sacudirán de tal coyunda y le darán un giro a una nación que, en la inteligencia de su población y la riqueza y extensión de su territorio, tiene las bases para el desarrollo. “Robledo significa una opción de cambio”, expresó David Gómez antes de la despedida. En Barrancabermeja encontramos un valioso ejemplo que nos dice que ese cambio sí es posible.
7 de marzo de 2010