15/01/10
Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate al ministro de Minas y Energía sobre distribución de combustibles, Comisión Quinta, 25 de agosto de 2009
86 por ciento de la distribución mayorista, en manos de tres trasnacionales
Sobre las declaraciones del presidente Chávez. Qué tipo de capitalismo debemos desarrollar. El director de Hidrocarburos, en fiestuchas con las trasnacionales. El de Colombia, uno de los combustibles más caros de América Latina. SabMiller pagando impuestos de 9 por ciento, y colombianos de a pie con impuestos a la gasolina de 36 por ciento. Colombia, una plutocracia. Los mayoristas compiten con precios de dumping. Requisitos técnicos muy costosos. Los bajos precios conducen al monopolio y a precios mayores.
Antes de entrar en el debate, voy a aprovechar que hay televisión para hacer un comentario bien importante para el Polo Democrático Alternativo y para el país, un derecho de defensa. Hace unas semanas se supo que el gobierno de Colombia iba a convertir a este país en una especie de portaviones de Estados Unidos, otorgándole siete bases, un portaviones de guerra de Estados Unidos para su estrategia de control global, que amenaza primero que nada a Colombia, y en segundo término a los países vecinos y a todo el Continente, que es lo que explica por qué con toda justicia han protestado, además de muchos colombianos, los gobiernos de Colombia, Bolivia y Ecuador, pero también los de Brasil, Argentina, Chile, etc. Protestas, repito, justas, porque esas bases le hacen un daño inmenso a la soberanía nacional de Colombia y amenazan las soberanías nacionales del Continente.
En medio de estas protestas, que en principio políticamente considero justas, hubo decisiones del gobierno venezolano de interrumpir una serie de intercambios económicos entre los dos países. La medida le hace daños inmensos, no precisamente al gobierno colombiano, sino al pueblo colombiano, y dentro del pueblo colombiano incluyo a sectores del empresariado que mantienen intercambios importantes con el país hermano. En medio de esas circunstancias, de un grave deterioro de las relaciones entre los dos gobiernos, me estoy refiriendo específicamente al de Venezuela, aun cuando el caso de Ecuador es parecido, una delegación de dirigentes del PDA viaja a Venezuela, se reúne con el presidente Chávez y le explica cómo este hecho de reducir las relaciones comerciales y económicas es una manera absolutamente inconveniente de relacionar a los dos países, así existan diferencias políticas entre los gobiernos en otros terrenos. A eso fue a lo que se viajó y es lo que en este momento están haciendo dirigentes del Polo en Ecuador. Pienso que es una cosa sensata. Pues aquí las barras bravas oficialistas levantaron la peregrina tesis de que el Polo estaba reemplazando al Ministerio de Relaciones Exteriores. Hay que ser o muy vivo o muy bobo para lanzar afirmaciones como estas. Pero como se trata de hacer politiquería contra el Polo, aprovechan las circunstancias.
Y hace un par de días el presidente Chávez salió a decir, en resumen, que entonces el Polo Democrático Alternativo debe convertirse en defensor oficioso de su gobierno. En este sentido, ya en varias ocasiones todos los dirigentes y todos los sectores del Polo hemos señalado que no compartimos esa aseveración del presidente Chávez. Y que de lo que se conversó con él en Caracas no se puede deducir eso. El PDA no acepta ese tipo de lógicas. Porque el PDA por razones de principios no depende en sus actuaciones de ningún gobierno nacional ni mucho menos extranjero. Si hemos sido celosos defensores de la soberanía nacional, por supuesto que no vamos a aceptar ese tipo de ideas, opiniones y propuestas. Esta, repito, es la posición de todo el Polo Democrático Alternativo. En esto hay consenso dentro del Polo.
Por razones de la politiquería tradicional. Se viene utilizando esto contra el Polo. Afirman: es otra prueba más de que el Polo es agente de una potencia extranjera. Y en algunos casos más refinados, algunos uribistas abiertos o vergonzantes están diciendo que los agentes del chavismo no son todos los del Polo, sino ciertos dirigentes. Y toman partido por un determinado sector del Polo al que quieren presentar de una manera diferente. Astucias de la politiquería tradicional.
Pero al punto al que quería llegar, muy relacionado con este debate, es que en un país como este donde ha sido tan normal que la política se haya hecho en beneficio de los intereses extranjeros y recibiendo órdenes de Washington, y donde, dicho de manera más agria, todavía hay quienes reciben pago por defender los intereses extranjeros y suspiran porque un gringo les dé una palmadita en la espalda, pues a estos amigos del presidente Uribe, empezando por el mismo presidente, que es tanto tan súbdito de Estados Unidos, les puede parecer muy difícil que haya en Colombia un partido como el Polo que no sea súbdito de ningún gobierno extranjero. Ahí les cabe el dicho, algo brusco pero ilustrativo, de que el ladrón suele juzgar por su condición.
