A Curar la Salud (crónica)

09/03/10

El 23 de diciembre de 2009, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, valiéndose de las distracciones propias de la época decembrina aprovechó para decretar el Estado de Emergencia Social. Según el gobierno quien tiene la culpa de la crisis del sistema salud son los pacientes y los médicos. Los primeros por enfermarse y solicitar servicios cubiertos o no por el Plan Obligatorio de Salud, POS. Y los segundos por ejercer el juramento hipocrático. En un país democrático una reforma de este tinte nunca se pensaría. Pero el uribiato con la desfachatez que lo caracteriza, se aprestó a decir que las leyes dictadas bajo la Emergencia no dicen lo que sí dicen: que los colombianos tendrán peor salud, que las EPS verán aumentadas sus ganancias, que los médicos que receten de acuerdo con sus conocimientos serán sancionados y que a las clases medias y populares les clavan más impuestos de los que ya pagan. Surge entonces la pregunta: ¿Y cómo es el sistema de salud que sufren los colombianos?

En la comuna nororiental de Medellín, la Unidad Hospitalaria de Manrique, un hospital público de segundo nivel, ve agolpada su sala de emergencias. Mujeres con niños de brazos, padres con caras de preocupación ante la demora en la atención, gente sentada en el piso, jovencitas y hombres haciendo fila a las afueras de la sala para lograr la ansiada atención, etc, son las imágenes que llenan el paisaje. Adentro de la sala de emergencias, el panorama es similar. Enfermeras y médicos corren de un lado a otro. Hacen grandes esfuerzos por curar a los enfermos que ven como este recinto, recientemente modificado, no da abasto ante tantas necesidades. Nos acompaña Germán Reyes, representante a la Cámara por el Polo Democrático Alternativo. Este médico, por muchos años presidente de la Asociación Médica Sindical Colombiana, Asmedas, seccional Antioquia, después de que le pedimos que se ponga la bata de médico nos dice: “Hace años que no me la pongo. El doctor Uribe me la quitó cuando liquidó el Seguro Social y empeoró la atención de sus usuarios”.
Germán Reyes explica que el problema con la Ley 100 de 1993 es que metió a la salud en la dinámica de los negocios. Mercantilizó lo que debería ser un derecho ciudadano. Manifiesta que este sistema perverso, es una imposición del Banco Mundial. Esta Ley allanó el camino para que los intermediarios, eufemísticamente conocidos como EPS, se quedaran con una tajada importante de los recursos de la salud. “Les dieron a precio de huevo” la red pública construida a lo lardo de décadas, dice indignado el congresista. Por eso, agrega, las cuentas dan que de los 25 billones de pesos que cuesta sostener el sistema de salud, las EPS se embolsillan mínimo 7,5 billones. Con razón andan montando clubes, canchas de golf, de tenis, cooperativas que prestan plata, etc. Todo eso con los sagrados dineros de la salud.

Observar la abnegación del personal médico, de enfermeras y demás trabajadores de la salud en esta sala de emergencias, lleva a la conclusión de que ahí no está la raíz del problema. Ver la cara de los pacientes y escuchar los alaridos y lloriqueos de algunos de ellos, nos dice que ellos tampoco son responsables de la crisis. Entonces, quiénes son los responsables. Germán Reyes nos explica que mientras las EPS “acumulan más capital”, los que pagan el pato, como coloquialmente se dice, son los usuarios y los trabajadores. Si se les reduce el salario a los trabajadores y profesionales de la salud y si se niegan servicios, las EPS ganan. Y eso que este hospital, por la lucha de trabajadores y usuarios, sigue siendo público. Subsiste a pesar de que el gobierno lo quiere privatizar. La salud allí no es la mejor. Negarlo sería tratar de ocultar el sol con las manos, pero la resistencia de miles de personas que necesitan que esta institución no caiga en las fauces de las EPS, ha evitado el arribo al mal puerto de la privatización.


En el momento en que un niño de brazos llora por la fiebre que lo acosa, Reyes se toca la cabeza y dice: “Es necesario construir un nuevo modelo de desarrollo que haga de la salud un derecho y no una vulgar mercancía.”. Para ello es imperativo elevar la conciencia política y los niveles de organización de la población y así dar un entierro de quinta categoría a la Ley 100. ¿Se puede? Claro que se puede, dice con tranquilidad este médico antioqueño. En tal lucha están miles de colombianos. Las marchas contra la emergencia antisocial así lo demuestran. Además tenemos a un “senador estrella” como Jorge Enrique Robledo, sentencia Reyes. Él se despide. Los afanes de la campaña política le impiden acompañarnos por más tiempo. El esfuerzo de médicos y enfermeras y las necesidades de los usuarios nos dicen que es posible construir una nueva sociedad. Las palabras y luchas de congresistas como Reyes y Robledo en nuestras mentes se convierten en una voz de aliento para dar al traste con los tantos males que aquejan a una sociedad que necesita verdadera prosperidad.

8 de marzo de 2010


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