Aprovecho entonces estos minutos para decirles a los colombianos que nos escuchan y a todos ustedes que el Polo no representa intereses distintos de los nacionales y que todos nuestros alegatos tienden a defender la conveniencia nacional. Y dentro de este planteamiento, insistir en que el presidente Uribe no tome más decisiones absurdas contra el interés nacional y no nos cree problemas con los vecinos. Porque, repito, cuando se dañan las relaciones con los gobiernos vecinos los que terminan sufriendo son los pueblos, el ciudadano de a pie, el ciudadano raso, cuya situación parece que al presidente Uribe le importara poco, deteriorando unas relaciones que se debieran manejar con inteligencia, con tino, con sensatez, con sabiduría, para no llegar a donde hemos llegado. Cuál es el tipo de capitalismo que le conviene al país
Este debate es especialmente importante porque me va a permitir expresar cómo lo que estamos discutiendo no es solo la suerte de cuatro mil familias de empresarios del negocio minorista de combustibles, sino todo un modelo de desarrollo. Dependiendo de quién tenga razón sobre el modelo de desarrollo, Colombia podrá resolver sus problemas o seguirá siendo ese país horrible en el que la mitad de los colombianos aguanta hambre y cerca de diez millones están en la indigencia, como lo reconocen los propios medios de comunicación. Qué tipo de capitalismo hay que desarrollar en Colombia, ese es el debate. Para el gobierno, todo lo que sea capitalismo de los monopolios y de las trasnacionales está bien y todo lo que sea capitalismo empresarial no monopolista está mal. A los empresarios nacionales los acusa de ineficientes, de perezosos, de incapaces. Ese es el debate.
Y a propósito, me parecen muy graves las acusaciones que se le han hecho a usted, doctor Vera (director de Hidrocarburos del Ministerio de Minas y Energía). Me parece horrible eso de que una persona de su cargo ande en fiestuchas por ahí con las trasnacionales(1)
Pero también hay aquí una discusión sobre políticas de Estado, de gobierno, que no define el doctor Vera, por supuesto. Voy a demostrar que lo que ocurre con la distribución de combustibles es una política del presidente de la República, del doctor Álvaro Uribe Vélez, en la lógica de eso que se llama la “confianza inversionista”, que es la confianza de las trasnacionales inversionistas, y en la lógica de hacer de Colombia un país de propietarios, lo que no nos dicen es de cuántos.
Quiero enfatizar en que aquí hay una política calculada por el Presidente de la República para arruinar al capitalismo no monopolista propietario de las estaciones de servicio, senador Reyes. Una política también del ministro Martínez, y protesto que no esté aquí atendiendo esta citación de la Comisión Quinta, como debiera, y más habiendo sido por más de treinta años, como lo fue, un hombre de la Exxon Mobil, implicada en este debate. Esa es la discusión que estamos haciendo. ¿Es bueno que el Estado colombiano arruine al capitalismo no monopolista propietario de las estaciones de servicio? ¿Es buena la integración vertical del negocio que defiende el ministro de Minas y Energía en las respuestas a la convocatoria? Ese es el debate.
Ese es el punto en discusión: cómo se desarrolla el capitalismo colombiano. Es evidente que la lógica de desarrollarlo por la vía monopolista ha fracasado, porque Colombia sigue siendo un país extremadamente subdesarrollado. Y aquí voy a insistir hasta el último día en una pregunta que ningún uribista me responde. ¿Por qué el capitalismo colombiano funciona con el 60% de los colombianos en la pobreza y el europeo, para poner un ejemplo, con el 10%? ¿Por qué nuestro capitalismo funciona con una tasa de desempleo que nos avergüenza ante el mundo civilizado, mientras que el europeo lo hace con tasas de desempleo absolutamente inferiores? Son dos aspectos que tienen que ver con la discusión que estamos haciendo. Y me sirven para llamarles la atención, con mucho cariño, a los propietarios de las estaciones de servicio, haciéndoles esta reflexión: señores, los están operando parados. A ustedes y a no sé cuántos más en Colombia. Sí, porque los funcionarios no es que estén equivocados, ni confundidos, ni es solo el doctor Vera. No. Aquí hay una política de Estado, la del “libre comercio”, la del Fondo Monetario Internacional y de la Organización Mundial del Comercio.
Uno de los combustibles más caros de América Latina
Pero antes de entrar en materia, quiero hacer referencia al problema de los precios de los combustibles, también parte de este debate. Es una especie de juramento que me he hecho. Cada vez que aterrice por aquí el ministro de Minas, vamos a hablar de los precios de los combustibles, porque no hay derecho a que al pueblo colombiano se le esquilme de la manera como lo hace el gobierno, con un manejo absolutamente abusivo de los precios. Empecemos dando cifras. Hoy el galón de gasolina, medido en términos de dólares, vale en Colombia $3,54 dólares y en Estados Unidos, $2,63, un dólar menos, en un país con un ingreso per cápita quince veces superior al nuestro. El galón en México, $2,22, en Perú, $3,18. En resumen, primera idea que transmito, tenemos uno de los combustibles más caros de América Latina.
Segundo, y es extremadamente grave. Cuando el doctor Uribe llegó a la jefatura del Estado, con un salario mínimo mensual se compraban 93 galones de gasolina regular. Hoy se compran 70. Y en el caso del diesel, antes se compraban 134 galones y hoy se compran 85. Es una manera de poner en cifras el empobrecimiento de los colombianos. En esta administración, por la vía de los precios de los combustibles, lo que tenemos es un pueblo golpeado, pagando unos combustibles extremadamente caros en términos relativos, un fenómeno que golpea también a los propietarios de las estaciones de servicio, porque es evidente que el negocio se complica en la medida en que los precios son mayores.
Nos aducen que la causa son los precios de los combustibles en el mercado internacional. Cuentos. Los costos de producción de Ecopetrol no son los mismos del barril WTI del Golfo de México. Eso lo sabe cualquier persona medianamente informada. El WTI, el precio al que nos están cobrando el petróleo de Ecopetrol, vale a 74 dólares el barril, pero la verdad es que el costo de producción de Ecopetrol son apenas 28 dólares. Lo que hay entonces es una ganancia exagerada, extrema, con el cuento del costo de oportunidad y unos subsidios que no existen, para golpearles el bolsillo a los colombianos en beneficio de los monopolios y las trasnacionales, que no pagan los impuestos que debieran pagar.
Mientras esto sucede, tenemos casos como el de las famosas zonas francas, ilustrados muy bien por los negocios de los hijos del presidente Uribe, donde el impuesto de renta para los monopolios y las trasnacionales es apenas del nueve por ciento, si se suman todas las gabelas. Los colombianos deben saber que en el galón de gasolina, 36 pesos de cada cien que ustedes pagan ¡son impuestos! ¡Treinta y seis de cada cien! ¡Un escándalo! Y sí compra diesel, ACPM, 23 de cada cien son impuestos. ¡Monstruoso! Trasnacionales pagando impuestos del 9 por ciento, como vimos en el caso de SabMiller en la Zona Franca de Yumbo, y colombianos de a pie pagando impuestos a la gasolina del 36 por ciento. Algo realmente bochornoso.
Los ministros salen entonces a argüir, y no sé si el doctor Vera vaya ahora a decirlo: no, senador Robledo, es que los que tienen carro son los ricos y los impuestos hay que cobrárselos a los ricos. Paja, otro cuento, otra baratija ideológica de este gobierno. Para ser breves, les informo que el 82 por ciento de los combustibles que se consumen en Colombia los paga el transporte público, de carga y pasajeros, no los carros particulares. ¿Y quién paga el ACPM y la gasolina del transporte público de carga y de pasajeros? Pues los más pobres de Colombia, que son los más en el país. Eso cualquiera puede entenderlo con toda facilidad. A quienes se están clavando con este tipo de impuestos es a los ciudadanos de Ciudad Bolívar, del Distrito de Aguablanca, de la zona de La Popa, en Cartagena. Y miremos el caso de los carros particulares. ¿Es verdad que cada propietario de un automóvil privado o particular es una especie de magnate, un Carlos Slim, un Bill Gates, un dueño de la Exxon, como para golpearlo hasta el alma con estos impuestos? Por supuesto que no. Les doy estas cifras. El 15 por ciento de los carros que circulan en Colombia son de antes de 1980. Pichirilos, como se dice. El 38 por ciento son de antes de 1990, caminan de milagro, y el 71 por ciento, de antes del 2000. La verdad verdadera es que en Colombia el número de ricos en serio no pasa de dos o tres mil, y eso. Pueden ser cien o doscientos más bien. Si contamos a las trasnacionales, unos quinientos, y el Estado no les cobra los impuestos que les debiera cobrar.
Colombia, una plutocracia
Este es un Estado convertido cada vez más, no en una democracia, sino en una plutocracia. Democracia quiere decir gobierno del pueblo. Plutocracia, gobierno de los ricos. Pero hago la advertencia. Cuando digo ricos estoy haciendo referencia a los monopolios y a las trasnacionales. Que nuestros empresarios criollos dejen de sacar pecho y pensar que son los dueños del país y que tomen nota de los que les está pasando, porque los van a sacar del ring, así tengan buenos apellidos, así estén afiliados a un club, así puedan enviar a sus hijos, dejando de almorzar, a una universidad privada. Aquí lo que hay es un fenómeno de concentración de la riqueza absolutamente escandaloso, y este es el otro aspecto del debate. ¿Vamos a hacer de Colombia una democracia o vamos a hacer de Colombia una plutocracia? La democracia se limita a que cada cuatro años unos congresistas van y compran unos votos en los barrios miserables para llegar a la dirección del Estado a hacer lo que se les dé la gana con la economía del país.
Veamos el contexto internacional. He dicho aquí, y esa es mi aseveración central, que no hay equivocaciones, no hay errores, y que el problema no es el doctor Vera. Aquí hay una política de Estado, del Presidente de la República y del Congreso, orientada a concentrar la riqueza nacional en manos de unos pocos. Colombia ya es el séptimo país del mundo en peor desigualdad social en la Tierra, en contraste entre pobres y ricos. Si el doctor Uribe o uno de sus escuderos logran reelegirse, vamos quedar con medalla de oro en desigualdad social, no abrigo la menor duda, porque eso es lo que se quiere reelegir, la política de la globalización, del libre comercio, de la Organización Mundial del Comercio, que aspira a crear un mercado de envergadura global. Esto es el abecé en cualquier curso de primero de economía. ¿Y qué quiere decir crear un mercado de envergadura global? Que funcionen bien los capitales de envergadura global. Y los capitales de envergadura global son monopolios y especialmente trasnacionales, porque hasta nuestros monopolistas criollos son unos pigmeos al lado de las trasnacionales. En dos palabras, no se trata solo de concentrar la riqueza, sino de concentrarla en manos del capital extranjero. Por eso es que afirmo que este de los combustibles es un debate bien importante, porque es un pleito entre los Pedros Pérez, dueños o arrendatarios de las bombas de gasolina, como antes les decíamos, y los grandes magnates que controlan el mundo entero, incluida Colombia.
Y no es nueva la utilización de las normas estatales para concentrar la riqueza. Estamos en presencia de un Estado que legisla en beneficio de los monopolios. Ni siquiera asume una posición de neutralidad dejando que compitan las empresas. ¡No! Las normas son calculadas para arruinar a Pedro Pérez y defender a una que otra trasnacional. Y esto no es nuevo en la Comisión Quinta. Se acuerdan que denunciamos no hace mucho que el gobierno estaba usando las normas sanitarias para concentrar la riqueza en el agro. Bueno, ya van cerrados más de cuatrocientos mataderos municipales, ¿y para qué? Para que aparezcan grandes monopolios en las plantas de sacrificio. Están golpeando las gallinas campesinas, ¿y para qué? Para concentrar la riqueza en los grandes monopolios productores de aves y para abrirles el camino a las importaciones, que es lo que va a terminar sucediendo. Están pidiéndoles a los trapiches paneleros tener agua potable. Si no hay agua potable en los hospitales, cómo la va a haber en las fincas de los campesinos. Pero por supuesto que con la norma apuntan a montarles otro negocio a los grandes ingenios azucareros. Y perseguir la leche cruda apunta a arruinar a un sinnúmero de pequeños comerciantes y de pequeños ganaderos para concentrar el negocio y para abrirles más camino a las importaciones que vienen con los TLC suscritos con Estados Unidos y con Europa.
No nos sorprendamos entonces de lo que está pasando. Una política que le hace daño al desarrollo del capitalismo colombiano no es la política que queremos. Esta no es una discusión entre el socialismo y el capitalismo. Lo que estamos discutiendo aquí desde hace rato es cómo desarrollar verdaderamente el capitalismo nacional. Cada vez que un monopolio se impone aplastando a pequeños y medianos empresarios, se destruye el capitalismo nacional. Cada vez que una trasnacional se apropia la riqueza y la saca de Colombia por la vía de la exportación de utilidades, el país se empobrece. Son muchos más los dólares que salen de Colombia que los que entran, lo he demostrado aquí en varios debates. ¿Y hay democracia, pregunto yo, en el capitalismo de los monopolios y las trasnacionales? ¿Creen ustedes que con el paso de los años va a haber en Colombia congresistas que representen a la gente de pata al suelo y a los pequeños y medianos negociantes? No, aquí solo va a haber congresistas enganchados con el capital trasnacional, congresistas que no solo vayan en charter a bañarse a Cuba, sino que hagan mandados en beneficio de los monopolios y las trasnacionales.
86 por ciento, en manos de tres trasnacionales mayoristas
Dicho esto, veamos cómo es el negocio de los mayoristas. Hay tres grandes actores en el negocio de los combustibles. De un lado Ecopetrol, al que ya están privatizando, con todo lo que eso significa. No voy a entrar a analizarlo. También Ecopetrol empieza a hacer parte de la órbita de los intereses de los monopolios privados y del capital extranjero y cada vez va a actuar más como calanchín de ellos, no en beneficio de nuestros bomberos, y me excusan los dueños de las estaciones de servicio, pero a mí me gusta la palabra bomberos. Muchos amigos míos fueron bomberos, es decir, dueños de estaciones de servicios. Como el país se refina tanto, entonces aquí ya no hay peluqueros sino estilistas y ya no tenemos bombas de gasolina sino estaciones de servicio. Son los falsos progresos que aparecen en Colombia.
El segundo gran sector son los distribuidores mayoristas. Son tan poderosos los mayoristas, que ni siquiera cuando se nacionalizaron las empresas norteamericanas e inglesas que controlaban la extracción de petróleo en Colombia, se pudo nacionalizar la distribución mayorista de los combustibles, como sí en Venezuela y otros países. Se quedaron con un negocio que se ha debido nacionalizarse en ese momento, porque era un negocio pulpo, mamey. Es el monopolio casi que por excelencia. Quiénes son: Exxon Mobil, una de las mayores compañías del mundo, donde el ministro de Minas trabajó más treinta años. Insisto, lástima que no esté el doctor Martínez para decírselo en su presencia. Es una vergüenza que alguien salga de trabajar treinta y tantos años con una trasnacional como la Exxon Mobil y nos lo nombren de ministro de Minas. Se lo decía en Houston a un amigo mío, un petrolero brasileño: Colombia es el país del descaro, el de los caraduras. Lo mismo pasó con los hijos del presidente Uribe, que iban a todas partes y decían, aquí venimos a dar la cara, y yo decía, sí, la cara de la desfachatez. Es el tipo de lógicas con las que se viene gobernando a Colombia. Aquí la ética y la moral se perdieron hace rato. Para muestra, miren los últimos escándalos con congresistas colombianos. ¿Cuáles son entonces los monopolios? Uno, la Exxon Mobil, como ya dije, la segunda, la Chevron Texaco, otra famosísima en el mundo, y la tercera Terpel, antes nacional y hoy controlada también por el capital norteamericano por la vía de los distintos negocios. Vuelve a probarse que las privatizaciones terminan haciéndose en beneficio del capital extranjero. Una cuarta, Petrobras. En resumen, los monopolios y las trasnacionales controlan por lo menos el 90 por ciento de la distribución mayorista de los combustibles. Y no estoy hablando todavía de lo que aquí se mencionó, la distribución mayorista que en últimas puedan estar haciendo la E de que hablaba el senador Vélez, que es el Éxito, controlada también por una trasnacional, y la C o Carrefour, otra trasnacional. Las trasnacionales controlan en resumen prácticamente toda la distribución mayorista de los combustibles.
Existen, de otro lado, cerca de 4.300 estaciones de servicio en Colombia. Durante muchos años fue un negocio, digamos, reservado en general a los minoristas, así hubiera estaciones entregadas a empresarios colombianos en concesión o en arrendamiento o como se quiera llamar. Les quiero contar, entre paréntesis, que el suegro mío tuvo durante mucho tiempo la concesión de la bomba Esso de la 90 con 15 en Bogotá, hasta que lo sacaron a las patadas. Es un asunto que conozco más o menos de cerca. Les dejo entonces la idea principal. En Colombia estaba establecido, incluso por normas, que uno era el negocio de los mayoristas y otro el de los minoristas, una lógica sensata que yo defiendo, una lógica democrática. Preferiría que el negocio de los mayoristas lo tuviera en general Ecopetrol y no veo por qué se le entrega al capital extranjero. Si a mí me dicen que van a montar en Colombia una fábrica de microchips, o una empresa de tecnología nuclear o compleja, puedo entender que el capital extranjero entre a ganarse una plata. Pero coger los negocios pulpos, esos de burro amarrado, que no tienen ningún misterio, con rentabilidades inmensas, y entregárselos al capital extranjero para que exporte del país las utilidades, no me parece que le convenga al desarrollo nacional. Si siquiera se les exigiera a las trasnacionales que dejaran las utilidades en Colombia, uno diría, bueno, pero ni siquiera eso. ¿Y qué es lo que viene sucediendo en este momento? Ya lo dije. Se ha puesto en marcha una estrategia centralizada para sacar del negocio a un número grande de pequeños propietarios, de pequeños empresarios de estas estaciones de servicio. ¿De cuáles? Pues de las que valen la pena. Estén seguros de que ninguna de estas trasnacionales se va a quedar con la estación de servicio por allá de un pueblo perdido del Caquetá o de cualquier parte. No, ese cañengue se lo van a seguir dejando al empresario colombiano, a quien le van a quitar hasta las calzas de las muelas con el negocio de la intermediación, como ya viene sucediendo.
El dumping
¿Qué es lo nuevo? Lo nuevo es que esas mayoristas, mediante distintos mecanismos, vienen sacando del negocio a los pequeños y medianos empresarios. No voy a entrar en mucho detalle para no hacer confusa la exposición, pero lo señalo de esta manera. Están apareciendo estaciones propias de los mayoristas y además controladas por ellos, no entregadas en concesión. Y ha surgido un fenómeno extremadamente grave, el de las grandes superficies de comercio vendiendo gasolina. Ya mencionamos el caso de Carrefour y de Éxito. Esto les da unas ventajas absolutamente inmensas a esos monopolios trasnacionales. Han aparecido incluso nuevos propietarios que logran tener relaciones especiales con los mayoristas, relaciones que en algunos casos pueden tener incluso orígenes turbios, sí, y de todos modos son parte del combo que se está montando. Se está montando un combo de mayoristas, al que algunos se asocian de distintos modos. Ahora, ¿cuál es el instrumento principal con que compiten los mayoristas? Están cogiendo parte del margen de ganancia al que se supone tienen derecho como mayoristas y se lo están trasladando a esos minoristas, aun cuando algunos no lo sean tanto, para que puedan vender la gasolina a precios inferiores, en muchos casos incluso por debajo de los costos de producción. De eso es de lo que se trata. O sea, de coger al pequeño capital y ponerlo a competir con el gran capital, porque finalmente esto es una operación de tesorerías. ¿Cómo lo hacen? Bajando los precios, de forma que con el tiempo el pequeño termina quebrado o tiene que entregarse y hacer lo que diga la trasnacional. Esta práctica tiene nombre en términos de comercio internacional, y es una especie de delito, senador Char, usted lo sabe. Se llama dumping, que consiste en vender por debajo de los costos de producción para quebrar al competidor.
Alguien seguramente dirá, y no sé si el ministro lo habría dicho si hubiera venido, sí, senador, puede ser, pero mire que vamos a venderles combustibles baratos a los colombianos porque el doctor Uribe los quiere muchísimo, y entonces nos echan todo un discurso sobre los combustibles baratos. Y sin duda están vendiendo combustibles más baratos. Lo que suele ignorar la gente es que siempre estas operaciones de dumping, siempre, en todos los casos, sin excepción, aquí y en Cafarnaún, conducen a que, una vez quebrados los competidores, el monopolio pone el precio que se le dé la gana. Usted lo sabe, doctor Vera. Apenas estén liquidados los competidores, ponen el precio que se les dé la gana. No tengo tiempo para contar la historia de los fósforos en Colombia. Manizales era como la capital nacional de los fósforos en el país, y los quebró una trasnacional española con el cuento de que pague una cajetilla y lleve dos, después pague una y lleve tres, y cuando arruinaron todas las fosforeras de Manizales, la trasnacional española subió los precios de los fósforos de manera escandalosa. Es un truco ya inventado. Cómo es posible que el gobierno tolere estas conductas. O usted lo ignora, doctor Vera, o lo ignora el ministro Martínez, o lo ignora Álvaro Uribe. No se entiende. Son excelentes negociantes en los asuntos personales y hay que verlos cómo defienden sus propios intereses como un perro defiende el hueso. Pero cuando se trata de los negocios del país, de las gentes del común, se les olvida todo lo que saben.
Vienen aplicando la política, no solo a través de eso que llaman la competencia, sino también con medidas absolutamente descaradas para imponer el monopolio. Cómo es posible que se halla establecido mediante un decreto, el 4299 de 2005, ¡firmado por Álvaro Uribe Vélez, firmado por el ministro de Minas, firmado por el ministro de Comercio, y no solo por los mandos medios del Ministerio!, cómo es posible que se hayan impuesto cosas como esas de que las estaciones de servicio solo pueden comprarle gasolina y tener negocios con un solo proveedor mayorista, para esclavizar al pequeño capital, sometido a todo tipo de abusos y de arbitrariedades por parte de ese capital dominante. Cómo es posible que hayan prohibido lo que antes se llamaba estaciones de bandera blanca, que podían comprarles gasolinas a distintos proveedores. Y nos montan aquí un cuento metafísico sobre la importancia del letrero y no sé qué más historias, como si toda la gasolina no fuera en últimas la misma, y toda no saliera de las refinerías de Ecopetrol, y todas no usaran los mismos aditivos. Ya aquí han hecho una denuncia que es muy grave, señor ministro Martínez, si algún día oye este debate: que esa exigencia del letrero grande para hacerle propaganda a la marca no lo cumplen ciertos minoristas que se están convirtiendo en mayoristas. A esos sí no les cabe la norma. Esto es un hecho bochornoso. Y hay denuncias sobre estaciones de servicio que se quedan sin combustible y su proveedor no les responde, y se les secan las estaciones, y otras anomalías de este corte que vienen sucediendo.
Requisitos técnicos muy costosos
Es también absolutamente inaceptable lo de las exigencias técnicas, y todo con el discurso de la libre competencia, que resulta hasta ridículo. Sí, como el asunto de las marcas y de las patentes, en nombre de la libre competencia. Viene imponiéndoseles a las estaciones de servicios una serie de exigencias técnicas cuyo cumplimiento vale un montón de plata. En ciertos casos, los mayoristas le financian a la estación de servicio esa, digamos, modernización del equipo, pero en otros le toca al de la estación de servicio, empobrecido y arrinconado, gastarse la plata que no tiene en el sobreequipamiento o terminar entregándosele a la trasnacional que lo quiere sacar. Les hago una invitación cordial a los dueños de las estaciones de servicio. Miren si es verdad que esos requisitos técnicos son indispensables. Porque aquí con el cuento de la técnica están reventando a mucha gente. Se está intentando, y es política de la Organización Mundial del Comercio, convertir los requisitos técnicos en una manera de arruinar a los pequeños y medianos empresarios a escala global. Y me decían que además les saca el Ministerio unos reglamentos, y una vez que la gente los cumple, les sacan otros más exigentes. Los están operando de pie, mis queridos empresarios de las estaciones de servicio de Colombia.
Y hay más normas. Apareció la del comercializador industrial, una figura, no quiero hacer largo el cuento, que apunta también a golpear a las estaciones de servicio mediante la posibilidad que adquiere este otro operador, más grande, de hacer ventas mayores de combustibles y de restringirles a las pequeñas la posibilidad de vender gasolina en grande. Doy un ejemplo para ilustrar el asunto. Un minorista no puede vender más de cuatro canecas de 55 galones, una manera de asegurar que las compras mayores las tienen que hacer a otros. Normas arbitrarias. Me imagino que dirán que más de cuatro canecas de 55 galones se convierten en una bomba atómica y amenazan con destruir el vecindario. Quién sabe qué sandeces dirán al respecto, pero el propósito es claro. El propósito es fortalecer al grupo monopolístico que opera en este negocio.
Hay más reclamos, señor ministro Martínez, si algún día me oye. El problema de los cupos en las zonas de frontera se maneja con un inmenso nivel de negligencia y con enorme corrupción. Son distintos los cupos para dos estaciones que están a lado y lado de la calle y con las mismas condiciones. Hay un problema con los controles de la política de estupefacientes que asigna los cupos. Y hay una preocupación entre los propietarios de las estaciones de servicio, razonable a mi juicio, porque estos cupos de la supuesta lucha antinarcóticos terminen también convertidos en instrumento para garrotear el negocio de los pequeños y de los medianos. El caso del gas es idéntico. Aquí hay distribuidores minoristas de gas que están enganchados y pueden comprar directamente en la boca del pozo, y otros que tienen que aguantarse al intermediario mayorista y deben competir en condiciones de mayor desigualdad.
Hay un asunto también absolutamente bochornoso sobre el que quiero detenerme un poco, porque es un reclamo viejísimo de las estaciones de servicio, y estamos hablando de mucha plata. Es un hecho que puede ser más grave, porque tal vez oculte el delito de evasión de impuestos, delito alcahueteado por el gobierno nacional. Convendría que la Contraloría mirara qué es lo que está pasando. Es el llamado beneficio por temperatura. En resumen, es lo siguiente: el volumen de la gasolina o del ACPM aumenta dependiendo de la temperatura. Los mayoristas le compran entonces a Ecopetrol sus combustibles a una determinada temperatura. Al entregárselo a los minoristas, esa temperatura ha variado, como también el volumen que está en negocio. El ministro Martínez reconoce que el mayorista, en esta operación, se gana entre el 0,8 y 1,2 por ciento del volumen. No es poca cosa. Uno por ciento en no sé cuantos millones de barriles o de galones de gasolina es una proporción muy grande. Tengo que protestar airadamente, doctor Vera, y hágaselo saber al ministro Martínez, porque aquí el senador Vélez nos haya hecho caer en cuenta de que estas cifras que ustedes nos dan al respecto son cifras falsas, manipuladas. Es inaudito que el Ministerio de Minas le informe mal al Senado de la República. Es que nosotros no estamos aquí como niños de escuela pidiéndole el favor al Ministerio de que tenga a bien informarnos. No, nosotros representamos a los ciudadanos que votaron por nosotros y tenemos el derecho a vigilar a los funcionarios, y ustedes la obligación mínima, ministro Martínez, de aportar con honradez las cifras que les estamos pidiendo. Cómo es posible que nos den unas cifras que presentan un error descomunalmente grande, o no un error, una manipulación. Es que entre 6.900 millones y 90 mil millones hay mucha plata de por medio. Y la pregunta primera es: ¿por qué los minoristas no son partícipes de ese negocio, o, mejor, por qué no se queda el Estado con ese mayor ingreso por temperatura? Y otra pregunta, ¿los mayoristas pagan los impuestos que debieran pagar por ese beneficio por temperatura? No, no los pagan. Los análisis técnicos nos dicen que no pagan los impuestos IVA y global, y no los pagan porque son impuestos que se facturan en la boca de la refinería. Pero cuando les venden el combustible a los minoristas sí va incluido ese sobreprecio en el negocio y esa es plata que se embolsillan los mayoristas. Para no hablar de los impuestos de renta que tampoco pagan por sus mayores utilidades.
Senadores, este es un punto gravísimo, sobre el que se está hablando en Colombia hace veinte años o no sé cuánto tiempo y todos los gobiernos se hacen los locos. Por eso es que aquí el gobierno nos acusa de ser fichas de Chávez, porque es que ellos sí son fichas del capital extranjero, y entonces les debe parecer que todos somos iguales, y no, no somos iguales. A mucho honor, no somos iguales. Hay cosas a las que no le jalamos (El senador David Name lo interrumpe con una burla). Ya expliqué eso, senador Name, lástima que haya llegado tarde para que hubiera oído la explicación. Tampoco estamos con la Casa Blanca, esa es la diferencia. Ahí es donde está marcada la diferencia. Ni estamos con las trasnacionales en este caso, ni con la evasión de impuestos que auspicia este gobierno.
Voy a dar las cifras, porque vale la pena que se detallen. En gasolina se embolsillan de más, sobre lo que no pagan impuestos, 37.800 millones de pesos, no 3.484, como nos lo quiso hacer creer el doctor Martínez. Y en ACPM, 52 mil millones anuales y no 3.443. El total, en números redondos, asciende a 90 mil millones de pesos, no es poca cosa. El IVA y el global por esas utilidades valen 16 mil millones. Y se hacen los locos, y no los pagan, ni se los trasladan a los minoristas, ni los comparten con nadie.
La demagogia de los bajos precios
¿Cuál es la teoría central del gobierno? Aquí nos van a decir que todo se hace en beneficio de la baja del precio. Y que aun cuando arruine a un montón de gente, la baja del precio en los combustibles es positiva porque le sirve al consumidor, dicen. Y el argumento digamos que tiene su lógica. Pero ya lo mencioné, no es la única lógica. Porque si resulta que a mí me dan una lombriz regalada, pero la lombriz oculta la punta de un anzuelo de acero, tengo que ser bastante menso para pensar que el que me da la lombriz me está ayudando y me está haciendo un regalo. Y repito lo que ya dije: todos los trucos de dumping, que así se llama eso de bajar los precios por debajo de los costos, encierran un secreto y es que después llega la hora en que los consumidores tienen que pagar bastante más que las rebajas que les hicieron. Eso está inventado desde hace rato.
Voy a ir más allá. Esa teoría de que lo único importante es que las cosas sean baratas –y con esa justificación nos llenan con diez millones de toneladas de comida importada, y destruyen nuestra industria y acaban con nuestro agro, y hacen de todo– es demasiado obtusa. Lo único que importa en la vida, colombianos y senadores, no es que las cosas sean más baratas. Ustedes van a Estados Unidos o a Alemania o a Inglaterra y todo es más caro que en Colombia, ¡todo! Una gaseosa, un paquete de cigarrillos, los buses, los metros, todo. Y sin embargo, en esos países los pueblos viven bastante mejor que el nuestro. Ya lo he mencionado, allá la pobreza no es del 60 por ciento sino del 10. Es un montón de gente, pero bueno, es menos malo. Tampoco el desempleo está en los niveles horrorosos que padecemos aquí. Uno no puede perder de vista que el problema de poder comprar, o sea, el de poder producir, es fundamental en el desarrollo económico. Se hace caso omiso de que cuando se cierren cuatro mil estaciones de servicios o dos mil, se va a perder un inmenso número de empleos que de alguna manera van a afectar las ventas de la industria y del agro. No se hacen cuentas de que una serie de pequeños capitales actuando en el país pueden generar una cantidad inmensa de desarrollo. No se hacen cuentas de que no es lo mismo que la utilidad de las estaciones de servicio se reinvierta en la región o en Colombia, a que vaya a invertirse en Nueva York o en cualquier otra parte. Son nociones elementales del debate económico. Que no nos vayan a despachar aquí con la lógica facilista y decir: como nos sale más barato el combustible, no importa que se quiebren los de las estaciones de servicios. Es una teoría a mi juicio inaceptable.
Para no hablar de la gravedad de lo que significa convertir un país subdesarrollado como este en un país de monopolios. Es que Europa y en Estados Unidos llegaron a la fase monopolista en un proceso en cierto sentido natural del desarrollo del capitalismo. Pero aquí nos los quieren imponer desde arriba. Este es un país donde de todos modos sigue habiendo un número importante de pequeña propiedad que de alguna manera prospera. Y lo que estamos presenciando es un estrangulamiento de la economía del país. Este es el debate de fondo. Por eso es paja el cuento del doctor Uribe de hacer un país de propietarios. Aquí lo que está el gobierno haciendo es concentrando la riqueza, eliminando propietarios. Se nos echa el cuento de las garantías a los inversionistas, de la confianza inversionista, y les pregunto al ministro y al doctor Uribe, de cuáles inversionistas. ¿Dónde están las garantías para los dueños de las estaciones de servicios? ¿Dónde están las garantías para los campesinos colombianos? ¿Para los pequeños y medianos empresarios? A los comerciantes que se arruinan cuando se instala una gran superficie en cualquier rincón de Colombia, ¿quién les da garantías a ellos? Para no mencionar a los de las pirámides, a quienes tampoco les ofrecieron ninguna garantía.
Lo que se está haciendo en distribución de combustibles es contra el desarrollo del país y contra cualquier lógica democrática, porque es fácil entender que la concentración económica, o la antidemocracia económica, conduce a la antidemocracia política. Es algo relativamente fácil de entender. No es porque sí que la democracia del mundo del capitalismo coincide con la creación de formas económicas que de alguna manera distribuyeron la propiedad, que no estaba distribuida o no existía en el mundo de los señores medievales. Y la concentración económica afecta a este Congreso, y afecta las decisiones de los ministerios.
Lo que les propongo a los propietarios de las estaciones de servicio es a que se decidan a levantar un reclamo bien simple, que se reduce a esta idea, señores: ¡abajo la integración vertical! Y vamos a plantear medidas, leyes, normas, decretos, lo que sea, que prohíban la integración vertical. Los mayoristas, al negocio mayorista, controlado por el Estado, no para hacer lo que se les dé la gana porque sean oligopolio. Primera idea. Y segundo, hay que prohibir que se distribuyan combustibles en las grandes superficies. Prohibido, de totazo. Zapatero a tus zapatos. ¿O se van a quedar con todos los negocios?
Cuál es el problema de fondo. Que esto se dice más fácil de lo que se hace, porque aquí estamos hablando de desafiar poderes grandes. Les propongo a los senadores de la Comisión Quinta: movámonos en este sentido, y les propongo a los propietarios de las estaciones de servicio que hagamos un debate nacional a fondo. Repito, los están operando de pie. No se hagan ilusiones, vienen por ustedes. Les tienen la mira puesta. Hay pruebas de sobra, esto no es un invento del Polo ni de la izquierda ni del senador Robledo. ¡Estos son los hechos y están ahí y son tozudos! Y está la teoría para explicar los hechos, por si no fueran suficientes. Y aquí nos los va a confirmar ahora el director de Hidrocarburos. Ustedes van a ver cómo no se inmuta el doctor Vera. Y el ministro Martínez manda al doctor Vera para que no le toque venir acá a dar la cara. Lo único que nos van a decir es que el mundo es así, que qué le vamos hacer, que el que no sirve para tiburón sirve para sardina, que los hijos de los dueños de las estaciones minoristas el día de mañana trabajen en las bombas de Carrefour y en las de la Exxon Mobil y Chevron Texaco.
Fíjense ustedes, senadores y colombianos, y con esto concluyo, que el debate sí es interesante, porque versa sobre el desarrollo nacional. Es un debate que hay que hacer. La política económica es un desastre, una vergüenza. Es un país vergonzosamente atrasado. Un país sin ciencia ni tecnología. Un país cubierto por la mediocridad. Lo que pasa es que la mayoría de colombianos no saben esto porque no tienen acceso a la información y no pueden viajar. Pero aquí todos los que estamos en esta Comisión sabemos cómo es el mundo civilizado y sabemos lo lejos que está Colombia de eso. Y no está así por un castigo de Dios, ni porque nuestro pueblo sea bruto y no entienda. No, está así porque así lo han gobernado. Colombia es un país que tiene recursos humanos y naturales mejores que lo de los países europeos. Más de un millón de kilómetros cuadrados de riquezas infinitas. Cuarenta y cuatro millones de colombianos honrados, trabajadores, inteligentes, creativos, en un país incapaz siquiera de darle empleo a la gente, aun cuando sea para explotarla. Este es el gran debate. Este conflicto de las estaciones de servicio es la punta del iceberg de este debate. Como cada debate que hacemos aquí. Importan el trigo que se necesita producir en Boyacá, esa es la punta del iceberg. En resumen, aquí lo que hace falta es una gran unidad nacional, pero con un proyecto nacional, con un proyecto de país. Reconozcan que los proyectos gringos de desarrollo de Colombia no funcionan. Y no funcionan porque no se los inventaron para desarrollarnos sino para subdesarrollarnos. O es que alguien ha pensado que el Fondo Monetario Internacional funciona en beneficio de un propietario de una estación de servicio de Envigado. Este es el gran debate, que ahora se evade por completo en medio de un silencio sepulcral. A mí me toca explicar el tema porque es el único medio de comunicación al que tengo acceso más o menos en largo. Pero los hechos están demostrando que el país es inviable. Aquí sí se necesita nacionalismo, pero no ese patrioterismo barato que nos quieren montar. Mucho nacionalismo frente a Chávez, ¿y qué me dicen frente a la Casa Blanca, ese nacionalismo no es necesario? O es muy nacionalista el gobierno trayendo a las tropas gringas a que ocupen a Colombia. Eso es lo primero que hay que esgrimir, y también por supuesto frente a Venezuela y Ecuador y Alemania y Francia y Rusia y el país que quieran ustedes mencionar. Sin nacionalismo no hay desarrollo de los países. Pero el primer nacionalismo es contra quien le impone a uno decisiones contrarias al interés nacional y contra quienes en Colombia, asociados con esos intereses extranjeros, sacrifican el interés nacional. Digámoslo con franqueza, esto funciona porque hay colombianos, nativos, criollos, con cédula de ciudadanía, que ganan y ganan con su lógica de sumisión a los intereses extranjeros.
(1) El otro citante al debate, el senador Jorge Enrique Vélez, había denunciado que Julio César Vera, director de Hidrocarburos del Ministerio de Minas y Energía, estuvo en paseos en Cuba y México organizados por las trasnacionales de la distribución mayorista de combustibles.